lunes, 27 de junio de 2016

El Poder del Espiritu Santo

Sin duda muchos cristianos nos preguntamos: ¿Por qué necesito el conocimiento y el poder del Espíritu Santo en mi vida? Tengamos poco o mucho tiempo de creyentes en Jesús de Nazaret como nuestro Salvador y Señor, todos necesitamos la sabiduría, el poder y la dirección del Espíritu Santo para vivir conforme a la nueva vida que hoy tenemos por Él.
En la palabra de Dios, la Biblia, que es nuestra norma de fe y conducta, encontramos varias razones, entre ellas las siguientes:
1. El Espíritu Santo enseña, guía y capacita a vivir según la verdad espiritual que Jesucristo enseñó.
San Juan cita las palabras de su Maestro: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14.26; 16.13).

2. 
El Espíritu Santo glorifica a nuestro Salvador; constantemente honra, exalta y celebra lo que Jesucristo ha hecho y hace por nuestra salvación y santificación.
Jesús mismo afirma: “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16.14).

3. 
Cumple con la tarea de proclamar la buena noticia de que Jesús de Nazaret es el único Salvador y Señor del universo, comenzando por nuestra familia, amistades, vecindarios, hasta llegar a todo rincón del mundo. Necesitamos el poder y la habilidad que el Espíritu Santo genera.
El Señor dijo a sus discípulos: “…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.8).
4. Después de ser adoptados como hijos de Dios por la fe en Jesucristo, Dios envía el Espíritu Santo a nuestro corazón para confirmar que somos sus hijos, herederos y coherederos con Cristo de su reino (Romanos 8.15-17).
Después de esta experiencia personal tenemos la libertad, la seguridad y la plena confianza de dirigirnos a Dios como nuestro querido Padre, igual que su Hijo unigénito, manifestando obediencia a su voluntad (Marcos 14.36).

Éste es el camino

No importa lo que le haya ocurrido en su vida, aunque haya sido abandonado por su cónyuge, abusado por sus padres o herido por sus hijos o por otros, pues si permanece en el camino angosto, como Dios le indica, y deja atrás todo el exceso de equipaje carnal, encontrará la paz, el gozo y la satisfacción que busca. Mientras atraviesa este proceso, puede hallar consuelo y guía en la promesa de Dios de Isaías 30:21. Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: Éste es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda. 
Jesús es el Camino, y nos ha mostrado el camino en el que debemos andar. El Señor ha enviado sobre nosotros su Espíritu Santo para conducirnos y guiarnos en la senda por la que debemos transitar, el camino angosto que lleva a la vida y no el ancho que conduce a la destrucción. Suceda lo que suceda, debemos seguir caminando en los caminos del Señor. Gálatas 6:9 nos anima: “No nos cansemos de hacer el bien, porque, a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos”. La Biblia no promete que cuando hagamos el bien recibiremos las recompensas de inmediato, pero sí nos asegura que si seguimos haciendo el bien, finalmente seremos recompensados.

domingo, 26 de junio de 2016

¿Cómo era Jesús?

La Biblia no da nunca alguna descripción física de Cristo. Lo más cercano que podemos ver a una descripción está en Isaías 53:2b, “No hay parecer en él, ni hermosura; lo veremos, mas sin atractivo para que lo deseemos.” Todo esto nos dice que la apariencia de Jesús era la de cualquier otro hombre, su apariencia era normal. Isaías estaba profetizando aquí, que la venida del Siervo sería en condiciones pobres y no usaría ninguno de los emblemas usuales de la realeza, teniendo Su verdadera identidad visible únicamente con el discernimiento del ojo de la fe.

Isaías describe después la apariencia de Cristo cuando fuera azotado antes de Su crucifixión. “De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres.” (Isaías 52:14). Estas palabras describen la inhumana crueldad que Él sufrió, hasta el punto que ya no parecía un ser humano (Mateo 26:67;27:30Juan 19:3). Su apariencia era tan terrible que la gente lo veía asombrada.

La mayoría de las imágenes que tenemos de Jesús hoy probablemente no sean fieles. Jesús era un judío, así que es muy posible que tuviera la piel morena, los ojos oscuros y el cabello negro. Esto está muy lejos de la representación del pelo rubio, los ojos azules y la piel blanca de muchas imágenes modernas. Una cosa es segura: si fuera importante para nosotros saber realmente cómo era, Mateo, Pedro y Juan, quienes pasaron tres años con Él, ciertamente podrían darnos una descripción precisa, así como lo harían Sus hermanos, Jacobo y Judas. Sin embargo, estos escritores del Nuevo Testamento no ofrecen detalles acerca de Sus atributos físicos.



El desafío del creyente

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Marcos 8:36
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo… El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:15, 17
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El mundo, la sociedad organizada en la que vivimos, ejerce una presión tan grande y quiere ofrecernos tanto, que corremos el riesgo de pasar nuestra vida corriendo tras las vanidades. Dinero, bienes materiales, ocio, popularidad y cultura no pueden ser el objetivo principal de nuestra vida, pues esos supuestos valores son efímeros.
Seamos consecuentes, detengámonos un momento para hacer balance y hagámonos las verdaderas preguntas: ¿Qué estoy buscando? ¿Cuál es mi proyecto de vida?
Recordemos lo que Cristo dijo: Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21). Lo que amamos, nuestro “tesoro”, nos ata y nos transforma. Si amamos el mundo y sus placeres, quizá todo vaya bien durante algún tiempo. Pero nuestra sed de felicidad no estará verdaderamente satisfecha, y perderemos nuestra vida. Respondamos más bien a la invitación de Dios, vayamos a Jesucristo, quien nos dará una paz, un gozo y una esperanza que traspasan todo, incluso la muerte.
El desafío para nosotros, cristianos, es vivir en el mundo sin dejar que el mundo viva en nosotros. Si buscamos primero el reino de Dios, es decir, la presencia del Señor en cualquier circunstancia, podremos vivir felices sin estar ligados a los valores y las prioridades del mundo. Así, nuestra vida en este mundo será realmente benéfica para nosotros y para nuestro entorno, y honrará al Señor.

