miércoles, 5 de octubre de 2016

Fe mala, fe buena

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios. Romanos 4;20
"Tienes que tener fe", dice la gente. Pero ¿qué significa esto? ¿Cualquier fe es buena?
"Cree en ti mismo y en lo que eres", escribió un pensador hace un siglo, "en ti hay algo más grande que cualquier obstáculo". Por muy bonito que suene esto, se hace pedazos cuando se estrella contra la realidad. Necesitamos fe en algo más grande que nosotros mismos.
Resultado de imagen de Fe mala, fe buenaDios prometió a Abram una multitud de descendientes (Génesis 15:4-5), pero se enfrentaba a un obstáculo enorme: era anciano y no tenía hijos. Cuando él y Sara se cansaron de esperar que el Señor cumpliera su promesa, trataron de vencer este problema por sí solos. El resultado fue una familia dividida y mucha discordia innecesaria (Génesis 16).
Nada de lo que Abraham hizo por su propia fuerza funcionó. Sin embargo, finalmente fue conocido como un hombre de gran fe. Pablo dijo de él: "creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia (Romanos 4:18). Esta fe, dijo Pablo, "le fue contada por justicia" (verso 22).
La fe de Abraham estaba puesta en algo mucho más grande que él: en el Dios único. Lo que marca toda la diferencia es el objeto de nuestra fe.

Señor, quiero tener una fe fuerte en ti; no en mí mismo, ni en mis capacidades ni en otros.

Nuestra fe es buena si está puesta en la Persona correcta.

martes, 4 de octubre de 2016

Los pies en la tierra y la mirada en el cielo

“Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.” Juan 3:27 RVR1960
mirando al cieloMuchas son las cosas que recibimos del Señor, y muchos los privilegios que obtenemos cuando servimos y honramos su nombre, pero es triste ver cómo algunas personas tienen un cambio repentino en su actitud por mor de estas bendiciones. Está bien que cuando tienes una responsabilidad debes cambiar ciertas cosas para desempeñar bien tu cargo, pero eso no quiere decir que debas cambiar en la forma que has sido siempre a causa de estas cosas, más concretamente creyendo que eres superior o más importante que los demás por lo que Dios te ha encomendado hacer.
“Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.” Marcos 10:43-44 RVR1960
Dios no nos llamó para competir a fin de saber quién es mejor servidor que otro o quién cree ser mejor que los demás. Él lo que quiere es que le sirvamos con un corazón humilde, no creyéndonos más que nuestros hermanos o los demás, simplemente porque hacemos o somos parte de un ministerio importante en la iglesia. Pidamos cada día a nuestro padre que examine nuestro corazón y saque de nosotros ese orgullo vano, que cambie nuestra altivez en humildad para que entendamos de una vez, que la misma sangre que pagó Cristo por mí la pagó por los demás, sin importar la importancia de su cargo en la iglesia, en la sociedad, etc.

Palabras que importan

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida. 1 Juan 1;1
En mis inicios como editor elegía el versículo para la portada del libro que escribía. Luego, comencé a preguntarme si eso tenía importancia.
Inline image 1Poco después, una lectora me escribió diciendo que había orado por su hijo durante más de 20 años, pero que él no tenía ningún interés en Jesús. Un día fui a verla, y el hijo leyó el versículo de la portada del libro. El Espíritu usó esas palabras para convencerlo de pecado, y aceptó a Jesús como Salvador en ese momento.
No recuerdo el versículo ni el nombre de la mujer, sin embargo, nunca olvidaré la claridad del mensaje de Dios para mí ese día. Casi un año antes, Él había escogido un texto bíblico para responder a las oraciones de una madre. Desde el más allá, aplicó la maravilla de su presencia a mi trabajo y a sus palabras.
Juan llamó a Jesús el "Verbo de vida" (1 Juan 1:1). Quería que todos supieran lo que eso significaba. Os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó, escribió de Jesús (verso 2). Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros (verso 3).
No hay nada mágico en poner palabras en un papel. Pero sí hay poder en las palabras de la Escritura, palabras que transforman la vida, porque ellas nos señalan al Verbo de vida: Jesús.
Señor, háblame hoy por tu Palabra.
Las palabras que nos señalan a Cristo son siempre palabras que importan.

¡Tres razones para mirar hacia el futuro!

¡He aquí las tres razones para estar seguro y agradecido ahora y siempre!

