viernes, 11 de noviembre de 2016

Límites En El Matrimonio

Siempre debe haber ciertos límites en cualquier relación, y la relación matrimonial no iba a ser menos, porque son los que la van a proteger del deterioro.
Estos límites los ha establecido quien
 diseñó y creó el Matrimonio.
Entre ellos están:
El Respeto. Este es el primer y más importante límite en toda relación humana y especialmente en el Matrimonio; porque si se pierde este límite, la relación puede caer en una onda destructiva. Las faltas de respeto destruyen la confianza y borran las cosas buenas que se hayan hecho. Es normal que haya diferencias de criterio a la hora de tomar decisiones, pero estas diferencias deben manejarlas con respeto, considerando también las opiniones del otro como válidas e importantes, igual que las suyas. De este modo exponen sus argumentos, oran pidiéndole sabiduría a Dios y tratan de ceder y ponerse de acuerdo. Si aun así no logran ponerse de acuerdo, busquen alguna ayuda espiritual que les ayude a discernir la situación, pero nunca traten de imponer su criterio ni de exigir al otro. Eso es una falta de respeto.
La Consideración. Este es otro límite importante que deben tener todos los matrimonios. Se trata de ver conscientemente el trabajo de cada uno y considerar el esfuerzo que hace el otro. Deben considerarse mutuamente, y estar siempre dispuestos a equilibrar las cargas de trabajo y de la casa. Valorar el trabajo de cada cual.
La Fidelidad. Este límite es vital para la estabilidad emocional del Matrimonio. Ambos deben afirmarse constantemente, dándose palabras de afirmación como "hasta que la muerte nos separe". Es muy importante para lograr hacerle sentir seguro a su cónyuge en este área, que ambos sientan la libertad de expresar sus sentimientos, sus ideas, sus sueños y anhelos sin que el otro le invalide ni le imponga su propio criterio. La libertad de expresión en el Matrimonio afirma y fortalece la Fidelidad.
El Orden de Prioridades. Vivir una vida de obediencia a la palabra de Dios y tener una relación personal con el Señor debe ser la prioridad número 1; luego la atención al cónyuge, después los hijos, después el trabajo, luego los familiares y luego la Iglesia. Este es el orden de prioridades que le da a la familia el marco de estabilidad emocional que los cónyuges necesitan para poder manejar bien las relaciones.
La Honestidad. Este límite incluye decir siempre la verdad, honesta y con transparencia. La mentira, por pequeña que sea, siempre va a producir problemas en algún momento de la vida. El engaño y la deshonestidad siempre van a traer malas consecuencias tarde o temprano. Ambos cónyuges deben ponerse el límite de la honestidad y decir la verdad siempre, abriendo el corazón y expresando sentimientos y emociones, y orando juntos el uno por el otro.
Si alguno de los cónyuges ha fallado en estos límites, no lo juzgue ni lo condene. La mejor manera de ayudar a un cónyuge que está fallando en alguna de estas áreas no es criticándolo ni regañándolo. Es hablando al respecto con paz y sabiduría, y tomando la decisión de hacer las cosas bien, a la manera de Dios.
Tomen la decisión de perdonarse por haber fallado en alguno o varios de esos límites, y decidan hacer el esfuerzo de no volver a pasarlos y apoyarse, perdonarse y levantarse cuando alguno falle ocasionalmente.
Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. ¡CUÍDALO!

¿Dios o el azar?

Inline image 1Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7

En el momento en que un creyente no adinerado iba a pagar en la caja de un supermercado, se le ofreció un "tiquet ganador". Él miró a la cajera y le dijo amablemente: "No, gracias. El Señor Jesús me da todo lo que necesito". La cajera quedó sorprendida con esta respuesta, y después de haber hablado un momento con ella, el hombre le dio un evangelio.

