La oscuridad se disipa, se expande la luz de un nuevo amanecer, gotas que mojan la tierra, frío que calladamente abrasa…ha llegado el final de una noche más, el silencio parece ocultar aquello que ha sucedido y... ¿lo que ocurrió quién lo contará?
Actos desenfrenados que pretendieron ocultarse tras las sombras de la oscuridad, como si el temor se esfumara para no volver, tal pareciera que la razón se desvaneciera del corazón del hombre, como si el amor distorsionara su sentido para convertirse en locura.
La noche se ha convertido en testigo de actos violentos, con derramamiento sangre inocente, de gritos que estremecen el alma. El clamor se confunde entre el murmullo y el regocijo de aquellos que son llevados hacia un camino espacioso que conduce a la muerte.
Y así, el transcurrir de las horas traen consigo un nuevo despertar, mis pasos me guían hacia un camino estrecho que conduce a la vida, gotas de lluvia caen sobre la tierra, la luz se confunde con un ambiente triste. Una voz irrumpe en mi corazón en medio de un silencio casi absoluto, es la voz de aquel que nunca duerme; sus ojos han sido testigos del engaño que inclina al corazón del hombre hacia la maldad.
Gotas de lluvia… en ellas tu dolor, en ellas tus lágrimas. Lágrimas que consumaron tu sacrificio en aquella cruz, donde lentamente, la vida se escapaba de tu cuerpo teñido de sangre inocente y santa; lágrimas que corrieron por tu rostro al ver el fruto de tu aflicción. En medio de la agonía y la eternidad, millones de rostros frente a aquella cruz, vidas que a través del tiempo, han sido lavadas con esa misma sangre y libradas de la esclavitud.
Y así, el transcurrir de las horas traen consigo un nuevo despertar, mis pasos me guían hacia un camino estrecho que conduce a la vida, gotas de lluvia caen sobre la tierra, la luz se confunde con un ambiente triste. Una voz irrumpe en mi corazón en medio de un silencio casi absoluto, es la voz de aquel que nunca duerme; sus ojos han sido testigos del engaño que inclina al corazón del hombre hacia la maldad.
Gotas de lluvia… en ellas tu dolor, en ellas tus lágrimas. Lágrimas que consumaron tu sacrificio en aquella cruz, donde lentamente, la vida se escapaba de tu cuerpo teñido de sangre inocente y santa; lágrimas que corrieron por tu rostro al ver el fruto de tu aflicción. En medio de la agonía y la eternidad, millones de rostros frente a aquella cruz, vidas que a través del tiempo, han sido lavadas con esa misma sangre y libradas de la esclavitud.