Las Escrituras no indican que una persona debe estar bautizada para poder participar de la Cena del Señor. Sin embargo, un mismo requisito, tanto para el bautismo como para participar de la Cena del Señor, es la salvación por fe en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.
La Cena del Señor fue instituida por Jesús, cuando participó en la cena de la Pascua con Sus discípulos, la noche antes de Su crucifixión (Mateo 26:20-28). En Mateo 28:19, después de la muerte y resurrección de nuestro Señor, Él les dio la Gran Comisión a Sus discípulos de ir por todo el mundo y enseñar Su evangelio. Jesús acompañó la comisión con el mandamiento de bautizar a los nuevos creyentes y enseñarles lo que Él mismo les enseñó.
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Funcionando por Fe y Esperanza - Crecimiento personal-espiritual
Había una vez un viajero que caminaba por el desierto, que cuando llegó al borde de un cañón, buscando la manera de cruzarlo, se dio cuenta de que había una larga cuerda extendida hacia el otro lado. Sus ojos empiezan a seguir la cuerda hacia la otra orilla, y se queda atónito al ver a un hombre caminando hacia él, conduciendo confiadamente una carretilla. Al llegar a su lado el viajero, exclama:
El hombre de la carretilla le pregunta:
—¿Crees que lo puedo volver a hacer?
—Estoy seguro de que sí, contesta el viajero. Lo has hecho con mucha confianza.
—¿De verdad crees que sí lo puedo volver a hacer?
—Sí, definitivamente sí. - Le estaba demostrando su fe en él.
—¡Muy bien!, ¡de acuerdo!, dijo el hombre de la carretilla, súbete y te llevo al otro lado. Y subió, demostrándole su esperanza, su confianza en él.
La mayoría de las veces nuestra falta de fe o confianza limita nuestras posibilidades.
La fe es creer lo suficiente para actuar. Lo que sucede es que a la hora de la verdad nos da miedo dar el paso y por consiguiente, nos paralizamos.
El miedo siempre paraliza y terminamos siendo prisioneros del presente. Muchos se pierden las buenas oportunidades por miedo al fracaso o a lo incierto. Por eso, y tengámoslo en cuenta siempre, el miedo siempre es derrotado por la fe.
La fe consiste en creer lo suficiente para estar abiertos a lo improbable, pero el primer paso lo tenemos que dar nosotros. Como puedes ver, la fe y la valentía van de la mano.
Más que sólo caminar con Jesús
Jesús es el camino. Y sólo si aprendemos a transitar por él llegaremos al Padre. En ese camino hay un tesoro llamado Salvación. Juan 14: 6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Jesús es maravilloso, siempre está con nosotros, camina a nuestro lado. Lucas 24:15 “Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.”
Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, Jesús anda con nosotros; siempre está a nuestro lado. ¡Es realmente asombroso!
Pero lo triste es que, a pesar de llevar mucho tiempo como cristianos, muchas veces no le podemos reconocer y nos sentimos solos. Y no lo somos verdaderamente. Verso 16 “Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.”
Los ojos de ellos estaban velados desde mucho tiempo antes, cuando no entendían lo que Jesús les quería enseñar. Hay muchos cristianos que se congregan pero no entienden el plan de salvación, no entienden la Palabra y ni siquiera les gusta leerla o escucharla; sólo se congregan por costumbre, tradición o en la espera de un milagro. Lucas 9: 30-32 “Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 9:44 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. 9:45 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.”
Caminar con Jesús debe ser creer en lo sobrenatural, creer en la verdadera resurrección de Cristo, aunque para muchos esto sea de locos. Lucas 24:11 “Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.”
Las limitaciones del ser humano están en su mente. Verso 38 “Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?”. Por eso es necesario que le pidamos a Dios, que abra nuestro entendimiento para entender la palabra y lo que es ser un verdadero cristiano. Verso 45 “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.”
El problema de la mayoría de los seres humanos es que hemos perdido la capacidad de lucha, que siempre estamos a la espera de que otros hagan las cosas, para nosotros sólo disfrutar de lo que han hecho. Verso 21 “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.”
El Arte de Amar
No es lo mismo enamoramiento que amor, hay una pequeña diferencia. Nos enamoramos cuando conocemos a alguien por quien nos sentimos atraídos y dejamos caer frente a él o ella cualquier barrera que nos separe.
Pero cuando compartimos con esa persona nuestros sentimientos y pensamientos más íntimos, tenemos la sensación de que, por fin, hicimos una conexión con alguien.
Esa es la diferencia entre enamoramiento y el amor. "Compartir".
Cuando estamos enamorados nos parece que nuestra pareja es perfecta y la persona más maravillosa del mundo. Nos sentimos felices y andamos todo el día de buen humor y atontados.
Pero empezamos a amar cuando dejamos de estar enamorados.
