domingo, 8 de febrero de 2015

Bendiciones para el que teme

Texto bíblico: Salmos 128  (Reina-Valera 1960). Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, Que anda en sus caminos.

Cuando comieres el trabajo de tus manos, 
Bienaventurado serás, y te irá Bien.
 Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
 He aquí que así será bendecido el hombre Que teme a Jehová.
 Bendígate Jehová desde Sion, Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,
 Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel.
Definitivamente, cada día estamos expuestos a afrontar un sinfín de situaciones que al llegar la noche nos dejan cansados, turbados, preocupados, y lo peor de todo, sin una solución, y sin saber qué hacer. Entonces llega el momento en que no queremos saber nada de la vida, solo llorar y aferrarnos a Dios, no queremos nada más que estar en su presencia.
¨Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,  Que anda en sus caminos¨ (Vs 1).
bible 324324En ocasiones nos da miedo tomar una decisión que vaya en contra de la voluntad de Dios, o en contra de lo que somos en Él. Para nadie es un secreto que andar por los caminos de Dios y seguir a Jesús no es nada fácil, que nos acarrea muchos inconvenientes, pero vale la pena. A veces nos ganamos algunos problemas por defender la verdad de Cristo, por hacer las cosas que a Él le agradan y no las que el mundo quiere. Es nuestro temor a Dios el que nos hace actuar así, de manera correcta. Y por ello, su palabra nos recuerda que seremos bendecidos por obedecer y agradarle.
Una de nuestras mayores cargas es el trabajo; que nos afecta tanto tenerlo como no tenerlo. Es una de las causas de haber diferencias en nuestra familia, esposo, hijos, amigos, ministerio, etc., puesto que nos demanda tiempo y entrega, pero no medimos que todo en exceso es malo. Por eso Dios nos promete que estaremos tranquilos con nuestro trabajo, que nos irá bien y le sacaremos el provecho necesario a esa labor; siempre y cuando sea un empleo que nos dé tiempo para compartir con los seres queridos y sobre todo, nos permita estar con Dios. ¨Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien¨ (Vs 2).

Tú eres la luz

Un autor escribía: “Yo no llevo la lámpara personalmente, para ver mi camino. Conozco de memoria la oscuridad de las calles. Llevo la luz más bien, para que otros encuentren su senda cuando me vean a mí…
Alumbrar el camino para nosotros mismos, es una tarea buena, pero no deja de tener un punto egoísta, pues hay otros en la senda que necesitando la luz, no permitimos que se beneficien de ella.
Ahora bien, alumbrar el camino de los demás no es tarea fácil, ya que muchas veces en vez de iluminar oscurecemos; en lugar de estimular, desalentamos; en vez de resaltar lo bueno de la gente, nos detenemos solamente a criticar lo malo.
De igual forma, hablando de cristianismo oscurecemos el camino del resto cuando llevamos una doble vida; cuando en la teoría proclamamos una cosa, pero en la práctica hacemos todo lo contrario. O sea, cuando no somos auténticos.

Dios Se Deleita En La Misericordia

“…Dios… se deleita en la misericordia” (Miqueas 7:18)

A la entrada de un convento había un cartel que decía: “Totalmente prohibido pasar. Los trasgresores serán sancionados con penas máximas. Firmado: Las Hermanas de la Misericordia”. 
Menos mal que Dios no es así. Y esto no está más claro en ningún otro lugar de la Biblia que en el libro de Oseas. Allí, el Señor nos dejó el modelo de su misericordia en relación al reincidente pueblo de Israel, al hacer que el profeta Oseas se casara con una joven llamada Gomer (Oseas 1:3). Después de tener tres hijos con él, Gomer abandonó a su familia para vivir con otro hombre. Para empeorar aun más las cosas, cuando ella estaba trabajando como prostituta, Dios le dijo a Oseas: “Ve y ama a una mujer amada de su compañero y adúltera; así ama el Señor a los hijos de Israel, aunque ellos se vuelven a dioses ajenos…” (Oseas 3:1). Aunque Gomer le había avergonzado públicamente, él la aceptó de nuevo. En vez de ignorarla o castigarla, le demostró misericordia y compasión. 
Cuando Jesús amó a un convicto y le ayudó, le vio como un niño errante a quien su padre amaba, entristeciéndose porque estaba actuando mal. Le vio como Dios lo diseñó al principio. Jesús era capaz de amar a los hombres porque les amó a pesar de sus muchas “capas de suciedad”. Sin embargo, mostrar misericordia a aquéllos que nos han herido va a menudo en contra de nuestra naturaleza. Queremos que sean castigados y que se haga justicia. “Pero el Dios de toda gracia…” (1 Pedro 5:10) no opera así. La Biblia dice que “…se deleita en la misericordia” (Miqueas 7:18). Y menos mal que Él actúa con nosotros de la misma manera, ¿verdad?

