jueves, 4 de junio de 2015

Él pelea por ti


¿Hasta cuándo pelearás con tus propias fuerzas?, ¿hasta cuándo intentarás salir adelante por ti mismo?
Una cosa es pelear solo, y otra es hacerlo ayudado de la mano de Dios. Y otra es cuando Dios pelea por nosotros; es entonces cuando logramos entender que tenemos un Dios protector que nos cuida y pelea por nosotros para darnos la victoria.
El pueblo de Israel cuando salió de Egipto, tenía tras sí a Faraón que se había levantado en armas para seguirlos, con el propósito de apresarlos de nuevo y, de paso, matar a muchos de ellos; su situación era todavía peor porque enfrente tenían aquel gran mar, humanamente imposible de atravesar.
Fue entonces, en aquel momento de angustia, persecución y miedo, cuando Dios les dio un mensaje de esperanza, fe y confianza en que todo iba a estar bien, ya que es Él quien pelea por los suyos. “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” Éxodo 14:14
Lo más difícil es cuando, a pesar de que sabemos que Dios pelea por nosotros, queremos tomar las riendas de la situación que estamos viviendo; en esos momentos muchas personas se ponen al frente de la batalla y son heridos, lastimados y dejados en penosa condición, porque se enfrentaron al enemigo con sus propias fuerzas y no dejaron que Dios peleara por ellos.

La perfección del camino de Dios

El camino de Dios es perfecto. Salmos 18:30 Nueva Traducción Viviente (NTV).
La palabra que se usa en las Escrituras como "perfecto" viene a significar que es “completo”, como cuando se acaba un trabajo y no le falta nada. Dado que los caminos de DIOS para sus hijos son completos, cada detalle de ellos es relevante para nuestro Señor.
El SEÑOR deposita en los creyentes su Espíritu en la persona del Espíritu Santo, con el propósito de ayudarlos a andar por sus caminos, y así convertirlos en seres semejantes a Cristo. Esto implica que, en muchas ocasiones, el Espíritu Santo guiará por caminos que a los creyentes les pueden parecer inesperados e inciertos, pero, sin importar lo que piensen, esos caminos son los más seguros, pues DIOS mismo se empleó en la tarea de escogerlos para completar su propósito en ellos.
Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara. Salmos 139 Nueva Traducción Viviente (NTV).

Duo Perfecto

Esta es la historia de Margaret Patrick, una pianista estadounidense que en 1982 sufrió un derrame cerebral que la dejó inhabilitada por la paralización de su lado derecho. Después de meses de recuperación, llegó al Centro Geriátrico de Vida Independiente del Sudeste para empezar su terapia física.
En la primavera de 1983, cuando Millie McHugh, un antiguo miembro del equipo, presentó a Margaret a la gente del Centro, advirtió la mirada de dolor en sus ojos cuando veía el piano.
 
-¿Algún problema?, preguntó Millie.

-No, repuso Margaret en voz baja. Solo que ver un piano me trae recuerdos.
Antes de mi hemiplejía, la música era todo para mí. 
Millie miró la inutilizada mano derecha de Margaret, y después de un momento le dijo:
-Espere aquí. Enseguida vuelvo.
 Volvió a los pocos minutos, seguido de cerca por una mujer bajita de cabellos blancos y gruesos anteojos.
La mujer se ayudaba a caminar con un andador .
¡Margaret!, dijo Millie, le presento a Ruth Eisenberg, ella también tocaba el piano, pero, al igual que usted, no ha podido tocar desde su hemiplejía. La señora Eisenberg tiene bien su mano derecha y usted tiene bien la izquierda. Yo tengo la sensación de que las dos juntas pueden hacer algo maravilloso.

-¿Sabes el vals en re bemol de Chopin?, le preguntó Ruth. Margaret asintió.
 Se sentaron juntas al piano, y dos manos sanas, una con largos dedos negros llenos de gracia, la otra con cortos y regordetes dedos blancos, se movieron rítmicamente a lo largo de las teclas de marfil y ébano.
Desde ese día, se sentaron juntas al teclado cientos de veces: la mano derecha inútil de Margaret alrededor de la espalda de Ruth, la mano izquierda paralizada de Ruth sobre la rodilla de Margaret, mientras su mano buena tocaba la melodía y la mano buena de Margaret ejecutaba el acompañamiento.

miércoles, 3 de junio de 2015

¿Es usted cristiano, un hijo de Dios?