¿Cómo? Así es. El amor requiere conocer a la otra persona, requiere tiempo, requiere reconocer los defectos del ser amado, requiere ver lo bueno y lo malo de la relación.
No quiere decir que enamorarse no sea bueno, al contrario, es maravilloso.
martes, 11 de marzo de 2014
La integridad, un valor a revitalizar en nosotros
Es probable que en medio de las circunstancias difíciles se sienta solo, pero sepa que Él siempre ha estado a su lado para ayudarle…
“Así terminan los que van tras ganancias mal habidas; por éstas perderán la vida.” (Proverbios 1:19. Nueva Versión Internacional).
Pensó que no estaría mal lo que hacía y sustrajo unos cuantos materiales que no hacían falta en su oficina, pero que en casa eran urgentes. “Aquí hay de sobra”, pensó. Pero no sólo era lo que se llevaba oculto en su maletín. También era importante su indiferencia ante el compromiso de sus labores cotidianas. Siempre tenía una excusa para posponer las tareas.
Y las cosas prosiguieron igual hasta el momento en que no soportó las presiones. Alguien, que quiso chantajearle porque había descubierto sus acciones fraudulentas, le echaba en cara su error a la más mínima provocación.
Finalmente se produjo lo inevitable. El día que recibió el sobre con el membrete de su empresa, tuvo el pálpito de que dentro no venía precisamente un ascenso o una mejora en sus ingresos. Tal como lo sospechó, en pocas líneas dejaban sentenciado su despido. Llevaba en ese trabajo más de cuatro años.
Historia del Cristianismo
La historia del cristianismo es en realidad la historia de la civilización occidental. El cristianismo siempre tuvo una gran influencia en la sociedad, en su arte, lenguaje, política, leyes, vida familiar, fechas del calendario, música y en la manera misma en la que pensamos; todo ha sido coloreado según la influencia cristiana durante casi dos milenios. Por lo tanto, es importante que se conozca la historia de la iglesia.
Historia del cristianismo – El Inicio de la Iglesia
La iglesia comenzó 40 días después de la resurrección de Jesucristo (35 d.C.). Jesús había prometido que Él edificaría Su iglesia (Mateo 16:18), y con la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Hechos 2:1-4), la iglesia (la “asamblea de los apartados”) se inició entonces oficialmente. Tres mil personas respondieron al sermón de Pedro ese día y decidieron seguir a Cristo.
Los primeros convertidos al cristianismo fueron judíos o prosélitos del judaísmo, y la iglesia estaba centrada en Jerusalén. Por esta razón, inicialmente el cristianismo fue visto como una secta judía, una secta semejante a los fariseos, saduceos, o esenios. Sin embargo, lo que los apóstoles predicaban era radicalmente diferente de lo que otros grupos judíos estaban enseñando. Jesús, decían, era el Mesías judío (el Rey ungido), quien había venido para cumplir la Ley (Mateo 5:17) e instituir un Nuevo Pacto basado en Su muerte (Marcos 14:24). Este mensaje, con su carga adicional de que otros habían matado a su propio Mesías, enfureció a muchos líderes judíos, y algunos, como Saulo de Tarso, tomaron acciones para acabar con “el Camino” (Hechos 9:1-2)
Es adecuado decir que el cristianismo tiene sus raíces en el judaísmo. El Antiguo Testamento sirvió, entre otras cosas, como fundamento para el Nuevo, y es imposible comprender plenamente el cristianismo sin un conocimiento básico del Antiguo Testamento. El Antiguo explica la necesidad de un Mesías, contiene la historia del pueblo del Mesías, y predice la llegada del Mesías. En consecuencia, todo el Nuevo Testamento trata la llegada del Mesías y Su obra de salvarnos del pecado. En Su vida, Jesús cumplió más de 300 profecías, probando que Él era Aquél de quien el Antiguo Testamento había profetizado.
Historia del Cristianismo – El Crecimiento de la Iglesia Primitiva
No mucho después de Pentecostés, las puertas de la iglesia fueron abiertas a los no-judíos. El apóstol Felipe predicó a los samaritanos (Hechos 8:5), y muchos de ellos creyeron en Cristo. El apóstol Pedro predicó a los gentiles de la casa de Cornelio (Hechos 10), y ellos también recibieron el Espíritu Santo. Y el apóstol Pablo (el antes perseguidor de la iglesia) esparció el evangelio por todo el mundo greco-romano, llegando tan lejos como a la misma Roma (Hechos 28:16) y posiblemente de camino hasta España.
Alrededor del año 70 d.C. Jerusalén fue destruido, pero los libros del Nuevo Testamento habían sido completados y estaban circulando entre las iglesias. Durante los siguientes 240 años los cristianos fueron perseguidos por Roma, algunas veces al azar y otras veces por edictos gubernamentales.