Los que reconocen a Dios como su Padre saben perfectamente que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28); depositan su confianza en Aquel que conoce sus necesidades, y no cuentan para nada con el azar para ganar algo. ¿Somos tentados por ganancias fáciles? Un cristiano que encomienda las circunstancias de su vida en las manos del Señor, no puede dejarse llevar por especulaciones.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Un lugar seguro

Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios. 1 Corintios 6:11
Aquel joven japonés tenía miedo de salir de su casa. Para evitar a la gente, dormía de día y pasaba toda la noche viendo la televisión. Era una especie de ermitaño moderno. El problema empezó cuando dejó de ir a la escuela por sus malas calificaciones. Cuanto más apartado estaba de la sociedad, más inadaptado socialmente se sentía. Al final, dejó de comunicarse por completo con sus amigos y parientes. No obstante, para recuperarse, lo ayudó ir a un club juvenil llamado "Ibasho", un lugar seguro donde personas quebrantadas comenzaban a reinsertarse en la sociedad.
¿Podríamos pensar en la iglesia como un ibasho… y como mucho más? Sin duda, pues somos una comunidad de personas quebrantadas. Cuando Pablo les escribió a los corintios, describió su antiguo estilo de vida como antisocial, perjudicial y peligroso para ellos mismos y los demás (1 Corintios 6:9-10). Sin embargo, en Jesús, fueron transformados y sanados. Entonces instó a estas personas rescatadas a amarse mutuamente, a ser pacientes y amables, y a no tener celos, soberbia ni rudeza (1 Corintios 13:4-7).
La iglesia debe ser un ibasho donde todos, independientemente de las luchas o las angustias que enfrentemos, conozcamos y experimentemos el amor de Dios.

Señor, ayúdame a honrar tu santo nombre y a amar a los demás como Tú me amas.
Solo Dios puede transformar un alma manchada por el pecado en una obra maestra de su gracia.

El Evangelista

La humanidad ha visto a grandes hombres y mujeres que, gracias a sus cualidades, han prestado un gran servicio a la sociedad. Muchas de sus experiencias han servido para reconocerlos y a la vez servir de ejemplo, como es el caso del Ministro de Dios, Pedro Cartwright, poderoso y valiente evangelista.
evangelistaEn sus comienzos pastorales, fue invitado a predicar en una de las iglesias de la ciudad de Nashville, capital del Estado de Tennessee, en la región sur de Estados Unidos de Norteamérica. Cuando iba a comenzar su sermón, el pastor de aquella iglesia le habló al oído y en voz muy baja, le dijo: “Acaba de entrar el señor Andrés Jackson: Tenga cuidado de no decir algo que lo ofenda”. En aquel tiempo el señor Jackson era el Presidente de ese país. Se dice que el señor Cartwright comenzó su sermón más o menos de esta manera: “Me acaba de decir vuestro pastor, que el Presidente señor Andrés Jackson, está en la congregación y que debo tener cuidado con lo que yo diga para no ofenderlo; pero digo esto: Si Andrés Jackson no se arrepiente de sus pecados y no cree en el Señor Jesucristo, Dios condenará su alma de la misma manera que condenará la de un negro de Guinea”. Se cuenta que desde aquel día, el señor Jackson fue un buen amigo del evangelista.

Escuchar con amor

Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14
Inline image 1Una noche, un joven misionero habló en nuestra pequeña iglesia. El país donde él y su esposa servían atravesaba una gran agitación religiosa, y se consideraba demasiado peligroso para los niños. En uno de sus relatos, contó un episodio desgarrador cuando su hija le pidió que no la dejara en un internado.
En ese entonces, yo acababa de recibir la bendición de ser padre de una niña, y la historia me turbó. ¿Cómo pueden padres amorosos dejar así sola a su hija?, me pregunté. Cuando la charla terminó, estaba tan nervioso que pasé por alto la invitación de ir a ver al misionero. Salí apurado de la iglesia, exclamando mientras me iba: «Cuánto me alegro de no ser como…».
En ese instante, el Espíritu Santo hizo que me detuviera. Ni siquiera pude terminar la frase. Allí estaba yo, repitiendo casi literalmente lo que el fariseo le dijo a Dios: «Gracias, porque no soy como los otros hombres» (Lucas 18:11). ¡Qué disgustado estaba conmigo mismo! ¡Sumamente decepcionado habrá estado el Señor! Desde aquella noche, le he pedido a Dios que me ayude a escuchar a los demás con humildad y control, mientras ellos derraman su corazón mediante una confesión, un sentimiento o un dolor.

