“Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. Santiago 4:7 NVI
Fuimos hechos a imagen del Creador, somos seres inteligentes, capaces de distinguir entre el bien y el mal, sabemos lo que le agrada a Dios y tenemos claro lo que le desagrada, nos podemos congregar, podemos hacer nuestro devocional diario, conversar con Él varias veces al día y sin embargo, hacemos todo lo contrario.
La falta de dominio propio rige nuestras acciones, explotamos con cualquier cosa, creemos que cuanto más crueles y duros seamos con nuestros semejantes, seremos más fuertes, más enfáticos en lo que nos molesta, y consideramos prioritario cobrarles sus ofensas como si tuviéramos el derecho de hacerlo.
Los ángeles son seres que no reciben órdenes humanas, enviados por Dios para protegernos incluso de nosotros mismos, cuando tomamos decisiones cargadas de impulsividad.
En cambio, los demonios, los cuales lidiamos a diario con ellos, son seres malignos que nos ponen trampas, sacando provecho de nuestras debilidades para que cedamos ante las tentaciones del mundo, obligándonos a actuar contra la voluntad del Señor.