viernes, 19 de mayo de 2017

Escuchando con el Corazón

“He desperdiciado todo el día”, se lamentó John mientras su padre lo despertaba con delicadeza.
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El tono de su voz, lastimero y angustiado, provocó la reacción instantánea de su padre, y un destello de ira emergió de él. Había sido un largo día de pintar y colocar papel pintado en la nueva oficina de su madre, y su papá estaba extenuado. John había trabajado duro en las primeras horas del día, pero al desaparecer la ilusión de la novedad, se sintió aburrido y finalmente soñoliento, por lo que se acostó en un sofá de una oficina adyacente. Ahora su padre, Richard, lo despertaba para que todos se encaminaran a casa.
Antes que Richard pudiese expresar una repentina retórica formada por su mente, algo lo detuvo. Vislumbró, desde la perspectiva de un niño de ocho años, lo que significaba todo un sábado transcurrido trabajando en la nueva oficina de su madre.
Con renovada compasión, respondió a su hijo: “John, sé que el sábado es, precisamente para vosotros que sois niños, en este caso de ocho años, el día más importante de la semana. Aprecio tu disposición a prescindir de disfrutarlo y ayudarnos a decorar la oficina de mamá. Ha sido un largo día y apuesto a que también estás cansado. Y por eso, me gustaría mostrarte cuánto apreciamos tu apoyo yendo a la tienda de vídeos, camino a casa, y alquilando la película que tú elijas para que nos deleitemos en familia. ¿Qué te parece?”
Como respuesta a la actitud amorosa de su padre, la angustia y desesperanza de John se transformó en euforia, y dijo pausadamente, “¡Gracias papá! ¡Me gustaría hacerlo!
A veces, al escuchar con nuestro corazón y no con los oídos, el amor gana y las relaciones florecen. Por ello, Johann Wolfgang Von Goethe dice: “La corrección consigue mucho, pero la estimulación, mucho más.”
2 Reyes 22:19
Porque se enterneció su corazón.
Proverbios 15:1
La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.

El remedio de Cristo para las oraciones muertas

Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.
Santiago 5: 16
Resultado de imagen de El remedio de Cristo para las oraciones muertasComo creyentes en Cristo necesitamos más y más fe. ¡Y como no!, necesitamos ser cada vez más fervientes en la oración. Muchos se preguntan por qué sus oraciones son tan muertas, su fe tan débil y vacilante, y su experiencia cristiana tan sombría e incierta. «¿De qué sirve, dicen ellos, que observemos los mandamientos y que nos humillemos ante el Señor?». En el capítulo 58 de Isaías, Cristo demostró cómo puede revertirse esta situación. Dice: «El ayuno que yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo? ¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano?» (versos 6-7). Ésta es la receta que Cristo prescribió para el alma que desmaya, que duda y tiembla. Si estás afligido, levántate y socorre a alguien que necesite auxilio.
La iglesia necesita el poder de guía del Espíritu Santo; y éste es el momento de orar por él. Pero como en todo lo que Dios hace por nosotros, espera que cooperemos con Él. Con este objetivo nos invita a tener una mayor piedad, un sentido más objetivo del deber y una comprensión más clara de nuestras obligaciones hacia el Creador. El Señor nos ruega que seamos puros, santos y trabajadores, y la obra de ayudar a otros es un medio para lograrlo, porque el Espíritu Santo se comunica con todos los que prestan servicio a Dios.