La montaña gigante

Una montaña alcanza los 27 kilómetros de altura, mientras el monte Everest, el más alto de la Tierra, tiene una altura de 8.848 metros, casi 9 kilómetros. Esa montaña gigantesca se llama Olympus y está ubicada en el planeta Marte. La base del monte se extiende más de 600 kilómetros. La llamaron Monte Olympus, en homenaje a la montaña que era residencia de los dioses, según la mitología griega.
el everstPorque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Marcos 11:23
Es realmente impresionante el tamaño de la montaña que existe en Marte. El monte Everest es casi nada a su lado. Las elevaciones montañosas son parte de la geografía terrestre, y constituyen la atracción de deportistas de montaña, que son seducidos para escalarlas y hollar sus cumbres. Es su manera de vencerlas para descender victoriosos.

El embudo de Dios

“…Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan…” Mateo 7:13-14
El señor Jesús nos indica que hay dos caminos que el hombre puede seguir: el camino ancho que lleva a la destrucción y el camino angosto que lleva a la vida eterna.
La persona cuando cree en Jesús, es sacada por el poder del Espíritu Santo del camino ancho y puesto por la gracia de Dios en el camino angosto, y eso lo podemos denominar como “El embudo de Dios”.
Cuando usted quiere llenar de líquido una botella con cuello angosto, y lo va a hacer con una taza grande, necesita un embudo para, literalmente, obligar al líquido a entrar en la botella sin que se derrame o desperdicie ni una gota.
Dios tiene un embudo, por así decirlo, que le permite a Él, sacarlo a usted (pequeña criatura) de la muchedumbre y colocarlo exactamente donde Él quiere colocarlo.
Si usted pudiera examinarlo, se daría cuenta que el embudo de Dios está hecho de diferentes problemas, personas, sucesos, circunstancias adversas, situaciones complejas en su vida, presiones financieras, matrimonio en crisis, situaciones familiares difíciles y crisis en la Iglesia inclusive, por nombrar solo unos cuantos.
Pues sí, querido hermano, todos los problemas de tu vida están diseñados y calculados por Dios, para inducirte a entrar por el Embudo de Dios, al camino angosto que un día te llevará a Su divina presencia, donde los problemas no serán más una preocupación sino que la adoración, la oración y la alabanza serán el curso normal de tu vida.

sábado, 25 de junio de 2016

Jesús completó el trabajo por mí

Jesús completó el trabajo por mí. No puedo hacer nada para lograr mi paz, porque Él ya me la dio.

Juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,  para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe, Efesios 2:6-9.
Son muchas las veces en que me olvido de mi posición y solo me concentro en mi condición. Sin embargo, el deseo de Dios para mí es que mi condición esté al mismo nivel de mi posición. Mi naturaleza humana, débil y caída, quiere convencerme de que mi condición jamás podrá llegar a ser y estar en el mismo nivel de mi posición, pero realmente eso es mentira.
Sí puedo llegar a nivelar mi condición a mi posición en Cristo, porque la Biblia me lo promete.
Mi posición ante Dios y en Cristo es una posición de sentado. Pablo dice en Efesios “y juntamente con él, Cristo, me resucitó y así mismo me hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. No dice que me sentará, dice que ya estoy sentado.
La vida cristiana no comienza caminando, ni corriendo, sino sentándome. Estar sentado implica por lo menos tres cosas en las cuales necesito reflexionar:

¿Derrota o victoria?

… esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. 1 Juan 5:4
Inline image 1Todos los años, el 18 de junio, se recuerda la gran Batalla de Waterloo en lo que ahora es Bélgica. Ese día, en 1815, el ejército francés de Napoleón fue vencido por la fuerza multinacional comandada por el duque de Wellington. Desde entonces, Waterloo se asocia muchas veces con la idea de sufrir una derrota a manos de alguien más fuerte o de un problema demasiado difícil.
En la vida espiritual, algunos sienten que el fracaso es inevitable, y que es solo cuestión de tiempo hasta que cada uno "enfrente su Waterloo". Sin embargo, Juan refutó esta visión pesimista al escribir a los seguidores de Jesús: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4).

Libres del pecado

La verdadera libertad es aquella que se gesta en lo profundo del espíritu.
Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1
La Nueva Traducción Viviente traduce esta porción del texto: … quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar…. 
La frase tan fácilmente nos hace tropezar recuerda una experiencia que tenemos de niños. Se trata de la operación para quitar las amígdalas. Hace unos cuantos años no se utilizaba una inyección para dormir al paciente, sino gas. La sensación de ahogo que producía el gas inducía pánico en muchos niños, por lo que los médicos optaban por envolver en una sábana al paciente. De esta manera, el niño se veía impedido de moverse y arrancarse la máscara de la cara. 
El término en griego tiene específicamente ese sentido: es como si nos encontráramos envueltos en una sábana y nuestros movimientos se volvieran limitados y trabajosos.