domingo, 8 de junio de 2014

¿Por qué hago lo que hago? - Crecimiento personal-espiritual

“Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto” - Albert Einstein.
Hay un dilema que muchas personas tienen en la vida y es que, comienzan a cuestionarse si aquello del pasado podrían haberlo hecho de otra manera y surge en ellos, sin pretenderlo, lo que se llama “paradigma”. Quizá para muchos, sea un término nuevo, sin embargo, vivimos con muchos paradigmas.
Un paradigma es un modo de ver la realidad, que nos hace apoyarnos en él porque nos sirve de marco o modelo de referencia. Casi siempre, el modo en que vemos las cosas (paradigmas) es la fuente del modo en que pensamos y del modo en que actuamos. Todos pensamos que vemos las cosas tal como son, que somos objetivos, pero no es así. Vemos el mundo no como es, sino como nosotros queremos ser”. O lo que es lo mismo, veo el mundo de acuerdo a como soy, o de acuerdo a lo que yo piense de mí. ¿Qué pienso de mí? ¿Pienso que soy un ganador en la vida o un perdedor? De acuerdo a lo que yo piense, de esa manera voy a actuar.
Tenemos muchos paradigmas, inclusive hasta para relacionarnos con Dios, que no nos permiten alcanzar nuestro verdadero potencial y mucho menos, disfrutar la vida en plenitud.
Hace siglos se pensaba que la Tierra era el centro del universo, que todo giraba alrededor de la tierra, pero luego se descubrió que era al contrario, que giraba alrededor del sol. 
Otro paradigma que se rompió era que, para ser salvo había que ser bueno, y Jesús, un excelente maestro, lo rompe y le dice al ladrón que estaba a su izquierda, que estaría con Él en el paraíso. En consecuencia, para ser salvo sólo hay que creer en Jesús quien es el camino, la verdad y la vida.
¿Cuáles son los paradigmas que tienes acerca de ti?
Algunos de lo más comunes son: “No puedo cambiar”, “No puedo lograrlo”, “Funciona para otros pero no para mí”, “Soy torpe”, “Soy un fracasado”…
Hoy es un buen día para romper con los paradigmas que hay en tu vida. Tú puedes elegir cambiar y comenzar a vivir de nuevo.
Hay una reflexión que muchos conocen, y es la de los cinco monos, que ilustra muy bien esto de los paradigmas.
Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro pusieron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.
Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera los otros le golpeaban, hasta que llegó un momento en que ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos, y lo primero que hizo el nuevo individuo fue ir a subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le propinaron una gran paliza. Después de algunas palizas más, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el por qué de tales palizas. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. Incluso el primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, le volvieron a golpear. El cuarto y finalmente, el quinto de los veteranos fueron sustituidos. Los científicos se quedaron entonces, con un grupo de cinco monos que, aunque nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentase llegar a las bananas.
Si les preguntásemos a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentaba subir la escalera, con seguridad la respuesta sería: “No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así.”

Dios Sin Límites - Relación Con Él

Dios es Dios grande y sublime. Nada le detiene y nada le limita. No le puedes encerrar en una estructura religiosa pues no se pliega a los requerimientos humanos.
Sin embargo, su grandeza ha sido, y es tan sublime, que Él mismo se ha puesto límites. Su límite es que no convive con el pecado ni con el egoísmo, ni con la vanidad.
Dios siempre nos sorprende, y no le pide permiso a nadie para hacer su voluntad y ejecutar su soberanía. No le detiene el tiempo ni el espacio, ni siquiera nuestras exigencias vanidosas. Sorpresivamente, se acerca al hombre para rescatarle y cambiarle. Dios espera que aprendamos de Él, a saber vivir con los límites que nos ha puesto, mientras disfrutamos de una relación directa con Él como Dios sin límites.
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:6-11

Algunas formas modernas de idolatría

Todas las diversas formas de idolatría moderna tienen una cosa en común, una característica propia: uno mismo. La mayoría de la gente ya no se arrodilla ante ídolos e imágenes, pero se adora ante el altar del dios, que presuponen, son ellos mismos. Esta marca de la idolatría moderna toma diferentes formas.