¡Libérate!

Frecuentemente hablamos sobre el perdón, y mientras, cuando alguien nos lastima, engaña o trata mal a alguno de los nuestros, llenamos nuestra vida de rencor sin pensar en las consecuencias.
La gente suele decir “no siento haberlo perdonado(a)”, cuando en realidad el perdón no es un sentimiento, no es algo que venga por emoción, sino por obediencia. Dios no habla de perdonar cuando uno sienta hacerlo, sino que debe hacerlo como un acto de voluntad y obediencia. Es una decisión. Mateo 6:14 “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial”.
Mientras no perdones, seguirás dándole a la persona que te dañó, el poder y la libertad de seguir lastimándote incluso después de lo sucedido. Cuando no perdonas, la ofensa no solo se alberga en tu mente sino también en tu corazón, y esto termina lastimándote aún más.
Pero para el hombre es inevitable recordar; no es como Dios que olvida nuestros pecados. Cuando decides perdonar, los recuerdos ya no duelen, no existe nada anterior que te lastime. No solo liberas a la otra persona de tu mente y de tu vida, sino que tú también te liberas de no seguir sufriendo por la amargura o el rencor.

sábado, 7 de febrero de 2015

La Cultura De la Esperanza

En el pasillo de nuestras oficinas hay colgado un texto hermosamente enmarcado, y con una caligrafía floreciente, que dice, “La clave para todo esfuerzo en la vida son las relaciones saludables.” Uno de los valores centrales de la vida es tener relaciones saludables.
Para el Señor son tan importantes las relaciones saludables que Él prefiere que no tengamos iglesia si ellas faltan. Jesús dijo que si al llevar una ofrenda al altar, recordamos que tenemos una relación desligada con alguien, debemos dejar la ofrenda e ir a arreglarla y luego regresar para presentar la ofrenda. (Mateo 5:23-24) 
Buenas relaciones son las que Dios usa para hacer su trabajo por medio de su Iglesia. 
Los que sufren de parálisis cerebral tiene la frustrante lucha, de tener una mente brillante que sabe lo que el cuerpo quiere hacer, pero los músculos no responden a los impulsos del cerebro.
El cuerpo de Cristo puede sufrir una disfunción similar cuando el cuerpo no coopera con la cabeza, El Señor mismo. Si vamos a alcanzar al mundo, primero tenemos que sanar nuestro cuerpo para poder trabajar juntos. La Iglesia se convierte en una hermosa expresión de Jesús, cuando la salud relacional en ella está a un alto nivel.
Jesús envió a sus discípulos de dos en dos para que otros pudiesen ver el mensaje de las buenas nuevas a través de su relación. Si el evangelio no es entendible en nuestras relaciones no será valorado por otros. 

El regalo más extravagante y costoso que haya sido comprado, fue hecho a través de la cruz, cuando Jesús murió para establecer relaciones saludables con Dios y con cada uno. Por lo cual debemos ser diligentes en preservar la unidad del Espíritu en nuestros equipos, para hacer nuestro mensaje más atractivo. Las relaciones saludables crecen cuando el ambiente en nuestros equipos es sano, y para tenerlo, los líderes de la iglesia pueden verse obligados a cambiar la cultura establecida.

Puerto seguro

Cada vez que nos enfrentamos a una crisis o a tormentas en nuestra vida, debemos estar confiados en que esa crisis acabará, esa tormenta pasará. Cuando un barco se encuentra en medio de una tormenta siempre va a buscar la forma de llegar a puerto seguro. 
La Palabra de Dios dice en Mateo 8:23-27 “Y entrando Él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero Él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” También dice en Juan 6:16-21 “Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas Él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban”. 
RECUERDA, SI YA TENEMOS A CRISTO JESÚS EN NUESTRA VIDA, ÉL MISMO NOS CONDUCIRÁ A PUERTO SEGURO. PODEMOS ESTAR SIN MIEDO Y EN LA CONFIANZA DE QUE LLEGAREMOS A UN LUGAR SEGURO, SIEMPRE Y CUANDO CRISTO JESÚS SEA NUESTRO SEÑOR, REY Y SALVADOR PERSONAL. ¿YA LO TIENES EN TU VIDA?

