miércoles, 4 de junio de 2014

Si Jesús pagó el precio de nuestro pecado, ¿por qué todavía sufrimos las consecuencias del mismo?

Las Escrituras declaran, "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:23). Cristo pagó el castigo por nuestro pecado. Todos merecemos la muerte, que es la pena máxima del pecado. Todos pagarán por su propio pecado a menos que lleguen a Cristo, quien ha pagado el precio por nuestros pecados con Su sangre. Adán y Eva sufrieron las consecuencias de su pecado siendo expulsados del Jardín. Pero en lugar de "consecuencias," debemos pensar en ello como "disciplina." El escritor de Hebreos 12;5,6 dice esto acerca de la disciplina y su propósito: "y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo."

“Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” (Hebreos 12:7-11).


Dios muestra Su amor por corregirnos, y/o usa disciplina para llevarnos a donde Él quiere que estemos. ¿Qué hace un buen padre cuando ve a su hijo apartándose de la senda correcta? Le devuelve al buen camino por medio de la disciplina. La disciplina puede manifestarse en muchas formas, dependiendo de la gravedad del delito. Si un niño nunca es disciplinado o nunca sufre las consecuencias de su acción incorrecta, nunca aprenderá lo que es correcto.

Por lo tanto, por amor Dios disciplina a los que son los Suyos. Si nunca hubieses sufrido las consecuencias del pecado, ¿cómo podrías saber cuando haces bien o mal? El salmista dice: “¿Acaso no entienden todos los que hacen lo malo, los que devoran a mi pueblo como si fuera pan? ¡Jamás invocan a Dios!" (Salmo 53:4). También, en Salmo 10:11 leemos, "Se dice a sí mismo: Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada." Si Dios no nos impusiera consecuencias, no aprenderíamos de nuestros errores ni cambiaríamos nuestras acciones. Dios disciplina sólo a los que son suyos, y Él hace esto por amor a nosotros, no para dañarnos o derribarnos. Es la manera de Dios de decirnos, “Mi hijo, te vas al revés y es hora de dar la vuelta y hacer lo correcto.” Si no somos corregidos cuando erramos, seguiremos haciendo mal.

¿Necesitas Brisa en el Alma? - Reflexiones

Las presiones de la vida hacen que a veces, nos sintamos sofocados y entonces anhelamos un poco de brisa en el alma. Refresca, pues, tu alma con estas suaves brisas:
El fracaso es sólo la oportunidad de comenzar de nuevo más inteligentemente.
El éxito suele estar ligado a la acción. La gente exitosa está en movimiento. Comete errores, sí, pero no se rinde.
La única cosa que se interpone entre un hombre y lo que quiere en la vida es a menudo, la voluntad de intentarlo y la fe para creer que es posible. 
Las cicatrices que adquirimos al ejercitar el valor nunca nos harán sentir inferiores. 
En el momento en que tenemos en nuestro corazón, esa cosa extraordinaria llamada amor y sentimos su esencia, su delicia, y su éxtasis, descubrimos que el mundo está transformado para nosotros. 
Un caballo de carreras, que pueda correr una milla en unos pocos segundos menos que otro, vale el doble. Esa pequeña diferencia tiene un gran valor. 
La persona exitosa sacará provecho de sus errores y lo intentará de nuevo de una manera diferente. 
La honestidad es el primer capítulo del libro de la sabiduría.
Se nos dice que nunca debemos cruzar un puente hasta que lleguemos a él, pero este mundo pertenece a quienes han “cruzado puentes” en su imaginación, por delante de la multitud.
El punto de inicio de todo logro es el deseo. Mantengamos constantemente esto en la mente. Deseos débiles traen resultados débiles, igual que un fuego pequeño produce una pequeña cantidad de calor.
¿Oportunidades? Están a nuestro alrededor… Hay poder latente yaciendo por todos lados, esperando que el ojo observador lo descubra. 
La mayoría de la gente se rinde justo cuando están a punto de lograr el éxito. Abandonan en el último metro, en el último minuto, a un pateo del gol de la victoria.
Hagámonos una pregunta: ¿es mi actitud digna de imitar? 
No dejes que el calor de la vida te sofoque por dentro… 
deja que estas brisas te refresquen, pero recuerda, 
quien refresca el espíritu humano es Dios.
Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Éxodo 33:14.

