jueves, 20 de noviembre de 2014

"Amar es Compartir" - Madre Teresa de Calcuta

Roma, 7 de septiembre. Hace unas semanas, dos jóvenes vinieron a nuestra casa a ofrecerme mucho dinero para dar de comer a la gente. En Calcuta damos de comer a 9 mil personas al día. Querían que el dinero se destinara para alimentar a esta gente. Les pregunté "¿De dónde han sacado tanto dinero?" Ellos me respondieron: "Nos acabamos de casar hace dos días. Antes de la boda decidimos que no compraríamos trajes para la ceremonia ni para la fiesta. Queremos darles a ustedes el dinero."

EL AMOR EN ACCIÓN.
Muchos se quedaron completamente sorprendidos al ver cómo una familia de ese nivel, no había comprado trajes ni había organizado fiestas con motivo de la boda. Para un hindú de clase alta esto es un escándalo. Después les pregunté "¿Por qué lo han hecho?". Esta fue la extraña respuesta que dieron: "Nos amamos tanto que queríamos dar algo a otros, y comenzar nuestra vida en común con un sacrificio." Me impresionó mucho constatar cómo estas personas estaban hambrientas de Dios. Una manera de manifestarse el amor mutuo era hacer ese sacrifico enorme, y estoy segura de que los occidentales no pueden entender lo que esto significa. En nuestro país, la India, sabemos lo que significa no tener vestidos para la boda. Sin embargo, estos dos jóvenes tuvieron el valor de comprometerse así. Esto es verdaderamente un amor en acción. Y, ¿dónde comienza el amor? En la propia casa. ¿Cómo comienza? Orando juntos. Una familia que ora unida permanece unida. Y si permanece unida, se amarán unos a otros como Dios nos ama.

Para amar hay que compartir.
En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de mi arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió "Ellos también tienen hambre". Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, musulmanes tenían hambre. Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad, no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir.
Con frecuencia me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Y yo respondo, "Cuando aprendamos a compartir". Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos más dispuestos estamos a dar.

Ese niño me enseñó a amar.
En una ocasión, en Calcuta, no teníamos azúcar para nuestros niños. Sin saber cómo, un niño de cuatro años había oído decir que la Madre Teresa se había quedado sin azúcar. Se fue a su casa y les dijo a sus padres que no comería azúcar durante tres días, para dárselo a la Madre Teresa. Sus padres lo trajeron a nuestra casa: entre sus manitas tenia una pequeña botella de azúcar, lo que no había comido.
Aquel pequeño me enseñó a amar. Lo más importante no es lo que damos sino el amor que ponemos al dar.

APRENDAMOS A AMAR.
Ustedes conocen a los pobres de su zona. Saben que se encuentran en todos lados, en Roma, México, en Nueva York, en Londres y en otros sitios, también aquí, y muchos. Nuestras hermanas dan de comer a los hambrientos de esta ciudad. Hay personas que duermen por las calles. Quizá se sorprendan al ver a personas como ustedes, que duermen arropados por cartones, temblando de frío. Esto sí que es sufrir. Tienen que tener un amor tierno, tienen que reconocer al pobre donde quiera que vivan. En la India es maravilloso ver a hindúes y musulmanes que se preocupan por lo pobres. También aquí, al igual que en muchos lugares, la gente es consciente de la necesidad de compartir la alegría de amar. Pero, ¿dónde comienza este amor? En el hogar. No podemos dar lo que no tenemos. Y yo rezo para que este amor pueda comenzar. La oración hace el corazón transparente. Un corazón transparente puede ver a Dios, y solo podemos ver a Dios si hacemos algo por alguien. Tienen que saber quién es ese "alguien" y quién lo ha creado. A los pobres no les hace falta demasiado, lo que necesitan es ternura y amor.

Diferencia entre prueba y tentación

Una prueba de fe hace crecer el carácter e integridad, pero cuando Satanás tiene éxito en una tentación, el fruto es culpabilidad. 
Suele existir una cierta confusión en el Cuerpo de Cristo, entre el significado y el propósito de la prueba y la tentación.
Una prueba puede ser un juicio de su fe, que Dios permite para sacarlo como oro que ha sido purificado en fuego (1 Pedro 1:7). Y la tentación puede convertirse en un fuego ardiente,... pero el propósito y los resultados finales de los dos son diferentes.
Dios permite la prueba de su fe, pero Satanás es el tentador, él inicia la tentación (Mateo 4:3). Santiago 1:13 nos recuerda que Dios no puede ser tentado por el mal y que Él no tienta a los hombres.