En primer lugar, adoramos ante el altar del materialismo, que alimenta nuestra necesidad de aumentar nuestro ego a través de la adquisición de más "cosas"; nuestros hogares están llenos de toda clase de bienes, construimos casas más y más grandes, con más armarios y espacios de almacenamiento para guardar las cosas que compramos, muchas de las cuales incluso no hemos pagado aún; la mayoría de nuestras cosas tiene una "obsolescencia programada" inherente en ellas, por lo que son inútiles al
 poco tiempo, y así las colocamos en el garaje o en otro espacio de almacenamiento. Y nos volvemos a apurar en comprar esa cosa, ropa o aparato más nuevo,... y todo el proceso vuelve a empezar. Este deseo insaciable para más, mejor y nuevo, no es nada más que codicia. El décimo mandamiento nos dice no caer víctimas de la codicia: “No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca.” (Éxodo 20:17). Dios sabe que nunca estaremos alegres satisfaciendo nuestros deseos materialistas, porque el materialismo es una trampa de Satanás para mantener nuestro enfoque en nosotros mismos y no en Dios.

En segundo lugar, adoramos ante el altar de nuestro propio orgullo y ego. Esto, a menudo toma la forma de una obsesión por acabar carreras y obtener nuevos cargos. Millones de hombres y mujeres pasan de 60 a 80 horas a la semana en el trabajo. Incluso los fines de semana y durante las vacaciones, nuestros ordenadores están zumbando y nuestras mentes girando, con ideas de cómo hacer nuestras empresas más exitosas, cómo conseguir ese ascenso anhelado, cómo conseguir ese aumento de sueldo, o cómo cerrar el próximo trato. Mientras tanto, nuestros hijos adolecen de la atención y amor necesarios. Nos engañamos pensando que estamos haciéndolo todo por ellos, para darles una vida mejor. Cuando la verdad es que lo estamos haciendo por nosotros mismos, para aumentar nuestra autoestima al aparecer más exitosos ante los ojos del mundo. ¡Es de locos! 

Pero todos nuestros trabajos y logros no serán de ninguna utilidad para nosotros después de morir, como tampoco la admiración del mundo, porque estas cosas no tienen ningún valor eterno. Como el rey Salomón dijo, "pues hay quienes ponen a trabajar su sabiduría y sus conocimientos y experiencia, para luego entregarle todos sus bienes a quien jamás movió un dedo. ¡Es absurdo y un mal enorme!, pues, ¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol? Todos sus días están plagados de sufrimientos y tareas frustrantes, y ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y también esto es absurdo!" (Eclesiastés 2:21-23).

En tercer lugar, idolatramos la humanidad y, por extensión, a nosotros mismos, a través del naturalismo y el poder de la ciencia. Esto nos ilusiona con la idea de que somos los señores de nuestro mundo y aumenta nuestra autoestima con proporciones casi divinas. Rechazamos la Palabra de Dios y Su descripción de cómo Él creó los cielos y la tierra, y aceptamos el sinsentido de la evolución y el naturalismo. Abrazamos a la diosa del ecologismo y nos engañamos pensando que podemos preservar la tierra indefinidamente, cuando Dios ha declarado que la tierra tiene una vida útil limitada y durará sólo hasta el fin de los tiempos. En ese momento, Él destruirá todo lo que ha hecho y creará un cielo y una tierra nuevas. "Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas. Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia.” (2 Pedro 3:10-13). Como este pasaje dice muy claramente, nuestro foco no debería estar en adorar el ambiente sino en llevar vidas santas, mientras esperamos ansiosamente el regreso de nuestro Señor y Salvador. Sólo Él merece ser adorado.

