martes, 8 de abril de 2014

Nuestra Cita

Hola, ya estoy aquí,
¿puedo pasar,?, traté de estar puntual en nuestra cita.
Qué bonito es saber que has estado esperándome para que hablemos,
tengo tantas cosas que decirte...
Hoy aprendí mucho en tu casa,
aprendí que si hay barreras que nos impidan trabajar para ti,
las debemos derribar con optimismo porque eso nos hará fuertes;
aprendí que si me siento como un árbol seco,
contigo seré como un árbol plantado junto al agua,
me harás reverdecer porque un día Tú recogerás mis frutos.
Aprendí que no debo sentirme más grande que los demás,
debo ser humilde como Tú, Jesús.

¿Sabes?, es tan difícil tratar de imitarte...,
pero día a día me esfuerzo por agradarte,
no soy perfecta, Tú lo sabes,
pero te amo; también Tú lo sabes.
He aprendido que a cada prueba, obstáculo o barreras,
siempre debo apoyarme en ti y tener paciencia, pues Tú estás al mando, pues me estarás moldeando hasta lograr convertirme en tu mensajera.
Porque, ¿cómo ser la que Tú deseas, si no moldeas mi ser?
Ahora puedo comprender lo que ayer me confundía,
gracias te doy por hacerme tu escogida. 
Quiero ser un barro fino en tus manos, para que le des forma a mi vida, y agradarte a ti, ¡gracias por todo tu amor, Señor!
Bueno, me despido, pero mañana vuelvo a tu nido,
para compartir contigo lo que he aprendido.

¿Qué es el crecimiento espiritual?

El crecimiento espiritual es el proceso de volverse más y más como Jesucristo. Cuando ponemos nuestra fe en Jesús, el Espíritu Santo comienza el proceso de hacernos más como Jesús conformándonos a Su imagen. El crecimiento espiritual quizá esté mejor descrito en 2 Pedro 1:3-8, donde se nos dice que mediante el poder de Dios: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro señor Jesucristo.”

En Gálatas 5:19-23 encontramos dos listas. 

En Gálatas 5:19-21 están enlistados los “hechos de la carne” Estas son cosas con las cuales se identificaban nuestras vidas, antes de confiar en Cristo para salvación. Los hechos de la carne son las actividades que debemos confesar, arrepentirnos de ellas, y con la ayuda de Dios, vencerlas. Mientras experimentamos el crecimiento espiritual, los “hechos de la carne” serán cada vez menos y menos evidentes en nuestras vidas. 
La segunda lista es “el fruto del Espíritu” (Gálatas 5:22-23). Esto es por lo que, a partir de ahora, nuestras vidas deben ser identificadas, ahora que hemos experimentado la salvación en Jesucristo. El crecimiento espiritual se identifica por el evidente crecimiento del fruto del Espíritu en la vida del creyente.

¿Qué es Ayunar?

Ayunar: Abstenerse total o parcialmente de comer o beber. Guardar el ayuno eclesiástico. Privarse o estar privado de algún gusto o deleite.
Dios creó el cuerpo humano de manera que necesitara alimento para funcionar. Y para asegurarse de que el cuerpo fuese alimentado, puso dentro de nosotros el apetito por la comida, al que denominamos “hambre”. El comer satisface nuestro apetito y nos da las fuerzas necesarias, para realizar las actividades que tenemos que hacer a lo largo del día. Entonces, ¿por qué una persona elegiría ayunar y permanecer sin comer durante un período de tiempo?
Desde la perspectiva de Dios, la razón es simple. El ayuno puede utilizarse para lograr un propósito espiritual. En el Antiguo Testamento se les ordenó a los israelitas que ayunaran una vez al año: “El día diez del mes séptimo ayunarán” (Levítico 16:29). Ese día, el Sumo Sacerdote realizaba sacrificios especiales para expiar los pecados del pueblo. Durante el servicio, entraba al Lugar Santísi­mo en el centro del templo, por única vez en el año. A través del ayuno, Dios quería que su pueblo recordara la experiencia de su salvación. Todos ayunaban para identificarse con el Sumo Sacer­dote, quien sacrificaba un cordero para el perdón de los pecados.