Tentado con doble propósito

No hay tentación sin propósito. Toda tentación tiene un doble propósito. Uno negativo y otro positivo. 

Propósito negativo: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, vino del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo” (Lucas 4:1-2 NVI). El Señor, primero, fue bautizado y lleno del Espíritu.

El evangelista Marcos, en 1.12, agrega que “Enseguida el Espíritu le impulsó a ir al desierto”. El hecho de que la tentación vino inmediatamente de su bautismo y llenura, tiene un profundo significado. El tentador buscó la oportunidad de obstaculizar la realización de la tarea, confirmada para Jesús en el bautismo, la tarea de un ministerio lleno del Espíritu. El tentador trataría de derrotarle para llevarle a la desobediencia a Dios y así, convertir su tarea encomendada en una misión imposible. El tentador, como lo hizo con el Señor Jesús, siempre quiere llevarnos a la desobediencia, a vivir fuera de los principios de Dios. 

Propósito positivo: “y fue llevado por el Espíritu al desierto”. Allí fue tentado. La gran pregunta es: ¿por qué el Espíritu le llevó donde sería tentado? No olvidemos dos cosas: primero, Dios controla todo lo que ocurre y, segundo, las pruebas, tentaciones y crisis son herramientas en sus manos para construir el carácter de sus hijos. Toda tentación tiene, además de un propósito negativo diseñado por el tentador, un propósito positivo permitido por Dios. El propósito positivo se contempla, cuando recordamos que Adán perdió su libertad, su propósito en la vida y su pureza en una tentación en el jardín, según el libro de Génesis; y Jesús, como el postrer Adán, venció a la tentación en el desierto. El propósito positivo fue recuperar en un desierto lo que el primer hombre, al ceder a la tentación, perdió en un jardín. Una tentación no es tan mala cuando se ve desde la perspectiva de Dios. Vencer a la tentación diaria puede ser el camino para recuperar lo que perdimos en otras circunstancias, por nuestra desobediencia.  

“¿Hay una segunda oportunidad con Dios? Porque yo una vez cometí un terrible pecado y no me puedo levantar”- “Nuestro Dios es Dios de oportunidades. Siempre hay una segunda oportunidad. Quizás, lo que perdiste en el jardín vas a tener que rescatarlo en el desierto de la soledad, la sequedad, el dolor y la pena, pero allí puedes vencer y recuperarlo”. 

El Espíritu Santo guiando tu trabajo

“Y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor” (Éxodo 31.3-5).
Es nuestra creencia que el Espíritu Santo guía solamente las cuestiones “espirituales”, pero tengamos en cuenta que, todo lo que hace un hijo de Dios es espiritual, pues el Espíritu Santo mora en él.
Cuando hablamos de nuestro trabajo o profesión, da la impresión de que muchos creyentes separan el área, de la que hablan, de su vida y no dejan que sea guiada por el Espíritu Santo. Pero el trabajo de cada uno de nosotros debe ser una excelente oportunidad de testimonio a otros. Para esto es imprescindible que el Espíritu Santo guíe lo que hacemos.
En primer lugar, el Espíritu Santo te llena de sabiduría, de inteligencia y de conocimiento en todo arte.
  • Sabiduría para que te manejes en la empresa para la cual trabajas, de la mejor forma posible.
  • Inteligencia para utilizar los recursos a su tiempo y el esfuerzo de la mejor manera.
  • Conocimiento en todo arte, para entender el mercado en el que te desenvuelves y para relacionarte con tus clientes.

