domingo, 28 de febrero de 2016

La práctica de la presencia de Dios (4)

Y 4ª conversación que mantuvo Nicolás Hermann, el Padre Lorenzo, con Fray José de Beaufort.

El Hermano Lorenzo conversó conmigo muy frecuentemente, y con gran apertura de corazón, respecto a la manera de ir a Dios, de lo cual ya hemos mencionado algo. Me decía que todo consiste en una renuncia de corazón, a todas las cosas que nos impiden llegar a Dios. Podemos acostumbrarnos a conversar continuamente con Él con libertad y simplicidad. Para dirigirnos a Él a cada momento, solo necesitamos reconocer íntimamente que Dios está presente con nosotros, y que podemos pedir su ayuda para conocer su voluntad en cosas dudosas y para hacer correctamente aquellas otras que entendemos claramente lo que Él requiere de nosotros. En nuestra conversación con Dios, también deberíamos alabarlo, adorarlo y amarlo por su infinita bondad y perfección. Sin desanimarnos por la suma de nuestro pecados, deberíamos orar pidiendo su gracia con una confianza perfecta, confiando en los méritos infinitos de nuestro Señor, porque Dios nunca deja de ofrecernos su gracia continuamente. El Hermano Lorenzo percibió esto con gran claridad. Dios nunca dejó de ofrecerle su gracia excepto cuando sus pensamientos comenzaban a vagar y perdían su sentido de la presencia de Dios, o cuando se olvidaba de pedirle ayuda. 

Cuando no tenemos otro propósito en la vida excepto el de agradarle, Dios siempre nos da luz en nuestras dudas. Nuestra santificación no depende de un cambio de actividades, sino de hacer para la gloria de Dios, todo aquello que normalmente hacemos para nosotros mismos. Él pensaba que era lamentable ver como mucha gente confundía los medios con el fin, dedicándose a hacer ciertas cosas que hacían muy imperfectamente, debido a sus consideraciones humanas egoístas. El método más excelente que había encontrado para ir a Dios era el de hacer las cosas más normales sin tratar de agradar a los hombres, sino puramente por amor a Dios. 

El Hermano Lorenzo sentía que era un gran engaño pensar que los momentos dedicados a la oración eran diferentes de otros momentos del día. Estamos íntimamente obligados a unirnos a Dios por medio de la acción... en el tiempo de la acción, y por medio de la oración... en el tiempo de oración. Su propia oración no era nada más que un sentido de la presencia de Dios, cuando y porque su alma no era sensible a nada excepto al Amor Divino. Y cuando terminaban los momentos dedicados a la oración, no hallaba ninguna diferencia porque seguía estando con Dios, alabándolo y bendiciéndolo con toda su capacidad. Así pasaba su vida en un gozo continuo, aunque esperaba que Dios permitiría que le sobrevinieran algunos sufrimientos cuando estuviera más fortalecido. 

¿Cómo es el cielo?

Si se les preguntara a varias personas si creen que hay un lugar llamado cielo, la mayoría probablemente diría que sí. Pero si se les pregunta cómo es o cómo se puede llegar allí, seguramente habría varias respuestas. Aunque muchas personas se aferran a la creencia en el cielo y esperan ir allí cuando mueran, muy pocas tienen una idea precisa del mismo.
Puesto que los seres humanos estamos atados a la tierra hasta la muerte, son frecuentes los conceptos equivocados acerca del cielo. Algunas personas lo imaginan como un lugar donde flotan espíritus amorfos, o donde hay ángeles sentados en las nubes tocando arpas. Incluso las películas nos presentan su propia versión de lo que nos espera.
En medio de todas las opiniones confusas y contradictorias, debemos recordar que la única fuente segura de información precisa sobre el cielo es la Biblia. Dios nos da en sus páginas, destellos de escenas celestiales. Aunque podamos anhelar tener más detalles y descripciones, el Señor ha revelado lo que Él quiere que sepamos y, muy probablemente, solo lo que podemos entender. Nuestras limitaciones humanas nos impiden comprender adecuadamente, la gloria inimaginable que hay arriba. No tenemos ningún marco de referencia para entender lo que Dios ha preparado para nosotros (1 Corintios 2. 9). Tenemos más preguntas que respuestas.