Hoy, como cristianos, vivimos bajo la gracia y ya no se nos exige ayunar. Sin embargo, Jesús aclara en Mateo 6:16 que podemos ayunar por determinados motivos: “Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa”. De igual manera, en Mateo 9:15, Jesús declara: “¿Acaso pueden estar de luto los invitados del novio mientras él está con ellos? Llegará el día en que se les quitará el novio; entonces sí ayunarán”.
Los apóstoles de la Iglesia primitiva también ayunaron por un propósito espiritual: “Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado’. Así que después de ayu­nar, orar e imponerles las manos, los despidieron” (Hechos 13:2-3).
Las personas que nunca antes ayunaron, ven con temor la po­sibilidad de abstenerse de comer. Se preguntan: ¿tendré hambre?, ¿toleraré el no comer por una cantidad determinada de tiempo?, ¿podré llevarlo a cabo? Creen que será una experiencia desagradable. Sin embargo, puedes estar seguro de que ayunar no te hará ningún daño. Estudios realizados demuestran que, ayunar en realidad es bueno para el cuerpo porque le hacen eliminar toxinas.
El propósito del ayuno no es hacer una demostración visible de tu dedicación religiosa a Dios, sino realizar un compromiso personal con Él. No siempre es fácil porque, como con cualquier otra disciplina, sin duda encontrarás resistencia y oposición. Comienza el ayuno comprendiendo realmente de qué se trata. Aunque tal vez el camino sea difícil, las recompensas serán grandes.

