sábado, 21 de febrero de 2015

¿Por qué hoy no?

El cielo conspira por verte sonreír. La hazaña más grande de Dios es que tú sientas que todo lo que está aquí en la tierra es para el contentamiento de su más bella obra de arte.
Las flores sonríen y el sol brilla porque necesitan una sonrisa tuya para empezar su día. La vida entera te habla de lo importante que eres. Incluso la tecnología ha sido creada por la mejor creación de Dios, el hombre, por lo tanto, también forma parte del plan de hacerte sonreír.
Por lo que la vida necesita tu alegría, necesita que sonrías de una vez por todas. Sea lo que sea que sucediera para que hoy tengas esa carita triste, la vida te pide encarecidamente que le regales una sonrisa. Ten paciencia, te dice el viento, que sopla susurrándote que un milagro pronto percibirás; no dejes de creerlo, ten fe.
Hoy es un buen día, no mañana y tampoco pasado mañana, es hoy. ¿No te has visto? Eres maravilloso(a), eres todo lo que Dios soñó que fueras, eres quien eres por una razón. ¿Sabías que incluso el nombre que tienes no fue puesto por casualidad, aunque te lo hayan puesto en minutos? Recuerda que NADA ES CASUALIDAD, TODO TIENE UN PROPÓSITO.

Momentos con Dios

“Envía tu luz y tu verdad; estás me guiarán; me conducirán a tu santo monte, y a tus moradas. Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío”.
(Salmos 43:3-4)
¡Amo el libro de los Salmos! Quedo cautivo, extasiado y sin palabras cuando me adentro en esas hermosas composiciones que escribieron diferentes salmistas, entre los cuales, el más destacado es David. Me gusta percibir a través de esos versos, clamores, plegarias y cánticos, y la confianza que ellos tenían en la fidelidad y el amor de Dios. Y la sencillez y transparencia de sus almas, que sabían reconocer cuándo necesitaban de la misericordia y el perdón de Dios, y también, cuándo era el momento indicado para alabarle, invocarle y decirle cosas lindas a su oído.
Debemos procurar a diario entrar al monte, al altar de Dios. El altar mayor está en la disposición de nuestro corazón y lo abrimos, cuando en oración nos postramos y adoramos a ese Ser que nos dio la vida y que continuamente, hace maravillas y cosas increíbles en nosotros. Cuando le cantamos, cuando pedimos su dirección y guía para las cosas que vamos a hacer; cuando le consultamos sobre nuestras más anheladas aspiraciones Él nos envía su luz, y en su sabiduría, nos hace conocer las cosas que tiene para nosotros. Él nos hace entender siempre, que sus caminos y pensamientos nos llevaran más lejos de lo que imaginamos.

viernes, 20 de febrero de 2015

¿Por qué hago lo que hago? - Crecimiento personal-espiritual

 “Es más fácil desintegrar un átomo que un concepto establecido” Albert Einstein.
Muchas personas se cuestionan si podrían hacer "eso o aquello" de una manera diferente, y entonces surge lo que se llama “paradigma”. Quizá para muchos sea un término nuevo, pero pensemos, antes de nada, que vivimos con demasiados paradigmas.
Un paradigma es un modo de ver la realidad que nos sirve de marco o modelo de referencia. El modo en que vemos las cosas (paradigmas), frecuentemente es la fuente del modo en que pensamos y actuamos. Todos pensamos que vemos las cosas como son, que somos objetivos, pero no es así. Vemos el mundo no como es, sino como somos o queremos ser nosotros. Es decir, veo el mundo de acuerdo a como soy, o de acuerdo a lo que yo piense de mi. ¿Qué pienso de mí? ¿Pienso que soy un ganador en la vida o un perdedor? De acuerdo a lo que yo piense, de esa manera voy a actuar.
Tenemos muchos paradigmas, inclusive para relacionarnos con Dios, que no nos permiten alcanzar nuestro potencial y mucho menos disfrutar la vida en plenitud.
Hace siglos se pensaba que la Tierra era el centro del universo, que todo giraba alrededor de la tierra, y luego se descubrió que era al contrario, que giraba alrededor del sol. 
Otro paradigma que se rompió era que para ser salvo había que ser bueno, y Jesús, un excelente maestro, rompe el paradigma y le dice al ladrón que estaba a su izquierda, que hoy estaría en el paraíso. Para ser salvo solo hay que creer en Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida.