Cuando los israelitas estaban viajando por el desierto, Dios les puso a prueba para aclarar lo que había realmente en el interior de sus almas (Deuteronomio 8:2). Ellos estaban fuera de Egipto, pero los pensamientos de Egipto permanecían en ellos, evidenciados cuando adoraron al becerro de oro (Éxodo 32), que recordaba al dios ídolo Apis, una deidad con forma de toro adorada entre los egipcios. 
Nadie sabía qué debilidades permanecían ocultas en lo profundo de sus espíritus, hasta que la presión las hizo salir al exterior. Lo mismo es cierto para nosotros. Puede que sea mal genio, depresión o palabras negativas lo que nos sale hacia fuera. Ya que "de la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12:34), la presión interior sobre el corazón del hombre fuerza a que salgan palabras por la boca, que a veces las personas lamentan haber dicho. La prueba de Dios es para probarle, pero la tentación de Satanás tiene la intención de destruirle (Juan 10:10).

¿Condena la Biblia la esclavitud?

La Biblia no condena específicamente la práctica de la esclavitud. Eso sí, da instrucciones de cómo deben ser tratados los esclavos (Deuteronomio 15:12-15; Efesios 6:9; Colosenses 4:1), pero no la prohíbe del todo. Muchos lo ven como si la Biblia permitiera todas las formas de esclavitud, pero lo que esa gente no entiende es que la esclavitud en los tiempos bíblicos, era muy diferente a la que se practicaba en los siglos pasados en muchas partes del mundo. La esclavitud en la Biblia no estaba basada en la raza, la gente no era esclavizada por su nacionalidad o por el color de su piel. En los tiempos bíblicos, la esclavitud era más bien un estatus social. En los tiempos del Nuevo Testamento, a veces los doctores, los abogados y hasta los políticos eran esclavos de alguien más. De hecho, algunas personas elegían ser esclavos para tener cubiertas todas sus necesidades por sus amos.
La esclavitud de los últimos siglos pasados, con frecuencia estaba basada exclusivamente en el color de la piel. La gente negra era considerada como esclava por su nacionalidad, y muchos dueños de esclavos creían verdaderamente, que las personas negras eran “seres humanos" inferiores a la gente blanca. La Biblia definitivamente, sí 
condena la esclavitud basada en la raza. Consideremos la esclavitud que experimentaron los hebreos cuando estuvieron en Egipto. Los hebreos eran esclavos, no por elección, sino porque eran hebreos (Éxodo 13:14). Las plagas que Dios envió sobre Egipto, demuestran cuál es el sentir de Dios acerca de la esclavitud racial (Éxodo 7-11). Así que, sí, la Biblia condena algunas formas de esclavitud, y al mismo tiempo, parece permitir otras. El punto clave es que la esclavitud permitida en la Biblia, de ninguna manera se asemeja a la esclavitud racial que plagó nuestro mundo en los siglos pasados.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Sinceridad ante todo

¨Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece¨ Proverbios 27:6 (Reina- Valera 1960)
No hay nada mejor que una amistad sincera, aquella que te dice las cosas como son, de frente. Pero aunque nos guste o no, a veces buscamos consejo en el que sabemos que no es un buen amigo. Una de las cosas que esperamos de una amistad es que sea incondicional, y sobre todo, que nos hable siempre con la verdad, no buscando mentirnos ni aparentar para caernos bien.
Es muy normal encontrar personas que a pesar de saber lo que en realidad nos conviene, no son capaces de decirnos la verdad, y ¡no sabes qué daño hace este tipo de amistades! Hay otras que por el contrario, te van a acercar más a Dios. Si necesitas tomar una decisión acerca de las cosas de Dios, nunca le pidas consejo a alguien que no te conozca; esta gente no entiende la magnitud de tu relación con Dios y lo que Él te puede hacer; y si es a ti al que te toca dar el consejo, pues de manera muy decente y delicada, por mucho que duela, sé sincero con tu amigo, y más cuando se trate de las cosas de Dios o algo que vaya en contra de lo que a Él le agrade.