Carta a Lucía

Amada Lucía:
Te estoy escribiendo esta carta a las 3:00 de la mañana, ya que no puedo dormir y quiero compartir contigo. Hoy fue un día muy importante en tu vida al matricularte en la universidad. Fue realmente tu día, estabas muy entusiasmada por iniciar una nueva etapa en tu vida. Mientras escuchaba hoy la orientación espiritual para padres, un consejero nos compartió acerca de la montaña rusa emocional en la que estamos embarcados. Como madre de una adolescente… creo que el símil incluso se queda corto.
Entonces no comprendía las emociones encontradas que experimentaba, ya que mi orgullo estaba nublado por la egoísta tristeza de perder a mi niñita. ¿Cómo sabría que habías crecido lo suficiente, para sobrevivir a ciento veinticinco kilómetros de mamá? Eres una persona sorprendente y la verdad es que estabas lista para tu nuevo destino, ¡era yo quien no lo estaba! Tienes una perspectiva fantástica de la vida, y tu fuerte fe en Dios me da mucha paz y tranquilidad, ¡gracias!
Todo lo que pensaba era en qué darte para que te aferrases a esa gozosa ocasión. Estabas tan entusiasmada, que seguías diciéndome que recordarías ese día para siempre, en el que yo hasta me pregunté, si ese día estaría en tu mente dentro de treinta años… ya que yo no podía recordar el mío, cuando me lo propuse un día. Como ves,... estaba equivocada.
Así que, aquí está mi regalo para ti. Estoy compartiendo tu día con todos los que quieran. Todo el que te conoce sabrá de tu naturaleza dadora. Estoy usando tu historia para darle a otros, conforme a tu hermoso corazón, sabiendo que cuando das, que siempre lo haces,... recibes.
Vivimos juntas tu último año y, aunque ya he pasado por esta experiencia dos veces antes con tus hermanos, su intensidad nunca disminuye. Fue una gran experiencia ver tu gozo en todas las festividades de tu último año de secundaria.
El final, tu baile de graduación, fue un auténtico clímax: fue uno de los momentos más emocionantes de tu vida... y la mía. Tu “grupo” de amigos estaba compuesto por nuevos y viejos, pero un denominador común era que todos eran buenos muchachos. Algunos de ellos, eran parejas, otros sólo amigos y un chico loco fue solo… su nombre: Matías. Eso no importó, habías estado cerca de él mucho tiempo, y recibió el afecto de todas las chicas que le simpatizaban, como tú.
Ese espíritu libre, al que había conocido hacía cuatro años, cuando le trajiste a la cena de la práctica de la boda de tu hermana, pude ver claramente por qué te agradaba. Era la imagen del buen chico, íntegro, que uno aprobaría siempre, de existir algún chico digno de estar cerca de nuestra hermosa hija, nuestra bebé. Se quedó en tu vida a lo largo de toda la secundaria, y no podría estar más contenta, si todos los que llevases a casa fueran como él.
Recuerdo las fotos que tomamos en nuestra casa antes del baile de graduación, y también recuerdo haberme sentido triste por él, sin pareja, hasta que su fantástica personalidad le hizo el centro de atención. Sus fotos reflejaron que estaba en su elemento. Alquilaste una limusina, y me sentí aliviada de que el riesgo de que bebieses y condujeses fuese eliminado. El grupo satisfizo mis expectativas, y todos regresaron a casa sanos y salvos, habiendo disfrutado realmente ese día. Estabas mostrando señas de crecer… eras la chica perfecta.
De camino a casa después de la matrícula, sonó el teléfono. Era tu hermano, y yo creía que llamaba para felicitarte en tu día especial. Su voz fue solemne, me pidió que te pusiera al auricular. Al tú escucharle, pude verte por el espejo retrovisor del conductor. Yo conducía a casa. En esos momentos vi en tus ojos lo que las palabras nunca podrán describir: envejeciste años en sólo unos momentos. Nunca olvidaré esa mirada en tus ojos. No estabas preparada, no habías sido advertida para poderte proteger. Sólo nuestra fe en Dios nos permite soportar esos momentos. Recuerda siempre que esta fe es lo que necesitas para seguir adelante.
Cuando colgaste, balbuceaste que Matías se había ido. Tuve que hacerte mil preguntas para sacarte alguna información, porque el “shock” te había atontado. Tus primeros pensamientos fueron de ira porque “alguien del grupo le hubiese permitido beber y conducir”. Los detalles de cómo murió no son importantes, lo que importa es que Matías era un buen chico que nos dejó en lo mejor de su vida. Sé que cuestionabas por qué Dios permitía esto. Intenté imaginar el dolor que su familia sentía y los pensamientos devastadores, de todo padre que tiene que enterrar a su hijo. Cuando seas madre algún día, podrás comprender que no puede haber nada peor.
Han pasado ya horas, y estás exhausta y semidormida, tus ojos rojos y tu rostro triste. Mi corazón se rompe al no poder librarte del dolor que sientes. El servicio conmemorativo de velas de esa noche en la secundaria, estuvo lleno de muchos que amaron a Matías. Lo único que puedo darte es el regalo de la fe. Una fe de que Dios tenía el plan especial para Matías de tocar las vidas de muchos, y tuvimos la bendición de compartirle aunque fuera por breve tiempo. El don de Matías de tocar a tantos, se hace evidente ahora que se ha ido.
Vaya un mensaje "para hacer saber a todo amigo que nunca está bien beber, ni siquiera una gota, y colocarse detrás del volante de un coche. Para no temer llamar a un padre o a un amigo y pedirles que nos recojan, si hemos estado bebiendo. Que ninguna decisión es buena cuando la hacemos bajo la influencia del alcohol. Que todos somos capaces de tomar la mala decisión de beber, sin importar lo buenas personas seamos". 
Todos somos humanos y podemos ser perdonados por nuestro Hacedor, por nuestros padres y por nuestros amigos. El sacrifico final de Matías tocará las vidas, tanto de ustedes como de las de muchos amigos, y aquí está mi oportunidad de honrarle.

lunes, 7 de abril de 2014

Fe en Dios

19 En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos nuestros corazones confiados delante de él; 20 en caso de que nuestro corazón nos reprenda, mayor es Dios que nuestro corazón, y él conoce todas las cosas. 21 Amados, si nuestro corazón no nos reprende, tenemos confianza delante de Dios; 22 y cualquier cosa que pidamos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él. 23 Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, como él nos ha mandado. 24 Y el que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Y por esto sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado. (1 Juan 3:19-24)

La confianza se desarrolla en el amor, y el amor cristiano es una construcción cristológica. Jesús muestra su amor en su característica humana. Es el Maestro, que ha venido para revelar a Dios. Es el Rey, que ha venido para restablecer la voluntad de Dios, y es nuestro Sacerdote, que ha venido para ofrecer su sacrificio perfecto, que satisface la justicia de Dios. Todos son actos de servicio amoroso. Su enseñanza es dada sin discriminar a los humildes; su ley decreta verdadera libertad, su sacrificio es la entrega de sí mismo.