martes, 3 de junio de 2014

Aprende a escuchar

El hombre que escucha, siempre podrá responder. Proverbios 21:28 (b)
La comunicación es un proceso mediante el que se transmite información de un agente a otro. Y para tener una comunicación efectiva se requiere al menos, un emisor, un mensaje y un receptor.
Hay un juego muy conocido que se llama “El teléfono”; sólo necesita 3 participantes, y consiste en que la primera persona lee un mensaje y se lo comunica a la segunda y ésta lo retransmite al oído de la tercera. Al final, se le pide a la última persona que diga en voz alta cuál era el mensaje. La mayoría de las veces llega distorsionado; mientras más personas participen, más modificaciones sufre el mensaje. Con este divertido juego, comprendemos que no sólo es importante hablar sino también escuchar, porque sólo así, podremos transmitir un mensaje fidedigno, tal y como es, sin aumentar ni quitar palabras.
Otro ejemplo de comunicación efectiva es cuando vamos al doctor. Nadie se retira del consultorio solamente, después de haberle indicado los síntomas y vuelve a su casa esperando mágicamente ser curado. Lo que hacemos es contarle al médico qué actividades realizamos, qué comimos las últimas semanas y qué tipo de malestar empezamos a sentir; con esta información, él empieza a revisarnos, nos manda realizar algún análisis, nos da un tratamiento y nos receta algún medicamento.
¿Cuántos de nosotros estamos acudiendo a Dios, sólo para pedirle que haga determinados milagros en nuestras vidas, sin darle la oportunidad de que nos hable y nos diga qué necesitamos hacer para reponernos de esta situación y seguir adelante?

Naturaleza Majestuosa

Allá en el horizonte se levanta imponente
cual Himalaya, Pedro Palo o el Tambo,
fuente de inspiración o de reposo.
Aguas cristalinas que limpian a conciencia
con renacuajos que, veloces van en cascada
y algunos caen en la tierra, y se contorsionan, dan vueltas,
aletean, se escapan de la fuente de vida y mueren.
Otros ondean, hacen piruetas,
encuentran el hábitat apropiado y 
germinan después del placentero copular.
Van creciendo;
con pinceladas se define su figura,
en la oscuridad divisan rayos intermitentes,
y con fuerza sobrenatural,
cuando cumplen su ciclo, buscan la salida
y emergen hacia la superficie un buen día.
Los pájaros aletean y se entretienen
en el juego incansable de su existencia.
El cercado es su patio de recreo,
uno vuela, se para en un poste,
se acerca otro con revoloteo picaresco,
y se ubica en una horqueta;
Así saltan y se explayan,
 agradando al observador, que admira su hábil diversión.
Luego, mirando al infinito, se acercan en bandada,
y otros en pares de su especie, en vuelo majestuoso,
con raudo movimiento, uno tras otro
 van combinando posición de liderazgo.
Se acompañan, se respetan, hacen relevos,
son dueños del espacio hábilmente.
¿Acaso el hombre tiene el poder de hacer lo mismo?
No exactamente;
no  envidia el humilde, cual tierno y picaresco pájaro,
quien serenamente vive cada instante.
En el perenne poder que Dios le dio,
puede, con la imaginación, traspasar fronteras,
soñar y recrear el pensamiento.
vibrar de emoción en el amplio cosmos de la creación divina,
y gozar de la paz indescifrable que brota de su interior,
al arrullo de la diestra naturaleza.


Solo, pero no olvidado

A veces, verdaderamente llegamos a sentirnos solos, pese a estar rodeados de personas que nos aman o nos aprecian. Este sentimiento de soledad por lo general aparece, cuando sentimos que las cosas no van como nosotros quisiéramos o no se están dando como lo habíamos planeado.
Todos, en algún momento de la vida, llegamos a sentirnos solos pero no significa que lo estemos. Sentirse solo a veces, también es consecuencia de un ánimo decaído por las diferentes situaciones que te haya tocado afrontar.
David, aquel hombre conforme al corazón de Dios, vivió en carne propia el sentimiento de soledad frente a las diferentes circunstancias en contra que afrontó:

“Vuélvete a mí y ten misericordia de mí,
porque estoy solo y profundamente angustiado. 

