"Cuando llegamos a este mundo, parece como si desde el
primer día nos estuvieran preparando y en la escuela
primaria nos enseñaran el ciclo de la
vida. Experimentamos el hecho de que la mariposa que recogimos vuela
y sigue su camino. También vivimos el triste momento de perder a nuestro amado
perrito o a nuestra mascota preferida...
Hoy me pregunto, ¿cuán privilegiada es la persona
que aprendió a dejar pasar..., a no conceder una importancia relevante a las cosas, que aprendió a olvidar,
que aprendió a seguir adelante?
Pero el caso es que si olvido el amor que me dieron, las enseñanzas que me
dejaron, los llantos que me acompañaron, y las profundas tristezas que ya
no debían ser solo mías sino compartidas, entonces
estoy olvidándome de mí, estoy olvidando una parte de mi ser, y ENTONCES NO
QUIERO OLVIDAR.
Pero sí puedo dejar atrás los momentos en los que me
equivoqué, y puedo, con mi vista al cielo, tener una visión futura en la que te encuentres Tú, mi Dios. Puedo gozarme de alguna nueva enseñanza tuya, del
Evangelio, de una nueva mirada que nace como aquella mariposa. Entonces, mi
despedida de este mundo solo será para mirar para adelante, y darle la
oportunidad a Dios de que escriba nuevamente en esta hoja en blanco que se
encuentra en mi camino.
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:13-14
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:13-14
Solo entonces, despediré cualquier situación,
cualquier momento, cualquier persona, cualquier dolor.
Y seguiré confiado en que Dios tiene en sus manos el mundo,
como también a mí.