Un encuentro con el Salvador es comunión con este Cristo. En la comunión restablecida, el hombre se une al Señor en sus propósitos, de la misma manera, que su Señor deberá asumir su real sacerdocio y su propio sacrificio sufrido. El hombre se une no para obtener algo, sino porque, sin haberlo merecido, lo ha obtenido todo. 

Y el amor, para tener el carácter de Cristo, es siempre un amor que desciende. Es el rico quien se hace pobre para servir a otros. Es el Señor del universo quien ocupa el lugar del esclavo. De ahí que el creyente, a quien el Señor ha enriquecido con los tesoros eternos, puede amar verdaderamente. Quien no ha conocido al Señor de este modo, es incapaz de amar porque es incapaz de pensar generosamente en los otros. Su religiosidad está centrada en sí mismo. Su generosidad, su religión, no es para descender hasta los humildes, sino para ascender a los tronos de este mundo. Su oración es para torcer la voluntad de Dios, su ofrenda para recibir más a cambio, su ayuno, incluso su propia limosna, son para ser vistos por los hombres. "De cierto, ya tienen su recompensa."

En esta comunión intensa, la confianza se hace más grande. Nuestros corazones se harán confiados delante de Él porque amamos. En la historia de Simón el fariseo y la mujer pecadora, la seguridad y la confianza de Simón provienen de su propia justicia, probablemente de su selecto grupo de amigos, y por último está en su propio creer. La mujer en cambio, está en un lugar hostil, rodeada de sus enemigos; lo que le permite acercarse a Jesús confiadamente, no con su autosuficiencia sino con amor. Juan nos lleva aquí a otro nivel; "este amor a Dios se muestra también en la madurez de la relación". Ya no está sujeta a la incertidumbre del corazón; no nos acercamos como un perro temeroso, a sobresaltos, con el rabo entre las piernas. Y tampoco por crisis de celos o con miedo de abandono.

El dilema de saber si estamos en Cristo, de estar seguro sobre su amor, es una cuestión de saber si se está en la verdad. Para ello, la respuesta de Juan es la siguiente: 

Porque amas a Dios a causa de la gracia inmerecida que proviene de la cruz, y porque amas a tu prójimo por la gracia inmerecida que proviene de la cruz, de modo que la inmensidad de ese amor nos ha convertido en agentes de amor. No somos buscadores de agradecimientos, hemos sido llenados de tal modo, que ahora nos sentimos deudores para con todos.

Sin embargo, en los creyentes puede haber condiciones de cierta Depresión Espiritual. Encontramos a alguien que ama a Dios y ama a su prójimo, pero aun así siente una inquietud en su corazón. ¿Y qué sucede si alguien ama a Dios y al prójimo y procura la justicia, pero no se siente salvado por Jesús?

El apóstol Juan no observa tal condición como la ideal para un creyente. Juan no considera que la seguridad del cristiano sea un acto de soberbia (como declara el concilio de Trento), sino un signo de salud espiritual. Es evidente que desea, que la iglesia (la comunidad de los fieles) conozca que ellos le pertenecen a la Verdad y aseguren sus corazones delante de Dios.

Honra a tu padre y a tu madre

Efesios 6:2,3 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Pablo, dirigiéndose a los hijos en relación a sus padres: Los hijos deben honrar a su padre y a su madre, teniendo un gran respeto hacia ellos porque es un mandato de Dios.

Así como los hijos deben obedecer a sus padres porque es justo (versículo 1), también deben honrar a sus dos progenitores: Honra a tu padre y a tu madre. Obedecer significa cumplir lo ordenado; honrar significa respetar, reverenciar, apreciar. Los hijos que aman a sus padres, tendrán que obedecerles hasta que dejen de estar bajo el cuidado de ellos, pero la responsabilidad de honrarles es para siempre.

Este es el primer mandamiento con promesa. Este es el primer mandamiento referente a las relaciones humanas, que Dios dio en los diez mandamientos. Cumpliendo con este mandamiento, las relaciones serían las más correctas entre hijos y padres, y también habría mejores relaciones humanas con los demás y con la sociedad en general.

