domingo, 26 de abril de 2015

Esperando el futuro... con esperanza

“Porque fuimos salvos con esperanza; pero una esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando lo que ya ve? (Romanos 8:24)
Esperanza: Confianza en lograr una cosa. Virtud teológica por la cual aguardamos de Dios su gracia y nuestra eterna salvación.
La esperanza tiene mucho que ver con llegar a conseguir algo que anhelas o deseas. La esperanza es una ilusión que mantiene al corazón vivo, aunque bien sabemos que esperar es una de las cosas más difíciles para nosotros, los seres humanos. Quien sabe esperar, verdaderamente tiene una de las virtudes más hermosas.
Cuando esperamos se desarrolla en nosotros la constancia. La constancia a su vez, requiere firmeza. Y para tener firmeza nuestro carácter debe ser moldeado por Dios. Nuestro carácter es moldeado a través de las experiencias que vivimos en la vida y que nos sirven de aprendizaje.
La constancia implica perseverancia y casi siempre, quien persevera alcanza sus objetivos, sueños y metas. Claro está que cuesta ser decididos y perseverantes, sin embargo, este camino es seguro porque en nuestras debilidades, el Espíritu Santo acude a ayudarnos, nos sostiene. A través de Él recibimos fuerzas y aliento para continuar.

Los obstáculos

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Luego se escondió y observó; quería ver si alguien retiraba la roca.
Algunos de los comerciantes y cortesanos más adinerados del reino, pasaron por el camino y simplemente, la rodearon y pasaron al lado de la roca.
Muchos culparon al rey ruidosamente, de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo nada para sacar la piedra del camino.
Pero pasó un campesino llevando verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el suelo y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró.
Mientras recogía su carga de vegetales, vio una bolsa en el suelo, donde había estado la roca.
Abrió la bolsa, y dentro de ella encontró una cartera que contenía muchas monedas de oro, y una nota del rey mismo indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.
El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron. "Cada obstáculo representa una oportunidad para mejorar, si se actúa en vez de quejarse."

Bendiciones

El poder de nuestras palabras puede significar un bien o un mal. Lo que proclamamos se puede hacer realidad sobre quien lo decimos o sobre nosotros. 
Al usar nuestras palabras para bendecir, estamos pidiendo a Dios que deposite las gracias necesarias sobre alguien en particular. Y quien bendice continuamente, atrae esas mismas bendiciones para sí, como un regalo de Dios que es generoso. Pero quien maldice continuamente, atrae sobre sí destrucción y calamidad. (Deuteronomio 11, 26-28) 26 “En este día les doy a elegir entre bendición y maldición. 27 Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor su Dios, que hoy les he ordenado. 28 Maldición, si por seguir a dioses desconocidos, desobedecen los mandamientos del Señor su Dios y se apartan del camino que hoy les he ordenado. 
Para que nuestra bendición tenga efecto debemos agradar a Dios con nuestra vida, dejarnos conducir por su Espíritu Santo y creer que lo que declaramos con nuestras palabras es real y verdadero, y que Dios es quien lo hace por amor a nosotros. El hombre o mujer que bendice se vuelve generoso y al bendecir a alguien, antepone sus intereses por los del prójimo, por amor, y es esto lo que Dios quiere; quiere que amemos a nuestros hermanos y deseemos su bendición para que seamos bendecidos. (Filipenses 4, 18-20) Lo que me enviaron fue como una ofrenda de incienso perfumado, un sacrificio que Dios recibe con agrado. 19 Por lo tanto, mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús. 20 ¡Gloria para siempre a nuestro Dios y Padre! Amén. 

Pero, ¿qué es bendecir? Es declarar, desear sobre alguien o algo, que le llueva la gracia de Dios pidiendo que caigan cosas buenas sobre él/ella, y que le ayuden a encontrar al Dios de la Verdad y el Amor: Jesucristo. Bendecir es como una declaración de poder y de fe, sin titubear, sabiendo que lo que declaramos ya lo tenemos, y que sucederá pidiéndoselo a Dios en el Nombre de Jesús. Juan 14:13-14 Y todo lo que ustedes pidan en mi nombre, yo lo haré, para que por el Hijo se muestre la gloria del Padre. 14 Yo haré cualquier cosa que en mi nombre ustedes me pidan. 
¿A quién bendecir? A nuestro prójimo, a nuestra esposa o esposo, a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros maestros, a nuestros líderes y sacerdotes, a nuestro trabajo, nuestro hogar; bendecir a Dios, incluso a nuestro más acérrimo enemigo. (Lucas 6, 28) Bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan. 
¿Cómo bendecir? Pronunciando las palabras del bien, que en nombre de Jesús, deseamos para alguien o algo. Bendecimos por medio de las palabras que hablamos, lo que decimos en voz alta. (Números 6, 27) “Así ellos pronunciarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.” 
Cuando puedas, en un momento de quietud, reúnete con tu esposo/a, con tus hijos o con tus padres, y declara palabras de bendición sobre ellos. Si no está alguien presente, declárale también la bendición (incluso a tus enemigos). 

