viernes, 6 de febrero de 2015

¡Mi Consuelo!

¡Mi consuelo! (Salmo 119:50)
Así también es la resurrección de los muertos… Se siembra en deshonra, resucitará en gloria… Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. 1 Corintios 15:42-44.
cementerio_02
La muerte es una separación, una ruptura que pone fin drásticamente, a las relaciones más queridas. Hace correr lágrimas. Nos imaginamos la desesperación de quienes atraviesan el duelo sin conocer los recursos divinos, los que no tienen esperanza, en particular la de volver a verse en el cielo.
Por eso el apóstol Pablo escribe a los creyentes de Tesalónica: “No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”. Pablo atrae sus miradas hacia la resurrección venidera. Entonces la vida brotará de la tumba, vida de la cual participará el cuerpo, pues el alma (la parte inmaterial y espiritual) nunca ha dejado de existir. En la tumba solo se coloca un despojo, una envoltura, un cuerpo. Y eso, lo que se deposita en la tierra es como una simiente que pertenece al Señor. ¡Qué dulce consuelo saber que los creyentes que nos dejaron conocerán las glorias de la resurrección! No hicieron más que precedernos. La muerte no debe ocultar el glorioso porvenir que la fe capta.
También es un consuelo saber que el alma de nuestros amados ya está con el Señor, en el gozo de su presencia. En la cruz, el Señor Jesús pudo anunciar al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso (Lucas 23:43). También el apóstol Pablo manifestó su ardiente deseo de “estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor (Filipenses 1:23). Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos (Salmo 116:15).

Al igual que un niño

Al igual que un niñoQuienes creemos en lo que Dios dice, que nos ama, nos perdona y nos hace libres para siempre, no llegamos a esta conclusión sin ayuda. Una vez, nuestra capacidad de confiar en Dios se vio paralizada como resultado del primer ataque de Satanás al género humano, un sagaz intento de destruir la confianza de Eva en la bondad de Dios. Lamentablemente, para ella y para nosotros, su plan funcionó demasiado bien. Desde entonces, hemos sufrido los efectos paralizantes de un concepto inexacto o equivocado en cuanto a Dios.
Por nuestras almas corrompidas, vivimos en un estado de confusión, ira, arrogancia, sufrimiento, soledad y temor. Nuestra única esperanza real era que alguien nos trajera a Jesús para que pudiéramos ver claramente, al Dios que vino a salvarnos. Solo así podríamos, de una manera adecuada, entender el amor incondicional que hay en el corazón de Dios.
Al igual que un niño
El Evangelio de Marcos cuenta la increíble historia de cuatro hombres que llevaron a un amigo paralítico a Jesús (2.1-12). Al igual que un sinfín de historias de la Biblia, este relato enseña la realidad de que Dios está interesado en nosotros, y que es más bondadoso de lo que pudiéramos imaginar. Marcos ofrece muy poca información sobre los cuatro hombres; no da sus nombres, y no hay ningún registro de las palabras que ellos cruzaron entre sí. Ni siquiera sabemos cuál era su relación con el paralítico, y qué fue de ellos después de esto. Tampoco se nos dice cuánto viajaron para realizar tal acto de bondad, o lo que les costó. Sin embargo, es evidente que ninguna distancia fue demasiado lejana, y ningún costo y ninguna complicación demasiado grandes. A pesar de la dificultad a la que tuvieron que hacer frente, este cuarteto estuvo decidido a llevar a su amigo a Jesús.
Al reflexionar sobre esta historia, no podemos dejar de preguntarnos cómo debió haber sido estar paralítico, tener que depender de los demás para todo. No ser capaz de moverse sin molestar a los demás.
¿Cómo reaccionó cuando sus amigos agarraron los cuatro extremos de su catre y se dirigieron hacia la puerta con él? ¿Le contaron sus planes, o simplemente le dijeron que sería una sorpresa? ¿Se sintió desalentado cuando, al principio, parecía que se verían obligados a cancelar su misión? ¿Les previno cuando comenzaron a planear la estrategia de abrir un hueco en el techo? ¿Se sintió emocionado, asustado o turbado cuando empezaron a bajarlo por el agujero? No podemos saber las respuestas a estas preguntas, pero una cosa es cierta. Cuando Jesús vio a aquel hombre, vio la verdadera parálisis que padecía. Dentro de ese cuerpo marchito estaba un alma lisiada, paralizada por el pecado y la vergüenza.

¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión? ¿Cómo puede un cristiano vencer la depresión?


La depresión es un padecimiento que se ha propagado enormemente afectando a millones de personas, tanto a cristianos como a no cristianos. Quienes sufren de depresión pueden experimentar intensos sentimientos de tristeza, ira, desesperanza, fatiga y una variedad de otros síntomas. Pueden empezar a sentirse inútiles y hasta pensar en el suicidio, perdiendo interés en cosas y personas con las que antes disfrutaban. Con frecuencia, la depresión es motivada por circunstancias de la vida como la pérdida del trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio o problemas psicológicos como el abuso o la baja autoestima.

Contra ella, la Biblia nos dice que estemos llenos de gozo y alabanza (Filipenses 4:4; Romanos 15:11), Dios propone que vivamos vidas con gozo. Esto no es fácil para alguien que atraviesa por una situación depresiva, pero ésta puede mejorar a través de los dones de Dios, con la oración, estudios bíblicos y su aplicación, grupos de soporte, grupos en casas, compañerismo con otros creyentes, con confesión, perdón y consejería. Debemos hacer un esfuerzo en no estar absortos en nosotros mismos, sino más bien dirigir nuestros esfuerzos al exterior. Los sentimientos de depresión con frecuencia suelen resolverse, cuando el que sufre aparta la atención de sí mismo y la pone en Cristo y los demás.

Pero si la depresión es clínica, es una condición física que debe ser diagnosticada por un médico especialista. No es causada por circunstancias desafortunadas de la vida, ni los síntomas pueden ser aliviados por voluntad propia. Contrariamente a lo que algunos creen en la comunidad cristiana, la depresión clínica no siempre es causada por el pecado. En ocasiones, la depresión puede ser un desorden que necesita ser tratado con medicamentos y/o consejería. Desde luego, Dios es capaz de curar cualquier enfermedad o desorden; sin embargo, en algunos casos, el consultar a un doctor por una depresión, no es diferente a acudir a un médico por una herida.

jueves, 5 de febrero de 2015

La vida sigue

¡Cuántos momentos difíciles pasamos a lo largo de nuestra vida!, pero la vida sigue; momentos difíciles de olvidar son casi todos aquellos que encojen nuestro corazón, mientras que recibimos bien aquellos momentos de alegría que nos ayudan a superar todas las dificultades.
Las personas van y vienen, y el tiempo pasa sin remisión dejando atrás todos esos momentos, pero solo el verdadero amor queda en nuestro recuerdo para siempre; perdura imperturbable durante toda nuestra vida; los recuerdos jamás serán olvidados, pero una cosa sí es verdad, la vida sigue sin pararse por ninguno de nosotros. 
Estemos bien o mal, tristes o alegres, solos o acompañados, la vida sigue. Cada día que pasa nos vamos acercando más a la terminación de otro año. 
¡Cómo pasa el tiempo!, pensaba, mientras me miraba en el espejo y contemplaba mi imagen reflejada, descubriendo en mi rostro, cómo ha pasado el tiempo poco a poco, pero debo continuar luchando por las cosas que más amo, esas que si no lo hiciera así, perdería sin remisión. 

Actitud de mártir

...ES DON DE DIOS QUE TODO HOMBRE... GOCE...” (Eclesiastés 3:13)

La gran mayoría de las personas que tienen una “actitud de mártir” hacen las cosas por sentido del deber pero sin alegría. Se sienten culpables por disfrutar de la vida y tienen tendencia a envidiar a los que están a su alrededor. Se resienten cuando los demás no hacen cosas por ellas y sin embargo, no piden ayuda para que nadie se sienta obligado. El hecho es que los “mártires”, al no valorarse debidamente a sí mismos, piensan que los demás tampoco lo hacen: pero así no es como el Señor quiere que vivamos.