La promesa de Dios al honrar a los padres, es para que te vaya bien (para que tengas una mejor calidad de vida), y seas de larga vida sobre la tierra (relacionada con la cantidad de vida prometida). Los hijos tienen la responsabilidad de honrar siempre a sus padres, porque ellos se lo merecen.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. Éxodo 20:12.

¿Está su vida sumida en crisis y no sabe cómo salir adelante?

“Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?”. Así es el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios, es un necio.” (Lucas 12:20-21, Nueva Traducción Viviente)

Nació para triunfar, pero murió en la derrota; en una tarde soleada de sábado, cuando muchos de sus amigos y conocidos en el mundo artístico, se aprestaban a salir a disfrutar un día más de fiesta en un mundo rodeado de glamour, riqueza y trivialidad. Un final abrupto, absurdo, sin pensarlo.
“El mayor demonio soy yo. Puedo ser mi mejor amiga o mi peor enemiga”, dijo Whitney Houston en una entrevista televisiva, al referirse a su adicción a la cocaína, marihuana y las píldoras. (17/09/2002)

Comenzó a cantar a los once años en una Iglesia Bautista en Newark, Nueva Jersey. En esa etapa de su vida, nunca faltaron ni la Biblia en la mesita de noche, ni tampoco las enseñanzas de sus padres.
Durante la adolescencia formó parte de los coros orquestales de ciertos famosos, al mismo tiempo que trabajaba como modelo. Alguien escuchó su voz, a criterio de muchos verdaderamente prodigiosa, y consideró que estaba frente a una estrella en potencia.
Lanzó su primer álbum en 1985, que se convirtió en un éxito. Y en 1992 interpretó “El guardaespaldas” a la que siguieron dos películas más en 1995.
Cuando estaba en la cumbre de la fama, también alcanzó el pico más alto de sus adicciones: “Las drogas eran parte de mí, día a día. Hacía mi trabajo, pero después, durante un año o dos, consumía cocaína o marihuana todos los días. No era feliz, me estaba perdiendo” (Entrevista en la televisión norteamericana, en el 2009).
Wihtney Houston fue encontrada por su estilista personal el 11 de febrero de 2012, en una bañera del Hotel Hilton, de Beverly Hills, en el Condado de Los Ángeles.
“La artista era consumidora de Xanax, medicamento que consumía para controlar la ansiedad antes de acudir a fiestas, y el viernes había trasnochado e ingerido mucho licor. Los efectos del medicamento y la mezcla del alcohol pudieron dejarla inconsciente mientras tomaba el baño”, registró un despacho internacional de noticias (Agencia Efe. 12/02/2012)
Se fue para siempre. Partió a la eternidad sin pena ni gloria. Desechó la vida espiritual en la mejor etapa de su vida y partió a la eternidad distante, sin Dios en su existencia… De nada sirvieron la fama, la riqueza y la belleza: no era feliz.

Whitney Houston no fue la única que partió a la eternidad, en el que pudiera ser su mejor momento. Otros famosos, sin felicidad en su existencia, también emprendieron el viaje sin retorno y sin Cristo.
Como Billie Holiday, que murió a los 44 años, después de arrastrar por mucho tiempo la adicción a los estupefacientes y la heroína. Era hermosa y con una voz prodigiosa. Falleció el 17 de julio de 1959. La famosa intérprete de Jazz falleció arruinada, abandonada por sus amistades y sin un solo contrato a la vista.

Otra famosa, Janis Joplin, murió por una sobredosis, en condiciones muy similares a las de Marilyn Monroe, bajo una permanente sensación de soledad.
Y uno de los casos más sonados y recientes, fue la muerte de la también famosa, Amy Winehouse, por consumo excesivo de alcohol tras un considerable período de abstinencia.
La fama, el dinero, la belleza y, en cierta medida, la juventud, no trajeron felicidad a estas vidas. Partieron a la eternidad sin Cristo, con un profundo vacío en su corazón.