La oración de Pascal

Blaise Pascal (1623-1662), científico, filósofo y escritor francés, realizó importantes contribuciones a la ciencia y a la fe. Tanto es así, que de los conceptos establecidos por él se derivó un lenguaje de programación usado hasta fines del siglo XX, la invención de las calculadoras mecánicas y algunos importantes principios relacionados con la mecánica de los fluidos que, aún hoy en la actualidad, son de aplicación en la ingeniería hidráulica. Pero su mayor y más trascendental contribución a la humanidad, no provino de sus conocimientos académicos, sino de su encuentro con Nuestro Señor Jesucristo.

Pablo, el apóstol, el mismo de la Biblia, tenía extensos conocimientos. Había sido educado en las mejores escuelas. Hoy en día, se podría decir que “estudió en las mejores universidades”. Sin embargo, su mayor aporte a la raza humana no provino de sus conocimientos, ni de su educación académica, sino de un encuentro con Nuestro Señor Jesucristo.

sábado, 7 de junio de 2014

Como mi hermano


A lo largo del camino conocemos y compartimos con personas que, de una u otra forma, marcan nuestra vida, algunas más que otras; muchos dejan huellas, tanto si son buenas como no tanto. Lo importante es reconocer que, siempre y a mayores de ellas, debemos poner cada evento y desarrollo a lo largo de ese camino en las manos de Jesús, confiar en que Él será esa luz que siempre nos muestre la dirección. Y así mismo, nosotros debemos ser esa persona que deja huella en la vida de alguien más. Así que, procuremos que esa huella siempre, siempre sea una huella positiva.


¿Cómo demuestras tu fe?

Tienes que crecer leyendo algo en la palabra de Dios y aplicarlo. Es mejor leer poco y aplicar mucho, en vez de leer mucho y aplicar poco. 

Lucas 5.17-25. 
La casa estaba llena porque la gente iba a escuchar a Jesús para recibir un milagro. También iba gente a escucharle para criticarle, allí estaban los fariseos para escuchar y criticar. Había gente hasta la puerta, tapada de tanta gente que había. Había un hombre paralitico, que no podía caminar, por lo que le fueron a buscar sus amigos, y desde su casa le llevaron donde estaba Jesús. Pero cuando llegaron, se dieron cuenta de que no podía entrar porque había muchísima gente, y entonces no dijeron: "vamos a volvernos", sino que buscaron otra solución. Vieron una escalera que llegaba al techo, y subieron. En esa época la gente tenía escaleras en el techo para poder subir los días de mucho calor, y los cuatro muchachos subieron con el paralitico, rompieron el techo y bajaron al paralitico hasta ponerle al lado de Jesús. Jesús oró por él, sanó y se fue contento alabando a Dios.

Cuando queremos recibir un milagro o tener algo de parte de Dios, fijémonos, por ejemplo, en este pasaje, que nos enseña que tenemos que hacer algunas cosas.
Si tengo todo cerrado es momento de hacer algo, pues rompo el techo. El techo simboliza un límite, un límite espiritual, económico, social, familiar, laboral.

Cada vez que encontremos una puerta cerrada, la Biblia nos enseña que tenemos que buscar otra alternativa, porque no siempre es Dios quien cierra las puertas, a veces es el diablo quien lo hace para que no entremos por nuestra bendición. Siempre va a haber alguien que quiera tapárnosla.

La Biblia dice que hay gente religiosa que no entra al reino de los cielos, ni deja entrar a los demás, y aquí tenemos un claro ejemplo: un hombre paralitico en la puerta que está buscando su bendición, está buscando algo de parte de Dios, es un hombre de fe, y no puede entrar porque los fariseos, o sea, los religiosos están en la puerta.
A veces somos nosotros mismos los que nos ponemos los techos. Tienes que romper tus propios límites: si en tu vida emocional estás en un nivel raso, tienes que ir por el alto, el superior y el extra. Hay que buscar alternativas, no te vuelvas para atrás, sigue avanzando y si hay que romper un techo, ¡rómpelo en el nombre de Jesús! No pierdas el tiempo discutiendo.