Mis problemas van de mal en peor,
¡oh, líbrame de todos ellos!” Salmos 25:16-17 (Nueva Traducción Viviente)

¿Pero realmente estamos solos? Aunque pensemos o digamos que lo estamos, la realidad es que no, la realidad es que Dios siempre ha estado a nuestro lado. Pero el hecho de que Dios esté de nuestro lado no significa que no vayamos a pasar por momentos difíciles, sino que en los momentos difíciles que nos tocará vivir, tenemos un respaldo precioso, Dios, de nuestra parte y a nuestro lado.
El sentimiento de soledad a veces nos quiere hace pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, pero por mucho que te sientas solo, nunca estás olvidado: Dios no se olvida de ti, Él siempre está pendiente de tu vida.
Puede que las circunstancias que te rodean te quieran hacer pensar que estás abandonado. De hecho, el salmista David sintió ese “abandono” y dijo: “Día y noche sólo me alimento de lágrimas, mientras que mis enemigos se burlan continuamente de mí diciendo: ¿Dónde está ese Dios tuyo?.” Salmos 42:3 (Nueva Traducción Viviente).

Pasos De Bebé - Crecimiento personal-espiritual

El éxito no empieza hasta que no iniciemos la marcha por el camino hacia nuestras metas. Y nuestro caminar siempre comienza con un paso de bebé.
¿Por qué los llamamos pasos de bebé? ¿Serán realmente algo más que nuestros próximos pasos por el camino de la vida?
Los pasos de bebé son los primeros pasos que damos como actos de fe. Vemos a otros avanzando y reclamamos nuestra habilidad de caminar para seguirles. Y creciendo y creciendo, continuamos nuestro desarrollo tomando otros pasos de bebé adicionales. A veces caemos, a veces fracasamos. Desde el inicio y en adelante, todos los pasos se convierten en actos de fe; simplemente nos vamos haciendo más duchos.
Si nos decimos a nosotros mismos: “No quiero verme como un tonto” o “más vale que sea bueno en esto”, probablemente nunca tomemos los pasos de bebé necesarios hacia nuestras metas, y acabaremos ahogándonos en nuestra auto-conmiseración.
Como cultura, nos enfrascamos en los resultados. Reflexionamos en cada riesgo a tomar para alcanzar nuestras recompensas.
Son pocos los que son rendidores consumados en cualquier tarea. La primera vez que lo intentan, fracasan o triunfan. Y cuando triunfan, edifican sobre sus habilidades para cada ocasión. Practican sus habilidades y utilizan sus talentos a través de pasos de bebé, antes de estar listos para mostrárselos al mundo.
Así que, aprendamos a tomar esos pasos de bebé para alcanzar las metas que tengamos. Y sepamos que podemos apoyarnos en Dios para mostrarnos el camino. Cuanto más duchos seamos, nuestros pasos de bebé primero se convertirán en caminata, luego en trote, y finalmente en carrera.

Contra Corriente - Reflexiones

Bajo un sol abrasador, dos africanos descendían por el río Zambeze, en el África austral, remando en su angosta piragua.
Oculto bajo las tranquilas aguas, el cocodrilo, terror del río, aguardaba su presa. De repente, la embarcación fue fuertemente sacudida y un cocodrilo hundió sus puntiagudos dientes en uno de los remos. Desequilibrados, los dos remeros cayeron en las profundas aguas.
Zambezi River near Zambezi Town.jpg
Al ver la muerte ante sí, se debatían con vigor. Uno de ellos se acordó de la advertencia de los ancianos de su aldea: "Si caes en un río infestado de cocodrilos, nada debajo del agua contra corriente, río arriba, porque el cocodrilo, en busca de su presa, siempre se deja llevar por la corriente". Finalmente, después de muchos esfuerzos, este hombre alcanzó la orilla sano y salvo.
Su compañero eligió la solución más fácil: nadó en el sentido de la corriente, pero también en el sentido del cocodrilo. Muy cerca de la orilla, su pierna fue atrapada por un mordisco de la terrible bestia, que le arrastró al fondo del río.
El peligro está tan presente en un río infestado de cocodrilos, como cuando seguimos las corrientes de este mundo, ¿Andamos en la dirección correcta o en el sentido de la corriente? Dios dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). No es fácil nadar contra corriente, pero sabemos que tenemos un Dios fuerte que nos sostiene con su mano derecha.
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10