Lo que digo … - Reflexiones

Un joven abogado, recientemente acabada su graduación y comenzando su primer día de trabajo, se sentó cómodamente en su nueva oficina dando un gran suspiro de satisfacción.
Había trabajado fuerte durante mucho tiempo para saborear ese momento.
En ese momento, viendo a un posible cliente que se acercaba a su puerta, simuló estar ocupado. Enérgicamente, abrió su libreta y con su pluma de escribir en la mano, tomó el teléfono, lo sujetó con su barbilla, y comenzó a escribir con rapidez mientas fingía que hablaba con alguien importante diciendo:
-Mira Lorenzo, en cuanto a ese trato de fusión, pienso que mejor me acerco a la factoría y lo discuto contigo en persona. Sí o no. No pienso que tres millones sean suficientes. Mejor hagamos que Samuel, de Tenerife, se reúna allí con nosotros. Está bien, te llamo más tarde. 
Colgando el teléfono, colocó la pluma en el escritorio, levantó la mirada a su visitante, se puso de pie, le extendió su mano y le dijo, con la voz más cortés y llena de confianza que tenía como abogado...
-Buenos días. ¿Cómo puedo ayudarlo?
El posible cliente respondió:
-En realidad, solo estoy aquí para conectar su teléfono.
Hay un viejo refrán que dice, “En boca cerrada, no entran moscas”. En ocasiones, lo mejor es mantener la boca cerrada.
Proverbios 10:19
En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente. (LBLA)

¿Suerte o Gracia?

¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?
Lamentaciones de Jeremías 3:37.

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28.
obra para bien
La suerte es un cúmulo fortuito de circunstancias favorables. Para muchos es, pues, una cuestión de casualidad que proviene de un destino ciego. Cuando alguien afirma tener suerte, en general no piensa en que todo lo que le ocurre está organizado por una persona que obra inteligentemente. Algunos estiman que la vida los trata especialmente bien; hasta pretenden haber nacido bajo una buena estrella. Como máximo hablarán de la Providencia para evitar nombrar a un Dios a quien temen.
Pero el primer versículo citado en el encabezamiento, declara que Dios lo dirige todo. Él ama y se ocupa de cada individuo personalmente. Que tenga buen tiempo para sus cosechas, o que lo deje ileso por escaso margen, de un grave accidente… su objetivo siempre es obrar por gracia. Prestemos pues, atención a la manera en que Dios nos habla para atraernos a Él.
Para un creyente no hay buena o mala suerte, sabe que toda su vida está guiada por Dios, quien desea hacerle bien. Jesús decía a sus discípulos: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10:30). Ni un detalle lo deja indiferente. En el plan de Dios para con cada uno de sus hijos, todo es coherente y está dirigido con el amor y la sabiduría de un Padre muy misericordioso.
Llegará el día en que nos mostrará cómo condujo nuestra vida para al final hacernos bien (Deuteronomio 8:16).

El Sacerdote que encontró a Cristo

Nací en Venecia, al norte de Italia, el 22 de marzo de 1917. A la edad de 10 años fui enviado a un seminario católico romano en Piacenza; y después de 12 años de estudio, recibí la ordenación al sacerdocio el 22 de octubre de 1939.
Dos meses después el Cardenal R. Rossi, mi superior, me envió a América como sacerdote asistente de la nueva iglesia italiana. En aquel tiempo mi único anhelo y ambición era complacer al papa.
Fue un domingo, en febrero del año 1944, cuando por casualidad, sintonicé un programa religioso. Mi teología fue violentada por un texto que oí. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.” ¡Así que, pensé, ¡vaya!, ¡no es pecado contra el Espíritu Santo creer que uno es salvo!
Recientemente me había convertido, y mi mente ya estaba llena de dudas en cuanto a la religión romana. Comencé a preocuparme más de las enseñanzas de la Biblia que de los dogmas y bulas del papa. Entre tanto, personas pobres me pagaban cada día de 5 a 30 dólares por 20 minutos de Misa, porque prometía librarles las almas de sus familias del fuego del Purgatorio. 

