No llores por mí, amigo, aunque la muerte nos separe,
Nada voy a hacer por siempre jamás.
Nada voy a hacer por siempre jamás.
¿Cómo es el Cielo realmente? ¿Es el Cielo algo que valga la pena pasar un tiempo pensando en él? ¿O deberíamos relegar los pensamientos acerca del Cielo a los rincones polvorientos de nuestra mente, a fin de no convertirnos en personas sin ningún uso terrenal?
Vamos a concentrarnos en lo que dice la Biblia acerca del Cielo, y cómo estas enseñanzas deberían impactar la forma en que vivimos. Vamos a destacar algunas de las verdades fundacionales acerca del Cielo reveladas en las Escrituras.
Sabemos, antes que nada, que el Cielo es la esfera espiritual en la que la gloria de la presencia de Dios se manifiesta, y en donde moran los ángeles de Dios y todos los creyentes que han partido de este mundo (Hebreos 12:22-24). Los pocos atisbos del Cielo que nos dan las Escrituras, revelan una sensación penetrante de la santidad de Dios (Isaías 6; Apocalipsis 4-5) que tuvo un impacto alarmante y sobrecogedor, sobre aquellos a los que se les concedieron tales visiones (Isaías 6; Daniel 7:9-28). Isaías, cuando vio al Señor sentado sobre Su trono, dijo, "Ay de mí... pues mis ojos han visto al Rey, Jehová de los ejércitos."
También se nos dice que es un lugar en el que las palabras humanas son inadecuadas para describir plenamente. Ezequiel solo atinaba a describir "como qué" era la gloria del Cielo o a qué "se parecía" (Ezequiel 1). Al describir su aparente visita al cielo, el apóstol Pablo dijo que "oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar" (2 Corintios 12:4). Lo que él vio no solo no estaba permitido sino que no era posible describir en términos humanos. ¡El Cielo ciertamente está entre aquellas cosas que él describió en otra parte como "cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón de hombre" (1 Corintios 2:9). Con razón Pablo dice en otra parte que lo "admiraremos" cuando veamos al Señor cuando venga en gloria (2 Tesalonicenses 1:10).
En tercer lugar, sabemos que para aquellos que pertenecen a Cristo, el Cielo es su destino inmediato después de la muerte. Al ladrón en la cruz Jesús le dijo, "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43). Pablo dijo que "estar ausentes del cuerpo (es estar) presentes al Señor" (2 Corintios 5:8), y que si él fuera a partir de este mundo, "estaría con Cristo" (Filipenses 1:23).
Muchos se preguntan si en el Cielo todavía estaremos sujetos al tiempo. Pero realmente, no hay ninguna razón para creer que no lo estaremos. Ser infinito respecto al tiempo es un atributo que solo Dios puede poseer. Sabemos que las Escrituras hablan de "meses" en el Cielo (Apocalipsis 22:2) y hasta de "edades" por venir (Efesios 2:7). Curioso, pero también, la música que será cantada en el Cielo, requiere un modo temporal de existencia. También parece ser que en el Cielo estaremos informados, de cierta forma que no sabemos, de lo que está ocurriendo en la tierra. Cuando Moisés y Elías se reunieron con el Señor en el Monte de la Transfiguración, está registrado que discutieron el próximo retorno del Señor a la gloria (Lucas 9:30-31). Y durante el próximo período de tribulación, se nos dice que los santos en el Cielo estarán esperando ansiosamente, la terminación de los propósitos de Dios en la tierra (Apocalipsis 6:10-11). Hasta que venga Su reino, aun en el Cielo se hará la pregunta, "¿Hasta cuándo, Señor?" (como se dice que estos santos están implorando).
Alguien dijo: "Dios no nos dijo todo lo que nos gustaría saber, pero Él nos ha dicho todo lo que necesitamos saber acerca del Cielo". Así que, miremos con más detenimiento lo que la Biblia nos dice acerca de la existencia del cielo.
¿Cómo será la Vida en el Cielo? ¡Cambios espirituales!
