miércoles, 5 de marzo de 2014

Vuelve a comenzar

Cuando has confiado en Dios y andado en su camino,
cuando has sentido su mano guiarte día tras día,
pero ahora tus pasos te llevan en otra dirección,
vuelve a comenzar.

Cuando has hecho tus planes, y todo sale mal,
cuando has tratado de hacerlo mejor y ya no queda nada,
cuando has fracasado en lo que haces y no sabes por qué,
vuelve a comenzar.
Cuando has dicho a tus amigos lo que planeas hacer,
cuando has confiado en ellos, y no te han sido fieles,
y te has quedado solo, con tus cargas a cuestas,
vuelve a comenzar.

Cuando has fracasado con tus hijos, y han crecido y se han ido,
cuando has hecho lo mejor, pero todo ha resultado mal,
y ahora tienes a tus nietos en el mismo camino,
vuelve a comenzar.
Cuando has pedido a Dios saber su voluntad,
cuando has orado mucho sin recibir respuesta,
cuando quieres detenerte para restaurar tus fuerzas,
vuelve a comenzar.

Cuando crees que todo ha terminado y quieres darte por vencido,
cuando has llegado al fondo del abismo en tu vida,
cuando has tratado muchas veces de salir de ese foso,
vuelve a comenzar.
Cuando ha sido largo el año y no has tenido éxito,
cuando llega diciembre y te sientes muy triste,
y Dios te da un enero de gozo renovado,
vuelve a comenzar.
Volver a comenzar quiere decir victorias ya ganadas;
volver a comenzar quiere decir una carrera que se ha corrido bien.
Volver a comenzar quiere decir que se ha hecho la voluntad de Dios;
así que no te quedes simplemente sentado…
¡y vuelve a comenzar! 

Nacer de Nuevo

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”
Juan: 3.5
Cierro mis ojos y trato de imaginarme a Nicodemo de noche, quizá temeroso, entrando en la casa de Jesús y mirando a todos lados para que nadie le viera, porque quería tener una conversación en privado con Jesús: era un fariseo, un maestro de la Ley bastante mayor pero estaba inquieto; probablemente había escuchado a Jesús hablar en la calle, en las plazas o en la Sinagoga, o sabía de Él porque era el tema principal de aquellos días; tenía no sólo un conocimiento intelectual de la Ley, sino que en su corazón reconocía que ese hombre no era como los otros, era especial, hablaba con autoridad, le rodeaba una atmósfera de santidad, de poder, su boca destilaba sabiduría, atraía a las multitudes, estaba lleno de gracia y de amor, de compasión; su cercanía, su presencia producía seguridad, paz… Así que, la necesidad de ir a verle pudo más que el temor de ser descubierto y finalmente se decidió a visitar a Jesús y sostener con Él esta conversación que es la parte esencial, central y fundamental del cristianismo.

Hasta puedo imaginar que había preparado una batería de preguntas que le haría al Maestro, pero como Jesús tenia la capacidad de leer los pensamientos..., como se dice en lenguaje coloquial: “fue por lana y salió trasquilado”, pues nunca se imaginó una salida y respuesta como esa. "Nacer de Nuevo", sí, volver a nacer… del agua y del espíritu. ¡Qué extraño debió sentirse en aquella situación!

Jesús lo ratificó en la fiesta de bodas a la que fue con su madre y sus hermanos cuando convirtió el agua en vino, también durante la muerte de Juan El Bautista, y en sus parábolas, para finalmente confirmarlo con su propia vida, muerte y resurrección, mostrando que es El Señor de la vida y de la muerte; posteriormente, a través del mensaje del Apóstol Pablo, vemos nuevamente este tema cuando éste habla acerca del viejo hombre o la vieja naturaleza y el renacimiento del nuevo hombre, del avivamiento del espíritu.
Nacer de nuevo es la regeneración del espíritu, de la vida y, consecuentemente, de la reconciliación con Dios nuestro Padre, y no podemos nacer de nuevo si no nos bautizamos; sí hermanos, el bautismo es el compromiso, la alianza, el pacto que nos recuerda que enterramos en el agua toda nuestra vida pasada, que nos arrepentimos de nuestros pecados, y aceptamos y abrazamos una nueva vida, una nueva identidad, un segundo nacimiento. Nacemos de nuevo, y esto es muy importante porque es el medio por el cual somos sellados, marcados y separados para Cristo.

Gratitud en medio de la prueba

1 Tesalonicenses 5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 

Incluso nosotros los cristianos hemos pasado y tendremos que pasar situaciones difíciles. Jesús nos advirtió que íbamos a tener muchas dificultades en esta vida y como siempre... tenía razón.