1) ¡Tengo la Palabra de Dios! 
La alarma suena, pero mis ojos se niegan a abrirse. Es lunes por la mañana y pienso en cómo será esta semana. Se me aprieta un poco el estomago cuando pienso en los días que vienen.
¡Tres razones para mirar hacia el futuro!Entonces recuerdo algo que antes muchas veces he recordado y abro los ojos. A un costado está mi Biblia. Mi seguridad para el día y la semana que se aproxima. Mi seguridad para todas las semanas durante el resto de mi vida. Si creo y tengo fe en otra vida según estas palabras, entonces recibo fe y poder en mi interior, poder para vencer todo lo que me hace sentir tunante y me hace infeliz. Cada uno y todos los días. Todo lo que necesito de ayuda y consuelo y todo lo que necesito para ser perfecto, lo encuentro en este libro.
Pienso en Jesús, quien vivió como dicen esas palabras cuando fue un hombre como yo. Hacer la voluntad de Dios era para Él como la comida diaria. Tengo que usar la oportunidad que tengo hoy para seguir tras sus pisadas. Leo algunas líneas en la Biblia y recibo el coraje para empezar el día, con una fuerte convicción acerca de la voluntad de Dios para mí.

2) ¡Tengo un hermano!
 La jornada de trabajo termina. Puedo sentir el cansancio, casi tengo que morderme la lengua para que la irritación e impaciencia no salgan de mi boca.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, dice Jesús. (Mateo 11, 28) ¿Puedo simplemente orar a Dios durante el camino de regreso a casa? Sí, porque Él mismo dice que se compadece de mí y de mis debilidades. Él mismo ha estado en la misma situación cuando vivió aquí en la tierra.
Puedo seguir tras sus pisadas, del que cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba. Y Él quiere ser mi hermano y ayudarme cada día, para que nunca ceda ante la maldad.

A tiro de piedra

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo:
- El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. (Juan 8:7)
Resultado de imagen de las piedras contra la mujer adúlteraCuando un grupo de líderes religiosos llevó a una mujer adúltera a Jesús, no sabían que estaban colocándola a tiro de piedra de la gracia. Esperaban desacreditar al Señor, de forma que si Él les decía que la dejaran ir, podrían aducir que estaba quebrantando la ley mosaica; pero si la condenaba a morir, las multitudes que lo seguían no habrían considerado sus palabras como gracia y misericordia.
Sin embargo, Jesús les devolvió la pelota a los acusadores. La Biblia dice que en vez de responderles directamente, comenzó a escribir en el suelo. Cuando los líderes siguieron preguntándole, invitó a cualquiera de ellos que nunca hubiera pecado a lanzar la primera piedra. Después, siguió escribiendo en el suelo. Cuando volvió a levantar la vista, se habían ido todos.
La única persona que podría haber arrojado una piedra, el único sin pecado, Él, miró a la mujer con misericordia y le dijo: "Ni yo te condeno; vete, y no peques más". Juan 8;11
Bien sea que hoy necesites el perdón de Dios por el juicio de otros, o que desees tener la seguridad de que ningún pecado es inalcanzable a su gracia, que esto te aliente: Nadie te lanzará piedras hoy; ve y deja que la misericordia de Dios te cambie.
Padre, límpiame de mi naturaleza condenatoria y líbrame de las ataduras del pecado. Ayúdame a vivir una vida transformada por tu misericordia.

Adoramos a un Salvador que ansía perdonarnos.


lunes, 3 de octubre de 2016

10 Conceptos Transferibles - Concepto 7

Cómo puede ayudar a cumplir con la Gran Comisión

Resultado de imagen de la gran comisión
Ahora que es cristiano puede entender el gran regalo de la salvación que Jesús nos ofrece. Gracias a que el evangelio le fue presentado y ha creído, ha sido liberado del pecado y la muerte, y Dios le ha dado vida eterna y abundante. Sin embargo, todavía hay millones de personas que no han escuchado las buenas nuevas sobre Jesucristo, no han tenido la oportunidad de creer en Él y experimentar una vida eterna abundante.
De la misma forma que Dios deseaba que usted escuchara el evangelio para que creyera en su Hijo Jesús y fuera salvo, Dios también "quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2:4). Por eso Jesús nos dio el mandamiento de "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15) y haced discípulos a todas las naciones (Mateo 28:19). Llevar las buenas nuevas de Jesús al mundo se llama la Gran Comisión, y como cristianos tenemos este privilegio. Usted puede ayudar a cumplir la Gran Comisión hablándoles a otros sobre Jesús, orando por los que aún no saben de Él o donando, ya sea su tiempo o dinero, para ayudar a que el evangelio sea proclamado en el mundo. Pídale a Dios la manera en la que Él desea que usted ayude a cumplir con la Gran Comisión.
"Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19)
“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” 2 Corintios 5:20
“¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Romanos 10:15





¿Salvar o perder su vida?

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 16:24-25

Inline image 1Tener éxito en la vida es el objetivo de todo el mundo. Éxito en el plano familiar, profesional o económico, alcanzar cierta notoriedad… cada uno tiene sus ambiciones y a veces hace esfuerzos ilimitados para lograr sus metas.
Un cristiano cuya empresa llegó a ser muy importante, confesó al final de su vida: "Alcancé todos los objetivos que me había propuesto, pero perdí mi vida".