La Biblia dice que hay un momento para trabajar, para el ocio, para reír y para disfrutar de la vida, porque “...es don de Dios que todo hombre... goce...(Eclesiastés 3:13). Jesús dijo: “...Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b). Lo que se necesita es mucho sentido del humor y descanso. Estas cosas son también espirituales; sin ellas te vuelves desequilibrado y propenso a enfermedades relacionadas con el estrés, a cambios de humor y a conductas compulsivas. 

Paciencia en la familia

Existen muchos espíritus en el mundo. Sobre esto escribió el apóstol Juan; como también escribió que no debemos creer a todos los espíritus, sino probar si son de Dios.
Sabemos que hay un Espíritu Santo y que ese Espíritu vive en nosotros y es mayor que cualquier espíritu que está en el mundo.
Pero si el Espíritu es Santo y es mayor que cualquier otro espíritu, que vive en los hermanos, entonces ¿por qué hay tanta falta de paciencia entre éstos, entre nosotros? Porque uno de los frutos del Espíritu es la paciencia. Entonces, ¿qué pasa con este fruto?
¿Sabe usted un secreto del Espíritu Santo? El fruto del Espíritu no puede crecer mucho si no tiene alimento, y su alimento es la palabra de Dios. Más allá de leerla, es obedecerla. Y hay mandamientos en la palabra de Dios que facultan la paciencia. Quizás no hemos enfatizado suficientemente estas enseñanzas.
Miramos, y vemos las mismas actitudes en la familia natural que en la familia de Dios. Una es que los hermanos que han superado un defecto, casi no pueden soportar el mismo defecto en otra persona. En la familia natural puede ser un hermano mayor que no tiene paciencia con su hermano menor. Lo vemos muchas veces. Vemos como critica una niña de 8 años a su hermanito de 4, que está haciendo las mismas acciones inmaduras que ella acostumbraba a hacer a la misma edad. No las puede soportar y se queja constantemente de él y le critica.
¿No es similar la misma actitud entre hermanos en la iglesia? Y aparte de la inmadurez, hay diferencias de opinión, diferencias de temperamento, diferencias de lo que hemos aprendido en nuestra cultura. Estas últimas diferencias pueden ser hasta chistosas. En fin, es normal.
Pero el origen de la paciencia es el Espíritu Santo, y éste nos guía según lo que le damos de alimento. Como dijo el apóstol Pedro —”Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hechos 5.32).
¡Ahhh! ¡Ya comprendo! La obediencia tiene que ver con la fuerza del Espíritu Santo en nuestra vida. Lo recibimos al obedecer el mensaje de Cristo sobre arrepentirnos y bautizarnos. Pero puede ser que después de bautizarnos, no obedezca
mos los mandamientos que podrían hacernos crecer espiritualmente para tener más paciencia.
Una de las instrucciones adecuadas a esto, se encuentra en Romanos 14:4, donde Pablo está enseñando a los gentiles y judíos cómo actuar con las diferencias de cultura y opinión. — “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.”

El único Salvador

“Porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.” Romanos 10:13 (Nueva Versión Internacional).
unico salvadorDIOS me la había regalado, no obstante no vi el valor de ella y la eché a perder. Se trata de mi vida. No medí las consecuencias de mi pecado y éstas me alcanzaron. El diagnostico era simple, no había solución. Mi alma, cuerpo y mente estaban sumamente dañados. Lo tenía todo perdido pero Él apareció, apareció mi Salvador. Alguien me dijo: !Si Él no te puede ayudar, nadie más podrá hacerlo! Estaba cansado de buscar una solución para mi herida mortal, y nadie lo pudo hacer. Pero un día le entregué mi vida a Jesús, perdonó mis pecados, me restauró y me regaló un nuevo comienzo. Con el paso del tiempo, su Espíritu Santo sanó mi ser y le llenó de poder para servirle. Y aquella historia de terror que viví es solo un pequeño recuerdo.
Solamente Jesús tiene el poder para salvar a aquellos que lo han perdido todo a consecuencia de sus pecados. Solo Él puede revivir a los que están muertos en vida. Solamente el poder de Su sangre puede abrir las prisiones construidas por Satanás en las almas de los perdidos. Jesucristo es la paz (Isaías 53:4-5) que necesitan aquellos que son atormentados por los demonios. Él es la fortaleza que necesitan los que andan fatigados por la vida.
Todo lo que hay que hacer para que Jesús salve es creer en Él. No hace falta realizar ningún acto u obra para ser salvo y liberado, solamente creer que Él pagó por los pecados de uno mismo y que Jesús es el Hijo de DIOS.
“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8 (Nueva Versión Internacional).
Si tú estás cautivo en las tinieblas, si tu pecado te ha hecho perder tu vida, si estás enfermo, o si tienes cualquier carga que te oprima, Jesús te puede salvar.
Cree en Él de todo corazón y Jesús te salvará.
“DIOS, perdona mis pecados, reconozco que Jesús es tu Hijo, que pagó por mis pecados, y que resucitó para darme vida. Jesús, sálvame. Lávame con tu sangre y quebranta cualquier cadena en mi vida. Sé el Señor de mi vida y envíame al Espíritu Santo para que me llene de tu poder y me ayude a hacer tu perfecta voluntad. Oro en el nombre de Jesús, Amén.”

