Romanos 14:10-12 dice, “... Porque todos compareceremos ante el tribunal de
Cristo..... De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.” 2
Corintios 5:10 nos dice, “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos
ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho
mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”
El contexto de ambas
Escrituras se refiere claramente a cristianos, no a incrédulos. El Tribunal
de Cristo no determina la salvación; esta fue determinada por el sacrificio de
Cristo a nuestro favor (1 Juan 2:2), y nuestra fe en Él (Juan 3:16). Todos
nuestros pecados están perdonados y nunca seremos condenados por ellos (Romanos
8:1). No debemos considerar el Tribunal de Cristo como el juicio de Dios a nuestros
pecados, sino más bien como la recompensa de Dios por nuestras vidas. Sí, como
dicen las Escrituras, tendremos que dar cuenta de nuestras vidas. De acuerdo, parte de esto
seguramente será responder por los pecados que cometimos. Sin embargo, ése no va
a ser el principal enfoque en el Tribunal de Cristo.
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
jueves, 10 de marzo de 2016
miércoles, 9 de marzo de 2016
El arrebatamiento
¡Un hecho sin precedentes está a punto de ocurrir! La Palabra de Dios, que nos revela las grandes líneas de los acontecimientos futuros, nos da a conocer la promesa que nuestro Salvador hizo a sus discípulos y a todos los suyos: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3).
“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24).
Las cartas del Nuevo Testamento nos hablan sobre este acontecimiento: “Todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos… los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52). En Apocalipsis hallamos cuatro veces la promesa de Jesús: “Yo vengo pronto” (Apocalipsis 3:11; 22:7, 12, 20). Cada creyente, cada hijo de Dios que se ha beneficiado de la obra de Jesús mediante la fe en Él, formará parte del cortejo de redimidos que primeramente serán llevados a la casa del Padre, y luego aparecerán con el Señor Jesús el día de su triunfo real.
“Y el Espíritu y la Esposa (la Iglesia) dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven” (Apocalipsis 22:17). ¿Puede usted decir esto con todos los que aceptaron la gracia de Dios?
¿Está esperando usted ese próximo evento?
¡Aleluya!
Han sido días intensos. Algo bueno va a acontecer, pero no sin terribles batallas y eso me preocupa. Leo con frenesí dos libros al mismo tiempo, mientras el campo de batalla se encuentra en el alma y en la mente.
Siempre creí que para saber escribir, primero es necesario aprender a leer… ¡y hoy más que nunca lo sostengo! Así es como debe ser. Y cuando digo “leer”, no es solo deletrear y comprender el significado y sentido de las palabras escritas, sino también embarcarse en la aventura de dilucidar y discernir los pensamientos de su autor en las líneas. Ponerse en su lugar.

Hoy trato de mostrar, definir mi relación de todos los días con nuestro amado Dios. A veces en dulce comunión; otras, distante y áspera. Esto, en cuanto a lo que de mí depende. Pero felizmente, Él no es así. Eso escribo, de eso se trata mi ministerio. Verdaderamente no hallo palabras, conceptos, fundamentos, tinta, papel, que puedan describir, definir la inconmensurable Majestad, Magnificencia, Gracia, Grandeza,... la Gloria de Dios.
Abigail
“Estoy por desfallecer; el dolor no me deja un solo instante. Voy a confesar mi iniquidad, pues mi pecado me angustia. Muchos son mis enemigos gratuitos; abundan los que me odian sin motivo”
(Salmos 38:17-19 NVI)
Su corazón se había roto en mil pedazos, no había posibilidades de vida pues ya había renunciado a ella. La felicidad no existe, se repetía incesantemente; su pecho apretujado, encerraba el secreto más grande. Derrotada y vilmente maltratada, Abigail se entregaba a la desdicha, que era la única salida que aparentemente tenía para esa situación, pues aún lo amaba.
¿Por qué hago lo que hago?
“Es más fácil desintegrar un átomo que un concepto”. Albert Einstein.
Esta es una pregunta que muchas personas se han hecho alguna vez en la vida. Comienzan a cuestionarse si podrían hacerlo de otra manera y surge lo que se llama “paradigma”. Quizá para muchos sea un término nuevo, sin embargo vivimos con muchos paradigmas.
Un paradigma es un modo de ver la realidad, que nos sirve de marco o modelo de referencia. El modo como vemos las cosas (paradigmas) es la fuente, generalmente, del modo como pensamos y del modo como actuamos. Todos pensamos que vemos las cosas como son, que somos objetivos, pero no es así. Vemos el mundo no como es, sino como somos nosotros. Es decir, veo el mundo de acuerdo a como soy, o de acuerdo a lo que yo piense de mí. ¿Y qué pienso de mí? ¿Pienso que soy un ganador en la vida o un perdedor? De acuerdo a lo que yo piense, de esa manera voy a actuar.
Tenemos muchos paradigmas, inclusive hasta para relacionarnos con Dios, que no nos permiten alcanzar nuestro potencial y mucho menos disfrutar la vida en plenitud.
Hace siglos se pensaba que la Tierra era el centro del universo, que todo giraba alrededor de ella, y luego se descubrió que era al contrario, que giraba alrededor del sol. Un paradigma que se rompió, era que para ser salvo había que ser bueno, y Jesús, un excelente maestro, rompe el paradigma y le dice al ladrón que estaba a su izquierda, que hoy estaría en el paraíso. Para ser salvo solo hay que creer en Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida.