A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:12-13.
Uno no llega a ser cristiano como cuando se entra en un club, pagando la cuota y adhiriéndose a las reglas establecidas. Ser cristiano no es ser un humanista, es decir, creer en el hombre pero no en Dios. Se pueden lograr las virtudes cristianas del amor y de la solidaridad, consagrarse a causas humanitarias, hasta considerar a Jesús como un admirable modelo de bondad, altruismo y abnegación… sin embargo, pasar al lado de lo esencial.
- ¿Qué es, pues, lo esencial? 
- Lo esencial es creer lo que Dios dice. 
- ¿Y qué es lo que dice?
- Dios creó al hombre inocente, y ambos tenían comunión. Por su desobediencia, el hombre rompió esa relación, llegó a ser pecador y adquirió una conciencia que le permitía discernir entre el bien y el mal. Esta conciencia le recuerda que estando separado de Dios no puede ser feliz. Pero la conciencia puede estar dormida y hasta endurecida. 
He aquí un pequeño test para conocer tu estado: ¿Qué me dice ella a propósito del pecado? ¿Me reconozco realmente pecador y culpable ante Dios?
Jesús dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Cristo amó a los pecadores hasta el punto de cargar con sus pecados.“Fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 4:25; 5:1).

Un Hombre Diferente


Hace más de dos milenios 
en una aldea cualquiera,
nació quien en vida fuera
errante predicador.
Esto se descubrió
cuando sumaba los treinta.
No tuvo casa, ni renta,
ni secundarios estudios,
y la fuerza de su puño
para golpear no sirvió.

Filosofía cedió
mezclando bondad y ciencia,
y con su humana presencia
a la muerte sepultó.

Jamás un libro escribió,
ni en opulencias andaba,
ni ante reyes se postraba, 
ni familia conformó.

Mas por pública opinión, 
por tan fiero carcelero
quedóse solo primero,
y luego crucificado.

Veinte siglos han mediado
entre Jesús y este día,
a quien tomaron por guía
los corazones humanos

Todas las guerras que hubo,
todo buque en todo tiempo,
todo avión que pudo al viento
con sus alas navegar,
todos en cada lugar 
y en cada espacio asignado,
parlamentos soberanos,
ejércitos y feudales,
reunidos por sus afanes 
en un todo excepcional, 
jamás pudieron obrar 
en la mente de los hombres,
lo que obró siendo tan pobre
esta única existencia .
No... no fue un hombre más... era  Dios ... es Dios.

Mentalidad de peregrino


0

Indudablemente, el cantante que más me ha gustado en toda mi vida ha sido Joan Manuel Serrat. El catalán ha sido un poeta prolífico, un intérprete singular y sirvió como concentrador del pensamiento de una época. Muchas de sus canciones son divertidas, otras románticas, otras ofensivas, las hay críticas,... pero casi todas son reflexivas. Hoy recordé esta:
Si la muerte pisa mi huerto
¿quién firmará que he muerto
de muerte natural?
 ¿Quién lo voceará en mi pueblo?
¿quién pondrá un lazo negro
al entreabierto portal?
 ¿Quién será ese buen amigo
que morirá conmigo,
aunque sea un tanto así?
 ¿Quién mentirá un padrenuestro
y a rey muerto, rey puesto…
pensará para sí?
 ¿Quién cuidará de mi perro?
¿quién pagará mi entierro
y una cruz de metal?
¿Quién me hablará ente sollozos?
¿quién besará mis ojos
para darles la luz?
 ¿Quién rezará a mi memoria,
que Dios lo tenga en su Gloria,
y brindará a mi salud?
 ¿Y quién hará pan de mi trigo?
¿quién se pondrá mi abrigo
el próximo diciembre?
 ¿Y quién será el nuevo dueño
de mi casa y mis sueños
y mi sillón de mimbre?
 ¿Quién pondrá fin a mi diario al caer
la última hoja en mi calendario?
El verso que evocó esta canción es este: Vale más ir a un funeral que a un festival. Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente (Eclesiastés 7:2).
Conviene que recordemos lo efímero de nuestra vida, dice Salomón. ¿Qué viene a significar esto? Tendremos una mentalidad de peregrinos. El peregrino es alguien que está de paso en un lugar, y su manera de ver la vida es diametralmente opuesta a aquellos que están afincados en ese lugar. Perspectiva totalmente contrapuesta y que atraviesa toda nuestra existencia afectando hasta lo más mínimo. Por ejemplo, ya que somos peregrinos ¿no deberíamos?…

