sábado, 8 de noviembre de 2014

Sentirse como en casa en la presencia de Dios

“DIOS NUESTRO, ¡TÚ SIEMPRE HAS SIDO NUESTRA CASA!” (Salmo 90:1 TLA)
Tras una jornada laboral intensa, es fabuloso llegar a casa, ese lugar que conoces y donde te puedes descalzar, estar en bata y no preocuparte de lo que piensen los demás. 
Y hablando de forma reverente, la presencia de Dios puede ser algo así de familiar y de cómodo. Aprenderás a acudir a Él para obtener fortaleza, protección y guía. Dios quiere que te sientas “como en casa” en su presencia, y que seas consciente de su cercanía en todo momento. A veces pensamos que Dios es, como deidad, solo un objeto a debatir, en vez de un lugar donde morar. Pero Él quiere que lo veamos como Aquél en quien “…vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28 NTV).

Si, No, Espera

Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. – Salmo 40:1.
Sean constantes en la oración. – Romanos 12:12.
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. – Salmo 5:3.
Me parece que fue ayer cuando Magali, la pequeña enferma de doce años, me decía con amargura: –No creo en Dios. Porque nunca me ha contestado cuando he orado. ¡Mire!, es mi tercera estancia en el hospital y no veo progresos.
Entonces, traté de explicarle que Dios puede responder de tres maneras diferentes: Naturalmente, una forma es diciendo “sí”, es decir, otorgando en seguida lo que pedimos. Pero también puede decir “no”, que quizá era lo que esta niña minusválida no comprendía. De hecho, Dios dice “no” por una única razón: por nuestro bien, el bien de nuestro corazón. Cuando el Señor cierra una puerta, sabe lo que hay detrás. “No”, es también, también una respuesta.
Él nos ama demasiado, en la medida de no ceder a todos nuestros caprichos y deseos. No siempre sabemos por qué dice “no”, pero lo que debe deleitarnos es pensar que Él sí lo sabe. Si a veces Dios dice “no” a nuestras oraciones, también puede decir: “Espera”.
¡Lástima!, un rasgo de nuestro carácter es ser impacientes, pero el Señor quiere desarrollar nuestra paciencia y someter nuestra voluntad a la suya. Esperemos y perseveremos sin dudar que nos contestará.
Él sabe lo que me hace falta, y en su amor quiero descansar. El misterio de toda cosa allí arriba lo va a revelar.


Las debilidades del diablo

¡Usted cuenta con armas contra el diablo! Él quiere poseerlo y zarandearlo como si fuera una pluma; pero la Biblia revela sus puntos débiles. Examinaremos la forma de descubrir y aprovechar estas debilidades para resistirlo. En primer lugar:
El diablo no lo sabe todo
Es decir, Satanás no es omnisciente. La omnisciencia de Dios es un hecho enseñado claramente en las Escrituras: “…su entendimiento es infinito” (Salmo 147.5). Dios conoce todas las cosas que tienen que ser sabidas. Sin embargo, no sucede lo mismo con el diablo.
Es obvio que no sabía donde estaba la tumba de Moisés. En Judas 9 se dice: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él”. ¿Cuál era la disputa que tenía Satán con Miguel? El diablo estaba tratando de localizar el cuerpo de Moisés. Pero Dios mismo, había enterrado a Moisés en un lugar que “ninguno conoce” (Deuteronomio 34.6). ¿Y por qué quería el diablo conocer el lugar? ¡Pues para decírselo a los hombres! Sabiendo la tendencia que los judíos tenían de adorar las cosas terrenales, Satanás pensó que ellos harían un santuario de su tumba. Harían peregrinajes a la tumba de Moisés en lugar de adorar al Dios de Moisés.
Satanás también falló en comprender Génesis 3.15, la primera profecía del evangelio. Él muy bien pudo haber entendido que un día la simiente de la mujer heriría su cabeza, pero no supo cómo sería. Si él lo hubiera sabido, no hubiera impulsado a los hombres a crucificar a Cristo. Y ¡claro!, cuando Jesús murió, el diablo pensó que había ganado la batalla. Sin embargo, esta fue únicamente una herida en el talón, una herida temporal; porque cuando nuestro Señor fue levantado de la tumba, infligió un golpe mortal al diablo, quitándole el poder de la muerte. ¡Satanás no lo supo con antelación!

