Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá Bien.
Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
He aquí que así será bendecido el hombre Que teme a Jehová.
Bendígate Jehová desde Sion, Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,
Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel.
Definitivamente, cada día estamos expuestos a afrontar un sinfín de situaciones que al llegar la noche nos dejan cansados, turbados, preocupados, y lo peor de todo, sin una solución, y sin saber qué hacer. Entonces llega el momento en que no queremos saber nada de la vida, solo llorar y aferrarnos a Dios, no queremos nada más que estar en su presencia.
¨Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, Que anda en sus caminos¨ (Vs 1).
Una de nuestras mayores cargas es el trabajo; que nos afecta tanto tenerlo como no tenerlo. Es una de las causas de haber diferencias en nuestra familia, esposo, hijos, amigos, ministerio, etc., puesto que nos demanda tiempo y entrega, pero no medimos que todo en exceso es malo. Por eso Dios nos promete que estaremos tranquilos con nuestro trabajo, que nos irá bien y le sacaremos el provecho necesario a esa labor; siempre y cuando sea un empleo que nos dé tiempo para compartir con los seres queridos y sobre todo, nos permita estar con Dios. ¨Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien¨ (Vs 2).