domingo, 23 de abril de 2017

Déjate guiar

Jehová había dicho a Abram: «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  Génesis 12;1
Para nuestro aniversario de bodas, mi esposo alquiló una bicicleta tándem para que disfrutáramos de una romántica aventura juntos. Al empezar a pedalear, me di cuenta de que, como yo iba atrás, los amplios hombros de mi esposo tapaban mi visión del camino. Además, mi manubrio era fijo y no afectaba a la dirección de la bicicleta. El manubrio frontal era el que determinaba nuestra dirección; el mío servía solo para apoyarme. Tenía la opción de sentirme frustrada por mi falta de control o disfrutar del paseo y confiar en que Mike nos guiaría a salvo por el camino.
Cuando Dios le pidió a Abram que dejara su tierra y su familia, no le dio demasiada información respecto al destino. Nada de coordenadas geográficas. Ninguna descripción de la nueva tierra o de sus recursos naturales. Ni siquiera una indicación del tiempo que llevaría llegar allí. Dios simplemente le dijo que fuera a la tierra que le mostraría. La obediencia de Abram a la instrucción divina, a pesar de la falta de detalles que la mayoría de los humanos anhela, se le atribuye como fe (Hebreos 11:8).
Si nos enfrentamos a la incertidumbre o a la falta de control en nuestra vida, imitemos el ejemplo de Abram de confiar en Dios y seguirlo. Él nos guiará bien.

Señor, ayúdame a confiar en ti en los momentos inciertos de mi vida.
Podemos confiar en la guía de Dios.

sábado, 22 de abril de 2017

Parábola del Trigo y la cizaña

Mateo 13: 24-30, 36-43. La parábola de la cizaña es contada por Jesús para describir a qué se asemeja el reino de los cielos.

22115_973370606030109_4982834357669847959_nResumen de la parábola del Trigo y la cizaña 

La historia trata de un hombre que siembra buena semilla (trigo) en su campo. Sin embargo, un enemigo viene y siembra mala semilla en ese mismo campo (cizaña).
Los siervos del hombre se dan cuenta de las malas hierbas que crecen con el trigo y dicen: “Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña?” (Mateo 13:27)
El amo dice: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?” (Mateo 13:28)
Sin embargo, el hombre responde diciendo: “No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. (Mateo 13:29) Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (Mateo 13: 29-30).
Jesús explica la parábola de la cizaña. (Mateo 13:36-43)
Jesús es el que siembra la buena semilla. El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino de Dios. Sin embargo, la mala hierba son los hijos del diablo; el diablo fue el que sembró la mala hierba. La siega es el fin del mundo. Los segadores son los ángeles.
Jesús dice: “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13: 41-42)
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga!” (Mateo 13:43)

Una nueva vida

«Tienen que nacer de nuevo».
Juan 3:7,
Resultado de imagen de Una nueva vida en DiosComo Nicodemo, debemos estar dispuestos a entrar en la vida de la misma manera que el primero de los pecadores. Fuera de Cristo, «no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4: 12). Por la fe recibimos la gracia de Dios; pero la fe no es nuestro salvador. Es la mano por la cual nos asimos de Cristo y hacemos apropio de sus méritos, del remedio por el pecado. Y ni siquiera podemos arrepentirnos sin la ayuda del Espíritu de Dios. La Escritura dice de Cristo: «A éste, Dios ha ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados» (Hechos 5: 31). El arrepentimiento proviene de Cristo tan ciertamente como el perdón.
¿Cómo hemos de salvarnos entonces? «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto» (Juan 3: 14), así también el Hijo del hombre ha sido levantado, y todos los que han sido engañados y mordidos por la serpiente pueden mirar y vivir; es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). La luz que resplandece desde la cruz revela el amor de Dios. Su amor nos atrae a Él. Si no nos resistimos a esta atracción, seremos conducidos al pie de la cruz arrepentidos por los pecados que crucificaron al Salvador. Entonces, el Espíritu de Dios produce por medio de la fe una nueva vida en el alma. Los pensamientos y los deseos se sujetan en obediencia a la voluntad de Cristo, y el corazón y la mente son creados de nuevo a la imagen de Aquel que obra en nosotros, para someter todas las cosas a sí. Entonces la ley de Dios queda escrita en la mente y el corazón, y podemos decir con Cristo: «El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado» (Salmos 40: 8).
En la entrevista con Nicodemo, Jesús reveló el plan de salvación y su misión en el mundo. En ninguno de sus discursos subsiguientes, explicó tan extensamente, paso a paso, la obra que debe hacerse en el corazón de cuantos quieran heredar el reino de los cielos. En el mismo principio de su ministerio, presentó la verdad a un miembro del Sanedrín, a la mente mejor dispuesta para recibirla, a un hombre designado para ser maestro del pueblo. Pero los dirigentes de Israel no recibieron gustosamente la luz. Nicodemo ocultó la verdad en su corazón.
Nicodemo relató a Juan la historia de aquella entrevista, y la pluma de éste la registró para instrucción de millones de almas.