El Diezmo en el Nuevo Testamento

Los cristianos no estamos obligados a diezmar en la actualidad, pero de las leyes del diezmo podemos extraer ciertos principios orientadores para hoy.
Algunos creen que estamos obligados a hacerlo. Dan testimonio de bendiciones recibidas por diezmar. Algunas de ellas, sobre la base de Malaquías 3:10 “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”, enseñan que debemos dar nuestros diezmos a nuestra iglesia. Sin embargo, otros dicen que la ley del diezmo ha caducado, y que los cristianos no estamos obligados a diezmar. ¿Estamos realmente obligados a diezmar? ¿Dios nos bendecirá si diezmamos? ¿Estamos obligados a dar nuestro diezmo a nuestra iglesia? ¿Ha caducado la ley del diezmo? ¿Qué debemos estar haciendo mi familia y yo en cuanto al mismo? Buscaremos respuestas a estas preguntas en la Biblia.
Historia del diezmo en la Biblia
el_diezmo_nuevo_testamentoEl diezmo antes de la Ley de Moisés. Abram dio a Mequisedec, sacerdote del Dios Altísimo, el diezmo de todo el botín obtenido al derrotar a los cuatro reyes invasores (Génesis 14:17-20). Parece ser un acto voluntario. En Bet-el Jacob prometió diezmar todo lo que Jehová le diera en su viaje a Harán (Génesis 28:20-22). Parece ser un acto voluntario para persuadir a Jehová a cuidarlo y bendecirlo.
El diezmo según la ley de Moisés. Los israelitas estaban obligados a dar un diezmo de la tierra y del ganado a Jehová (Levítico 27:30-33). Este diezmo era para el sostén de los levitas (Números 18:21). Una parte del diezmo se debería gastar en banquetes en el santuario central cada año (Deuteronomio 14:22-23, 26). Una tercera parte del diezmo (y tal vez parte de la segunda) debería darse cada tres años para guardarse en las ciudades y repartirse a los pobres (Deuteronomio 14:28-29). El diezmo se menciona pocas veces más en el Antiguo Testamento:
1. Amós criticó a los israelitas porque diezmaban creyendo que así agradaban a Dios, cuando por contra, cometían injusticias contra los pobres e indefensos (Amós 4:4).
2. En la reforma de Ezequías los israelitas llevaron el diezmo de la tierra del ganado al templo y lo depositaron allí (2 Crónicas 31:5-6). Se trata del diezmo para los levitas (verso 4).
3. En la reforma de Esdras, los judíos prometieron dar el diezmo de la tierra para el sostén de los levitas (Nehemías 10:37), cosa que hicieron por un tiempo (12:47, 13:10, 12).
4. Malaquías acusó a los judíos de robar a Dios en sus diezmos, les instó a traer el diezmo completo al templo de Jerusalén (el único templo de los judíos) y les prometió gran bendición (Malaquías 3:8-10). Se trata del diezmo para los levitas.
5. En tiempos neotestamentarios, los escritos rabínicos indican que los judíos daban importancia a por lo menos, los primeros dos diezmos (Lucas 18:12, la oración del fariseo). Jesús reconoció que por lo menos, algunos escribas y fariseos diezmaban de todo, y que lo deberían hacer, pero les criticó por creer que eso agradaría a Dios, cuando dejaban de lado la justicia, la misericordia y la fe (Mateo. 23:23; Lucas. 11:42).
6. No hay ningún pasaje neotestamentario después de la muerte de Cristo, que inste a diezmar. Las únicas referencias al diezmo se hallan en Hebreos 7:2, 4, 5, 6, 8, 9; no instan a diezmar, sino que argumentan que el sacerdocio de Melquisedec fue superior al sacerdocio levítico, pues Melquisedec recibió diezmos de Abraham y, por lo tanto, también de Leví. El verso 5 indica que los diezmos eran parte de la Ley, para Israel.
7. Los cristianos que diezman hoy, por lo regular no piensan en si con ello, aplican todos los aspectos de la ley. Una excepción es la iglesia de Dios Universal: envían una parte del diezmo a las oficinas centrales para ser repartido allí entre las iglesias y ministros, ahorran otra parte del diezmo para un retiro anual de la iglesia en un hotel de lujo, y dan la tercera a los pobres.

viernes, 7 de noviembre de 2014

¿Lo olvidará?

“Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” Hebreos 10:17.
Cuando el pecado está a la luz de Dios, el primer instinto del hombre es temer a que sea imperdonable, pues sabe en su interior, que ha ofendido a Dios y que el pecado acarrea castigo, por lo que nace la culpa en su corazón.
Cuando una persona no puede pasar por alto fácilmente las ofensas cometidas por otros, llega a la determinación de que, así mismo, el Señor no podrá perdonarle. Ese pensamiento ayuda a profundizar en la seguridad de que Dios no pasará por alto su falta y en consecuencia, se encontrará desalentado y desesperanzado de alcanzar misericordia.
Pero lo cierto es que Dios perdona los pecados de una forma completa, y aunque muchos creen que Dios tiene guardado un gran castigo para ellos, debemos recordar Isaías 43:25 que dice: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” Si dice en su Palabra que borrará y se olvidará de nuestras rebeliones ¿por qué Dios prepararía un castigo para después?
¿Pero por qué olvida Dios nuestro pecado? Por el gran hecho de que Él mira a Su Hijo Jesús cargando con el pecado. Cuando el Padre vio a Su Hijo Unigénito sufriendo hasta la muerte, le causó una impresión tremenda, y Él recuerda el sufrimiento de Su Hijo en el lugar y posición de todos nosotros. Esto realizó una limpieza total en la eterna memoria de Dios, de todos los pecados de aquellos por los que Cristo murió.

Todo tiene su tiempo

Dios hablaba bastante en serio cuando decía en el libro de Eclesiastés, que hay un tiempo para todo lo que se quiera hacer mientras tengamos vida. Él sabía perfectamente, que sólo nos gustarían los tiempos “buenos” y que ante la adversidad, querríamos esconder nuestra cabeza en la tierra, como hacen los avestruces.
Pero como a Dios no se le escapa nada, aunque nosotros creamos que a veces pestañea y algo se le pasa, se preocupó de dejarnos por escrito, la certeza de que nada de lo difícil que vivamos será eterno, y que sin embargo, tenemos que vivirlo porque es parte de nuestro proceso de aprendizaje. De un aprendizaje experiencial que tiene una riqueza y valores únicos, porque nadie lo puede aprender por mí, o lo puede aprender como lo hago yo.
En el capítulo 3 de Eclesiastés, se encuentran grandes verdades sobre los procesos que vivimos en el ámbito espiritual y emocional. Todos los cristianos en algún momento de la vida, experimentamos un nuevo nacimiento, que fue el día en que permitimos que Cristo viviera en nuestro corazón, pero también vivimos procesos en los que sueños que teníamos no se cumplieron, en los que planes y proyectos desaparecieron, o personas con quienes contábamos, ya no están más. Hemos tenido momentos en que hemos entregado nuestro tiempo, afectos, recursos y ayuda, así como también lo hemos recibido de regreso. Y ha habido otros momentos en los que fue necesario desarraigar cosas de nuestro carácter o de nuestra vida, porque avanzamos hacia otra etapa y debimos ir más livianos y empezar desde cero; o bien, aquello que construimos: amigos, familia, trabajo, profesión ya no son suficientes ni nos llenan el alma, y ahora necesitamos centrarnos en aquello que es más relevante.
Así también, experimentamos momentos de mucho dolor, y momentos de extrema felicidad en los que sentimos que el corazón nos va a explotar de tanta alegría; los celebramos y compartimos con el mundo entero, y otras veces decidimos guardarlo sólo para nosotros. Vivimos instantes en los que buscamos muchas respuestas y queremos alcanzar muchos logros académicos, profesionales, personales, espirituales, etc. Y otros, en los que solo el despertar con vida es suficiente…

Perdonar Y Liberar - Crecimiento personal-espiritual

El perdón es algo curioso; "calienta el corazón y enfría la picadura”.
Todos hemos leído un millón de artículos sobre el perdón y escuchado mil charlas sobre el tema. Pero, casi siempre, es muy difícil de llevar a cabo. El perdón no es fácil para la mayoría de nosotros.
Cada vez que alguien nos lastima, quedamos con un sentimiento, siendo verdaderamente heridos, de ira y venganza. Nos es muy difícil pasar por alto la herida que alguien nos ha infligido. Pero el perdón no es olvidar, es simplemente abandonar la herida. No es algo que damos a otros sino a nosotros mismos.
La herida y el dolor que alguien nos causa, pueden ser parte de nuestra vida, pero el perdón nos ayuda a liberarnos para que podamos seguir adelante.
Y en cuanto a quién perdonar, comencemos con un amigo que nos ha lastimado mucho, o el extraño que nos pisó el callo en un autobús, y luego a todos aquellos entre estos dos extremos.
Perdonarnos a nosotros mismos es también importante. Y perdonémonos rápido ya que cuanto más tiempo empleemos, cuanto más lo pensemos, menos preparados podremos estar para hacerlo. Así que, hagámoslo tan pronto como podamos porque aunque no cambie el pasado, cambiará nuestro futuro.
Y recordemos: “No perdonar es como ingerir raticida y esperar que la rata muera”.

El Poder de la Conciencia - Reflexiones

La conciencia es sin duda, una “virtud extremadamente importante”. Nos permite tomar decisiones responsables a lo largo de la vida.
Guía e influye en cada esfuerzo de forma práctica, usando la lógica y la perspicacia con prudencia..
La conciencia alerta de la necesidad de una persona de tener que pasar por diversas experiencias, que pueden ser cruciales o perjudiciales con implicaciones posteriores, y complementa la estructura completa de cada esfuerzo de manera competente, al otorgar al individuo un conocimiento pleno y la ventaja por adelantado, por lo tanto orquestando constructivamente el ritmo de la vida de manera meritoria.
La conciencia extiende la riqueza que la vida nos ofrece a cada uno de nosotros, de manera consistente y en todo momento.
Teniendo conciencia, podemos hacer uso estratégicamente, de los recursos con los que hemos sido dotados cada uno de nosotros, de manera privilegiada. Aunque pueda parecer sencilla de tener, es en realidad un don que da la fe, de que cada uno de nosotros posee maravillosas virtudes con las que hemos sido dotados.

Tu Verdadera Identidad Personal - Crecimiento personal-espiritual

“No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios.” 1 Pedro 3.3-4
La palabra griega “Cosmos” es utilizada 187 veces en el Nuevo Testamento. La palabra puede ser definida como tierra, universo, mundo, humanidad, arreglo armonioso, orden, adorno. Es el orden creado de las cosas, el orden que Dios puso en el universo cuando lo creó. 186 veces la palabra “Cosmos” es traducida como “mundo” en la traducción Reina Valera. 1 vez es traducida como “adorno” y esa es precisamente en el versículo mencionado.
A través del orden y el diseño, aprendemos a reconocer las cosas. Este es el caso de nuestros sentidos. El maquillaje de todo es puesto de tal manera que siempre es reconocido como eso. Pero cuando pruebas algo nuevo, estás empezando un nuevo patrón u orden. Cuando escuchas un idioma nuevo, se te presenta por primera vez a un nuevo orden de sonidos.
Cuando conoces a una persona nueva, se te presenta un nuevo orden de imagen, habla, personalidad, etc. Pero cuando pruebas, ves, escuchas o tocas algo reconocible, eso es una combinación de patrones que realmente reconoces.
Podría decirse que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio orden, o en cierto sentido, somos nuestro propio mundo. Es este orden o arreglo de las cosas lo que nos hace individuos reconocibles. En cierto sentido, la gente conoce nuestro arreglo cuando nos conocen realmente, incluso nuestra alma.
En el versículo mencionado, las mujeres son animadas a ser conocidas por los arreglos correctos. Nosotros, como personas, tenemos la tendencia de componer las cosas externas para vernos bien. Queremos que la gente nos conozca por este arreglo placentero, por ejemplo, tú sabes decir lo correcto, vestirte con lo correcto, oler correctamente, vivir en el lugar adecuado... Pero en realidad es el arreglo interno de quienes somos lo que nos hace, pues, a nosotros mismos. Es nuestra Verdadera Identidad.