viernes, 20 de septiembre de 2013

¿Con ganas de renunciar? - Devocional

Era un día muy caluroso, los vecinos salían de sus viviendas buscando algún alivio para tan sofocante temperatura.
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Algunos niños del pueblo decidieron ir a bañarse a uno de los arroyos cercanos. Caminaron un buen rato y exhaustos por el gran calor, se detuvieron a descansar. Uno de los niños dijo: tenemos que apurarnos si queremos disfrutar el día en el arroyo, por lo cual los demás tomaron nuevas fuerzas, y pese al cansancio retomaron la marcha con entusiasmo. Por el camino hablaban de lo que harían al llegar y de cómo aprovecharían un clima tan favorable. Pero un tiempo después volvieron a sentir el rigor del calor y si bien caminaban, lo hacían con suma desgana. 
El mismo niño de antes volvió a hablar y dijo: “No sirve de nada que hayamos comenzado con tanto ánimo, si ahora estamos a punto de darnos por vencidos. ¿De verdad quieren llegar al arroyo y disfrutar del agua y la pesca?" Todos contestaron al unísono que sí y comenzaron a animarse unos a otros. De esa manera y al poco tiempo, pudieron llegar al lugar y disfrutar de un excelente día de sol y de amistad.
Estos niños emprendieron con gran ánimo la marcha hacia su objetivo, pero diferentes obstáculos se fueron presentando en el camino, el calor, los fuertes rayos del sol, la sed, el cansancio y seguramente el peor de todos, el desánimo. Sí, porque algunos de ellos, a mitad de camino y viendo que la cosa se ponía difícil, comenzaron a plantearse desistir. Decían que quizá estuvieran perdiendo el tiempo, que nunca llegarían,... y poco después todos estaban desanimados, porque el desánimo es contagioso.

Gandhi y su decepción de los cristianos - Ánimo en mensaje - Vídeo

Mahatma Gandhi (1869-1948) pensador, filósofo y estadista de la India, fue un gran conocedor de las enseñanzas de Jesús. Sin embargo no confiaba en sus modernos seguidores. Entre las  frases de su autoría, recogidas por la historia, están:  
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“Me gusta tu Cristo, pero no me gustan tus cristianos”.  
“Yo sería cristiano si no fuera por los mismos cristianos”.

Gandhi sustentaba su decepción de los cristianos, manifestando que Europa, por ejemplo, era cristiana únicamente de nombre; que en realidad adoraban a Mammon, el dios del dinero. En otra oportunidad afirmó que no conocía a nadie que hubiera hecho más por la humanidad que Jesús, pero que el problema eran los cristianos, quienes, según sostenía, no se esforzaban en aplicar sus propias enseñanzas.

Uno de sus biógrafos cuenta, que Gandhi en sus días de estudiante se impresionó tanto al leer los evangelios, que tomó la determinación de bautizarse y ser miembro de una iglesia cristiana. Consideraba que en el cristianismo estaba la solución a los prejuicios raciales y a las diferencias de casta que afectaban a la India y al África del Sur. Con este propósito, un domingo por la mañana fue a una iglesia cercana, planificando después del culto, hablar con el pastor. Pero cuando entró en el templo, la "comisión de recepción" se negó a darle un asiento, sugiriéndole que se fuera a una iglesia de... negros. Gandhi salió de aquel templo para no volver nunca más.