El barril - Reflexiones

Un hombre que vivía en un lugar donde había sequía, todos los días le pedía a Dios que le cumpliese su mayor sueño, poder llenar un barril de agua, meterse en él y disfrutar.
Un día, a eso de la 1:00 a.m., escuchó en una ventana de su casa, cómo gotas de agua golpeaban; efectivamente estaba lloviendo. Él estaba cansado y adormilado, y varias veces pensó levantarse, pero el sueño le podía, hasta que por fin, con fuerza de voluntad se levantó y así, adormilado como estaba, colocó un barril en el canal por donde caía el agua.
Al siguiente día se levantó feliz, y pensando que al fin su sueño se cumpliría, corrió con una toalla al barril, pero la sorpresa fue que estaba vació. ¿Qué sucedió? El hombre estaba adormilado, y cuando colocó el barril lo hizo al revés, y toda el agua se había desperdiciado.
Dios está derramando grandes bendiciones sobre tu vida, pero depende de ti no desperdiciarlas, ¿Cómo está tu corazón?, ábrelo y permite a su espíritu morar en ti.
Juan 10:10
yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Efesios 3:20
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,
Santiago 1:17
Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
Mateo 7:11
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?


¡Quiero ser feliz!

Si quieres ser feliz, no busques en el lugar equivocado, busca a Dios, sólo en Él encontrarás todo lo que necesitas.


La búsqueda de la felicidad ocupa, en todos los seres humanos, el primer lugar en la escala de motivación. Todos compartimos el mismo deseo, la misma filosofía. El objetivo principal en la vida es ser felices. 
Nadie desea vivir para sufrir o para lamentar cada paso que dé. Nuestro mayor deseo es encontrar la senda que conduce a la felicidad verdadera, esa prosperidad que satisface el alma y deleita el espíritu, brindándonos paz sin medida.
Salomón fue el rey más sabio y próspero de todos los reyes de Israel (Eclesiastés 1:16). Antes y después de él, ningún rey gozó de tanta sabiduría, ciencia y prosperidad. Se dedicó a buscar el significado de las cosas, y en particular, el verdadero significado de la vida y la felicidad. 
A diferencia de los filósofos de la antigüedad, Salomón tenía una perspectiva más amplia y completa sobre la vida y la esencia de la felicidad. Los grandes filósofos griegos, por ejemplo, buscaban también respuestas a todos los interrogantes referentes a la existencia y la felicidad, pero sus conceptos eran derivados, fundamentalmente, de la gran capacidad de observación y análisis que poseían, mientras que Salomón, no sólo fue dotado de una mente brillante capaz de hacer conjeturas precisas y detalladas, sino que a todo ello le agregó su experiencia personal (Eclesiastés 2:3). Él no solamente veía cómo se hacían o desarrollaban determinadas cosas, sino que además, debido a su gran riqueza y posición de liderazgo, pudo experimentarlas en su vida personal.
Según el relato bíblico, no se privó de nada. Entregó su vida a los placeres, a la adquisición de bienes materiales y su fama superó a la de todos sus contemporáneos.
Nunca hubo en Israel, ni antes ni después, un rey como él.
Además, podríamos agregar que, cuando escribió este libro, el libro de Eclesiastés, que ahora estamos tomando como base, Salomón estaba en la etapa final de sus días, aunque no a punto de morir, más bien en su etapa de madurez. Esto le da a su punto de vista, peso y equilibrio, ya que en esta su etapa, puede saber qué es lo que tiene verdadero valor en la vida. Siempre prestó atención a la gente mayor, a sus consejos, a sus vivencias, y pudo comprender en poco tiempo lo que a ellos les llevó años aprender, o quizás, toda una vida.
Normalmente, en momentos como ese, las personas no se lamentan por no haber tenido la casa de sus sueños o el último modelo del coche que tanto deseaban, en esos momentos posiblemente lamentemos lo que no dijimos, o no hicimos, como por ejemplo, pedir perdón a aquellos que herimos con nuestras palabras, hechos o actitudes, perdonar a quienes nos hirieron, pasar más tiempo con nuestros seres queridos, haber ayudado más a quienes necesitaban de nosotros, habernos esforzado más en nuestro matrimonio o en nuestra relación con Dios, y seguro que podríamos agregar mucho más a esta lista.