Escoger como primer objetivo nuestro éxito en el mundo no es el comportamiento cristiano digno de Cristo.
Si “por amor de Cristo” (Filipenses 3:7), no damos la prioridad al éxito material sino que nos consagramos a hacer la voluntad de Dios, Él nos dará lo que necesitamos y permitirá que nos hagamos un tesoro en el cielo para la vida eterna (Lucas 12:33).
Toda la Biblia nos enseña que Dios es fiel y sabrá recompensar a los que viven para Él, simplemente porque son sus hijos y desean agradarlo.
Por supuesto, los que consagran su vida a Él en esta tierra y aceptan renunciar a ciertas cosas por amor a Cristo, no lo hacen con el objetivo de obtener su entrada o su lugar en el cielo. Para eso, únicamente el sacrificio de Cristo nos da este lugar (Juan 14:1-3).
Pero recordemos que no podemos “servir a dos señores”. Es imposible ir tras las riquezas del mundo y al mismo tiempo buscar las riquezas divinas (Lucas 16:13). Hagamos bien nuestras cuentas y acumulemos tesoros en el cielo (Mateo 6:20).



El cumplimiento de la ley

Romanos 13:8-14 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros, pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley, porque: «No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás», y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la Ley es el amor.
Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y libertinaje, no en contiendas y envidia. Al contrario, vestíos del Señor Jesucristo y no satisfagáis los deseos de la carne.
Toda la ley se resume en amar al prójimo como a uno mismo. Vamos a verlo:
La Ley de Dios es una guía que nos da dirección en cuanto a nuestra conducta hacia Dios y hacia nuestros semejantes; no nos justifica, ya que la justificación es por la fe en Cristo. (Gálatas 2:16, “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”). La Ley de Dios se resume en el Amor hacia Dios y hacia mi prójimo.
1) El que ama no quebranta la ley en lo respecta a nuestras obligaciones hacia el prójimo.
A) Los seis últimos mandamientos de la Ley, tienen que ver con el amor al prójimo.
1) El número cinco. Honra a tu padre y a tu madre…
Resultado de imagen de El cumplimiento de la leyMi primer prójimo es mi padre y madre, mi familia, mi hogar, los míos. No podemos manifestar amor para con otros, si primero no damos amor a quienes nos dan la vida y velan por nosotros, y por la familia donde crecemos y nos desarrollamos; a quienes debemos respeto, obediencia, lealtad; todo bajo el principio del amor.
2) El seis. No matarás.
Debemos, antes de nada, valorar la vida, la cual es un don de Dios, y que solo Él tiene poder de dar y quitar. En esto hay que reconocer perversidad en la premeditación y alevosía del que comete falta contra ella. El Señor quiere que seamos respetuosos con la vida, tanto la del prójimo como la nuestra. No se debe tomar el poder de quitarle la vida a nadie.
3) El Siete. No cometerás adulterio.
Se debe tener respeto y fidelidad a la persona con la que se esté unido, lo que demuestra el amor que se le profesa y que fue lo que los unió. Fidelidad, esté presente o ausente esta persona.
4) El ocho. No hurtarás.
Se debe respetar la propiedad de otro y no quitarle nada. Si existen deudas no olvidarlas; más bien, pagarlas.
5) El nueve. No dirás contra tu prójimo falso testimonio. No se debe ser falso en el trato con el prójimo, no engañarlo para buscar beneficio propio en detrimento del otro. Ni prestarse a  participar en un juicio como testigo falso.
6) El Diez. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”. Se prohíbe el codiciar cualquier cosa del prójimo, lo que tiene que ver más que solo una acción física contra él; también con los sentimientos y pensamientos, como la envidia y la avaricia. Sentimientos mezquinos.
B) El Amor hacia el prójimo nos hace procurar la paz y ser solidarios ante cualquier necesidad que éste pueda tener.
1) No debemos estar en deuda con nadie. 
2) La deuda ha de ser de amarse unos a otros.
3) Cuando hay amor, no se obra mal al prójimo.
4) El amor es el cumplimiento de la ley misma.

Crece en gracia y sabiduría

Resultado de imagen de Crecía en gracia y sabiduríaExiste un axioma que le oí a alguien en cierta ocasión, que decía: “hay personas que llegan a viejo, pero nunca alcanzan la adultez”. Resulta contradictoria esta forma de pensar, pero es un hecho que un gran número de personas que peinan canas se comportan como inmaduras. Lo cierto es que siempre se espera que aquellas personas que han tenido un contacto más prolongado con la existencia humana, sean personas sabias a las que se puede acudir, suponiendo que encontraremos en ellos respuestas a muchas interrogantes.
Es verdad que entretanto somos jóvenes, la experiencia no es un atributo del cual podemos sentirnos orgullosos, porque constantemente estamos cayendo en errores propios de nuestra inmadurez. Ahora bien, cuando la experiencia toca a nuestras puertas, la juventud hace las maletas, y ya no podemos retroceder en el tiempo. Como cristianos, tenemos promesas de Dios para alcanzar sabiduría independientemente de nuestra edad. Por lo tanto, aprender a conciliar ambas cosas aunque no sea nada fácil, resulta imperativo.