Corazón de niño - Devocional, reflexión

Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Mateo 18:3 (NVI)
Para que un niño construya un castillo de arena sólo le hace falta un balde y una pala. En cambio, cuando un adulto decide construir un verdadero castillo, necesitará obtener primero financiación para semejante obra y después una serie de engorrosos trámites que le permitirán llevar a cabo su sueño.
El niño sabe que en algún momento el oleaje se llevará su castillo, pero no se desanima por ello. En cambio, al adulto le preocupa y le atemoriza la idea que su castillo algún día se desmorone.
sandCuando las olas rompen el castillo del niño, él aplaude, salta de alegría, recoge su baldecito, toma la mano de su padre y se vuelve a casa. Lo toma con naturalidad, pensando en construir otro al día siguiente.
Pero la reacción del adulto es diferente. Cuando las olas de la vida embisten contra su castillo, se aterroriza y con tristeza e incertidumbre, ve cómo se desmorona tan fácilmente lo que tanto esfuerzo le llevó construir.
El niño no se preocupa por el mañana, sólo se esfuerza y disfruta el y por el momento. En cambio, el adulto se llena de temor y dudas acerca del futuro. 
Tarde o temprano las olas amenazarán nuestro castillo, ¿cómo reaccionaremos?, ¿como el niño o como el adulto de la historia?
Muchas veces nos rendimos al primer intento porque no logramos los resultados que esperábamos y esto puede deberse a que estamos acostumbrados a hacer las cosas a nuestra manera, sin haber orado ni pedido dirección a Dios. A veces sólo acudimos a Él, cuando ya no sabemos de qué manera solucionar los problemas en los que nos vemos envueltos. Seamos como el niño, que a pesar de que las olas se llevaron su castillo no se puso triste ni se enojó, sino que se agarró de la mano de su papá, con el íntimo convencimiento de que todavía hay un mañana, que se abre como un libro en blanco donde podremos escribir una nueva historia.

Perdonar es Esencial - Crecimiento personal-espiritual - Vídeo

Tenemos una necesidad básica en lo profundo de nuestro ser: la reconciliación, en vez del resentimiento.
El escritor norteamericano Ernest Hemingway escribió la historia de un padre español que por fin decidió reconciliarse con su hijo; éste se había ido de su casa a la ciudad de Madrid. Como no sabía dónde encontrarle, su padre publicó un anuncio en el periódico El Liberal. El anuncio decía lo siguiente: Paco, encontrémonos en el hotel Montana a las 12 del mediodía del próximo martes. Todo ha sido perdonado y olvidado. Firmado, Papá.
Si usted no está muy familiarizado con la cultura española, en España, Paco (Francisco) es un nombre muy común, y al siguiente martes, cuando el padre fue al hotel Montana a buscar a su hijo, se encontró a 800 jóvenes que se llamaban Paco y cada uno estaba esperando a su padre.
Algo de nosotros anhela reconciliarse con aquellos que nos han ofendido. Dios no nos diseñó para la amargura, y debemos recordar que el perdón es esencial para los que ofenden.
Un fin de semana de Octubre de 1982, Kevin Tunnell, un joven de 17 años, estuvo involucrado en un accidente de tráfico. Antes  de conducir tomó una decisión bastante estúpida. Decidió conducir y beber al mismo tiempo. El caso es que chocó con otro coche matando al conductor: una jovencita de 18 años.
Kevin fue condenado por homicidio involuntario y por conducir bajo el estado de embriaguez. Pagó su sentencia en prisión. Inclusive, cuando salió de la cárcel, invirtió siete años haciendo campaña en contra de los conductores embriagados. Kevin estaba completamente arrepentido por la decisión tonta que había tomado.
La familia de la muchacha le demandó por 1.5 millones de dólares, pero se conformaron con $936 dólares y que además, pagara un dólar cada viernes durante los siguientes 18 años. El dinero no era lo más importante. Lo que la familia quería, es que el acto fuera un recordatorio semanal para Kevin del día en que murió su hija.
En cuatro ocasiones los padres de la muchacha llevaron a Kevin a juicio porque no pagaba ese dólar, y no es que Kevin no quisiera pagarles. Era ese maldito recordatorio semanal de la muerte de la muchacha lo que le atormentaba. Kevin les ofreció una caja con 936 cheques de un dólar para que los cambiaran cada semana, pero los padres se negaron. No era el dinero lo que los padres querían, sino que Kevin se sintiera triste de verdad. De hecho, Kevin pasó 30 días en la cárcel por no pagar ese dólar cada viernes.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Mensaje de Dios Padre y de Dios hijo, Jesucristo, para ti - Vídeos

Habiéndome levantado de la cama esa mañana, miro mi agenda y ¡vaya!, quedé en verme con Fulano, mi amigo, un poco más tarde. No nos vemos muy frecuentemente, pero cuando lo hacemos, más o menos cada mes…
Acudo a la cita, y mientras tomamos café para pasar el rato, hablamos de nuestras cosas. Ya sabes: nuestras alegrías, nuestro trabajo, la esposa, los hijos, nuestros quehaceres, y también de nuestras inquietudes y quebrantos, nuestros problemas, etc. En fin, que pasamos media mañana hablando los dos. Y también discutiendo, amigablemente claro.