Mark Twain, escritor estadounidense, afirmó una vez sarcásticamente, que en el Cielo durante doce horas del día, todos cantaremos un himno una y otra vez. ¡Difícilmente un pensamiento más atractivo! La Biblia, sin embargo, pinta un cuadro muy diferente de cómo será la vida en el Cielo. Considere solo algunas de las características más significativas del Cielo.Primero, sabemos que nuestra transición al cielo redundará en un cambio de nuestra naturaleza espiritual. Pablo habló de "la esperanza de la justicia" que aguardamos (Gálatas 5:5); la expectativa de ser hechos completamente justos. En Romanos capítulo 7, habló de ser liberados de la lucha interna contra el pecado que mora dentro, mediante la liberación de nuestro cuerpo mortal (Romanos 7:23-24). Juan dijo que cuando Jesús aparezca, "seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2). Aún ahora, se nos dice que mientras contemplamos "la gloria del Señor" estamos siendo transformados gradualmente en Su imagen (2 Corintios 3:18). Un día lo veremos "tal como Él es." ¡Y cuando lo hagamos, algo en nuestra visión de Él, purificará nuestros corazones de todo pecado y nos ligará eternamente a Él! Un resultado de esta transformación será el perfeccionamiento de las relaciones entre nosotros. Sobre la tierra, hasta entre los más maduros entre nosotros, nuestras relaciones son estorbadas por barreras creadas por el temor, el orgullo, la envidia y la vergüenza. Pero la Biblia dice que "el perfecto amor echa fuera el temor" (1 Juan 4:18). Cuando aprehendamos por completo, el amor perfecto que Dios tiene para nosotros y seamos limpiados del pecado que mora actualmente en nosotros, las relaciones entre nosotros serán finalmente, las que Dios quiso que fueran.
Segundo, en el Cielo nuestra comprensión de la naturaleza de Dios será ampliada grandemente. El apóstol Pablo dice que "ahora vemos por espejo, oscuramente" pero entonces "veremos cara a cara" y "conoceremos como fuimos conocidos" (1 Corintios 13:12). Este será el conocimiento que nos moverá a unirnos de forma espontánea al coro celestial, para cantar himnos de alabanza al Dios Todopoderoso. De los pocos atisbos de la adoración celestial que se nos conceden en las Escrituras, aprendemos que nuestra alabanza a Dios estará enfocada tanto en quién es Él, el Dios eterno, santo y todopoderoso (Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8), como en lo que Él ha hecho (Apocalipsis 4:11; 5:9-14). Si nuestra adoración a Dios está acallada ahora, es al menos en parte, porque todavía no comprendemos plenamente la grandeza de Su gloria y lo sobrecogedor de Su obra creadora y redentora. Pero en el Cielo obtendremos una percepción mucho más clara de la sabiduría de Dios, desplegada en las complejidades de Su creación, y de Sus propósitos maravillosos, manifestados en Su obra redentora. Algunos se han preguntado cómo podríamos ser felices en el cielo, sabiendo que algunas de las criaturas de Dios están soportando Su juicio eterno. Parece aparente, sin embargo, que en el Cielo obtendremos una perspectiva mucho más clara de la justicia de Dios (Apocalipsis 18:20; 19:1-4). Tal vez, la felicidad más absolutamente perfecta del Cielo sea imposible sin algún elemento de tristeza, por la pérdida eternal de aquellos que han rechazado la gracia de Dios. No hay duda, sin embargo, de que muchos de los misterios de la vida y de los caminos de Dios en nuestras vidas individuales se entenderán mucho más claramente, llevándonos a unirnos en Su alabanza.
Finalmente, tenemos razón para creer que habrá una oportunidad de crecimiento en el Cielo. . . No crecimiento hacia la perfección, sino crecimiento "en" la perfección. Como hombre, Jesús era ciertamente perfecto. Sin embargo, las Escrituras nos dicen que Él "crecía en sabiduría, en estatura y en favor con Dios y con los hombres." Las Escrituras también nos dicen que una de las tres virtudes que permanecerán por siempre es la esperanza (1 Corintios 13:13). Y qué es la esperanza sino la expectativa de cosas cada vez mejores que están por venir. . . ¡la perspectiva de todos aquellos para quienes el Cielo es nuestro hogar eterno!