Relaciones sociales

Lee Romanos 13:1 al 7; Efesios 5:22 al 33; 1 Corintios 7:12 al 16; y Gálatas 3:27 y 28. ¿Cómo se compara lo que dice Pablo con lo que dice Pedro en 1 Pedro 2:11 al 3:7?
Resultado de imagen de Relaciones socialesPablo aborda algunas de las temáticas presentadas en 1 Pedro 2:11 al 3:7. Lo que dice Pablo es totalmente coincidente con lo que dice Pedro. Por ejemplo, al igual que Pedro, Pablo insta a sus lectores a mantenerse sujetos a las “autoridades públicas” (Romanos 13:1, NVI). Los gobernantes son señalados por Dios y causan temor a quienes obran mal, no bien (Romanos 13:3). Así, un cristiano debería seguir el siguiente consejo: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:7).
Pablo también enfatiza que las mujeres que están casadas con esposos no creyentes deberían vivir vidas ejemplares y, como resultado, sus esposos pueden unirse a la iglesia (1 Corintios 7:12-16). El modelo de Pablo del matrimonio cristiano también incide en la mutualidad. Los esposos deberían amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Efesios 5:25). Además, sugiere que los esclavos deberían obedecer a sus amos terrenales como obedecerían a Cristo (Efesios 6:5).
Pablo, entonces, se mostraba dispuesto a trabajar dentro de los límites culturales del orden legal. Entendía qué se podía y qué no se podía ser cambiado de su cultura. Sin embargo, también veía algo dentro del cristianismo que acabaría por transformar la manera en que la sociedad piensa de las personas. Así como Jesús no buscaba producir ningún tipo de revolución política con el fin de cambiar el orden social, tampoco lo hacían Pedro y Pablo. El cambio podía llegar, más bien, al dejar que la influencia de personas piadosas actuara en su sociedad.
Lee Gálatas 3:27 al 29. Aunque se trata claramente de una declaración teológica, ¿qué implicaciones sociales poderosas tiene este texto con respecto a cómo los cristianos deben relacionarse el uno con el otro, considerando lo que Jesús ha hecho por ellos?

Dios es Dios de Planes… ¿Si eres su Hijo No Deberías Tener Uno?

La visión general nos conduce hacia las metas. Por medio de ella vemos a dónde deseamos llegar, o a dónde Dios nos quiere llevar. Por otra parte, la misión compromete nuestra obediencia y esfuerzo. Dios le dijo a Josué: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente,  para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”. Josué 1:7. Y esta misión, ocurre dentro de un plan que trasciende a los propios protagonistas.
Los términos presentes en lo que hemos examinado hasta ahora, explícita o implícitamente, son:
•    Plan (el fin estratégico de Dios)
•    Visión (expresión descriptiva)
•    Misión (compromiso con la causa, por medio de la obediencia)
•    Presupuesto (es el precio de dejar una tierra y conquistar otra)
•    Tiempo (cada acción fue llevada a cabo en un tiempo específico)
•    Metas (objetivos claros y bien definidos)
•    Estrategias (para cada movimiento y para cada ciudad que tomó el pueblo de Israel había una)
•    Recursos (Israel llevó consigo las riquezas de Egipto, Éxodo 11:2, y Dios mismo peleando la batalla con ellos y por ellos, era el recurso más grandioso y garantía de éxito.
Josué 5:13 dice: Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Josué 5:14 Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido.
•    Beneficiarios (todos los descendientes de Abraham).
Estos eran los componentes del Plan estratégico de Dios para con su pueblo Israel. Dios tenía un gran proyecto en mente, y éste respondía a ciertas preguntas que siguen un orden lógico, dentro de un marco coherente. Los interrogantes son:
•    Qué (Qué se quiere hacer o lograr) = Visión
•    Quiénes (Quiénes serán comisionados para hacer) = Misión
•    Con qué (Con qué lo vamos a hacer) = Recursos
•    Dónde (Dónde lo vamos a hacer) = Territorio asignado.
•    Cuándo (Cuándo lo vamos a hacer) = Tiempo
•    Cómo (Cómo lo vamos a hacer) = Planificación, Estrategia y Operativa.
•    Para qué – por qué (Para qué y por qué lo vamos a hacer) = Cuál será el beneficio o propósito, y quiénes serán los beneficiarios.

viernes, 21 de abril de 2017

Reflexión Sobre el Amor al Prójimo

Cuando un grupo de fariseos le preguntaron a Jesús cuál era el mayor de los mandamientos, Él aprovechó para darles una enseñanza fundamental sobre el tema: "El mayor mandamiento es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, no hay otro mandamiento mayor que estos" (Marcos 12: 29-31)Solo le preguntaron por uno pero el Señor les dio un segundo, tan importante como el primero. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", citando un pasaje del Antiguo Testamento (Levítico 19:18). 