Ellos dijeron: no podemos entrar, bueno, pues busquemos otra alternativa. No pensaron en pelear con los que estaban en la puerta. No tienes que perder tiempo discutiendo, tienes que invertir tiempo en tu crecimiento, en romper tus propios límites, sin desviarte.

Cuando Dios creó el mundo, la tierra, el mar, los cielos, fue diciendo qué bueno que es lo que hice, hasta que creó al ser humano y dijo: esto es muy bueno, pero más adelante Dios miró al hombre y dijo: no es bueno que el hombre esté solo. ¿Por qué? Porque el hombre cuando estuvo allí, tuvo la tarea de ponerles nombre a todos los animales; y lo que notó Adán es que Dios había hecho a todos los animales en pareja, había creado dos de cada uno. Dios le hizo dormir y en medio del sueño le sacó una costilla, y de esa costilla Dios hizo una mujer, la llamó Eva y se la dio a Adán. 
A partir de ahí su vida fue cambiada porque fue su ayuda idónea, Eva, se sentía dentro de Adán porque era una costilla suya y Dios se la dio. Estaba compenetrada con Adán. Hay una enseñanza en esto, significa que cuando Adán estaba solo, Dios dijo que "no es bueno que el hombre esté solo", que le faltaba algo, o sea, lo mismo que cuando tienes cosas dentro de ti, que tienes el potencial dentro y no lo sacas fuera; te vas a sentir solo, te vas a sentir triste y angustiado, pero cuando sacas de tu interior todo lo bueno que Dios ha puesto y lo empiezas a usar, vas a sentirte contento y vas a empezar a dar el fruto que prevalece. Si Dios no hubiese sacado a Eva de Adán, él nunca hubiese dado frutos porque él solo no podía tener hijos; si sacas el potencial vas a lograr prosperar, cumplir tus sueños, disfrutar de todo lo bueno que Dios creo para ti.
Todos los dones y talentos los tenemos guardados dentro de nosotros, y ese potencial hay que sacarlo y aplicarlo.  

Aquel paralítico no podía entrar porque estaba tapado el lugar. Lo que simboliza que a la gente no le importa tu vida, a la gente no le interesan tus problemas, no le importa tu situación, porque ellos tienen sus propios problemas, no van a venir a ayudarte. Solamente tú puedes sacar ese potencial, y no esperes nada de nadie porque la gente está ocupada en sus propios problemas.
Estos hombres no se quedaron tal cual, con la puerta cerrada, buscaron otra alternativa; tienes que conocer gente, prepararte, estudiar, pero no como esa gente que empieza a estudiar y deja la iglesia, ¡no! Si te sales de tu fuente que es Dios, no te va a ir bien; tienes que poner en primer lugar a Dios, tienes que dedicar tu tiempo a estudiar, a trabajar, pero siempre que tu fuente sea Dios. Estar agarrado de la fuente significa que la bendición es constante.

La oración ahorra tiempo

Me acordé de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras; Reflexionaba en las obras de tus manos.
143:6 Extendí mis manos a ti, Mi alma a ti como la tierra sedienta.
143:7 Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu; No escondas de mí tu rostro, No venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura.
143:8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma.
143:9 Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; En ti me refugio.
143:10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
143:11 Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás; Por tu justicia sacarás mi alma de angustia.
143:12 Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos, Y destruirás a todos los adversarios de mi alma, porque yo soy tu siervo. 

Salmo 143.5-12

¿En qué piensa usted cuando se despierta? ¿Se enfocan sus pensamientos en el día que tiene por delante o se centran en el Señor? Aunque la mayoría de nosotros tiene una vida ocupada, que consume gran parte de nuestra atención y nuestro tiempo, lo más importante y lo que nos ahorra más tiempo en el día, es el tiempo que pasamos a solas con Dios, porque hay cosas que no nos sirven para nada.
Sin embargo, muchos creyentes viven tan apresurados, que no creen que haya tiempo para el Señor. Vuelven de inmediato al trasiego de la vida, y después se preguntan por qué están frustrados, confundidos e insatisfechos. Su deseo es obedecer a Dios, pero no se han detenido a recibir sus instrucciones. También hay una falta de conexión, porque han hecho caso omiso a su relación con Él. Nadie puede tener intimidad con Cristo sin una comunicación diaria con Él.