La importancia de la presencia de DIOS en nuestras vidas

Éxodo 33:9-11-15
Moisés estaba convencido que sin la presencia de Dios en su vida, era inútil que él intentara cualquier cosa. Cuando habló cara a cara con el Señor, él dijo, “…Si tu presencia no va con nosotros, no nos saques de aquí. Él estaba diciendo, “Señor, si tu presencia no está conmigo, entonces no iré a ninguna parte. ¡No daré un solo paso si no estoy seguro que estás conmigo!”
Moisés sabía que era la presencia de Dios en Israel, lo que distinguía al pueblo de otras naciones. Y lo mismo es cierto en la iglesia hoy en día. Lo único que nos distingue de los incrédulos es que Dios “está con nosotros”, dirigiéndonos, guiándonos, obrando su voluntad.
I. La presencia de DIOS nos da descanso:
La responsabilidad que Moisés tenia era grande, era guiar las almas de 600 mil personas, lidiar con cada una de ellas con caracteres diferentes. Escuchar al pueblo reclamar, ver cómo el pueblo era rebelde, cómo se olvidaban fácilmente de DIOS y adoraban a otros dioses.
A) Moisés se sentía cansado: quién sabe si Moisés ya no podía más. Pero Dios le dice, mi presencia te dará descanso.
B) Quién sabe cómo has llegado de cansado, has llegado desanimado, has llegado sin fuerza, dices que no puedes seguir adelante. Pero Dios te dice, mi presencia te dará descanso.
C) La responsabilidad, la preocupación, los chismes, los reclamos hacían que Moisés estuviera cansado.
D) Muchas veces las luchas, las pruebas, nos hacen sentirnos cansado. Pero el Señor dice, venid a mí los que estéis trabajados y cargados y yo os haré descansar.
II. La presencia de DIOS nos trae gozo:
Muchas veces llegamos a la casa de DIOS sin ganas de alabar, sin ganas de levantar nuestras manos, llegamos solamente a hacer acto de presencia, porque si no vamos el pastor nos va a llamar la atención.
A) El coordinador o el predicador intenta que por lo menos, podamos levantar las manos.
B) Hermano, cada vez que llegue a la casa de DIOS usted debe venir con un corazón dispuesto a alabar. David decía: yo me alegré con los que me decían a la casa de Jehová iremos.
C) Debemos gozarnos en la presencia de Dios. David dice: en tu presencia hay plenitud de gozo. Hay alegría, hay felicidad, no hay tristeza, hay gozo.
D) Cuando Moisés entraba al tabernáculo, mostraba respeto, recato, modestia, simbolizaba una nueva decencia ante la presencia de Dios. Lo demostraba ya a la puerta del tabernáculo, y cuando el pueblo veía la nube se prendían de ello a la puerta de su tienda y adoraban…

E) Quién sabe, decía la gente del pueblo, nos gustaría estar dentro del tabernáculo, me gustaría hablar cara a cara con DIOS y experimentar lo que Moisés experimenta. Pero no podían.
F) Hoy en día, hay libertad para entrar en la presencia de DIOS porque el velo fue rasgado. El escritor del libro de los Hebreos dice que tenemos libertad para entrar al lugar santísimo por la sangre de Jesucristo.
G) Gócese en la presencia de DIOS. Pablo dice: regocijaos en el Señor siempre, que nada robe tu gozo porque aquí está la presencia de Dios.

Sumérgenos en Tu Río, Señor

“Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:8 Reina-Valera 1960). El versículo empieza de esta manera: “Y a Ella se le ha concedido que se vista de lino fino”. El lino fino se refiere a la iglesia, la iglesia somos nosotros y para comparecer ante el Padre Celestial es necesario estar preparados y vestidos con vestiduras limpias y resplandecientes, sin manchas y sin arrugas. Que nuestros vestidos se presenten inmaculados delante de la Presencia de Dios en su tiempo y siempre sean así fuera de ese tiempo. Cuando leemos la Palabra de Dios y nos trasladamos al libro de Ester, podemos ver que la reina Ester en el capítulo dos y en adelante, habla de la extraordinaria manera en que Dios la escogió para presentarse al rey de Israel. Esto representa un tipo de preparación para presentarnos nosotros al Rey de reyes y Señor de Señores.
Inline image 1Dice la palabra de Dios, que Ester tuvo que pasar por un proceso de purificación para ver al rey Asuero. Este proceso de purificación duró un tiempo de doce meses, ataviándose con óleo de mirra y perfumes aromáticos (Ester 2:12). Para la iglesia, esto representa una limpieza espiritual, o sea, limpiarnos de la vieja naturaleza para luego sumergirnos en el Río del Espíritu Santo de Dios. El Río de agua viva tipifica la representación del poder del Espíritu Santo en la vida de los creyentes que creen en espíritu y en verdad. 
La palabra de Dios nos dice en Juan 7:38 “De aquel que cree en Mí, como dice la Escritura, brotarán Ríos de agua viva”. En otras palabras, cuando somos lavados y sumergidos por el poder de Dios, cobramos vida y vida en abundancia. El Río de Dios nos limpia, nos restaura, nos libera, nos sana, nos limpia de todas las inmundicias pasadas y nos hace nuevos y limpios. Del Río de Dios sale agua viva y saludable para cada uno de nosotros que nos refresca el alma; nos da vida en abundancia, nos quita la sed, nos brinda gozo, paz y salvación. ¡Sumérgenos Señor, en tu Río cada día!

