En medio de la conversación con Nicodemo (capítulo 3 del evangelio según Juan), Jesús le anunció el mensaje del amor de Dios expresado por el don de su Hijo, quien debía ser crucificado y resucitar al tercer día. Así le mostró el medio para responder a esta necesidad, que también es la nuestra: “Os es necesario nacer de nuevo” (verso 7). Para esto no es suficiente quedar impresionado por la personalidad de Jesús o por su enseñanza, es necesario creer que Él es el Hijo de Dios y el Salvador, mi Salvador.
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
jueves, 5 de marzo de 2015
¿Qué piensa usted de Jesús?
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Juan 3:18.
Son numerosos los hombres ilustres que no están con nosotros desde hace cierto tiempo, cuya influencia todavía es fuerte. Pero que se piense o no en su celebridad, no produce una gran diferencia en la vida de cada uno de nosotros. En cambio, el asunto es muy distinto tratándose de Jesucristo. Según el versículo del encabezamiento, nuestra actitud con respecto a Jesús es en verdad, un asunto de vida o muerte, más exactamente, de vida o muerte eterna.
Cuando el miedo o el temor se apodera de nosotros
¿Cuándo fue la última vez que experimentó la sensación de temor o miedo? ¿Hace una semana? ¿Ayer? ¿Hoy mismo? Cuando el miedo invade la mente, un sin número de reacciones se desencadenan que dependerán, entre otras cosas, de las experiencias traumáticas del pasado, de las expectativas del futuro, de las vivencias actuales, de la personalidad del que experimenta el miedo,... y de muchas otras variables.
El miedo puede llegar a convertirse en un "aliado", si lo consideramos como una experiencia única de aprendizaje, que promueve y estimula una mayor confianza y dependencia en las infalibles promesas de Dios. Pero también puede ser lo contrario; puede llegar a convertirse en una fuente de ansiedad constante que impida funcionar de forma saludable, tanto emocional como socialmente.
El miedo puede llegar a convertirse en un "aliado", si lo consideramos como una experiencia única de aprendizaje, que promueve y estimula una mayor confianza y dependencia en las infalibles promesas de Dios. Pero también puede ser lo contrario; puede llegar a convertirse en una fuente de ansiedad constante que impida funcionar de forma saludable, tanto emocional como socialmente.
Las Escrituras tienen promesas y enseñanzas que nos animan a confiar en nuestro amado Señor Jesús, cuando el miedo ronda nuestra vida. Sin embargo, por muy espirituales que seamos, el miedo puede apoderarse de nosotros cuando nos encontramos en situaciones de crisis. Este miedo puede hacer que nuestra capacidad de ser objetivos disminuya y que nuestra fe en Dios languidezca.
Es necesario, entonces, que hagamos un alto, que nos detengamos y tomemos tiempo para observar a Jesús, quien obró un milagro para ayudar a sus discípulos a enfrentarse al miedo en un momento especial en sus vidas (Marcos 6:45-52).
¿Es correcto que un cristiano se tatúe el cuerpo?
Las perforaciones y tatuajes en el
cuerpo son muy antiguas, y están presentes en muchas tribus, muy
especialmente, en los ámbitos religiosos de las mismas. En ritos de
iniciación o con diferentes propósitos, incluso por razones de belleza.
Muchas tribus y pueblos practicaron este tipo de rituales. Ya en la época moderna han tenido gran avivamiento. Cada vez son más jóvenes los que llevan una perforación o algún tatuaje.
Por tanto, es legítima la pregunta, ¿qué
papel toma el pueblo de Dios, tanto antiguo como moderno, respecto a
estas manifestaciones de estética, o motivadas por problemas
de carácter psicológico? Independientemente de las causas y
los fines de todo esto, debemos preguntarnos, como siervos y amantes de la
voluntad de Dios, si esto es aceptable por nuestro Salvador.
Muchas tribus y pueblos practicaron este tipo de rituales. Ya en la época moderna han tenido gran avivamiento. Cada vez son más jóvenes los que llevan una perforación o algún tatuaje.
