En Romanos 1, Pablo dice que el evangelio de Jesucristo es el poder que nos salva; el evangelio que son las buenas nuevas de que todos los que creen en Él tendrán vida eterna. Cuando entramos en la vida cristiana por la fe en estas buenas nuevas, vemos que nuestra fe crece en la medida que llegamos a conocer más y más acerca del Dios que nos salvó. El evangelio de Cristo en realidad nos revela a Dios mientras vivimos para acercarnos a Él cada día. Romanos 1:17 dice, "Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá". Por lo tanto, parte de la vida cristiana es la lectura y estudio diligente de la palabra de Dios, acompañada de la oración para entendimiento y sabiduría, y de una relación más estrecha e íntima con Dios a través del Espíritu Santo.
La vida cristiana también se supone que conlleva el morir a sí mismos para vivir una vida de fe. Pablo dijo a los Gálatas: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20). Siendo crucificado con Cristo significa que nuestra vieja naturaleza ha sido clavada en la cruz, y reemplazada por una nueva naturaleza que es la de Cristo (2 Corintios 5:17). Él, que nos amó y murió por nosotros, ahora vive en nosotros, y la vida que vivimos es por la fe en Él. Esto significa sacrificar nuestros propios deseos, ambiciones y glorias, y reemplazarlos por los de Cristo. Solo podemos hacer esto con su poder, a través de la fe, que Él nos da por su gracia. Parte de la vida cristiana es orar con ese fin.





