¿No te han dicho en más de una ocasión: Lo siento, pero no tenemos espacio para usted?
¿Y en materia de trabajo?: Lamentablemente no tengo una posición para usted en mi compañía.
¿Y en los deportes?: No tienes cabida en el equipo.
¿Y en el amor?: En mi corazón no hay espacio para ti.
¿Y en materia de fanatismo?: No nos interesa alguien como usted aquí.
Peor aún. Quizá oyeras esto mismo en la iglesia: "Nos ha fallado muchas veces; es mejor que se busque otra iglesia".
Unas de las palabras más tristes sobre la tierra son: "No hay lugar para ti".
Jesús conocía el sonido de estas palabras. Todavía estaba en el vientre de María cuando el portero del hostal dijo: "No hay lugar para ustedes".
Cuando los residentes de su pueblo trataron de apedrearle, ¿no le dijeron lo mismo? "No queremos profetas en este pueblo".
Cuando los líderes religiosos le acusaron de blasfemia, ¿no le quisieron desechar también? En este país no hay lugar para alguien que se autoproclama Mesías.
Y cuando le colgaron de la cruz, ¿no fue un mensaje unánime de rechazo? "No hay lugar para ti en este mundo".