Los Hombres Son Hombres y No Dios

Todo aquello que Dios no nos da sino que lo obtenemos a nuestra manera o por cualquier otro medio, acaba por desvanecerse, derrumbarse y desaparecer; mucho más si hemos abandonado nuestra confianza en Dios y la hemos depositado en nuestra capacidad, talento, habilidad, o en un ser humano.
Confiar en la gente es necesario, está bien, pero el gran error es quitar nuestra confianza de Dios y depositarla en un ser humano.
¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová! Y los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu; de manera que al extender Jehová su mano, caerá el ayudador y caerá el ayudado, y todos ellos desfallecerán a una. Isaías 31:1,3 
Muchas veces son las que, al vernos en encrucijadas y problemas a los que no sabemos cómo darle solución, por limitaciones o dificultades diversas, en vez de correr a Dios, depositar nuestra confianza en Él y rendirnos a sus pies, buscamos con nuestra propia fuerza salir adelante, o apoyarnos en la gente con recursos materiales, y lo que es peor, pisoteamos la confianza que teníamos en Dios. Y digo yo, ¿cuántas veces te ha fallado Dios, dado la espalda o abandonado? Por el contrario, ¿cuántas veces la gente te ha prometido cosas y te dejaron plantado, esperando?, ¿cuántas personas defraudaron la confianza que depositaste en ellos y aun así sigues esperanzado en ellos?

sábado, 25 de abril de 2015

Adoración

"Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor" (Salmo 95:6)
Las primeras palabras que leemos en el Nuevo Testamento, dichas por personas no judías, fueron: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?, porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. 
El salmista, cuando escribe las palabras que citamos más arriba, tiene en mente la misma imagen que la de los magos de oriente: la adoración.
La adoración en las Escrituras no se ciñe a un hecho meramente de alabanza como estamos, lamentablemente, confundiendo muchas veces. La adoración sin humillación carece de sentido; pretender adorar al Altísimo de otro modo es hacer cosa vana. 
La adoración debe partir única y exclusivamente, de un corazón arrepentido delante del Padre; lo contrario será, simplemente, un ritual religioso.

Adorar no es solamente cantar; en la humillación a la que se alude, se incluye también la oración: es absurdo hablar de las excelencias de Dios si no establecemos una relación íntima con Él. Podríamos llegar a cantar cosas que van en contra de la Escritura, lo cual es ser auténticamente anatemas.
La adoración también es el estudio de la Palabra; todo tiene un equilibrio, cada cosa en su sitio. No podemos saber cómo hacerla si no tenemos un inicio auténtico; podemos entonar hermosos himnos y expresar públicamente oraciones, pero olvidar la Palabra... NO, es básica.
Podemos pues, brevemente, decir que la adoración es la finalidad a la cual Cristo nos invita cada día; un fin que podemos sintetizar en tres eslabones imposibles de romper y que forman un conjunto: alabanza, oración y estudio bíblico. Todo resultará provechoso si antes hemos hecho como dice el salmista: "postrémonos y arrodillémonos". ¿Estás dispuesto a asumir el desafío?


Un veneno

Dicen que el rencor es un veneno que uno se toma y espera que le haga efecto a otra persona.
¡Cuántas veces actuamos ilógicamente, pensando que esto le afectará a alguien sin que nos afecte a nosotros!
Hay dos sentimientos que nos corroen como polillas en un armario cerrado, y son el rencor y la envidia. Le puedes preguntar a cualquier persona que tenga envidia de otro constantemente, o una persona que no logra perdonar ni olvidar y guarda rencor.
La constante comparación de tu persona o de tu situación con otros, hace que dejes de valorar muchas cosas en tu vida, y el rencor constante hace que ya no les prestes una amigable atención.
En los proverbios se dice: ”El corazón tranquilo da vida al cuerpo pero la envidia corroe los huesos”
Si te preguntas por qué las aguas de tu corazón se encuentran tan alteradas que no puedes hallar paz, hoy puede ser un buen día para que hables con Dios, y le digas que te ayude a dejar la envidia atrás y a valorar lo que tienes. Pídele también, que trabaje en el rencor que te persigue, y déjalo todo en sus manos. Es el mejor regalo que te puedes dar a ti mismo.