Cómo vencer los temores

¿Se considera usted una persona libre? Lo más probable es que sea así. Pero quizás, en lo más recóndito de su pensamiento, se hace esta pregunta: ¿Soy realmente libre?
Vivimos en un mundo que tiene una rica herencia en cuanto a libertad e independencia. Pero muchas personas no están viviendo en libertad; están atadas por cadenas invisibles que les impiden alcanzar su pleno potencial. Estas cadenas están constituidas por ataduras que han sido fundidas y formadas en las llamas del temor.
Una vez que esta devastadora emoción se apodera del corazón de una persona, es difícil romper sus ataduras pero se puede lograr. Aunque las garras del temor son fuertes, no son más poderosas que el poder de Jesucristo. El Salvador dijo a sus discípulos: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8.31, 32).
¿Cómo podemos liberarnos de la esclavitud del temor? Sólo hay una manera, y es a través de la fe en Jesucristo. Pero antes de que lo podamos hacer, debemos llegar a un punto en que reconozcamos que estamos luchando contra un enemigo mortal, y que necesitamos la ayuda de Dios.
¡No tengo miedo!
El niñito dirigió su mirada a los ojos de su madre, y le dijo: “No tengo miedo. ¡Quiero acampar esta noche afuera con mis amigos!” Su madre accedió al pensar en la situación. El niño estaría en un patio cercado, y ella podría oír todo lo que él hiciera; lo más probable es que estaría pendiente, para asegurarse de que él y sus amigos estuvieran libres de peligros. Y si llegaban a necesitar algo, podrían fácilmente entrar en casa.
Esto fue exactamente lo que sucedió. Como a las 2 de la madrugada, escuchó que la puerta de atrás se abrió y luego se cerró. Se levantó, tomó su bata de dormir, y bajó de prisa las escaleras para ver cómo estaba su hijo. Cuando encendió las luces de la cocina, vio a su hijo y a dos de sus mejores amigos teniendo en sus manos los sacos de dormir y una bolsa de galletas de chocolate hechas migajas. Al darse cuenta de su nerviosismo, preguntó: “¿Qué pasó, hijo?”
“Hay algo afuera”, respondió su hijo. “No sé qué es, pero nos gruñó. Lo oímos en el patio. ¡Quizá era un perro grande, un zorro furioso, o un oso inmenso!” Tratando de no sonreír al pensar en sus imaginarios enemigos, ella dijo: “¿Por qué, entonces, no se van a dormir al estudio, y ya por la mañana regresan a la carpa? Les prepararé el desayuno cuando se despierten”.
El estado de ánimo del grupo se volvió más alegre de inmediato. Ella no se molestó en mencionar el hecho de que las posibilidades de encontrarse casualmente con un zorro o un oso eran muy pocas, especialmente porque vivían dentro de una ciudad muy poblada.
El temor ataca sin avisar. Nos tienta a creer cosas que no sucederán o que no pueden suceder, y nos deja sintiéndonos inútiles y sin esperanza. Cada día, somos bombardeados con palabras y mensajes que tienen la capacidad de provocar sentimientos de temor y turbación dentro de nosotros. Póngase a oír las noticias, y lo más probable es que escuche un deprimente informe sobre la economía y otros asuntos que generarán pánico en su corazón.
A menudo, las agencias de noticias transmiten informaciones con el fin de crear una respuesta emocional en quienes las ven y las oyen, o que visitan sus sitios web. Para que más personas vean y oigan sus programas, llegan a ellas con mensajes que producen la mayor respuesta. Por lo tanto, piensan y actúan, si el fuego del temor funciona, se prende la llama.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La envidia