En todo tiempo ama el amigo

En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. Proverbios 17:17.

La amistad es uno de los regalos más maravillosos de la vida. Los amigos verdaderos siempre procuran lo mejor los unos para los otros. ¡Y qué mejor que conozcan a Dios y que le amen con todo el corazón, el alma y la mente! Un pastor y mártir alemán 
declaró: "La voluntad de Dios, dicha a otra persona, es lo que determina el verdadero objeto de la amistad".
En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia
Jonatán, el amigo de David, es un ejemplo excelente de la amistad verdadera. David estaba exiliado y escondido en el desierto de Zif, cuando se enteró de que "Saúl había salido en busca de su vida" (1 Samuel 23:15). Entonces, Jonatán fue a Hores a encontrarse con él. Su intención ya era verdaderamente importante antes de que se produjera la escena: ayudó a David a hallar fortaleza en el Señor, o como lo expresa el texto: "fortaleció su mano en Dios" (verso 16).
Esta es la esencia de la amistad cristiana. Más allá de los intereses comunes, del afecto, del humor y de la risa, el objetivo supremo es sembrar en otros "palabras de vida eterna", recordarles la sabiduría divina, renovar su alma con expresiones de amor y fortalecer su dependencia de Dios.
Ora por tus amigos y pídele al Señor que te dé una palabra oportuna, para ayudarles a renovar sus fuerzas en nuestro Dios y en su Palabra.
Un amigo verdadero es un regalo de Dios y alguien que nos hace volvernos a Él.

¿Es posible ser un cristiano gay?

"¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios." (1 Corintios 6:9-10). 

Hay una tendencia a declarar la homosexualidad como el peor de todos los pecados. Aunque es innegable, bíblicamente hablando, que la homosexualidad es inmoral y es antinatural (Romanos 1:26-27), en ningún sentido la Biblia describe la homosexualidad como un pecado imperdonable. Ni enseña la Biblia que la homosexualidad sea un pecado contra el cual, los cristianos nunca tendrán que luchar.

Quizá
 esta sea la frase clave, “luchar contra,” en cuanto a que sí es posible ser un cristiano gay. O sea, es posible, para un cristiano, luchar con tentaciones homosexuales. Y también, otros muchos homosexuales que se hacen cristianos, tienen luchas en curso con sentimientos y deseos homosexuales, habiendo abandonado su homosexualidad. También algunos hombres y mujeres fuertemente heterosexuales, han experimentado una "chispa" del interés homosexual en algún tiempo de sus vidas. Estos deseos y tentaciones existen, y no determinan si una persona es un cristiano. La Biblia es clara en que ningún cristiano es libre de pecado (1 Juan 1:8,10). Mientras el pecado específicamente, o la tentación es variable de un cristiano al otro, todos los cristianos tienen luchas con el pecado, y todos los cristianos a veces fallan en aquellas luchas (1 Corintios 10:13).

Pero lo que distingue la vida de un cristiano de la vida de un no cristiano, es la lucha contra el pecado. La vida cristiana es un proceso progresivo en vencer las “obras de la carne” (Gálatas 5:19-21) y permitir que el Espíritu de Dios produzca el “fruto del Espíritu” (Gálatas 5:22-23). Sí, los cristianos pecan, y a veces horriblemente. Desgraciadamente, a veces los cristianos son indistinguibles de los no cristianos. Sin embargo, un cristiano verdadero siempre se arrepentirá, siempre volverá finalmente a Dios, y siempre reanudará la lucha contra el pecado. Pero la Biblia no apoya la idea de que, una persona que continua y obstinadamente toma parte en el pecado, pueda ser un cristiano. En 1 Corintios 6:11 leemos, “Y eso eran algunos de ustedes. Pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.”