miércoles, 24 de mayo de 2017

¿Por qué cosas debemos orar?

«De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu mismo ruega a Dios por nosotros, con gemidos que no pueden expresarse con palabras».
Romanos 8: 26, DH
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Muchos son los que, aunque se esfuerzan por guardar los mandamientos de Dios, tienen poca paz y alegría. Ese vacío en su experiencia es el resultado de no ejercer la fe debidamente. Caminan como si estuvieran en un desierto. Exigen poco, cuando podrían pedir mucho, ya que las promesas de Dios son ilimitadas. No representan correctamente la santificación que se obtiene mediante la obediencia. Pero el Señor desea que todos sus hijos sean felices, llenos de paz y obedientes, y mediante el ejercicio de la fe el creyente llega a poseer estas bendiciones. Mediante ella puede suplirse cada deficiencia del carácter, purificarse de cada contaminación, corregirse de cada falta, desarrollar cada excelencia.
Fue en el monte con Dios, donde Moisés contempló el modelo de aquel maravilloso edificio donde debía morar su gloria. Es en el monte con Dios - en el lugar secreto de comunión - donde nosotros podemos contemplar Su glorioso ideal para la humanidad. En todas las edades, mediante la comunión con el cielo, Dios ha cumplido su propósito para sus hijos, desarrollándolos gradualmente ante sus mentes, las doctrinas de la gracia. Su manera de impartir la verdad se ilustra con las siguientes palabras: «Tan cierto como que sale el sol» (Oseas 6: 3, NVI). El que se coloca donde Dios puede iluminarlo, va, por decirlo así, desde la oscuridad parcial del alba hasta la plena luz del mediodía.

El apoyo del compañero de oración

Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19-20).
Orar con otros puede tener un efecto balsámico en tu propia vida. Nos necesitamos los unos a los otros. Dios nunca quiso que andásemos solos, y los compañeros de oración son los agentes secretos de Dios para bendición. De hecho, no es bueno orar siempre solos.
Necesitamos orar solos, pero a veces necesitamos el ánimo que nos llega al orar con un compañero de oración. Se puede implementar la oración de a dos de una variedad de formas tales, como juntarse con un compañero de oración una vez a la semana, orar por teléfono con un amigo, o tener un tiempo apartado en el día con el/la esposo/a.
Beneficios de Orar Juntos
11295711_968828793180228_6865374685940166369_n-2“Cuando Moisés levantó sus manos en intercesión por Israel, Josué e Israel prevalecían allí. Pero debido a que Moisés era humano, él solo podía mantener sus brazos levantados durante un corto periodo de tiempo. Cuando sus brazos se volvieron pesados, los bajó y Amalec prevaleció en la batalla. Pero cuando dos intercesores, Aarón y Hur, se pusieron uno a cada lado de Moisés y le levantaron las manos, el pueblo de Dios derrotó al enemigo.” 
  • Nos ayuda a persistir en la oración y a derrotar al enemigo – Es fácil a veces cansarse en la oración, pero cuando oramos con otro, tenemos fuerzas añadidas para aguantar hasta conseguir la victoria.
  • Nos conecta a otros de manera significativa – La mayoría de nosotros deseamos una amistad intima. Orar con otros te ayuda a conectarte a ellos de una forma profunda, con la que se puede compartir y orar por las luchas, esperanzas, bendiciones y desencantos. Alguien dijo una vez que no conoces a una persona hasta que hayas orado con él.
  • Trae sanidad y crecimiento espiritual – Cuando compartimos lo más profundo de nuestro corazón y nuestras cargas con un compañero de oración, llega sanidad. Nuestra fe crece cuando oramos y ministramos el uno al otro en oración.
  • Nos ayuda a rendir cuentas a Dios y a los demás – Clamar a Dios de forma regular con un compañero de oración nos ayuda a enfocarnos en la oración, y esto es fundamental en la vida. Encontrarnos para orar, nos ayuda a centrarnos en nuestras vidas.
  • Trae la presencia de Dios a nuestro lugar – Dios ha prometido estar allí donde dos o tres estén reunidos en oración. Necesitamos desesperadamente la presencia de Dios en nuestras vidas.
  • Nos ayuda a experimentar el amor y el poder de Dios – A veces a solas, podemos estar luchando con un problema. Pero cuando oramos con un compañero con respecto a las dificultades en nuestras vidas, experimentamos mejor el amor de Dios. Juntos podemos hacer huir a 10.000. A veces necesitamos la ayuda de otros para poder orar para ciertos asuntos.
  • Nos fortalece espiritualmente – Escuchar y entrar en ella de acuerdo con la oración de otro nos ayudará espiritualmente. Nos fortalecerá y nos sentiremos con una nueva determinación de seguir a Dios.

martes, 23 de mayo de 2017

Muerte del Yo para Resurrección Gloriosa

Hay momentos en la vida de los seres humanos en los que llega la soledad y el sentimiento de incertidumbre. Parece como si estuviéramos en un cuarto oscuro, que para colmo está cerrado con candado, y no tenemos la llave para abrirlo.
Mientras uno pasa por esas experiencias piensa que sería bueno dejar de existir, terminar de una vez y por todas, con todo aquello que nos agobia.
PhotobucketPero a veces es necesario que en nosotros haya una muerte simbólica para que haya una resurrección espiritual.
Es necesario que Dios habite en nuestras vidas y sople de su aliento en nosotros. Es necesario que Él penetre en los rincones más íntimos de nuestro ser y haga los ajustes necesarios, para que Su voluntad y propósito se puedan cumplir en nuestras vidas. Que sople aliento de sabiduría sobre nuestros espíritus para que podamos entender su llamado a nosotros.
Debemos matar nuestro egoísmo y desesperanza. Hay que exterminar aquellas cosas que nos estorban y nos sacan del propósito de Dios. Tenemos que despojarnos del desespero y la ansiedad; limpiarnos de toda inmundicia, lavar nuestras ropas en el río de vida a través de la sangre purificadora de Cristo Jesús. Necesitamos beber de las aguas limpias y cristalinas que solo se encuentran a través de Su presencia. Tenemos que exclamar desde lo más profundo de nuestro corazón: ¡Auxilio, socórreme Dios!

Oraciones inspiradas por Dios

«Muéstrame, Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas».
Salmo 25: 4
Cuando alcanzamos un nivel elevado de experiencia espiritual no hemos de quedarnos de brazos cruzados, conformes con lo que ya hemos logrado. Cuando nos proponemos con determinación entrar en el reino espiritual, nos percataremos de que todos los poderes y las pasiones de naturaleza carnal, respaldadas por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparadas para atacarnos. Por tanto, cada día hemos de renovar nuestra consagración, cada día hemos de batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, nos disputarán el dominio, y contra ellos hemos de velar, apoyándonos en el poder de Cristo para obtener la victoria.
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Hemos de renunciar a todo lo que pueda impedirnos realizar progresos en el camino ascendente, y quiera hacernos volver los pies en el camino angosto. Hemos de manifestar misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, tolerancia y el amor de Cristo en nuestras vidas diarias.
Necesitamos el poder de una vida más elevada, pura y noble. El mundo abarca demasiado espacio en nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco.
Pero no hemos de desesperarnos en nuestros esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios. A todos se nos promete la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo, quien es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y coloca en nuestros labios una oración que nos pone en estrecha comunión con Él. Cristo coloca a nuestra disposición los agentes todopoderosos del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente.
Dios no pone límites al avance de aquellos que desean ser llenos del conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Con la oración, la vigilancia y el desarrollo del conocimiento y la comprensión, son «fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria» (Colosenses 1;11). Así recibimos la preparación necesaria para trabajar en favor de los demás. Es el propósito del Salvador que los seres humanos, purificados y santificados, seamos sus ayudadores. Demos gracias por este gran privilegio a Aquel «que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo (versos 12-13)».

¿Cómo se supone que debe ser la vida cristiana?