¿Es el Catolicismo una religión falsa? ¿Son salvos los católicos?

El problema más crucial de la Iglesia Católica Romana es su creencia de que la sola fe en Jesucristo no es suficiente para la salvación. Pero la Biblia clara, consistente y repetidamente, establece que el recibir a Jesucristo como Salvador por gracia a través de la fe, garantiza la salvación (Juan 1:123:161836Hechos 16:31Romanos 10:13Efesios 2:8-9). La Iglesia Católica Romana rechaza esto. La posición oficial de la Iglesia Católica Romana es que una persona debe creer en Jesucristo, ser bautizada, recibir la Eucaristía junto con los otros sacramentos, obedecer los decretos de la Iglesia Católica Romana, realizar obras meritorias y no morir con algún pecado mortal, y etc., etc., etc. La divergencia Católica de la Biblia en el más crucial de los puntos, la salvación, implica que sí, que el Catolicismo es una religión falsa. Si la persona cree lo que la Iglesia Católica enseña oficialmente, él o ella no serán salvados. Cualquier demanda de obras o rituales que deban ser añadidos a la fe para obtener la salvación, significa afirmar que la muerte de Jesús no tuvo el valor suficiente para comprar nuestra salvación.

Mientras que la salvación por fe es el punto más crucial, al comparar el catolicismo romano con la Palabra de Dios vemos que existen también, más diferencias y contradicciones. La Iglesia Católica Romana enseña muchas doctrinas que están en desacuerdo con lo que la Biblia declara. Esto incluye la sucesión apostólica, la adoración a los santos o a María, la oración a los santos o a María, al Papa / el papado, el bautismo de infantes, la transubstanciación, indulgencias plenarias, el sistema sacramental, y el purgatorio. A pesar de afirmar los católicos la base bíblica de estos conceptos, ninguna de estas enseñanzas tiene alguna base sólida en la clara enseñanza de la Escritura. Estos conceptos están basados en la tradición católica, no en la Palabra de Dios. De hecho, claramente contradicen los principios bíblicos.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Confía Hasta Que Lo Entiendas

“…no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera” (1 Pedro 4:12)

En el transcurso de unos pocos meses, Fred Whiteman sufrió más de lo que la mayoría de nosotros padecemos en toda nuestra vida. El cáncer se llevó a su mejor amigo. Después murió su madre y su mujer fue asesinada. Seguidamente le hicieron un trasplante de corazón; cuando todavía se estaba recuperando, le diagnosticaron un cáncer, y además, le llevaron a juicio. 
Cuando Fred Whiteman llegue al Cielo, ¡podrá comparar sus apuntes con Job! ¿Le convirtió eso en una persona amargada y cínica? No, él hizo lo que dijo David: “…cuando mi corazón desmaye, llévame a la roca que es más alta que yo” (Salmos 61:2b). Cuando te sientas abatido, es fácil llegar a la conclusión de que “…alguna cosa extraña…” (1 Pedro 4:12b) te ha pasado y que Dios se ha alejado de ti. Pero Fred Whiteman dijo: “Cuando no no lo podemos explicar, tenemos que confiar hasta que lo entendamos”. Después, él aprendió de la adversidad que: