Jesús me escogió aunque todos me despreciaron. Él no se fijó en la condición en que me encontraba, Él me recibió tal como estaba y me dio valor. Jesús hizo un pacto por mi vida en la Cruz del Calvario y su Manto de Gracia me ha dado vida y valor. Hoy el Señor viene a recordarte que aunque te hayan despreciado o desvalorizado, tú tienes valor para el Señor, eres altamente estimado/a para el Señor, su amor por ti no se compara con las piedras preciosas. Dios es el Rey de reyes y Señor de señores. Él es el Creador de los cielos y de la tierra y todo lo que existe en los cielos y más arriba de los cielos, y todo lo que existe en la tierra y debajo de la tierra, lo creo Dios pensando en ti. Dios siempre nos tiene en Su mente y nos visita.
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
viernes, 30 de septiembre de 2016
Dios me dio valor
Sea verdadero y claro
—Tú, ¿quién eres?
Entonces Jesús les dijo:
—Lo que desde el principio os he dicho. 26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero, y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.
27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre. Juan 8:25-27
¿Es importante ser veraz y claro en lo que decimos? Sí, porque Dios detesta la hipocresía, las verdades a medias, el fingimiento, el hecho de acomodarse a las circunstancias, las mentiras, los barnices religiosos, la apariencia de piedad y de santidad. ¡A Dios no le gusta nada de esto! Él quiere que seamos veraces.
Mi sinceridad tal vez sea probada y despreciada, pero padecer “como cristiano” (1 Pedro 4:16) no es motivo de vergüenza; esto no tiene nada de especial. El Señor Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Palabras que importan
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida... 1 Juan 1;1
En mis inicios como editor,
elegía el versículo para la portada del libro que escribía. Poco después, comencé a
preguntarme si eso tenía importancia.En esto, una lectora me escribió diciendo que había orado por su hijo más de 20 años, pero que él no tenía ningún interés en Jesús. Un día, fui a verlo y le leí el versículo de la portada del libro. El Espíritu usó esas palabras para convencerlo de pecado, y aceptó a Jesús como Salvador en ese momento.
No recuerdo el versículo ni el nombre de la mujer, sin embargo, nunca olvidaré la claridad del mensaje de Dios para mí de ese día. Lo que sí recuerdo es que casi un año antes, Él había escogido esas palabras de un texto bíblico para que, al comunicárselas, respondiera a las
oraciones de esa madre. Desde el más allá, aplicó la maravilla de su Presencia a
mi trabajo con sus palabras.
Juan llamó a Jesús el "Verbo de vida" (1 Juan 1:1).
Quería que todos supieran lo que eso significaba. Os anunciamos la vida eterna,
la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó, escribió de Jesús. 1 Juan 1;2. Lo
que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis
comunión con nosotros (verso 3).
No hay nada mágico en poner palabras en un papel, pero sí hay poder en las palabras de la Escritura, que transforman la vida,
porque ellas nos señalan al Verbo de vida: Jesús.
Señor,
háblame hoy por tu Palabra.
Las palabras
que nos señalan a Cristo son siempre palabras que importan.
jueves, 29 de septiembre de 2016
10 Conceptos Transferibles - Concepto 6
Cómo puede dirigir usted a otros a Jesucristo
Una de
las cosas más valiosas que usted puede hacer por otra persona es hablarle sobre Jesucristo, y la forma como ha sido salvo de sus pecados por medio de su fe en Él. No
tiene por qué ser un pastor o un excelente orador para poder dirigir a otros a
Jesús. Si usted es cristiano y está lleno del Espíritu Santo por medio de su
fe, tenga la seguridad de que tiene la habilidad de dirigir a otros a
Jesucristo y ver a mucha gente poner su fe en Él. Jesús le dijo a sus
discípulos "Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos…" (Hechos 1:8)

"Id
por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15)
“Pero
recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me
seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la
tierra” Hechos 1:8
“Porque
serás testigo suyo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído.” Hechos
22:15
Los cristianos solo tienen un Maestro
Uno es vuestro Maestro, el Cristo. Mateo 23:8
No vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. Marcos 9:8
No vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. Marcos 9:8
A sus amigos que se hacían llamar por su nombre, un reformador decía: les ruego que dejen de valerse de mi nombre y llámense simplemente "cristianos". Yo no fui crucificado por nadie. Ni soy ni quiero ser el maestro de nadie. Cristo es nuestro único Maestro.
Ante una multitud entusiasta que quería adorarlos, Bernabé y Pablo reaccionaron enérgicamente, diciendo: “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros” (Hechos 14:15). ¡Qué dispuestos estamos a seguir a un hombre! Y también, ¡qué presto está un hombre a presentarse como "maestro" ante sus semejantes, o como intermediario entre Cristo y los hombres! Cuando Jesús estaba en la tierra, invitaba a quienes encontraba a seguirlo, y les mostraba el peligro de seguir a "extraños” (Juan 10:5).
Cristianos, no nos equivoquemos, uno solo es nuestro Maestro, Jesucristo, quien dio su vida por nosotros. Debemos respetar a todos los hombres, honrar a nuestros hermanos y tener a algunos “en mucha estima y amor por causa de su obra” (1 Tesalonicenses 5:13), pero a quien debemos seguir es a Cristo, el único digno de nuestra adoración. ¿A quién iremos?, dijo Pedro, dirigiéndose a Jesús (Juan 6:68). Solo Él tiene “palabras de vida eterna”, solo Él es nuestro Dios Salvador.
¿A quién pues acudir?
Tu voz de encantos llena
nos dice: No temáis,
siempre confiad en mí; consuelo Tú nos das,
De gozo el alma plena;
¿A quién pues acudir, ¡oh Jesús! sino a ti?.
Tu voz de encantos llena
nos dice: No temáis,
siempre confiad en mí; consuelo Tú nos das,
De gozo el alma plena;
¿A quién pues acudir, ¡oh Jesús! sino a ti?.
¿Cuáles son los argumentos bíblicos más sólidos de la divinidad de Cristo?
Aunque estas menciones directas son suficientes para demostrar que la Biblia afirma que Jesús es divino, podría resultar más efectivo un enfoque más indirecto. Jesús en repetidas ocasiones se colocó en el lugar de Yahvé, asumiendo las facultades divinas del Padre. A menudo, Él estuvo haciendo y diciendo cosas que solo Dios tenía derecho a decir y hacer. Jesús también se refirió a sí mismo de diferentes maneras, con las cuales insinuó su deidad. Algunos de estos casos nos proporcionan la prueba más contundente del auto-entendimiento divino de Jesús.
En Marcos 14, Jesús está acusado en su juicio delante del sumo sacerdote. "El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo" (Marcos 14:61-62). Aquí, Jesús se está refiriendo al libro de Daniel en el Antiguo Testamento, donde el profeta Daniel afirma, "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido" (Daniel 7:13-14).
En esta referencia a la visión de Daniel, Jesús se identifica a sí mismo como el Hijo del hombre, una persona a quien le fue dado "dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran". El Hijo del hombre tiene un dominio que es eterno y no pasará. Inmediatamente vienen las preguntas, ¿qué clase de persona tiene un dominio que es eterno?, ¿a qué clase de persona se le otorga un reino donde todos los hombres le servirán? El sumo sacerdote, que escuchó la afirmación de Jesús respecto a la divinidad, inmediatamente rasgó su manto y declaró a Jesús culpable de blasfemia.
¿Qué es el don de hablar en lenguas?
Una persona con el don de interpretar lenguas (1ª Corintios 12:30) podría entender lo que uno que habla en lenguas está diciendo, aunque no conozca el idioma que está siendo hablado. El intérprete de las lenguas comunicaría entonces, el mensaje del que habla en lenguas a todos los demás, de manera que todos pudieran entender. “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla” (1ª Corintios 14:13). La conclusión de Pablo en cuanto a lenguas no interpretadas es poderosa, “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1ª Corintios 14:19).
miércoles, 28 de septiembre de 2016
El impacto de la fe
No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Isaías 43:1
Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo. Efesios 1:13
"Me crié en una familia cristiana hasta los 18 años, y luego viví como me parecía con un aparente éxito. Pero nada podía colmar el vacío que había en lo profundo de mi corazón…
Un día, en el año 1995, sola en mi habitación en un país africano, estaba leyendo la parábola del evangelio en donde Cristo explica que varios siervos recibieron una cantidad de dinero (los talentos), que debían hacer producir para su maestro (Mateo 25:14-30). Uno de ellos escondió su talento en la tierra, y más tarde tuvo que reconocer que no había producido nada. De repente, una voz interior me dijo: ¿Qué has hecho con ese único talento? Ese tesoro que tienes en tus manos, que tus padres te enseñaron, ¿qué hiciste con él? Entonces el miedo me embargó, pensé que yo también, como el siervo de la parábola, ¡iba a ser echada fuera, en la noche, lejos de Dios!
Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo. Efesios 1:13
"Me crié en una familia cristiana hasta los 18 años, y luego viví como me parecía con un aparente éxito. Pero nada podía colmar el vacío que había en lo profundo de mi corazón…
Un día, en el año 1995, sola en mi habitación en un país africano, estaba leyendo la parábola del evangelio en donde Cristo explica que varios siervos recibieron una cantidad de dinero (los talentos), que debían hacer producir para su maestro (Mateo 25:14-30). Uno de ellos escondió su talento en la tierra, y más tarde tuvo que reconocer que no había producido nada. De repente, una voz interior me dijo: ¿Qué has hecho con ese único talento? Ese tesoro que tienes en tus manos, que tus padres te enseñaron, ¿qué hiciste con él? Entonces el miedo me embargó, pensé que yo también, como el siervo de la parábola, ¡iba a ser echada fuera, en la noche, lejos de Dios!
Desalentada, buscaba una respuesta… ¡Me sentía perdida!
Entonces tuve la impresión de que alguien me ponía un sello en el corazón, similar al que antiguamente se utilizaba para estampillar una carta con un sello de cera. Me había sucedido algo nuevo, ya no me pertenecía a mí misma, pues alguien me había sellado. Sentía dolor, pero al mismo tiempo experimentaba un gozo inexplicable. Caí de rodillas, llorando, y al fin pude decir: «¡Señor Jesús!». Todo mi triste pasado desfilaba ante mí, pero glorificaba a Dios por haberme liberado y aceptado tal como era. Sentí que se me quitaba un peso inmenso y me sentí libre como un pájaro. ¡Desde ese día vivo con el Señor!"
Entonces tuve la impresión de que alguien me ponía un sello en el corazón, similar al que antiguamente se utilizaba para estampillar una carta con un sello de cera. Me había sucedido algo nuevo, ya no me pertenecía a mí misma, pues alguien me había sellado. Sentía dolor, pero al mismo tiempo experimentaba un gozo inexplicable. Caí de rodillas, llorando, y al fin pude decir: «¡Señor Jesús!». Todo mi triste pasado desfilaba ante mí, pero glorificaba a Dios por haberme liberado y aceptado tal como era. Sentí que se me quitaba un peso inmenso y me sentí libre como un pájaro. ¡Desde ese día vivo con el Señor!"
El arco iris
En la tierra de Génesis, capítulo 2, no había llovido aún. No obstante, el exceso de lluvia de los días de Noé (Génesis cap. 6) sirvió para destruir hombres, bestias y aves de los cielos sobre la faz de la tierra. Cuando hubo terminado el diluvio (Génesis 9:13-15), el Señor puso en los cielos su señal para Noé y las generaciones venideras, el arco iris.
Una gran parte de mi vida he vivido en la ciudad o cerca de ella, de manera que ver un arco iris se hace más difícil que en el campo. Sin embargo, recuerdo con alegría y entusiasmo, esos célebres momentos de mi niñez en los que en plena ciudad se podía divisar un gigantesco y nítido arco iris en el cielo.
Pero invariablemente, el bello espectáculo del arco iris pintado en el cielo por el Gran Maestro, es precedido por un tiempo de lluvia. ¡Cómo odiaba la lluvia! Había que permanecer en casa, "resguardadito”, hasta que pasara para poder salir a jugar.
Cuando crecí, aprendí que esos tiempos de lluvia eran tan necesarios para la salud, la tierra, plantas y animales, como lo es un día soleado.
“La lluvia es también dádiva de Dios; nada llovió hasta que Dios hizo llover. Aunque Dios obra usando medios, cuando le agrada puede, no obstante, hacer su obra sin valerse de ellos; y nosotros no hemos de tentar a Dios descuidando los medios, debemos confiar en Él tanto en el uso como en la falta de medios. De una u otra manera Dios regará las plantas de su plantío.” (Matthew Henry)
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