Hace un tiempo dos tipos comenzaron a rondar en un barrio, buscando una casa que les permitiera entrar a robar. Habiendo seleccionado un chalet muy bonito, regresaron de madrugada y saltando un muro se dispusieron a robar. Buscaron en varias ventanas la posibilidad de entrar a la propiedad, hasta que encontraron una que les fue fácil abrir, y uno de ellos se introdujo al interior. La familia dormía plácidamente, ajena al peligro que se cernía sobre ellos. El delincuente con una pequeña linterna, comenzó a meter en el saco que portaba, los artículos que consideraba de fácil reducción.
La casa era de dos pisos. Entregó a su compañero el saco, y le indicó que subiría. Descalzo, subió las escaleras y entró al dormitorio matrimonial, donde a un costado de la cama estaba una cuna con un bebé durmiendo. Tomó lo que pudo, y cuando se disponía a bajar, la criatura se movió y a punto de llorar, rápidamente el ladrón tomó la cuna y comenzó a mecerla, y el bebé volvió a quedarse dormido. Ambos ladrones alcanzaron la calle con un buen botín.

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