sábado, 27 de febrero de 2016

Ánimo en medio de la lucha

Cuando el peso de las cargas parezca insostenible,
y tus pensamientos quieran limitar lo amplio de tu visión.
Cuando al tocar las puertas parecezca que todas están cerradas,
recuerda que Dios sigue teniendo el control de todo en tu vida.
Cuando fatigado o afligido quieras rendirte…
recuerda que Dios piensa que tú puedes afrontar esa responsabilidad
y salir airoso con gran victoria de ese reto.
Cuando la esperanza quiera desaparecer, persiste.
Porque la fe es esa voluntad que te ayuda a continuar aferrado,
aunque quisieras soltarte de todo cuanto has querido y creído.
Porque te ayuda a proseguir encaminado hacia la meta,
y te mantiene casi sin fuerzas, pero guerreando.
Cuando meditando en tus deberes y responsabilidades,
te angusties queriendo estallar porque el peso parezca doblegarte y sientas que vas a enloquecer o perder la razón,
Dios promete que ha de darte la cordura y la serenidad, para que camines en libertad y puedas desafiar los vientos de la adversidad.
No permitas que tu corazón se turbe.
No dejes que las tinieblas penetren en tu interior para dañar el panorama.
No te intimides a causa de los comentarios o palabras que algunos lanzan como espada tratando de destruirte.
Considera que de todas las perlas, tú eres la más hermosa.
Dios no desampara ni abandona a sus criaturas.
Aunque la lucha parezca cruel, tú vas a poder vencer.
Agárrate fuerte de Su mano y no vuelvas tu mirada atrás.
Deja que el tiempo apacigüe la mar embravecida,
Dios puede la tormenta calmar, los vientos contrarios se tranquilizarán.
No renuncies a un paso de la tierra prometida.
Si te has esforzado tanto, no es el momento de bajar la guardia.
Camina la milla extra, el esfuerzo y el empeño tarde o temprano
rinden sus frutos. ¡Camina, no te detengas!
Avanza con paso lento pero certero.
Eleva tu mirada al cielo, contempla la altura de la montaña.
Mira al sol brillando en su esplendor, considera las estrellas
cumpliendo su misión en medio de la noche, cubriendo el firmamento.
No te concentres en la espina que tiene la rosa,
ni veas las piedras como obstáculos para impedirte el paso.
Demuéstrate a ti mismo que eres más fuerte de lo que piensas.
No por tu potencia, sino por el apoyo de Dios.

El alpinista llega a la cima después de escalar la montaña.
El oro es purificado tras un fuerte trabajo en el fuego.
Nadie dijo que la vida sería fácil, pero sin temor a dudar,
quien nunca se rinde algo ha de ganar.

Querer, Creer Y Lograr

Cuando leí el enunciado: “Usted tiene el poder potencial de ser lo que quiere ser…. si está dispuesto a pagar el precio…”, que destacaba la portada de aquel primer libro de superación personal que cayó en mis manos, debo confesar que me produjo angustia, ansiedad y más preguntas:
¿Contaría yo con potencial suficiente?, ¿qué era eso?, ¿qué quería decir pagar el precio?
Yo estaba parada justo en el punto en que el ser humano adolece de discernimiento, madurez y claridad de metas. En la etapa en que lo claro se vuelve oscuro, y lo más viable parece imposible.
El autor Samuel A. Cypert, inspirado en la filosofía de Clement Stone y Napoleón Hill, dos hombres de empresa y éxito, decía que para alcanzar el éxito se requiere disciplina, una actitud mental positiva y, lo más importante, creer en uno mismo para lograr todo, que incluye posición económica, poder, felicidad y bienestar.
Había llegado la hora de iniciar el ascenso de la montaña existencial, y solo tenía dos alternativas; quedarme como estaba o arriesgarme y atreverme a cambiar mi vida, mi manera de pensar y de hacer.

