Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor. 1 Corintios 13.13
La esencia de todo el trabajo espiritual es que trascienda la mente. Mientras nos mantengamos en el mundo de nuestros pensamientos, ideas, creencias, conceptos y demás, seguiremos alejados de lo verdaderamente espiritual.
Suele resultar sumamente difícil ir más allá de la mente, especialmente cuando lo intentamos a través de razonamientos y reflexiones. Mas de un orden diferente es la práctica del amor. Mientras que la mente nos hace percibir a los demás de una manera particular, el amor nos lleva a descubrirlos. La mente nos ofrece pensamientos, imágenes y conceptos de los demás, pero el amor confronta y cuestiona estas ideas y nos hace verlos. La mente nos presenta a los demás como seres fuera de nosotros, a una cierta distancia, mientras que el amor reverbera íntimamente con su esencia. Con la mente experimentamos separación, juicios y valoraciones; con el amor hay resonancia, comunión y conexión.
El mundo que la mente nos presenta solo es cierto para ella, para la mente, mas no es la verdad. Por su parte, lo que el amor percibe está en sintonía con la sabiduría, la cual aprecia y aprovecha la realidad. Vivimos atrapados en nuestras ideas y conceptos, y sin ninguna elección vemos el mundo que la mente nos impone, mientras que el amor nos ofrece la libertad de salir de la jaula mental en la que estamos encerrados. Practicar el amor es un vehículo extraordinario para atravesar los velos del mundo ilusorio de los conceptos, creencias, opiniones y pensamientos.
Es la mente lo que nos impide crecer y evolucionar; el amor nos da la posibilidad de ver nuestro potencial y liberarnos. Practicamos el amor por la simple razón de que tenemos la capacidad de desarrollarlo, pero al ejercitarlo descubrimos que nuestras ideas y prejuicios nos limitan y nos impiden desarrollar la vida que somos.
¿Cómo solemos ver a los demás? Generalmente nos formamos ideas de ellos en función de nuestras proyecciones, juicios y creencias. El amor va más allá de las imágenes mentales y conecta con el otro. Esto es lo que nos permite crecer y evolucionar. La mente se fija en algunos aspectos de los demás y crea imágenes sesgadas que ignoran partes importantes. Nos ciega a la realidad del otro. El amor nos conecta con la naturaleza vibratoria esencial y nos expande.
Desde la mente, los demás solo son reflejos de nuestro ego, extensiones de nuestros miedos, inseguridades, represiones y culpas. Desde el amor, los demás son versiones diferentes de la naturaleza abierta y luminosa que somos, facetas distintas de un mismo diamante.
Al final somos nosotros mismos quienes tenemos que pagar las consecuencias de escuchar a la mente. Creer nuestras ideas e interpretaciones de los demás, nos ata a lo que pensamos de nosotros mismos. Las opiniones de los demás refuerzan nuestra imagen personal, con lo que afianzamos nuestras limitaciones, inseguridades y obstáculos. No importa si la imagen de nosotros mismos es positiva o negativa, pues toda imagen es condicionada y falsa. El amor, por el contrario, nos conecta con nuestra capacidad innata de transformación, evolución y conciencia, hace viables todas las posibilidades de la existencia. Nos eleva y abre puertas.