Terminamos, nos despedimos y... ¡chao, chao!

De vuelta a casa, pienso ¡vaya!, qué agradable fue hablar con él. 
¿Y Dios? ¿Cuánto tiempo hace que no hablo con Él? Porque Él quiere saber de mí. Siendo, como es, mi mejor amigo, al menos por su parte, debería tener una mejor comunicación con Él. Y diaria a ser posible. ¿No se lo merece? ¡Claro que sí! Si le cuento todo a Fulano, ¿por qué no lo hago con quien más lo merece? Desde luego soy un desagradecido. Tengo que hablar con Él, a ser posible todos los días.

Es lo que quiere nuestro Padre, nuestro Creador que hagamos, y me prometo hacerlo todos los días. Estaré con Él un rato a diario. Es quien más lo merece, quien envió a su hijo unigénito a la Tierra, para pagar con su vida el precio de todos nuestros pecados y darnos Vida Eterna, y así acercarnos con total seguridad y confianza a sus amorosos brazos.

Y Él también nos habla.

M.G.L.







El poder de la fe-Reflexión

Es una reflexión aplicable a todos los que, como nosotros, tienen una fe inquebrantable y cada día mayor en Dios. Tener fe significa “confiar”. En este caso hablamos de confiar en el Señor, plenamente, cada día más. ¿Es lo que sentimos, verdad? De esta forma le conocemos cada día más, sabemos por qué y para qué estamos aquí y qué es lo que Dios espera de nosotros. Y nos sentimos felices, gozosos, dichosos en ello. Nos sentimos siervos de Dios. Nos sentimos útiles a ÉL.

Pero analicemos el poder de la fe desde un punto de vista coherente, necesario y significativo. Consideremos, entonces, que la fe en ÉL debe ser inteligente. Debe ser consecuente, y debemos comprender que Dios no hace las cosas porque sí, que todo debe tener una razón que muchas veces no alcanzamos a comprender.
Es decir, pensemos que, a pesar de que muchos cantantes incluyen entre sus canciones algún texto que habla del “poder de la fe”, como por ejemplo: “les aseguro que si tienen fe, tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: trasládate de aquí para allá y se trasladará. ¡para Vdes. nada es imposible!”, en mi modesta opinión nos están diciendo que la fe o confianza en Él es lo más significativo que debemos sentir nosotros. Lo más importante, lo más necesario ¡vamos!

Mas pensemos que Dios no va a hacer las cosas porque sí, aunque se lo pidamos con una fe absoluta y en el nombre de su hijo unigénito Jesús. Debemos saber que Dios hará aquellas cosas que sean de su absoluta voluntad, y no de la nuestra.

Consideremos que, por ejemplo, este hecho de mover una montaña puede que no esté entre los objetivos de Dios, salvo que ÉL considere que estamos en la hora final. Pensemos en las nefastas consecuencias que conllevaría hacer esto. Como, por ejemplo, la muerte de innumerables seres vivos, plantas, animales y otros. Amén de las negativas consecuencias medio-ambientales que causaría este efecto.
¿Entonces? Pensemos primero si Dios quiere, porque poder PUEDE, ya lo sabemos, y veamos la viabilidad de lo que le estamos pidiendo.
Pensemos todos. En el nombre de Jesús, amén.

M.G.L.

La Oración todo lo puede, pero...No Resuelve todo - Devocional - Vídeo

Debes orar, pero también actuar de otra manera, si no... será pérdida de tiempo.
En el cristianismo muchas personas utilizan la oración como la varita mágica que cambia las cosas; sin embargo la oración sin acción es una simple ilusión. ¡Vaya, rima y todo! Hay cosas por las que has estado orando, en las que no le corresponde obrar a Dios sino a ti.
Recuerdo a una persona que decía “Dios, quítame este vicio del cigarrillo” a lo cual le respondí: Quien introdujo el cigarro en tu vida no fue Dios sino tú, así que a quien le toca sacarlo a patadas es a ti, no a Dios.
Muchos esposos oran para ser buenos maridos, pero no se esfuerzan por pasar tiempos de calidad y en cantidad con su esposa. Los padres de familia oran a Dios para ser buenos padres, pero no están dispuestos a que su paciencia crezca cuando están alrededor de sus hijos, y en vez de volverse un niño como ellos, olvidan que un día pasaron por esa etapa, y olvidarlo les vuelve ásperos, duros, indiferentes y crueles con las criaturas que procrearon.
¿Qué cosas en tu vida necesitan un cambio pero se las dejaste a Dios? ¿En qué facetas de tu vida has permanecido estático durante mucho tiempo y recurriste a la oración, pero todo continua igual o peor?
Otras personas están esperando continuamente a su príncipe o princesa, pero no se relacionan con los demás, cuando sí deberían hacerlo para generar espacios y escenarios en los que pudieran compartir y cultivar las amistades. La oración es necesaria pero no suficiente, y si así lo fuera seguro que no estarías donde estás; ése, en su mayoría, es el problema de muchos hermanos en la fe que viven orando, pero no hacen nada para provocar un cambio en la faceta que sea.
Debes orar, pero también actuar de otra manera, si no... será una pérdida de tiempo.
Si tu fe no tiene obras, está muerta. Santiago 2:17