Sobre todo, debemos cuestionar esto no
con el afán de ser parte de un grupo de intolerantes o llenos de prejuicios,
sino porque la Biblia nos advierte de tener cuidado de lo que hay en el
mundo, “…Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne,
los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del
Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace
la voluntad de Dios permanece para siempre…” (1 Juan 2:16,17). Además, debemos recordar que “…el mundo entero está bajo el maligno…” (1 Juan 5:19);
por lo tanto, y teniendo en cuenta las condiciones espirituales en las que
se encuentra el mundo que nos rodea, debemos preguntarnos si las modas
que existen en el mundo son compatibles con la voluntad de Dios.
Es de esperar que esto sea de gran
bendición para todos los
jóvenes que estén sumamente interesados en hacer la voluntad de Dios, la
cual, es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:1, 2).
¿Cómo ser resistentes a pesar de nuestras debilidades?
Aunque las vasijas de barro son baratas,
ordinarias y desechables, también pueden ser sorprendentemente duraderas.
Pueden aguantar una enorme cantidad de presión y maltrato. Hasta resquebrajadas todavía pueden ser útiles. Uno las puede restregar todo lo
que quiera y no se desgastan. Tampoco el calor prolongado de un horno las
daña. Por supuesto, pueden romperse, pero además de eso, no hay muchas
cosas que puedan destrozar a una vasija de barro.
Sí, él era una vasija de barro. Una vasija frágil, rompible, reemplazable, carente de valor. Pero tampoco era para subestimarlo, era una vasija de barro fuerte, no una porcelana
frágil. Esta cualidad es absolutamente esencial para cualquiera en el
liderazgo: El líder es resistente.
El liderazgo de Pablo tenía esas mismas características. Él describió su vida como un período de constantes pruebas; en 2 Corintios 4. 8-9: Que
estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no
desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no
destruidos.
Sí, él era una vasija de barro. Una vasija frágil, rompible, reemplazable, carente de valor. Pero tampoco era para subestimarlo, era una vasija de barro fuerte, no una porcelana
frágil. Esta cualidad es absolutamente esencial para cualquiera en el
liderazgo: El líder es resistente.
Esta característica, viva en él, se compendia con la
virtud de la humildad. El líder, aunque conoce sus propias debilidades,
debe ser fuerte y robusto.
Los líderes siempre tienen pruebas.
Después de todo, el liderazgo tiene que ver con las personas, y estas
causan problemas. Inclusive algunas de ellas son los mismos problemas. El líder, aunque
sepa de su propia fragilidad, debe encontrar fuerzas para aguantar
cualquier tipo de prueba, entre las que están incluidas la presión, la perplejidad, la
persecución y el dolor. Como lo fue Pablo, y observe que éste habla de las pruebas en una
serie de cuatro contrastes notables (atribulados, no angustiados; en
apuros, no desesperados; perseguidos, no desamparados; derribados, no
destruidos).
miércoles, 4 de marzo de 2015
Valentía en tiempos difíciles.
contaron la historia de su padre. Éste fue arrestado en una redada hecha a miembros de la iglesia que se reunía en una casa, y le fue dada una opción: negar a Cristo o ir a la cárcel. El hombre pasó veinte años recluido en prisión por su fe.
Me sentí conmovido hasta llegar a las lágrimas, por el fiel testimonio de este hermano. Entendió que Dios tenía el control de su vida, y ese entendimiento le dio la valentía para agradar a su Padre celestial, sin importar las consecuencias.
Romanos 8.28 enseña que “y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Las primeras palabras del versículo: “Y sabemos” son un indicio de cómo debemos confiar en que el Señor cumplirá su promesa. Podemos afrontar la adversidad con valentía, cuando desarrollamos el hábito de encontrar las huellas de Dios en situaciones de nuestro pasado.
7 frases que debes decirles a tus hijos
Una infinidad de palabras podemos decirles a nuestros hijos para
expresarles nuestro amor. Y realmente, podemos decir que es todo un arte el
demostrar amor hacia nuestros hijos. Vamos a ver algunas de las mejores frases que podemos usar en
nuestro hogar para estrechar los lazos familiares.
- “Te amo/Te quiero”.No debe pasar un solo día sin que tus hijos escuchen de tu boca, y lo sientan con seguridad, que los amas. Vendrán días difíciles, y habrá momentos en los que ellos tomen decisiones que tal vez, no sean las mejores. Entonces, asegúrate de que sepan con toda certeza, que sin importar lo que les pase o su forma de ser, nunca dejarás de amarlos.