La emboscada

1 Pedro 5:8 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar“
Como león rugiente,... ¿cómo caza el león? Este animal se acerca lentamente, rodea a su presa y espera el momento más oportuno para atacar; cuando la presa se siente más segura es precisamente, cuando el león aprovecha para estar más cerca, atacar y devorarla; así es como el león caza para alimentarse, y si la palabra de Dios te dice que Satanás anda como león rugiente, significa que te anda rondando a ver cuando te sales de tu cobertura para poder atacarte.
Cuando sales un poquito, para poder hacerte caer él anda cerca. Tiene demonios que nos siguen a todas partes, porque como no es Dios no puede estar en todos lados al mismo tiempo, puesto que solo Dios lo puede hacer. Así que, al diablo le toca comprar móviles para sus demonios, y así poder estar comunicados y saber los movimientos de los cristianos a través del mundo.

La práctica de la presencia de Dios (3)

3ª conversación que mantuvo Nicolás Hermann, el Padre Lorenzo, con Fray José de Beaufort.
El Hermano Lorenzo me dijo que el fundamento de su vida espiritual había sido la adquisición por fe de un elevado concepto y valoración de Dios; y una vez que lo hubo adquirido, ya no tuvo ningún otro cuidado sino el de rechazar fielmente todo otro pensamiento, para poder así hacer todo por amor a Dios. Que cuando no tenía ningún pensamiento acerca de Dios por un cierto tiempo, no se inquietaba, porque después de haber reconocido delante de Dios este lamentable hecho, volvía a Él con una confianza mucho mayor. Dijo que la confianza que ponemos en Dios honra al Señor enormemente, y hace descender sobre uno, grandes gracias.

viernes, 26 de febrero de 2016

Aclamad al Señor

La tierra está llena de la misericordia del Señor; 
por Su Palabra fueron hechos 
los cielos y las aguas del mar. 
Oh, aclamad al Señor con los instrumentos 
aclamad al Señor con júbilo; 
aclamad al Señor con los instrumentos, 
cantadle un cántico nuevo.



Este cántico, cuya letra y música fueron compuestas por Lori Black Mathis, está basado en el libro de los salmos (47, 150, etc.). Seguro que donde vives hay un sitio no solamente bello sino único; el Señor no se esmeró más en unos lugares que en otros. El Señor habló y se hizo; a veces nos cuesta entender esto pero cuando vemos los milagros de Jesús, que hizo muchas veces solamente hablando, nos damos cuenta que el Génesis además de cierto, reafirma nuestra fe. Dios habló y se hizo, así de sencillo, así de fascinante, así de inconcebible bajo nuestra razón, pero así de cierto. Y cuando uno se detiene y ve esa majestuosidad de obra de Dios, cuando uno contempla cómo ha cambiado la vida de aquellos que lo buscamos, no tiene por menos que aclamar con júbilo Su nombre. Y lo aclamamos con instrumentos musicales, lo aclamamos con nuestra vida, lo aclamamos y lo buscamos cada amanecer para que nos guíe durante la jornada, y para darle las gracias porque podemos comenzar la jornada con Él.

El ladrón arrepentido

Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:43
El publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Lucas 18:13
Jesús fue crucificado en medio de dos ladrones. “Uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:39;42).

Los doce Apóstoles

Un personaje inglés, llamado Oliverio Cromwell, descendiente de una familia de terratenientes, nació en Huntingdon, un pueblo al este de Inglaterra, el 27 de abril de 1599. 
Se educó en un ambiente cristiano y protestante, teniendo una inquebrantable fe y un profundo conocimiento de la Biblia. Ostentaba el cargo de Lord Protector sobre Inglaterra, Escocia e Irlanda. 
Se cuenta que en cierta oportunidad entró en la hermosa catedral de Westminster, en Londres, y viendo un grupo de estatuas de plata de los doce apóstoles, preguntó:  
-¿Quiénes son éstos?, y alguien le contestó: 
-Estos son los doce apóstoles. Entonces el Lord Protector dijo: 
-Bájenlos de allí para que anden por el mundo haciendo bienes como su Maestro. En seguida las estatuas fueron fundidas para convertirlas en monedas.