miércoles, 31 de diciembre de 2014

Como terminar bien el año

Son muy normales las supersticiones en los no conversos cada vez que termina y empieza un año nuevo: el color amarillo de la ropa interior, algunas monedas de cierto valor en un vaso, una vela de tal color, dar la vuelta a la manzana del barrio con una maleta, entre otras. ¿Y nosotros los creyentes, cómo logramos terminar y empezar un nuevo año en victoria?
Veámoslo a continuación:
1.      EVALUANDO EL AÑO QUE PASÓ
¿Cómo me fue? ¿Qué logré? ¿Qué me quedó por lograr? ¿Qué metas y objetivos se alcanzaron? ¿Cuáles quedaron pendientes? ¿Qué podemos mejorar? ¿Por qué no fue mejor? ¿Por qué no se consiguieron algunas cosas? ¿En qué fallé y me equivoqué? ¿Cuáles fueron los errores que cometí? ¿Qué se dejó de hacer?
Estas preguntas nos pueden ayudar a realizar una buena y seria evaluación del año que terminó y al mismo tiempo, nos dan una percepción y son una buena base para iniciar el año que nos espera; servirán como termómetro de evaluación, para saber lo bien, regular o mal que nos fue durante todo el año y nos ayudarán para no volver a cometer los mismos errores y equivocaciones del pasado, como también mejorar algunas o muchas cosas que no nos favorecieron lo suficiente, pero sobre todo para ser prudentes, sabios e inteligentes (Hechos 14: 26-28).
2.     DIBUJANDO NUEVOS PROYECTOS
Fueron muchas las cosas que Pablo ya había logrado, alcanzado, conquistado y aún así, se proyectaba hacía adelante para nuevos retos, alcances, etc. (Filipenses 3: 12-16). Cuando acababa un viaje misionero planeaba otro, realizando así, varios viajes misioneros: el primero (Hechos 13: 1-3), el segundo (Hechos 15: 36-41), el tercero (Hechos 19: 1-41). (VM)
3.     INICIANDO EL AÑO SIN RESENTIMIENTOS
Qué bueno sería que pudiéramos terminar y empezar el año sin rencores y sin resentimientos PERDONANDO y OLVIDANDO, inclusive PERDONÁNDONOS A NOSOTROS MISMOS. ¿Cuántas personas, incluso creyentes, se sienten y se creen culpables de sus infortunios y fracasos debido a sus equivocaciones y errores?, ¿cuántas personas incluso creyentes, se sienten y se creen culpables del mal que les han causado a los demás, como lo vivieron los hermanos de José Génesis 50: 15-21? También importa PERDONAR A LOS DEMÁS, a los que nos han ofendido y causado daño, como hizo José con sus hermanos (Génesis 45-11; 50: 15-21), Jacob y Esaú (Génesis 33: 1-20), Pablo y Juan Marcos (Colosenses 3: 10; 2 Timoteo 4: 11).
El ejemplo más significativo de perdón es el de nuestro Señor Jesucristo en la cruz, cuando dijo de los que lo crucificaron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23: 34). No más martirio pudiendo uno mismo perdonarse, perdonar y pedir perdón a Dios y a los hombres (1 Juan 1: 9; 1 Samuel 25: 1-44). ¡El perdón no es una opción (cuando quiera o sienta) sino una decisión!
Además del PERDÓN, tenemos que OLVIDAR por nuestro bienestar físico y nuestra sanidad del alma, como lo hizo José (Génesis 41: 51, 52), Job (9: 27), Israel (Isaías 43: 18, 19), Pablo (2 Corintios 5: 17; Filipenses 3: 13). Hasta el mismo Dios PERDONA y OLVIDA para siempre (Isaías 43: 22-25; Jeremías 31: 34; Miqueas 7: 18). No caigamos en la ignorancia de muchos cuando dicen: “lo perdono pero no olvido”. El daño se lo están haciendo ellos mismos, y por eso no son felices y se amargan la vida al no estar dispuestos a dar el brazo a torcer PERDONANDO y OLVIDANDO. “Por eso David decidió caer en manos del Dios misericordioso que caer en manos del hombre que es duro de corazón” (2 Samuel 24: 12-17; 1 Crónicas 21: 9-19.
¡El orgullo también influye mucho! ¿Cuántas personas prefieren romper con la amistad, la relación y hasta morirse resentidos, por no tomar la iniciativa de perdonar y olvidar, y todo por la maldita soberbia?