En el momento de la decisión

Escogí el camino de la verdad. Salmo 119:30
Inline image 1
¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le enseñará el camino que ha de escoger.
Salmo 25:12
Todos los seres humanos, a lo largo de nuestra existencia, nos vemos en la tesitura de escoger entre diferentes opciones, por ejemplo respecto a los estudios, a una profesión, a un cónyuge, un domicilio… Pero hay una decisión capital, la más importante de todas, decisión que define nuestro futuro eterno, es la decisión de escuchar o no a Dios. El resultado eterno de esta decisión es el cielo o el infierno, y las consecuencias ya son visibles en la tierra.
El creyente también tiene que tomar decisiones. Lot, por ejemplo, tomó una mala decisión (Génesis 13). Se dejó seducir por la llanura en la que estaba Sodoma, sobre la cual pendía el juicio de Dios. No escuchó la advertencia divina y perdió todo.
Jonatán, amigo de David, le manifestó mucho cariño y humildad. Pero un día tuvo que escoger entre la corte del rey Saúl, incansable perseguidor de David, con todos los privilegios, y David, con quien tendría que andar de un lado a otro por las montañas huyendo del rey. La decisión era difícil. Su corazón lo empujaba hacia David, pero su razón lo retenía cerca de su padre. ¡Al final tomó la decisión equivocada!
Pero leamos la historia de Daniel. Desde su llegada a Babilonia, este joven exiliado, tuvo que escoger entre servir a Dios o a los ídolos del monarca pagano. Sin vacilar, tomó la decisión de no contaminarse en la corte del rey de Babilonia. ¡Y nada lo hizo cambiar de opinión! Más tarde, ni siquiera la amenaza de ser echado en el foso de los leones lo hizo claudicar. Después de setenta años de cautiverio seguía siendo fiel como el primer día. ¡Tomó la buena decisión y honró a Dios durante toda su vida!

Tiempo para perdonar y olvidar

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:21-22
“¿Recuerdas cuando… ?”, palabras que se oyen a menudo durante la Navidad. Con la familia o con amigos traemos a la memoria recuerdos agradables de navidades pasadas. Pero también nos vienen a la memoria experiencias que no quisiéramos recordar: el dolor de algo que pasó, las críticas negativas, la decepción de alguna promesa incumplida, el rechazo, las aflicciones...
¿Qué hemos de hacer con esa clase de recuerdos? ¿Hemos de conservarlos por el resto de nuestra vida junto con el resto de nuestras cargas?
No tiene que ser así, podemos deshacernos de esos recuerdos; es más, tenemos que deshacernos de ellos. Pero hay solo una forma de hacerlo: por medio del perdón. Perdonar a otros parece fácil de hacer, sin embargo, muy pocos lo hacemos. Miramos el perdón como una alternativa que tenemos en la vida, como algo que podemos aceptar o descartar. Pero la verdad es que el perdón es un requisito fundamental en la vida del creyente.

martes, 18 de noviembre de 2014

Tiempo de calidad - Reflexiones

Inspirado por un viaje de medio día con mi hijo a los campos nevados, y por la necesidad de refrescar nuestra manera de pensar...
Estando de camino a las 3:15 a.m., conducir 450 Kms. no formaba parte de mis planes para el fin de semana. Había estado relajado y cargando mis baterías un par de días, preparándome, era mi intención, para la ajetreada semana que me esperaba.
Mi hijo mayor, Simón, y un grupo de sus buenos amigos se dirigían a un fin de semana en los campos nevados. Pero, debido a un problema de última hora con su transporte, me ofrecí de buena gana para aportar el coche que necesitaban para llegar seguros a los campos nevados, y para que de esa manera, pudieran disfrutar su semana de asueto esquiando y patinando en tablas sobre la nieve.
Al iniciar mi travesía temprana por la mañana, lo único en lo que podía pensar era que tan pronto llegásemos, le diría adiós a los muchachos y estaría en camino de vuelta a casa… un viaje de 900 Kms. de ida y vuelta en solo 10 horas. Aunque estaba feliz de hacer el viaje, solo pensar en tan larga travesía en un día era algo pavoroso, especialmente cuando estaba necesitando tiempo de relajación.
Con los años he llegado a darme cuenta de que en la vida, a menudo los eventos que pasan nos desafían, pero si los hacemos regularmente, no nos revelan su propósito real al principio. Tal como estaba a punto de descubrir en las siguientes 10 horas, este iba a ser el caso en esta ocasión.