En los siglos II y III, el liderazgo de la iglesia se volvió más y más jerárquico conforme crecían en número. Muchas herejías fueron expuestas y otras refutadas durante este tiempo, y fue acordado el canon del Nuevo Testamento. La persecución continuó intensificándose.
Un error de percepción
Muchas veces somos nosotros mismos los que ponemos obstáculos para que las cosas no nos salgan bien y no recibamos los resultados que esperamos. Cuando algo está saliéndonos bien, solemos tener esa sombra de temor que nos hace pensar que va a ocurrir algo malo; “no todo puede ser tan bueno”. De dónde salió esta idea no lo sabemos, pero existir..., existe.
Es más, cuando algo nos resulta bien lo atribuimos a la fortuna, a que el resto nos ayudó o a que en realidad no era tan difícil. Por el contrario, cuando algo no nos resulta asumimos TODA la responsabilidad, y seríamos capaces de apostar a que lo que nos ocurrió fue porque hicimos algo mal, porque nos equivocamos o porque tenemos algún defecto que provoca estos resultados. A esto se le llama tener un posible error de atribución, pero para que lo entendamos mejor lo llamaremos error de percepción.
Es más, cuando algo nos resulta bien lo atribuimos a la fortuna, a que el resto nos ayudó o a que en realidad no era tan difícil. Por el contrario, cuando algo no nos resulta asumimos TODA la responsabilidad, y seríamos capaces de apostar a que lo que nos ocurrió fue porque hicimos algo mal, porque nos equivocamos o porque tenemos algún defecto que provoca estos resultados. A esto se le llama tener un posible error de atribución, pero para que lo entendamos mejor lo llamaremos error de percepción.
¿Alguna vez has visto esas imágenes superpuestas, que pueden ser dos cosas a la vez, como esa imagen de la mujer joven y la bruja en un mismo dibujo, o el de las escaleras que no se sabe si suben o bajan? Si nos damos cuenta, dependiendo de dónde fijemos la atención, es lo que vamos a ver. Ahora bien, si es tan fácil de entender y de verlo así, ¿por qué en nuestra vida es tan difícil en algunas oportunidades?
Más Allá Del Parachoques - Crecimiento personal-espiritual
“Pero los que no llegan a desarrollarse de esta forma son cortos de vista o ciegos y olvidan que fueron limpiados de sus pecados pasados.
2 Pedro 1:9
Para mí fue terrible tener que empezar a usar gafas. Inicialmente las necesitaba sólo para leer, pero ahora las necesito todo el tiempo. Puedo conducir sin ellas, pero lo único que veo bien enfocado es lo que tengo justo en frente. No puedo ver muy lejos, por lo que si conduzco sin gafas, prácticamente sólo puedo reaccionar al tráfico o calle inmediata en vez de poder planificar por adelantado. Esto es supervivencia al tráfico, pero no es la mejor manera de maniobrar mas allá del camino inmediato.
El versículo mencionado habla de un tipo de persona que carece de una buena visión, que le permita ver todo lo que hay por delante. Describe a un tipo de persona que está viviendo sólo el momento preciso, controlado por y reaccionando a lo que está sucediendo justo ante ella, en vez de vivir con una meta a largo plazo o con un propósito definido. Esa persona sólo puede ver lo que tiene frente a sí, si es que puede ver del todo. Y se le ha olvidado que su vieja manera de vivir, incluyendo sus pecados, ha sido limpiada.
Bueno, entonces ¿cómo se puede saber si se es o no de ese tipo de personas? El versículo comienza diciendo, “pero los que no llegan a desarrollarse de esta forma”. ¿Qué forma? Unos versículos antes de éste, se nos da una lista de cosas que deberíamos estar haciendo o desarrollando. Ellas son: “fe…excelencia moral…conocimiento…autocontrol…paciencia…resistencia…devoción…afecto fraternal..amor por todos.”
Mira la lista, ¿ves en ella cosas que estás desarrollando en tu vida? Si estas cosas están presentes en tu vida, se podría decir que estás planificando por adelantado cómo vives tu vida. No estás simplemente reaccionando a situaciones actuales, sino que estás viviendo con propósito, con el perdón y la gracia de Dios como tu base y motivación.
Déjalo a mi Cargo - Reflexiones
El caso es que leyó en una revista la historia de otra mujer, llamada Connie, quien también había experimentado grandes dificultades en su vida. En el relato, una amiga le preguntó a Connie, cómo pudo soportar la carga de dichos problemas. Connie respondió: “Llevo mis contrariedades al Señor”.
Su amiga le respondió: “Por supuesto, es lo que debemos hacer”.
Y Connie continuó diciendo: “Pero no sólo debemos llevarlas ante Él. Debemos dejar nuestros problemas con el Señor”. Es más, no sólo debemos dejarlos con el Señor; no debemos quedarnos con ninguno.
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