Me cuesta perdonar

Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al palacio. Reunieron a toda la compañía de soldados alrededor de él. Le quitaron la ropa y le pusieron un manto de color morado.  Hicieron una corona hecha de espinas, se la colocaron en la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Se arrodillaron ante él y se burlaban, diciendo: ¡Viva el rey de los judíos! Luego le escupieron, tomaron la caña y le pegaron en la cabeza. Cuando acabaron de burlarse de él, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo. Mateo  27:27- 31 (PDT)
Esta es una de las escenas más tristes y dolorosas que vivió nuestro Señor Jesucristo, porque no solo fue herido físicamente sino también emocionalmente. Al leer estos versículos podemos ver que fue acusado, se burlaron de Él, fue insultado, golpeado, herido y humillado injustamente. ¿Cómo crees que se sentía Jesús en ese momento?, ¿cómo te sentirías tú?  Seguro que muy afligido y dolorido. Pero aunque no lo creas, la reacción de Jesús frente a esa situación tan dolorosa y humillante fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Lucas 23:34
Es complicado hablar de amor cuando alguien nos ha hecho mucho daño, física o emocionalmente. Es más, es difícil decir que amas y perdonas a alguien que ha dejado marcas profundas de dolor en tu vida. Lo normal es que dejes de amar a esa persona, que dejes de hablarle; desconfías, tienes miedo, pierdes toda clase de esperanza en él, actúas con poca paciencia, y poco a poco entra en acción el resentimiento, la amargura, el enojo, el odio y por último, la venganza. Todo ello viene del diablo.
Pero por un momento, piensa en los golpes, ofensas, y humillaciones que Jesús sufrió. Luego piensa en las cosas parecidas que te hicieron a ti. Ahora medita en la palabra que Jesús dijo a favor de aquellos que lo humillaron. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

No es Imposible

Young woman reading bible¿Habrá algo imposible para mí? Pregunta tu Dios quien te creó. El mismo que te entretejió en el vientre de tu madre y que había pensado en ti antes de tu concepción. No hay absolutamente nada lejano ante mi poder, desde el principio lo he demostrado. ¿Que tus circunstancias son adversas y los gigantes se ven enormes? Yo soy más grande que cualquier cosa que quiera estorbar tu vida y robar tu paz. A Abraham cumplí lo que le prometí y Sara, a pesar de su vejez, pudo concebir. Ana clamó a mí angustiada y desesperada. Cansada de tanto escarnio y opresión me buscó en oración y encontró la respuesta, su vientre se abrió. Elías se encontraba desesperado en el desierto, escondido en la cueva, y pensando que iba a morir; estaba alejado y padeciendo depresión. Pero yo lo visité allí donde él se encontraba, le di de comer, lo sustenté y le otorgué nuevos alientos.
Aquel ciego clamaba a mí, daba grandes voces para que yo me apiadará de él, y yo lo escuché, lo atendí, sus ojos se abrieron, su milagro recibió.

Mamá,....¿yo?

El instinto maternal no existe por las buenas. Está para saber qué es lo que debemos hacer con nuestros hijos, cómo cuidarlos; para saber qué les pasa, qué es lo mejor para ellos. Todas las mujeres lo tenemos.
Una amiga me dijo que yo estaba equivocada, que cuando su pequeña nació, muchas veces no sabía qué hacer y que ella hasta se ponía a llorar con la enana. No es así: ¡todas lo tenemos y punto! El problema es que algunas decidimos hacerle caso y otras no. Algunas mamás se abruman con los consejos que les dan (la mayoría nunca fueron solicitados), tanto que no saben qué hacer o a quién hacerle caso. O tal vez se abruman por miedo de seguir con eso que sienten que podría funcionar, pero que por temor de hacerle daño a su bebé prefieren no hacerlo.

Al comienzo, cuando mi bebé lloraba sin razón aparente, me bloqueaba y no sabía qué hacer. En el fondo, algo me decía cuál podría ser el motivo de su llanto, pero me daba terror equivocarme y hacer que mi bebé llorase más, así que prefería pedir ayuda. Poco a poco me fui dando cuenta que mi instinto está para algo y que debo escucharlo siempre.

Yo sé que cargarla cada vez que llora no es mal acostumbrarla a estar en brazos, mecerla para dormir no hará que me lo siga pidiendo cuando tenga 20 años, o que duerma conmigo no la va a hacer dependiente de mi. Su desenvolvimiento como persona no está basado únicamente en sus primeros 2 o 3 meses de vida, sino que hay muchos factores que lo acompañarán a lo largo de su vida, y precisamente como padres, debemos aprender a guiarlos hasta que poco a poco se conviertan en personas independientes, seguras y con autoestima. Pero ante todo, que dependan de Dios. Es como enseñarles a montar bicicleta, o ¿acaso por acompañarlos y sujetarlos para que no se caigan hace que tengamos que hacerlo el resto de nuestros días? No, una vez que tengan confianza y seguridad suficiente, seguirán su camino solos.

Escuchen los consejos que les den pero decidan ustedes mismas preguntándole a Dios, y luego, de acuerdo a lo que su instinto les diga. Sobre todo escúchense ustedes mismas.

Besen a sus hijos, abrácenlos, díganles todos los días cuanto los aman, jueguen con ellos lo más que puedan. El tiempo pasa más rápido de lo que piensan, aprovéchenlo cuando sus hijos son pequeños, porque cuando se den cuenta ya estarán grandes y les dará vergüenza que estén encima de ellos.Darle amor a nuestros hijos no les malcría.