¿Por qué respondió con dos mandamientos si solo le pidieron uno? ¿No era suficiente con decir que amar a Dios era el mandamiento más importante de todos? Desde la óptica de Jesús no lo era. El Señor conocía muy bien la tendencia del ser humano a declararse "religioso". Hoy en día, es muy común ver en las iglesias cristianas a creyentes participando fielmente en reuniones de adoración, haciendo oraciones y cantándole a Dios canciones que ciertamente dicen amarlo,... pero más tarde regresan a sus egocéntricas vidas. Muchas de estas personas están convencidas de que con solo amar a Dios es suficiente, y poco les importa si dañan a otros. A veces los más devotos son los más viles en sus relaciones, maltratan a sus familiares y con frecuencia hieren a sus amigos más cercanos.

Pero Jesús nos enseña que amar a Dios y amar al prójimo están profundamente relacionados. Está claro que amar a Dios es el más importante de los mandamientos, pero si realmente lo amamos es inevitable que ese amor no se extienda a los demás. La forma más sencilla de saber cuánto amas a Dios es cuestionándote cuánto amas a las personas. Estas dos clases de amor no pueden ir separadas, están íntimamente vinculadas, y es imposible tener una si no tienes la otra.



Aprendiendo a Clamar a Dios

Hay veces que estamos tan desesperados que no sabemos qué hacer para salir de nuestra desesperación. El salmo 6 es de mucha bendición porque nos enseña la forma correcta de comunicarnos con Dios, cuando estamos desesperados y perseguidos por los enemigos.
Sabemos que Dios es bueno y lleno de misericordia:
orandoSalmo 118:1 “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia; Salmo 36:7-8 ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.
Podemos deleitarnos infinitamente con la bondad de Dios y su misericordia infinita. También disfrutamos en la presencia del Señor suplicando y haciendo uso de las promesas del Altísimo.

I. Tenemos que aprender a humillarnos ante Su presencia y saberle pedir.

Salmo 6:1 Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira.
Sabemos que a cada rato le fallamos pero Él es fiel para perdonarnos. Lo podemos ver en esta plegaria de David.
Dios es un Dios de ira y condenación, pero al mismo tiempo su Paciencia es infinita y grande en misericordia. Proverbios 16:5 nos habla de la ira de Dios “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune.
  1. Tenemos que clamar a su misericordia, pero clamemos cuando lo necesitamos, digámosle lo que estamos padeciendo, clamemos por salud.
Salmos 6:2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.
Solo Él puede sanarnos y compadecerse de nosotros.
  1. Cuando estemos turbados, Él es el único que puede compadecerse y darnos la paz que necesitamos.
Salmos 6:3 Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
En este caso podemos ver que David le reclama y Tú, ¿hasta cuándo? Para llegar a esto debemos tener plena confianza en el Señor, tiene que haber una intimidad muy íntima.
  1. Imploremos porque libere nuestra alma, clamemos por nuestra salvación:
Salmos 6:4-5 “Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia, porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?”

En casa con Jesús

Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis. Juan 14;3
«No hay lugar como el hogar». Esta frase refleja el profundo anhelo de tener un lugar para descansar, para estar y al cual pertenecer. Jesús habló de este deseo de echar raíces cuando, después de haber cenado por última vez con sus amigos, mencionó su inminente muerte y resurrección. Prometió que, aunque se iría, volvería a buscarlos. Además, les prepararía un lugar… un lugar donde vivir. un hogar.
Pudo hacer este lugar para ellos (y para nosotros) al cumplir con los requisitos de la ley de Dios, cuando murió en la cruz como el hombre sin pecado. Les aseguró a sus discípulos que, si se tomaba el trabajo de crear este hogar, por supuesto que volvería a buscarlos y no los dejaría solos. No tenían por qué temer ni preocuparse por sus vidas, ya fuera en la Tierra o en el cielo.
Podemos encontrar consuelo y seguridad en las palabras de Jesús, porque creemos y confiamos en que Él se nos adelantó para prepararnos un hogar celestial y que vivirá con nosotros (ver Juan 14:23). No importa en qué clase de lugar físico vivamos, que nuestro hogar está con Jesús, su amor nos sostiene y su paz nos rodea. Con Él, no hay lugar como el hogar.

Señor, si alguna vez nos sentimos desamparados, recuérdanos que Tú eres nuestro hogar. Que podamos compartir este sentido de pertenencia con los demás.
Jesús nos prepara un lugar para vivir eternamente.

El Anillo

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le, dijo: Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…, y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
– E…encantado, maestro, titubeó el joven, pero sintió que otra vez era infravalorado, y sus necesidades postergadas.
Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor cantidad posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún, poco, interés, hasta que el joven dijo lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionó la moneda de oro, algunos rieron, otros dieron la vuelta, y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.