Pero cada vez que yo veía el crucifijo grande sobre el altar, me parecía que Cristo me reprendía diciéndome: “Tú estás robando dinero de gente pobre y trabajadora por medio de falsas promesas. Enseñas doctrinas contrarias a mis enseñanzas. Las almas de los que creen no van a un lugar de tormento, porque Yo he dicho: “Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante, mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen” Apocalipsis 14:13.  Continuaba, “Yo no necesito repeticiones del sacrificio de la cruz porque mi sacrificio fue completo. Mi obra de salvación fue perfecta y Dios la sancionó levantándome de entre los muertos. “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:14) “Si vosotros, los sacerdotes y el Papa, os arrogáis de poder para librar las almas del purgatorio a través de misas e indulgencias, ¿por qué esperáis hasta recibir una ofrenda? Si veis un perro quemándose en el fuego, ¿esperáis a que el dueño os traiga 5 dólares para sacar el perro de allí?”...
En esos momentos, en  misa, no podía debatir con el Cristo en el altar.

Cuando yo predicaba que el papa era el vicario de Cristo, el sucesor de Pedro, la infalible roca sobre la cual Cristo edificó su Iglesia, una voz parecía reprenderme y decirme: “Tú viste al papa en Roma; su enorme y riquísimo palacio; sus guardias; los hombres besándole los pies. ¿Crees en verdad, que él me representa? Yo vine a servir a la gente; yo lavé los pies de los hombres; no tuve donde reclinar mi cabeza. Mírame en la cruz. ¿Crees en verdad, que Dios ha edificado su iglesia sobre un hombre, cuando la Biblia dice claramente, que el vicario de Cristo sobre la tierra es el Espíritu Santo y no un hombre?  (Juan 14.26)
“Esa roca fue solo Cristo. Si la iglesia romana está edificada sobre un hombre, entonces no es MI iglesia.”

La desesperanza de esperar lo inesperado

Cómo desespera esperar algo inesperado, algo que nunca sabremos si de verdad va a suceder o simplemente, será un mero recuerdo de lo que pudo ser y no fue. Intentamos no demostrar lo que nuestra mente y corazón recelosos esconden, la mayoría de las veces sin éxito porque la persona que nos hace sentir así lo nota, porque se ve con simplemente mirarnos a los ojos. Parece una tontería pero es la verdad, la mayoría de las veces somos tan transparentes... como si fuéramos cualquier cristal sin tintar, se nos ve, esperamos a que la otra persona dé el paso que seguramente ya deberíamos haber dado nosotros. Pero claro, nos es muy difícil transmitir lo que sentimos por miedo a un cruel rechazo.
No sabemos cuál será nuestro caminar futuro por los senderos de la vida; y mucho más complicado es saber quién los va a caminar a nuestro lado, de ahí que la intranquilidad y desesperanza que se nos generan dentro de nuestra cabeza, dentro de nuestro corazón, sean muy grandes por lo inesperado del resultado. Resultado que la mayoría de las veces no es el que nuestro corazón desea, pero está claro que no siempre las cosas son como las soñamos. 
Irónicamente hablando, la verdad es que casi nunca son como las soñamos pero al menos, siempre tenemos la ilusión dentro de nuestro corazón, de que cuando alguna vez se cumplen, aunque sea la más pequeña de las partes, nos entra tal alegría por nuestro cuerpo que nada en el mundo se puede comparar con ese momento, y ¡solo es una pequeña parte de lo que soñamos!
Ojalá nadie caiga en la desesperanza de esperar algo inesperado, aunque muchas veces ya nos lo esperemos y no deseemos creerlo así. 

Muchas veces nos pasa lo mismo que le sucedió a Jake, queremos ganar pero con miedo, y ese miedo nos paraliza y no permite que demos el 101%.
Entonces es cuando necesitamos parar, replantearnos lo que estamos haciendo, y ahí es cuando hacemos lo que sabemos pero con excelencia y calidad.
Basta de ser mediocres, es hora de ser excelentes.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿Cómo recibo el perdón de Dios?

Hechos 13:38 declara, “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados.”

¿Qué es el perdón y por qué lo necesitamos?
La palabra “perdonar” significa hacer borrón y cuenta nueva, perdonar, cancelar una deuda. Cuando somos injustos con alguien, luego buscamos su perdón a fin de restituir la relación. El perdón de Dios no es otorgado debido a que la persona merezca ser perdonada. Nadie merece ser perdonado. El perdón es un acto de amor, misericordia y gracia. El perdón es la decisión de no guardar rencor a otra persona, pese a lo que le haya hecho. En eso se basa el perdón de Dios.