jueves, 18 de mayo de 2017

El poder del amor de Dios

Las muchas aguas no podrán apagar el amor ni lo ahogarán los ríos. Y si un hombre ofreciera todos los bienes de su casa a cambio del amor, de cierto sería despreciado. Cantar de los Cantares 8:7
Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Juan 15:13
Dios manifestó en Jesús su poder de amor; un amor que permanece intacto, incluso cuando los hombres lo rechazan. Nadie puede alterar el amor de Dios ni degradarlo. Este amor puede cambiar a los orgullosos en hombres humildes, a los ladrones en personas generosas, y a los hombres más disolutos en personas íntegras y puras.
Dios es Maestro y Señor, pero debemos reconocer su señorío a la luz de su actividad de amor en medio de los hombres: es Señor viviendo como Siervo. El Hijo de Dios vino a servir a favor del hombre. Vino a vivir cerca de nosotros, a morir por nosotros y a darnos la vida.
Dios es el Todopoderoso, sin embargo su poderío aparece a la luz de un amor que le hizo entregarse hasta la muerte, lleno de compasión por nuestros sufrimientos. Este amor condujo a Jesucristo a llevar Él mismo el castigo por nuestros pecados.
Dios será el juez supremo de todos los hombres, pero reconocemos su justicia a la luz de su misericordia. En la cruz de Cristo, su justicia no nos condena, al revés, nos hace justos. Cada uno de nosotros puede acercarse a Dios confiando en su amor.
Dios nos buscó y nos halló en Jesús. Él, que es Dios desde toda la eternidad, aceptó hacerse hombre y morir en la cruz para revelarnos al Dios de amor.
El Señor se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).

Multiplicando la fe

En los últimos tiempos muchas adversidades nos sobrevendrán, pero ninguna nos debe pillar por sorpresa, porque escrito está que en los días postreros tendremos aflicciones y ataques de toda índole.
Resultado de imagen de Multiplicando la feEstaremos expuestos a duras pruebas, pero nuestra posición debe ser firme y con decisión para superarlas, sabiendo que el que persevera hasta el final será salvo. Por lo tanto, debemos interpretarlas como señales que anuncian la próxima segunda venida de nuestro señor Jesucristo.
Algunos de los ataques que hace el enemigo contra nosotros tienen como blanco nuestros hijos; y para ello esgrime armas muy eficaces como la televisión, internet y la moda. Que conste que bien usadas, no son malas ninguna de las tres.
Ahora bien, no podemos estar acuerdo con la totalidad, ni siquiera con gran parte de lo que a través de estos medios se ve. Por otro lado, cuando se usan de manera positiva, son buenos al ciento por ciento. También el enemigo usa el arma de la economía. Aquí despliega ataques terribles, llevando al objetivo al máximo de la desesperación, y prácticamente obligándolo a cometer locuras en detrimento propio y de su familia.
En este aspecto, el ataque es directo y la depresión se le convierte en un cómplice de gran valor. La depresión, en muchísimos casos, tiene su fundamento en problemas económicos, conduciendo al individuo a la destrucción y a la muerte.

¿Por qué Oramos?

En un mundo de causa y efecto, Dios sería la Causa Suprema de todos los acontecimientos. Dios es el Creador y el ser humano es solamente un instrumento u objeto en sus manos, uno de los efectos de esta Primera Causa.

¿Podemos cambiar el pensamiento o plan de Dios?

oramos, oración, por qué orarEn este caso, el ser humano no es realmente libre o responsable y no tiene dignidad individual. La oración se vuelve solamente un medio de tratar de influenciar en la Primera Causa para producir diferentes efectos.
Dentro de este paradigma, los seres humanos oran a Dios para intervenir y para encontrar solución a sus diversas necesidades.
En la enfermedad, uno acostum­bra a orar para pedirle a Dios sanación. En la pobreza material, se ora para pedirle a Dios dinero. En el caso de una vida insatisfecha, la oración es la herramienta usada para encontrar la felicidad de nuevo.
Le pedimos a Dios por todo, incluyendo la victoria en la guerra, ¡imagina cuántos seres humanos pueden causar confusión a Dios a veces!
Cuando dos países, dos partidos, dos ideologías o dos personas se encuentran en guerra y oran al mismo Dios por la victoria, ¿qué va a hacer Dios?. ¿Puede Dios tomar partido?, ¿toma Dios partido?, ¿pueden los seres humanos cambiar el pen­samiento de Dios?

¿Oramos por razones equivocadas?