¿Cuáles son los paradigmas que tienes acerca de ti?
Algunos de lo más comunes son: “No puedo cambiar”, “No puedo lograrlo”, “Funciona para otros pero para mí...”, “Soy torpe”, “Soy un fracasado”…
Hoy es un buen día para romper con los paradigmas que hay en tu vida. Tú puedes elegir cambiar hoy y comenzar de nuevo a vivir.
martes, 8 de marzo de 2016
Una lección inolvidable
Cómo líder, sus lecciones más dramáticas y efectivas pueden ser dadas sin el uso de palabras.
Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió. Juan 13:15-16En la fecha establecida, los hubiera reunido y habría compartido los resultados de sus estudios, presentando grandes evidencias sobre la importancia del servicio. No hubiera terminado su lección, sin una seria exhortación a que los discípulos buscaran practicar lo que habían escuchado en "clase".
El entendimiento de cada discípulo no se apartó de lo que el Señor había querido enseñar.
¿Cómo debo entender el concepto de Dios Padre?
Lo que es interesante notar aquí es que Juan no dice, “El Padre nos ama....” Al hacerlo, estaría describiendo un supuesto. En lugar de eso, él nos dice, asevera, que el Padre ha “derramado” Su amor en nosotros, y esto, a su vez, representa una acción y el alcance de su amor. También es interesante notar que Juan ha elegido la palabra “Padre” a propósito. La palabra implica la relación padre-hijo. Sin embargo, Dios no se convirtió en Padre cuando nos adoptó como Sus hijos. No, la paternidad de Dios es eterna. Él es eternamente el Padre de Jesucristo, y a través de Jesús, Él es nuestro Padre. Es a través de Jesús como recibimos el amor del Padre y somos llamados “hijos de Dios.”
Qué gran honor es el que Dios nos llame Sus hijos, y nos dé la seguridad de que como hijos suyos, somos herederos y coherederos con Cristo (Romanos 8:17). En su Evangelio, Juan también nos dice que Dios le da el derecho de convertirse en hijo de Dios a todo aquel que mediante la fe, ha recibido a Cristo como su Señor y Salvador (Juan 1:12). Dios extiende Su amor a Su Hijo Jesucristo, y a través de Él, a todos Sus hijos adoptados.
Habla, Jehová, que tu siervo escucha
“Y le dijo: Ve y acuéstate; y si te llama, di: “Habla, Jehová, que tu siervo escucha”. Así se fue Samuel y se acostó en su lugar.” 1 Samuel 3:9
Samuel era muy joven y servía en el templo en los tiempos del sacerdote Elí. Una noche oyó que lo llamaban por su nombre, – ¡Samuel! ¡Samuel! Cuatro veces escuchó que lo llamaban, y cuatro veces el joven se levantó y fue a la habitación del sacerdote Elí, creyendo que era éste quien lo llamaba, pues aún Dios no se le había revelado.
Samuel era muy joven y servía en el templo en los tiempos del sacerdote Elí. Una noche oyó que lo llamaban por su nombre, – ¡Samuel! ¡Samuel! Cuatro veces escuchó que lo llamaban, y cuatro veces el joven se levantó y fue a la habitación del sacerdote Elí, creyendo que era éste quien lo llamaba, pues aún Dios no se le había revelado.
Este pasaje bíblico hace referencia a muchas personas que dicen “Yo quiero que Dios me hable”, “A mi Dios no me habla”. Dios sí te habla, solo que tú no te das cuenta.
Samuel estaba escuchando la voz de Dios, pero no sabía que era Él quién lo estaba llamando. Así mismo, Dios llama a muchas personas en estos tiempos; pero estamos tan inmersos en nuestro transcurso del día a día que no nos detenemos a escuchar su voz, ni lo que tiene que decirnos.
Samuel estaba escuchando la voz de Dios, pero no sabía que era Él quién lo estaba llamando. Así mismo, Dios llama a muchas personas en estos tiempos; pero estamos tan inmersos en nuestro transcurso del día a día que no nos detenemos a escuchar su voz, ni lo que tiene que decirnos.
Posiblemente no escuches audiblemente la voz de Dios, sin embargo, no puedes negar que tenemos muchos otros medios por los que el Señor nos habla. Esa canción que habla de Dios y te hace llorar, ese programa cristiano que algunas veces sintonizas por televisión, incluso esa situación difícil que tienes es Dios llamándote para que le prestes atención, ese vacío que no se llena a pesar de que lo has intentado todo... ¿No estarás esperando que Él se te aparezca en persona? ¡No pensarás eso!
Lo que más me preocupa
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal. Mateo 6:34
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7
Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Hebreos 13:5
Lo que más me preocupa no es el presente, sino el futuro. Hoy en día, a menudo los meses o los años venideros nos preocupan mucho más que el presente. Sin embargo, la carga diaria sería mucho más ligera si no añadiésemos inútilmente, la de los días siguientes.
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7
Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Hebreos 13:5
Los temas que nos preocupan son múltiples: ¿Qué sucederá con mi hijo minusválido cuando yo no esté más aquí? ¿Quién se ocupará de mí cuando esté viejo? ¿Cómo podré hacer mi trabajo dentro de diez años? ¿Y si me ocurre tal o cual catástrofe?… Es muy comprensible que estos sean temas de preocupación.
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