“…Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí…” (Juan 14:6)
I. La gente, ¿qué crees que opina de este versículo?
Desgraciadamente, la respuesta más común es: “todas las religiones llevan a Dios”. Tal vez sea verdad, pero ¿será al mismo Dios que nosotros conocemos?
¿A Jesús, nuestro Jesús, que pagó cada gota de sangre en la cual estaba tu nombre y el mío?,...hummm, creo que no es así. Pienso que sería más fácil que Jesús mismo se manifestase a todos mostrándose tal y como es, y así nos evitaríamos muchas discusiones con mucha gente. Pero como tenemos un propósito que conseguir en este mundo, mientras ese momento llega hay que trabajar duro con aquellas personas que tienen un corazón difícil. Se han petrificado y no lo dejan entrar a Él; es esa gente que grita en silencio clamando a Dios, y es curioso que el silencio no se pueda ver porque estoy seguro que el nombre de Dios se vería en ese silencio. Y duele saber que, a pesar de que lo necesitan, no lo buscan o lo buscan a su manera y no de la forma correcta; el mero hecho de pensar que una de tantas gentes podríamos ser nosotros, nos debería despertar el amor por aquellos que están extraviados sin encontrar ese camino, y por eso debemos estar preparados como se refleja en su palabra: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir”.
II. ¿Te has preguntado qué estarás haciendo el día en que Él regrese a recoger a los que son suyos?
Es triste que a muchos de sus hijos los va a encontrar en lugares no agradables. Y sabiendo que Él volverá, debemos estar preparados para su venida, que nos encuentre velando, o sea, despiertos en su obra y no dormidos en este mundo tan difícil para mantenerse velando, y ayudando a la gente a encontrar el único camino por el cual se llega a Dios que es por medio del arrepentimiento, y aceptarle a Él como único y suficiente salvador.