En la piel de otro

Guillermo era un tipo grande, torpe y poco atractivo.
Se vestía extrañamente con ropa que no le quedaba bien. Algunas personas pensaban que era divertido burlarse de él, y un día, en el trabajo, una de ellas vio una pequeña rotura en su camisa y le dio un tironcito. Otro obrero en la fábrica hizo lo mismo y en poco tiempo, había una exhibición de tirones.
Guillermo siguió con su trabajo y al pasar muy pegado a una banda transportadora, uno de los jirones de su camisa fue atrapado por la maquinaria. En fracciones de segundo la manga y Guillermo estaban en problemas. Las alarmas sonaron, los interruptores fueron accionados y se evitó el problema.
El capataz, sin embargo, al tanto de lo que había pasado, convocó a los hombres y relató esta historia:
En mis días mozos, trabajé en una pequeña fábrica. Allí fue donde primero conocí a Miguel Gallardo. Era grande e ingenioso, siempre haciendo chistes y travesuras.
Miguel era un líder. Con él estaba un tal Pedro Lumas. Este siempre le seguía la corriente a Miguel. Y también estaba un hombre llamado… Juan. Él era un poco más viejo que el resto de nosotros, callado, inofensivo y solitario. Siempre almorzaba solo. Siempre vistió los mismos pantalones parcheados por tres años consecutivos. Nunca se unía a los juegos del mediodía: luchas, el taco, y cosas similares.
Se le veía indiferente, siempre sentado bajo un árbol en silencio.
Juan era el blanco natural para chistes y bromas. Solía encontrar una rana viva en su tartera de comida, o a un roedor muerto en su sombrero. Pero siempre se lo tomaba con buen humor.
Un otoño, cuando había poco trabajo, Miguel tomó unos días libres para ir de caza. Pedro se le unió, por supuesto. Y nos prometieron a todos que si cazaban algo, nos traerían a cada uno una parte. Así que todos nos entusiasmamos cuando oímos que habían regresado y que Miguel había cazado un venado grande. Oímos aún más que eso.
Pedro nunca podía reservarse nada, y nos hizo saber que tenían una gran broma preparada para Juan. Miguel había cortado al bicho y había hecho un paquete para cada uno de nosotros. Y, para divertirnos, había guardado las orejas, la cola y las pezuñas para Juan; sería muy divertido cuando Juan abriese el paquete.
Miguel distribuyó los paquetes durante el almuerzo. Cada uno de nosotros recibió una buena pieza, la abrimos y se lo agradecimos. El paquete más grande lo guardó para el final. Era para Juan.

martes, 30 de diciembre de 2014

¿Por qué el Señor Nos Compara Con Las Ovejas y No Con Otro Animal?

Son muchas las veces que en la Biblia se nos compara a nosotros los seres humanos, con las ovejas. Ciertamente, este era un animal que abundaba en toda la zona habitada por el pueblo hebreo. Pero es de suponer que también habría otros animales domésticos con los cuales compararnos, como el perro y el gato, o animales de carga, como el burro, el camello, etc., y  también aves de muchas clases. Entonces … ¿por qué la insistente comparación con la oveja?
Dado que la mayoría de las personas vivimos en ciudades, el comportamiento de la oveja nos resulta prácticamente desconocido, salvo por lo que hayamos podido ver en alguna película o en la televisión. Pero es interesante adentrarse en ciertos detalles sobre este dulce animal, para ver qué nos quiere decir el Señor al compararnos una y otra vez con las ovejas y al definirse Él como el “Buen Pastor”.
La oveja es un animal frágil. Se ve tan gordita, pero al esquilarla, al quitarle la lana, queda delgadita y se le nota entonces toda su fragilidad. Es, además, un animal dependiente, no se vale por sí sola: depende totalmente de su pastor. No de cualquier pastor, sino de “su” pastor. Es tan incapaz, que con sus débiles y poco flexibles patitas, no puede ni siquiera trepar al pastor y necesita que éste la suba. No así un perro o un gato.
Si se queda enganchada en una cerca o en una zarza, no puede escapar por sí sola, necesita que el pastor la rescate. La oveja anda en rebaño, no puede andar sola. Si llegara a quedarse sola, no es capaz de defenderse: es fácil presa del lobo o de otros animales feroces. Su dependencia del pastor la hace ser obediente y atenta a la voz y a la dirección de “su” pastor. No obedece la voz de cualquier pastor, sino que atiende solo a la del suyo. El pastor las lleva a veces a pastar guiándolas con una vara alta, llamada cayado, y a veces las reúne en un espacio cercado, llamado redil o aprisco.

La Iglesia

Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Efesios 5:25.
¿Qué debemos entender por "Iglesia", a la cual el Señor amó y por la cuál se entregó? No se trata de un grupo cualquiera de cristianos, ni cualquier congregación o denominación cristiana. Bajo el nombre de Iglesia, la Biblia designa el conjunto de todos los verdaderos creyentes. Dios no ve solo al individuo cristiano, sino a la totalidad de los redimidos. En su Palabra emplea diferentes acepciones para que esa colectividad sea más entendible. Las tres acepciones más conocidas e importantes son: “el cuerpo”, “la casa” y “la esposa”.
Con respecto al cuerpo de Cristo (1 Corintios 12), el Señor Jesús es la cabeza y todos los redimidos son los diferentes miembros de su cuerpo. El asunto principal en este concepto es la unidad de los salvados. Por diferentes que seamos, todos estamos unidos a Jesús y formamos una divina unidad gracias al Espíritu Santo.

Rompiendo La Esclavitud De Las Deudas

Me crié en un hogar donde todo se adquiría a crédito. Cada semana llegaba alguien a la puerta de mi casa cobrando algo. Era una situación angustiosa el escuchar: No tengo hoy para pagar y después de esto, escuchar amenazas por parte de los acreedores.
Los años pasaron y en ese ambiente me dejé envolver, pues en mi etapa de joven, teniendo ya un trabajo, comencé a adquirir mis cosas personales a crédito. Cada fin de mes no encontraba satisfacción al recibir mi sueldo, pues al hacer las cuentas todo se iba en pagar lo que había comprado a crédito y no podía disfrutar de mi sueldo para otras cosas.
Me casé con un hombre que no lo veía de igual modo y que venía de un hogar donde no se le debía a nadie. Por supuesto, esto generó entre nosotros conflictos que nos quitaban la paz.
Un día, gracias a Dios, pude romper con esa esclavitud de la deuda. Mi esposo y yo nos sentamos e hicimos un presupuesto, organizamos nuestras entradas y salidas de efectivo.
Además, otro aspecto que ha funcionado en nuestro matrimonio ha sido el ahorro.  Aunque sea algo significativamente obvio, necesitamos comenzar a tomar el hábito de ahorrar y pensar en el futuro.
Teniendo, como tenemos, la mente de Cristo podemos ser sabios en la administración de nuestras posesiones, y poder decir NO a aquellas compras compulsivas, preguntarnos si lo que deseamos es necesario, si podemos vivir sin ello, y no caer en la trampa del consumismo haciendo mal uso de las tarjetas de crédito.
La Biblia dice: Del Señor es la tierra y Su plenitud, el mundo y los que en él habitan, entonces nada es nuestro y no tenemos por qué ser esclavos de las deudas queriendo adquirir cosas y más cosas. Recordemos que vinimos a este mundo sin nada y volveremos a la tierra de donde fuimos sacados, sin nada.
Dios  ha prometido suplir todas nuestras necesidades conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Por lo tanto, rompamos con esa esclavitud de las deudas y vivamos una vida de paz y tranquilidad sin deberle nada a nadie.

Yo nací dos veces - Reflexiones

Antes de que fueras concebido, te deseaba
Antes de que nacieras, te amaba
Antes de que tuvieras una hora desde que naciste,
hubiera muerto por ti
Este es el milagro del amor
Mamá siempre está allí cuando la necesitas. Ayuda, protege, escucha, aconseja, y alimenta física y moralmente.
Se asegura de que su familia sea amada veinticuatro horas al día. Al menos, así es como yo recuerdo a mi madre los pocos años maravillosos que tuve la suerte de estar con ella. Pero no hay palabras que describan el sacrificio que hizo por amor a mí, su joven hijo.
Yo tenía diecinueve años cuando me conducían a un campo de concentración con un grupo grande de otros judíos. Era evidente que todos estábamos destinados a morir.
De repente, mi madre ingresó en el grupo y cambió de puesto conmigo. Aunque esto sucedió hace más de sesenta años, nunca olvidaré las últimas palabras que me dirigió.
-“Ya he vivido suficiente. Debes sobrevivir porque eres muy joven”, dijo.
La gran mayoría de los niños, por no decir la totalidad, nace solo una vez. Yo nací dos veces… de la misma madre.

¡Te salvé la vida!

El primer trasplante de corazón fue tan difícil como deseado. El hombre que fue sometido a la cirugía, estaba muy enfermo. Su corazón no bombeaba la suficiente sangre a sus pulmones, lo que provocó algunas deformaciones dolorosas y visibles en su cuerpo.
Cuando acabó la cirugía y después de unos días, el hombre despertó y reaccionó.
-La operación ha sido un éxito, estoy muy orgulloso de haberle podido dar un nuevo corazón, le dijo el médico al paciente. El hombre no tenía las suficientes palabras de agradecimiento por lo que había hecho por él.
La fama de esta operación fue anunciada rápidamente en todo el mundo. Todos estaban asombrados de los avances de la medicina en esta área. Pero aunque este hecho tuvo una gran repercusión, hubo otro aún más trascendental, hecho por el médico de médicos, Cristo, que vino al mundo para morir por nosotros para que pudiéramos tener un corazón nuevo, como claramente lo podemos ver en su Palabra.
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Ezequiel 36:26 (RV-1960)

lunes, 29 de diciembre de 2014

Presos en libertad

Sabemos que nosotros hacemos nuestra parte de ser prudentes, y todo lo demás, lo que no podemos controlar, está en manos de Dios. 

Viendo un programa de “National Geographic Channel”, me di cuenta de la realidad de la paz que el mundo ofrece a las personas. Jesús pronunció unas palabras acerca de la paz, que confrontan la seguridad que brinda este mundo. Él dijo: “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo” (Juan 14:27 RVC).  En el programa veía cómo buenas familias con una hermosa casa y muchas comodidades, sufrían una serie de delirios y psicosis apocalípticas. Padres atormentados por supuestos desastres que se avecinan en el mundo, por pestes que en “cualquier momento” estarían por desatarse, preparándose para la guerra y la hambruna, que armaban habitaciones y sótanos llenas de provisiones. Angustiados, haciendo simulacros de cómo deberían desenvolverse en el caso de que se desatara una epidemia mundial. Poniéndose gorros de protección, barboquejos, trajes especiales, desinfectantes de todo tipo y negando su casa a los supuestos infectados que podrían acercarse a su puerta. En fin, el paisaje de esa ciudad, era realmente hermoso, tal vez, la casa soñada por muchos, sin embargo, ni ese paisaje, ni su estabilidad económica, les podían brindar paz a estas familias, principalmente a los padres, que eran quienes cargaban con este delirio en sus almas.

Resonaron en mi mente estas palabras del Señor: “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da”. La paz que el mundo nos ofrece es como una débil cuerda en la que pende nuestra vida, una débil cuerda que siempre está a punto de cortarse. Aquellos que confían en las cosas que brinda el mundo, difícilmente logran una paz profunda y duradera. Porque siempre que decidan asegurarse en algo, aparecerá otra amenaza que desestabilizará sus vidas.

Si temes que tu pareja te deje o se muera, debes entregarlo en las manos de Dios. Si temes a la enfermedad, a las desgracias, a la pobreza, al fracaso, al desempleo, a la soledad, al rechazo, o a lo que te puedan hacer las personas, debes entregar todo esto en las manos de Dios, y Él te guardará más de lo que puedas imaginar.

Nosotros no podemos pretender controlar las catástrofes del mundo, ni las pestes destructoras, ni los accidentes, ni tampoco ciertas cosas más pequeñas. Y aunque pongamos mucho empeño en controlarlo todo, tampoco el mundo nos puede brindar una paz totalmente efectiva. Por eso nuestra paz es estar en las manos de Dios, confiar en su presencia, en su poder infinito, en su amor incondicional, Él nos brinda una seguridad eterna.

En el amor no hay nada escrito, lo escribimos nosotros

Un viejo refrán muy claro explica "Caminante no hay camino se hace camino al andar". Pues en el amor es lo mismo, nada en el amor está escrito, nada de lo que nos sucederá mañana. Está claro que lo que nos pase será parte del camino que nosotros, poco a poco, nos forjamos en nuestro corazón día a día; nada de lo que nos vaya a suceder se sabe de antemano, pero está claro que buena parte de todo será consecuencia de lo que forjemos en nuestro caminar. 
¡Cómo olvidar todo, cómo olvidar lo que podemos llegar a amar, pero también cómo olvidar lo que podemos llegar a odiar a quien nos hace daño. De acuerdo, odiar no está inicialmente en nuestra naturaleza, pero no nos podemos engañar porque por muy buenos que seamos, siempre nos queda un pequeño lugar donde albergar ese rencor que aunque no llegue a ser odio, siempre estará presente en el camino de nuestra vida.
Yo reconozco que pasé por ese odio, pero gracias a Dios no me consumió y me ha permitido seguir siendo quien hoy soy, tal vez gracias a otro corazón bondadoso y cariñoso que me hizo comprender ese refrán que tanto suena, "no hay camino en el amor sino el que nosotros mismos hacemos día a día". 
Por eso espero que este camino que hoy encuentro en mi caminar, sea bonito y no lo olvide, pudiendo así, hacer ver a la persona que se cruzó en mi camino lo que la puedo llegar a amar. 
Por eso os digo: apreciad lo que tenéis ahora que lo tenéis, no lloréis luego una vez lo perdáis. No olvidéis que en el amor nada está escrito, todo lo escribimos día a día con la sangre de nuestro corazón.