Resultado de imagen de ¿Cómo debe ser la vida cristiana?Se supone que la vida cristiana debe ser una vida vivida por fe. Por fe podemos entrar en la vida cristiana, y por fe vivimos. Cuando comenzamos la vida cristiana al venir a Cristo para el perdón de pecados, debemos entender que lo que buscamos no se puede obtener por ningún otro medio que por la fe. No podemos preparar nuestro camino al cielo, porque lo que podamos hacer nunca sería suficiente, ¡nada! Quienes creen que pueden alcanzar la vida eterna por mantener normas y regulaciones - una lista de lo que se debe y no se debe hacer – niegan lo que la biblia claramente enseña. "Y que por la ley ninguno se justifica ante Dios es evidente, porque: El justo por la fe vivirá" (Gálatas 3:11). Los fariseos de los días de Jesús rechazaron a Cristo porque Él les dijo esta misma verdad, que todos sus actos justos no valían para nada y que solo la fe en el Mesías los salvaría.

En Romanos 1, Pablo dice que el evangelio de Jesucristo es el poder que nos salva; el evangelio que son las buenas nuevas de que todos los que creen en Él tendrán vida eterna. Cuando entramos en la vida cristiana por la fe en estas buenas nuevas, vemos que nuestra fe crece en la medida que llegamos a conocer más y más acerca del Dios que nos salvó. El evangelio de Cristo en realidad nos revela a Dios mientras vivimos para acercarnos a Él cada día. Romanos 1:17 dice, "Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá". Por lo tanto, parte de la vida cristiana es la lectura y estudio diligente de la palabra de Dios, acompañada de la oración para entendimiento y sabiduría, y de una relación más estrecha e íntima con Dios a través del Espíritu Santo.

La vida cristiana también se supone que conlleva el morir a sí mismos para vivir una vida de fe. Pablo dijo a los Gálatas: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20). Siendo crucificado con Cristo significa que nuestra vieja naturaleza ha sido clavada en la cruz, y reemplazada por una nueva naturaleza que es la de Cristo (2 Corintios 5:17). Él, que nos amó y murió por nosotros, ahora vive en nosotros, y la vida que vivimos es por la fe en Él. Esto significa sacrificar nuestros propios deseos, ambiciones y glorias, y reemplazarlos por los de Cristo. Solo podemos hacer esto con su poder, a través de la fe, que Él nos da por su gracia. Parte de la vida cristiana es orar con ese fin.

Descubrir la salida

No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla. 1 Corintios 10:1-13
En la ciudad de Santa Barbara, en California, hay una calle con un nombre curioso: «Salsipuedes». Cuando se le dio nombre a la calle, la zona estaba alrededor de un pantano que a veces se inundaba, y los urbanistas, que hablaban español, apodaron el lugar con una advertencia nada sutil de permanecer alejados.
La Palabra de Dios nos advierte que no nos acerquemos a la «senda equivocada» de pecado y tentación: «Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa de largo» (Proverbios 4:15). Pero la Escritura no dice simplemente «sal si puedes». Nos ofrece seguridad y nos indica a dónde ir: «Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10:13).
La promesa de que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar es un recordatorio alentador. Si acudimos a Él cuando somos tentados, sabemos que nos ayudará a descubrir la salida.
La Biblia afirma que Jesús puede «compadecerse de nuestras debilidades». Sin embargo, «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Jesús sabe cómo salir de cada tentación. ¡Nos mostrará el camino si corremos a Él!

Gracias, Señor, por ser fiel y darme una salida a cualquier tentación que enfrente.
Dios promete ayudarnos cuando somos tentados.

lunes, 22 de mayo de 2017

Las tinieblas y el fuego eterno

Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Juan 3:19
Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, no sea que os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde vaJuan 12:35
de-las-tinieblas-640Mientras estamos en esta vida, podemos andar en tinieblas. Éstas pueden ser o no ser momentáneas: mientras nos encontramos con Cristo, cuando nos alejamos de Él, o cuando no hacemos lo que nos corresponde.
Pero la esperanza es que, en cuanto nos encontramos con El Señor o recapacitamos para servirlo y cumplir Su Propósito, pasamos de las tinieblas a Su luz admirable.
Estando en la Luz, no solamente andaremos en las obras que Él preparó de antemano para que andásemos en ellas, usando las finanzas, los talentos y dones para servir y glorificarlo, sino para vivir también, en el gozo de la salvación.
El fuego eterno, en cambio, se refiere a un lugar de tormento eterno en donde ya no hay más vuelta para atrás. Jesús se refiere a este lugar como el infierno, al cual muchas personas irán al final de los tiempos si deciden rechazar el regalo de la Salvación, un regalo inmerecido que nos es dado por gracia por medio de la fe y que no depende de lo que hagamos o dejemos de hacer.
Jesús nos cuenta algunas parábolas para darnos a conocer lo que nos llevará a las tinieblas mientras estamos como peregrinos en esta tierra; y otras, en las que habla del final de los tiempos, y cómo es que las personas serán separadas en dos grupos: unos irán a la presencia del Señor, y otros al fuego eterno o infierno.

¿Vaya!, El mañana no llega

Si crees que se puede hacer en cualquier momento, no lo harás en ningún momento. Mañana es el día más ocupado de la semana. 
Resultado de imagen de El mañana no llegaMuchas personas quieren y desean muchas cosas pero no se ponen en acción. Dicen: hoy no, mañana. Pero la realidad es que el mañana nunca llega. La postergación es un asesino de sueños. Mucho de lo que hasta ahora no has logrado se debe a que tú mismo has postergado tus sueños esperando que las circunstancias cambien. Y mientras sigas esperando que la situación cambie sin tomar acción, estás desperdiciando tu vida, tus talentos y enterrando tus sueños.
Si quieres que el mañana llegue debes ponerte hoy en acción. He aquí cuatro cosas que debes hacer:
–          Asegúrate de que tu sueño sea tu sueño. Si puedes verlo con cierta nitidez, puedes lograrlo. No se trata de tener un sueño por tenerlo, se trata del propósito para el cual fuiste formado. Se trata de poder implementar una visión hasta convertirla en realidad, no importando el sacrificio que se tenga que pagar. ¿Es mi sueño? ¿Estoy dispuesto a pagar el precio? ¿En qué o en quién me voy a convertir?
–          Sé premeditado y establece una estrategia para llegar a cumplir tus sueños.  Debes definir las actividades que debes hacer y también las que no. Saber cuáles son tus pasos a seguir reduce el miedo, la ansiedad y la incertidumbre. ¿Lo qué estoy haciendo me acerca a mis sueños? ¿De qué debo tener cuidado? ¿Qué debo mejorar? ¿Cuáles van a ser mis prioridades?

Prepara al niño

No las encubriremos a sus hijos, contaremos a la generación venidera las alabanzas de Jehová, su potencia y las maravillas que hizo. Salmo 78;4
En muchos sitios web que tratan de la crianza de los hijos, hay una frase que dice: «Prepara al niño para el camino, no el camino para el niño». En lugar de intentar quitar los obstáculos y allanar el camino a nuestros niños, deberíamos prepararlos para enfrentar las dificultades que encuentren.
El salmista escribió: «(Contaremos) a la generación venidera las alabanzas del Señor, y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificaran a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, los hijos que nazcan; y los que se levanten lo cuenten a sus hijos,» (Salmo 78:4-6). El objetivo era que pusieran «en Dios su confianza, y no se olvidaran de las obras de Dios; que guardaran sus mandamientos» (verso 7).
Piensa en el poderoso impacto espiritual que otros tuvieron sobre nosotros, a través de lo que nos dijeron y de cómo vivieron. Sus palabras y ejemplo avivaron un fuego en nosotros para seguir a Jesús como ellos.
Es un maravilloso privilegio y responsabilidad compartir la Palabra de Dios y su plan para nuestra vida con las nuevas generaciones. No importa lo que venga más adelante, queremos que estén preparados para hacerle frente con el poder del Señor.


Padre, buscamos tu sabiduría y tu guía para preparar a nuestros hijos para que caminen contigo en fe.
Con las palabras y el ejemplo, prepara a los niños para seguir al Señor.