“…No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo; porque ciertamente hay fin, y tu esperanza no será cortada…” Proverbios 23:17-18.
Cuando vemos prosperar a los malvados somos propensos a envidiarlos. Cuando oímos el ruido de su júbilo, y nuestro propio espíritu está decaído, hasta llegamos a pensar que ellos se llevan la mejor parte.
Resultado de imagen de La envidiaEsto es insensato y pecaminoso. Si los conociésemos mejor, y especialmente si recordásemos su fin, les tendríamos lástima.
El remedio para la envidia radica en una vida bajo un constante sentido de la presencia divina, adorando a Dios y teniendo comunión con Él a lo largo de todo el día, independientemente de lo largo que parezca. La verdadera comunión con Él levanta al alma a una región más elevada, donde el juicio se torna más claro y los deseos son más elevados. Entre más porción de cielo haya en nuestras vidas, menos porción de la tierra ambicionaremos. El temor de Dios echa fuera la envidia de los hombres.
El golpe mortal para la envidia es una calmada consideración del futuro, en la que la riqueza y la gloria de los impíos son un vano espectáculo. Esa apariencia pomposa destella durante un rato,... y luego se extingue.
¿En dónde estará mejor el próspero pecador por su prosperidad cuando le sobrevenga el juicio? En cuanto al hombre piadoso, su fin es paz y bienaventuranza y nadie podría robarle su gozo; por tanto, el hombre piadoso ha de renunciar a la envidia, y ha de llenarse de dulce contentamiento.

Amor en acción

Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. Filipenses 2:3
«¿Tiene alguna prenda que le gustaría que le lave?», le pregunté a alguien que nos visitaba en Londres. Se le iluminó el rostro y, cuando se acercó su hija, le dijo: «Trae la ropa sucia. ¡Amy la va a lavar!». Sonreí al ver que mi ofrecimiento había pasado de unas pocas prendas a varios montones.
Más tarde, mientras colgaba la ropa al aire libre, me vino a la mente una frase de mi lectura bíblica matinal: «con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a uno mismo» (Filipenses 2:3). Había estado leyendo la carta de Pablo a los filipenses, en la que los exhorta a vivir a la altura del llamado de Cristo, sirviendo y estando unidos los unos con los otros. Enfrentaban persecución, pero el apóstol quería que tuvieran un mismo sentimiento. Sabía que esa unidad, fruto de su unión con Cristo y expresada en el servicio mutuo, les permitiría mantenerse fuertes en la fe.
Podemos afirmar que amamos a los demás cuando no tenemos, para con ellos, ambiciones egoístas ni vana arrogancia, pero la verdadera condición de nuestro corazón solo se revela cuando ponemos en práctica ese amor. Aunque estuve tentada a quejarme, sabía que, como seguidora de Cristo, mi llamado era a poner en práctica mi amor a mis amigos… con un corazón limpio.

Señor, muéstrame formas de servir a familiares, amigos y vecinos para tu gloria.
La gracia de la unidad resulta del servicio mutuo.

Bienaventurado...

En tiempos de crisis, cuando parece que todo se vuelve en contra, cuando en nuestra sociedad vivimos tiempos difíciles a nivel familiar, económico, de relaciones, de trabajo, en la iglesia y nación, la palabra BIENAVENTURADO sigue existiendo en la palabra de Dios, sin inmutarse ni variar por lo que actualmente estemos viviendo… Bienaventurado... aparece no solo en el Sermón del Monte sino, según algunas concordancias bíblicas, en 27 ocasiones diferentes.
Pero, ¿qué es ser bienaventurado? Es “ser 3 veces dichoso” o “ser 3 veces feliz”. Profundicemos en estas palabras que pueden permitirnos ser más que felices; ser feliz en estos tiempos ya es mucho, y ser 3 veces feliz es el camino hacia una vida plena y abundante de paz y gozo, que solamente puede venir del corazón de un Padre amante que quiere lo mejor para nosotros.


Ser bienaventurado requiere voluntad de superación ante una situación, es una cualidad y experiencia que, combinadas, constituyen el carácter ideal. ¿Queremos ser tres veces felices?, ¿tres veces dichosos? Comencemos por buscar qué tenemos que hacer para encontrar y vivir esa felicidad que Dios quiere darnos durante nuestro paso por esta tierra.


Señor, quiero vivir una vida feliz contigo si es posible, y no solamente ser dichoso, sino triplicar esa dicha, que es el deseo de tu corazón hacia nosotros, igual que como padres deseamos ver a nuestros hijos fuertes, grandes, felices, llenos de vida. Asimismo Tú nos ves y deseas que alcemos esa felicidad que has preparado para nosotros. Quiero ser bienaventurado/a, necesito tu carácter y tus pensamientos en mí para lograrlo, para poder ver no solo el tiempo que estoy viviendo sino ver con los ojos de la fe todo eso que Tú.. sí puedes ver. ¡Amén!