Ciertamente es legítimo orar y pedir por todas estas cosas pero, en lo profundo de nuestro corazón y de nuestra alma, podemos estar orando por razones equivocadas.
Además, ¿qué podemos decir acerca de las perso­nas que lo tienen todo: riqueza, salud, fama, posición, educación, sabiduría, una bonita familia, etc.? Esas per­sonas también necesitan oración, aunque parezca que no tienen necesidades.
Entonces, ¿por qué deben orar si lo tienen todo?

¿Necesitamos un motivo para orar?

Cuando oramos, ¿deberíamos buscar motivos?, ¿deberíamos orar porque tal cosa y porque tal otra y por­que…?, ¿necesitan nuestras oraciones tener causas, pues de lo contrario no necesitamos orar? Estas pregun­tas son más bien intelectuales y teóricas, pero la oración debe ser vista como una actividad espiritual que no ne­cesita razones o pruebas.

Los regalos de Dios

A los ricos de este mundo manda que no sean altivos ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. (1 Timoteo 6:17).

Resultado de imagen de Los regalos de DiosÉsta es la historia de un joven que estaba a punto de graduarse y que había pedido a su papá, como regalo de graduación, un hermoso coche. El papá podía comprárselo porque era un hombre rico, y el joven estaba convencido de que iba a recibir ese regalo el día que terminara la universidad.
El gran día llegó, y el papá le dijo al muchacho: “Hijo, estoy muy orgulloso de ti, y te amo más que a nadie en el mundo. Hoy quiero hacerte este regalo, que es lo más especial y más valioso que puedo darte. Espero que sepas usarlo”.
Acto seguido, le entregó una Biblia. ¿Una Biblia?, pensó el muchacho. ¿Y para qué quiero yo una Biblia?, siguió pensando. Sin poder controlarse, gritó a su padre con enojo: “¿Con todo el dinero que tienes, y no has sido capaz de regalarme lo que yo quería? Nunca más volveré a poner un pie en tu casa”. Y se alejó de la vida del papá...

... Pasaron los años, y aquel joven se convirtió en un exitoso hombre de negocios. 
Pero un día recibió la noticia de que su papá había muerto, y que él había heredado todas sus posesiones. Tenía que volver a casa para arreglar el papeleo de la herencia. Cuando llegó, vio entre los papeles del papá aquella Biblia que le había regalado por su graduación. Cuando la tomó, cayó de ella la llave de un coche junto con una nota escrita a mano: “Hijo, tu auto te espera. Ve a buscarlo”.

A veces Dios nos hace regalos que no sabemos apreciar. Por ejemplo, el hecho de que te hayas levantado hoy vivo y con salud, es un regalo de Jesús. La comida que mamá pone sobre la mesa, la casa en la que vives, el auto que te lleva a todas partes, tus hermanos, abuelos y primos… Todos son regalos de Dios para ti. La pregunta es: ¿Los valoras lo suficiente, o ni te fijas en ellos porque quieres otras cosas que a ti te parecen mejores? Jesús no siempre nos da lo que queremos, sino lo que necesitamos para ser felices.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Semejantes en Su muerte y en Su resurrección

Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y ser solidario en sus sufrimientos; haciéndome semejante a Él en su muerte, espero llegar a la resurrección de los muertos. Filipenses 3: 10-11
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Debemos saber que hay un propósito en todo; es decir, la razón por la cual Dios permitió o ha permitido que situaciones difíciles nos sucedan, estremeciéndonos hasta el punto de ver nuestro corazón despedazarse. El hecho de que nos sucedan no quiere decir que Él no nos quiere o que se olvidó de nosotros. Estas cosas tienen que suceder para que nuestro carácter sea perfeccionado a la manera de Cristo, porque solamente alcanzaremos parecernos a Él en la medida que aprendamos a morir con Él.