Con qué nos quedamos - Devocional

Nos vamos quedando con lo único disponible: recuerdos de proyectos pasados, historias que terminaron mal, otras que anduvieron mejor, sueños inconclusos, experiencias inolvidables y otras que hay que olvidar porque no aportan nada o muy poco.
Nos vamos quedando con ganas y deseos que a veces una circunstancia feliz nos permite realizar; y otras veces preferimos ignorarlos porque son muy dificultosos o porque nos veríamos un poco ridículos intentando cumplirlos.
con que nos quedamosNos quedamos con la piel cansada de recordar amores pasados, con las manos temblorosas, con olvidos repentinos, con ciertos dolores que revelan algo más que años, con unas pocas fotografías viejas de días felices y otros no tanto.
Nos quedamos con historias de viajes increíbles a lugares exóticos, aeropuertos inmensos y otros pequeños y perdidos en la provincia, con una pequeña maleta negra, un libro que se quedó en la repisita de una cabina telefónica, noches de insomnio en una habitación de hotel al otro lado del mundo, o un tren que avanza a paso de tortuga en los altiplanos del desierto más seco del planeta.
Nos quedamos con preguntas imposibles de hacer porque no hay nadie que pueda responderlas, ideas revolucionarias que al final no cambiaron nada, novelas que no se pueden escribir porque no se tiene el oficio, poemas que después de unos años estamos seguros que no tiene ningún sentido publicarlos, ni mostrarlos a nadie.
Nos quedamos con un silencio saludable, una soledad reparadora, una renuencia a aceptar que nos impongan condiciones y reglas, unas manías que nada más que nosotros entendemos y una aversión feroz contra el sistema y sus instituciones.

El miedo a morir - Historia, Reflexión - Vídeo

Todos nos condolemos mucho al saber que nuestros días están limitados. Sabemos que Dios Creador formó al hombre con la idea de que éste viviera eternamente, y que esa voluntad se truncó a causa del pecado; consecuencia de ello fue la irrupción del terror, la llegada de la muerte. Desde entonces el ser humano comenzó a sentir temor a la muerte, y tan fuerte es, que incluso evita hablar de ella. Sin embargo, el paso de los años hace que se la comience a considerar como una posibilidad cierta.

miedo a la muerte


EL MIEDO A MORIR 

La influenza, enfermedad infecciosa de aves y mamíferos durante el año 1918, provocó la muerte de aproximadamente cien millones de personas en el mundo. A causa de la pandemia, Sara Winchester sufrió la muerte de su esposo, y se radicó en la ciudad de San José, en California, Estados Unidos. Ambos se habían dedicado a la fabricación y venta de rifles, lo que les permitió acumular una gran fortuna. Como Sara no se conformaba por la muerte de su esposo, acudió a una espiritista para tener contacto con él. La médium le aconsejó diciéndole que “mientras sigas edificando tu casa, nunca afrontarás la muerte”. La mujer le creyó, compró una propiedad a medio terminar que contaba con diecisiete cuartos, y comenzó a ampliarla. A la edad de ochenta y cinco años Sara falleció, cuando la mansión ya tenía ciento cincuenta cuartos, trece baños, dos mil puertas, cuarenta y siete chimeneas, y diez mil ventanas, y dejó material acumulado para seguir construyendo durante muchos años más. Es una historia que refleja, de manera exagerada, el temor que siente el ser humano a morir.