Huesos secos

Días atrás escuché un vibrante mensaje sobre el capítulo 37 del libro de Ezequiel. Si bien su sentido y enfoque fueron diferentes al ilustrado, la lectura que hice posteriormente, del pasaje bíblico, me aportó nuevas esperanzas y renovada energía a mi alicaído espíritu.
En él, el profeta se encuentra en medio de un campo lleno de huesos secos y esparcidos. De repente, cada uno de estos huesos comienza a unirse con sus allegados correspondientes; Dios hace crecer nervios, carne y finalmente sopla aliento de vida en ellos hasta formarse todo un ejército, una muchedumbre.
Más allá de toda consideración, simbolismo o interpretación del pasaje, si hay algo que está absolutamente claro, es que Dios tiene el poder de convertir todo un campo de huesos secos en un ejército viviente. Como en la profecía, es Su Soberana Palabra la que dice “hágase”, y tan simple como el decirlo es el hecho.
Esto nos recuerda con tristeza, las oportunidades que tuvimos y que no supimos valorar, aprovechar ni agradecer debidamente. Malas decisiones, falta de experiencia, de criterio, un poco de ignorancia y quizá hasta alguna dosis nefasta de arrogancia nos condujeron a situaciones difíciles y penosas. En pocas palabras, hicimos de nuestras vidas un valle de huesos secos. Recordamos con tristeza cuántas veces nuestra vida estuvo hecha un campo de huesos secos, aquellas veces en los que el desaliento, la frustración, la ira mal contenida, la tristeza y la desesperanza ganaron terreno sobre la fe y la esperanza; pisaron sueños y derribaron ilusiones.

Enfoque correcto

El rumbo de nuestra vida lo determina el enfoque de nuestros ojos. 
Cristo declaró, sin rodeos, que el lugar donde estaba nuestro tesoro sería también el lugar donde se encontraría nuestro corazón. Es con este enfoque, donde y cuando nos sentimos tentados a creer que nosotros podemos llegar a ser la excepción a la regla. En momentos así, no obstante, debemos aceptar que su condición de Hijo de Dios lo capacita para declarar las cosas tal como es su voluntad y como son. Necesitamos desviar nuestros propios conceptos a lo que Él dice.  Mateo 6:1-18
Jesús se valió de una figura del mundo físico, el ojo, a modo de ilustración: "La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
El cuerpo no puede discernir el camino a seguir si no es por medio de los ojos, y n
uestros ojos pueden y deben estar puestos solamente, en todo aquello que pertenece a los designios y propósitos del Señor.
En el sentido real, los ojos cumplen la función de ventanas por las que podemos percibir el mundo a nuestro alrededor. Según el lugar donde estén enfocados nuestros ojos, así será la perspectiva que tengamos del lugar donde nos encontramos. De modo que aunque los ojos pueden funcionar correctamente, pueden estar orientados en la dirección incorrecta. Por poner un ejemplo, un hijo, cuando de niño va caminando con su padre por la calle. Distraído con todo lo que ve a su alrededor, termina llevándose por delante un poste de luz.

El Big Bang

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Génesis 1:1.
Dios… nos ha hablado por el Hijo (Jesucristo)… por quien asimismo hizo el universo. Hebreos 1:1-2.

¿De dónde viene el universo? ¿Cómo fue formado? ¿Qué había antes? ¿Por qué desde la escala cósmica a la escala de las partículas elementales, hay establecido un orden y no el desorden? En todo tiempo y en todas las civilizaciones el hombre se ha preguntado esto. La teoría científica de esto llamada "teoría del Big Bang" dice, en resumen, que el universo se formó en un instante dado a partir de una asociación de densidad en un punto determinado, con una presión enorme y a temperaturas muy elevadas. Se dice que desde este "instante cero" el universo está en expansión y se enfría.
Pero si preguntamos a los defensores de esta teoría, qué había antes del Big Bang, responden que esta pregunta no tiene sentido, ya que, argumentan, el tiempo y el espacio solo empezaron en aquel momento.