La Biblia nos dice que todos necesitamos el perdón de Dios. Todos hemos cometido pecado. Eclesiastés 7:20 declara, “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.”1 Juan 1:8 dice, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” Todo pecado es, a la larga, un acto de rebelión en contra de Dios (Salmos 51:4). Como resultado, necesitamos desesperadamente su perdón. Si nuestros pecados no son perdonados, pasaremos la eternidad sufriendo las consecuencias de nuestros pecados (Mateo 25:46 ;Juan 3:36).

Perdón – ¿Cómo lo obtengo?
Afortunadamente, Dios es tierno y compasivo. Está ansioso de perdonar nuestros pecados. 2 Pedro 3:9 nos dice que Dios es, “...paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” Dios desea perdonarnos, de manera que ha provisto para nuestro perdón.

El único castigo justo por nuestros pecados es la muerte. La primera parte de Romanos 6:23 declara, “Porque la paga del pecado es muerte...” La muerte eterna es lo que hemos ganado por nuestros pecados. Dios, en Su plan perfecto, se hizo hombre, en la persona de Jesucristo (Juan 1:1,14). Jesús murió en la cruz, llevando la penalidad que merecíamos – la muerte. 2 Corintios 5:21 nos enseña, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” ¡Jesús murió en la cruz, llevando el castigo que merecíamos! Siendo Dios, su muerte (la muerte de Jesús) proveyó el perdón por los pecados del mundo entero.1 Juan 2:2 proclama, “El es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” Jesús resucitó, proclamando Su victoria sobre el pecado y la muerte (1 Corintios 15:1-28). Gloria a Dios, que a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, la segunda parte de Romanos 6:23 es verdad, “...mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

El deseo de tu corazón

Fuimos creados para expresar a Dios y glorificarlo dando vía libre a nuestro enorme potencial.  

"(…) Te dé conforme al deseo de tu corazón, Y cumpla todo tu consejo". Salmos 20:4
El deseo es algo que todos tenemos, casi se puede decir que el mundo se mueve por deseos que siendo buenos o malos, ¡qué más da en este momento!, al fin no dejan de ser deseos. Seguramente, Dios nos creó con la capacidad de pensar, desear y ver cumplidos nuestros buenos deseos. Y no tiene nada de malo la palabra deseo, aunque la religiosidad y el legalismo han utilizado esta palabra para castrar a los creyentes de "todo deseo"; si eran buenos o malos no importaba ya que al dudar, ellos siempre enseñan ciegamente que "todo deseo está mal"; pero tal como la Biblia nos enseña, que la única revelación fiable es la proveniente del Espíritu Santo, hoy podemos comprender con claridad el tema.
Deseo es un ferviente anhelo, una necesidad, un pedido, un clamor; el deseo son ganas, es algo que quiero hacer, tener o lograr. La Biblia habla del "deseo de tu corazón" porque el corazón es lo profundo del alma, el corazón es el centro de operaciones de la voluntad donde entretejemos nuestras decisiones con los deseos.

"El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído". Salmos 10:17
"Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios". Salmos 21:2
Nacimos para cumplir esos deseos profundos que sentimos en nuestros sueños, y si no los cumplimos, puede que vivamos amargados e insatisfechos; tienen mucho que ver nuestros propósitos en la vida, con nuestro servicio a Dios y con nuestro lugar asignado.
Los deseos cumplidos, claro está que los buenos, son los que Dios quiere que experimentemos para glorificarlo y para que se vea su gloria en nosotros. Gloria de Dios es que sus hijos sean ejemplares, con una vida de victoria y de éxito.

Son muchos los que hacen lo que no les gusta reprimiendo sus verdaderos sueños, su profunda vocación, o que no están en el lugar que desearon alguna vez. Pero Dios nos desafía a que podamos salir de ese aislamiento que supone hacer cosas que no son nuestras para hacer nuestro llamado, donde brillan nuestros dones. No le puedes pedir a un pez que vuele o a un ave que nade en lo profundo del mar: pues así es cuando tratamos de meternos en cosas que no forman parte de nuestro destino. Parece bueno ese versículo que dice: "La voluntad de Dios es agradable y perfecta" (Romanos 12:2), pues cuando estamos donde debemos, en el momento correcto, estamos plenos. Solo somos exhortados a hacer morir o desechar los deseos pecaminosos provenientes de la naturaleza adánica o mundana (la carne), como los deseos egoístas, vanagloriosos... y a todo pecado.
"Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre". 1 Juan 2:17
"El deseo cumplido regocija el alma; Pero apartarse del mal es abominación a los necios". Proverbios 13:19