La persona que no ha desarrollado este carácter no podrá alcanzar su llamado, porque no tendrá la fortaleza para enfrentarse al enemigo que se opone a que lleguemos a nuestro destino. El carácter se desarrolla con mucho dolor, padecimiento, sufrimiento, agonía e impotencia al no poder hacer que las cosas cambien. Cuando suceden estas cosas no debemos quejarnos ni lamentarnos, solamente darle la gloria a Él y decirle “Hágase Tu voluntad”.
Son momentos en los que debemos buscar más Su Presencia por medio del ayuno, oración, cilicio...; porque éstos nos ayudarán a fortalecernos y ser más sensibles a Su voz, anulando los deseos de la carne que quiere que nos rebelemos de nuestra situación.
No desmayemos hasta que la obra Él la termine en nosotros y podamos coronarnos con el carácter de Cristo; nuestro propósito se verá cumplido cuando hayamos sido semejantes a Él en Su muerte y Su resurrección.

Minorías frente a mayorías

En agosto del año pasado, salíamos mi padre y yo del hotel “Gran Vía Tryp”, situado en la calle que se llama también así, Gran Vía, en Madrid, España.
Resultado de imagen de Minorías frente a mayoríasUn caluroso día y un sol tan radiante que teníamos que usar una mano como visera para detener la intensidad de la luz, nos castigaban constantemente, obligándonos a mantenernos cabizbajos casi todo el tiempo mientras avanzábamos por la comercial y popular calle abarrotada de multitudes en ambas aceras. De vez en cuando desafiábamos al sol levantando la cabeza y en una de esas, alcanzamos ver el espectáculo que se presentaba.
Un estrafalario personaje caminaba por el medio de la calle en la que, valiéndose de un altavoz, gritaba a voz en cuello: “Libertad para los palestinos”. Iba solo, y tres periodistas con cámara, desde diferentes puntos, recogían las imágenes que posteriormente saldrían en algún noticiero de la televisión nacional, acompañándolas de los ajenos transeúntes, incluyéndonos a nosotros que accidentalmente pasábamos por allí, para dar a entender al mundo, que miles de personas desfilaban sumados a la misma consigna, cuando realmente se trataba a lo máximo de cinco personas entre manifestantes y técnicos. El resto no era otra cosa que curiosos o gente de paso.
¿Qué pasó con la inmensa mayoría congregada en aquel lugar? Nada, allí estábamos disfrutando en plenitud del libre albedrío que Dios nos dio, para hacer cada uno lo que estimara conveniente, mientras la minoría seguía estrictamente las directrices de su régimen disciplinario. Nadie gritó siquiera: -¡ustedes son unos locos!. -No, claro que no, lo mejor fue permanecer en silencio y así se evitaban problemas.

Esparcir semillas

Pero el que fue sembrado en buena tierra es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Mateo 13;23
Recibí un maravilloso email de una mujer que escribió: «Tu mamá fue mi maestra de primer grado en 1958. Nos hizo aprender el Salmo 23 y recitarlo frente a la clase, y a mí me desagradaba hacerlo. Sin embargo, fue el único contacto que tuve con la Biblia hasta 1997, cuando me entregué a Cristo. Entonces, los recuerdos de la Sra. McCasland volvieron como un torrente al releer el Salmo».
Jesús le contó a una gran multitud una parábola sobre un agricultor que sembró semillas que cayeron en distintos tipos de suelos: un suelo duro, uno rocoso, uno espinoso y uno fértil (Mateo 13:1-9). Aunque algunas semillas nunca crecieron, «el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno» (verso 23).
En los 20 años que mi madre enseñó en escuelas públicas, junto a la lectura, la escritura y la aritmética, desparramó semillas de bondad y el mensaje del amor de Dios.
El email de su antigua alumna terminaba así: «Por supuesto, he tenido otras influencias posteriores en mi andar cristiano, pero mi corazón siempre vuelve al Salmo 23 y a la dulzura de tu mamá».
Una semilla del amor de Dios que se planta hoy puede producir una impresionante cosecha.

Señor, hoy quiero que mi vida siembre buenas semillas en los que me rodean.
Nosotros sembramos; Dios produce la cosecha.