Esto no puede ser más cierto. Para toda madre o padre no hay verdad más acertada. Los hijos son una fuente
inagotable de felicidad y amor. Y es importante que ellos lo sepan. No
esperes al día de graduación o a su boda para decírselo: hazlo
hoy mismo.
- “Eres muy especial”.
Es de extrema importancia que los niños
entiendan, desde edad muy temprana, que son diferentes y que esto los hace
únicos y especiales. Además, todos queremos sobresalir de alguna manera. Imponte la meta de decirles a diario que para ti, ellos son incomparables y
lo más especial que te ha pasado en la vida.
El perdón.
Perdonar a quienes nos han causado algún daño es una orden difícil
de obedecer, es más fácil aferrarnos a nuestra ira. Pero como reflejos que somos del amor de Dios, los creyentes ya no vivimos de acuerdo con los
impulsos de la carne. Gracias al Espíritu Santo, cuando alguien nos
trata mal, podemos perdonar y además demostrar amor a esa persona.
Primera a los Corintios 13.5 nos dice que:
• El amor no busca lo suyo.
A muchas personas solo les preocupan sus “derechos”. Pero la idea de los
derechos es un concepto mundano, no un mandato bíblico. Esto no quiere
decir que debamos permitir que los demás se aprovechen de nosotros; sino
que debemos enfocarnos en mostrar el amor de Dios a nuestro enemigo (Mateo 5.44).
• El amor no se irrita. Mantener un espíritu sereno cuando estamos irritados es difícil. Pero los momentos en que somos perseguidos o agraviados son precisamente, los que más nos ayudan a ser conscientes del amor de Dios que fluye a través de nosotros. Piense en las muchas veces que el Señor Jesús tuvo que enfrentarse a líderes religiosos que lo provocaron deliberadamente; sin embargo, en la cruz también pidió el perdón para ellos.
• El amor no tiene en cuenta el mal recibido. El amor de Dios, que fluye a través de nosotros, puede soportar la herida causada por otra persona.
La gente nos herirá, pero si tenemos una actitud amorosa y nos
negamos a preocuparnos por nuestros derechos, seremos capaces de dejar
de lado el resentimiento y perdonar con amor.• El amor no se irrita. Mantener un espíritu sereno cuando estamos irritados es difícil. Pero los momentos en que somos perseguidos o agraviados son precisamente, los que más nos ayudan a ser conscientes del amor de Dios que fluye a través de nosotros. Piense en las muchas veces que el Señor Jesús tuvo que enfrentarse a líderes religiosos que lo provocaron deliberadamente; sin embargo, en la cruz también pidió el perdón para ellos.
• El amor no tiene en cuenta el mal recibido. El amor de Dios, que fluye a través de nosotros, puede soportar la herida causada por otra persona.
Victoria en las pruebas.
Sin embargo, en las dificultades olvidamos muchas veces las palabras de Cristo en Juan 16.33. Las sabemos, y sin duda se refieren a parte de su enseñanza: “En el mundo tendréis aflicción”.
Todos hemos afrontado suficientes problemas como para saber que no es posible evitarlos por completo. Pero Jesucristo va más allá al afirmar que nuestra fe en Él llevará, realmente, a sufrir aún más ataques y críticas (Juan 15.18-20). En realidad, para un creyente consagrado es imposible vivir sin problemas en un mundo que es hostil a Dios.
¿Tiene Ud. Vida Eterna?
En 1 de Pedro capítulo 2 y el versículo 22, leemos que Jesucristo es el santo Hijo de Dios, sin pecado. En Juan capítulo 1, los versículos 1 y 14, leemos que el eterno Hijo de Dios, se hizo hombre y murió para pagar nuestro castigo. En Romanos 5:8 leemos: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Jesucristo murió en la cruz (Juan 19:31-42). Él llevó la culpa que merecíamos nosotros (2 Corintios 5:21). Tres días más tarde se levantó de la tumba, demostrando Su victoria sobre el pecado y la muerte. (1 de Corintios 15:1-4) Y en 1 de Pedro capítulo 1 versículo 3, leemos: “Que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.”
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