Momentos

Hay momentos dulces, hay momentos tiernos, grandes, pequeños, hay momentos inolvidables, memorables, bellos, especiales, felices, tristes, insuperables y hay momentos inexplicables…
Toda nuestra vida se compone de momentos, algunos llegan a ser la expresión absoluta de la felicidad, pero siempre está el lado contrario, la expresión absoluta de la tristeza.
Pasamos de unos momentos a otros, tratando de vivir una vida agradable para Dios. Un día estamos seguros de lo que tenemos y al otro día, en tan solo un momento, todo cambia de la manera más abrupta, sin pedirnos permiso, sin carta de invitación, sin previo aviso; solo cambia, y cambia todo lo que creíamos seguro, en un solo momento.
Hay momentos en los que no entendemos por qué, momentos que son muy difíciles de explicar, momentos en los que la vida da un giro de 180° y quedamos de espaldas a la realidad. Momentos incomprensibles.
Dios tiene definitivamente un propósito, eso es seguro, pero todos en algún momento nos hemos preguntado ¿Por qué está pasando esto? Y hemos dicho “Dios, por favor, ayúdame porque no entiendo nada de lo que está pasando en este momento”; son momentos inciertos, momentos desiertos.
Muchos, por no decir todos, han sentido impotencia en algo, en alguna área por no poder comprender qué es lo que pasa, cuál es el propósito, qué es lo que Dios quiere. Momentos pensantes, momentos creyendo.

El hombre más rico del valle

Un joven campesino se hallaba un día en el portal de su magnífica casa, contemplando el panorama de sus extensos terrenos. Había viajado a varios países y había visto muchos paisajes pintorescos y maravillosos, pero aquel bonito día de verano, pensaba que nunca había recreado los ojos en vistas tan hermosas como las de su propia heredad.
—Todo esto es mío, se dijo.
Como el campesino rico de la parábola bíblica, él también se había aprovisionado de todo, menos para su alma inmortal. Carecía de los tesoros eternos y verdaderos mientras nadaba en la abundancia de riquezas terrenales. Para él, el mundo del más allá era de lo menos.
Gozaba mucho pensando que era dueño de posesiones tan bellas, cuando apareció un criado suyo con su caballo de monta. El joven saltó a la silla y se alejó al galope. A poca distancia por el camino, trabajaba un empleado de la finca, el viejo Aurelio, y el patrón se detuvo para charlar un rato con él. Aurelio, mientras sacaba su merienda y se quitaba el sombrero, daba gracias al Dador de todo bien cuando escuchó la voz del dueño.
-Hola, Aurelio, ¿cómo estás hoy?
-¡Es usted señor, contestó el viejito. No le sentí acercarse. Es que estoy un poco sordo últimamente y me falla la vista también.
-Sin embargo, pareces estar muy feliz, Aurelio.
-¿Feliz? ¡La verdad es que si! Tengo muchas razones para sentirme feliz. Mi Padre celestial me da ropa y pan diario. Además tengo manta y una buena cama donde descansar y, mi buen amo, creo que esto es más de lo que gozaba mi precioso Salvador cuando Él vivía aquí. Estaba dando gracias a Dios por todas sus misericordias cuando Ud. llegó.
El joven rico miraba hacia el pobre almuerzo de Aurelio, que consistía en unas pocas rebanadas de pan y un pedazo frío de cerdo frito.
-¿Y por ese bocado miserable tú dabas gracias a Dios?,... pobrecito. Yo, por mi parte, me sentiría defraudado si eso fuera todo lo que tuviera para almorzar.
-¿De verdad?, preguntó Aurelio, admirado. Quizás Ud. no sepa lo que a mí me endulza la vida. Es la presencia de Cristo mi Salvador en mi corazón. ¿Me permite Ud., mi buen amo, relatarle un sueño que tuve anoche?

martes, 2 de junio de 2015

Más que palabras

Más que palabras valen los hechos, más que palabras importan nuestras actitudes, las que nos llevan a agradar a Dios o a hacer lo contrario. De tu boca pueden salir las palabras más hermosas que alguien puede decir, pero lo que haces es lo que verdaderamente determina lo que eres. No hay conocido que diga que no ama a Dios,... pero sus actos lo demostrarán. Todos, a pesar de “decir amarlo”, hacemos cosas que demuestran lo contrario.
Es muy fácil hablar y decir qué es lo que sentimos y queremos, pero actuar conforme a nuestras palabras suele resultar difícil. En ocasiones, debemos detenernos a pensar si realmente estamos amando a Dios, si verdaderamente hacemos lo que decimos y si le estamos demostrando ese amor que profesamos.
Cuando pensamos en el amor de Dios, lo hacemos recordando una de las múltiples cosas que ha hecho por nosotros; pero el amor de Dios no solo es pensar en lo mucho que hizo que nos lo dice en la Biblia, y en lo mucho que hace, sino en los HECHOS; hechos que hablan más que todos los libros que podamos leer.
El amor de Dios hacia nosotros es palpable, no son solo lindas palabras y promesas escritas, porque Jesús no vino al mundo solo para hablar del gran amor que tenía y sigue teniendo por la humanidad; Jesús vino y demostró su amor, más que con palabras, con la demostración de amor que nadie más hizo ni hará.