 "... En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". Juan 16:33

Por más desagradables que sean las pruebas siempre tendremos razones para dar gracias. Sin duda alguna hay un plan divino tras cada desierto por el que Dios nos permite transitar, mas sabemos que no estamos solos, pues la presencia de Dios nos acompaña todo el tiempo. 

Pero el Señor no siempre impide el sufrimiento o la decepción del creyente. Detener las tormentas de la vida puede ser nuestra meta, pero desde el punto de vista de Cristo, las adversidades son necesarias para que nosotros maduremos espiritualmente.

Hay algunas cosas muy importantes que tenemos que tener bien claras: nuestro Padre nos ofrece protección y nos asegura que nos acompañará en todo momento. Desde que recibimos a Jesús como nuestro Salvador, Él nos promete que vivirá en nosotros y que jamás nos abandonará. Es más, tenemos la garantía de que nada nos separará de su amor. 


"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Romanos 8:38-39

 Así que debemos estar tranquilos, sabiendo que nuestro Dios omnipresente camina a nuestro lado en medio de las dificultades y nos guiará a tomar la mejor decisión para resolver cualquier situación adversa.

La doble Gracia de Dios

“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”, clamó el ladrón en la cruz.
“Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí”, gritó el ciego.
“Jesús maestro, ten misericordia de nosotros”, rogaron los leprosos.
young man rest on wheat fieldMúltiples peticiones, ruegos, súplicas y una tras otra fueron respondidas por Jesús de Nazaret. Él nunca permaneció indiferente al dolor humano; aunque no conocía a esas personas, en su divinidad podía ver que era un ladrón y culpable de muerte, podía ver el pecado en ellos, en definitiva, podía ver que ninguno de los que se acercaban a Él merecían ser sanados. Nadie merecía recibir la sanidad de Él, sin embargo uno por uno recibieron un inmerecido regalo. 
Esa es la gracia de Dios, recibir gratuitamente algo que no se merece. Todos recibieron lo que pidieron. Ninguno se quedó sin respuesta, Dios satisfizo todas sus peticiones.
Sin embargo, veamos "la doble gracia de Dios", porque una cosa es pedir y recibir, y otra cosa muy diferente es recibir algo que ni siquiera se pidió, a eso se le llama la doble gracia de Dios.

martes, 4 de marzo de 2014

El Orden De Dios Para El Matrimonio

¡Todas las cosas en la vida están diseñadas para funcionar bajo un orden especifico!
El orden es un factor fundamental para que funcionen todas las cosas en la vida; nada puede funcionar bien en un ambiente desordenado. Nuestro Dios es un Dios de orden y donde hay desorden ahí no está Dios. Cualquier institución humana que esté en desorden no funciona bien, y también es muy alta la posibilidad de que no se logre mantener en buen funcionamiento por mucho tiempo y se generen grandes pérdidas. El desorden atrae pobreza y destrucción. En cambio el orden es el fundamento de la prosperidad.
1 Corintios 11:7: El varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.
Efesios 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
Génesis 2:18 Después dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo: le haré ayuda idónea para él.
En la actualidad muchos esposos dicen que el matrimonio es cosa de dos, que los dos ponen por igual y tienen igual autoridad en el hogar, pero esto no es exactamente cierto. Los tres versículos anteriores expresan con absoluta claridad, que el hombre es el llamado a ejercer el liderazgo en el hogar. Liderazgo, propiamente en este caso, no es machismo. Un líder es alguien que comprende que es la imagen y gloria de Dios en cualquier ámbito, y en este caso en el hogar, nunca lastimará a su esposa ni a sus hijos. Al contrario, les cuidará, les protegerá y les ayudará a desarrollarse. Ser el cabeza de familia, la cabeza visible de la mujer, no significa tener una licencia para lastimarla, sino al contrario, para valorarla y levantarla con el amor de Dios. El hombre es llamado a ejercer la imagen y la gloria de Dios en su hogar. O sea, es el llamado a dar amor incondicional, atención y servicio a su esposa y a sus hijos.
La mujer fue diseñada para ser la ayuda idónea de su esposo, para alcanzar la meta más importante de la vida: tener y disfrutar de una familia saludable que glorifique a Dios con su estilo de vida. Dios diseñó a la mujer para que fuera la encargada de crear vida en su vientre, mientras el hombre la cuida, la protege y la alimenta.

Para cada error, una nueva oportunidad

En repetidas ocasiones nos preguntamos por qué nos pasan ciertas cosas, situaciones que se nos presentan una y otra vez cuando ya creíamos que no volverían a suceder, cosas o momentos desagradables y tristes por las que pasamos más de una vez.

La conocida frase de “tropezar con la misma piedra” se hace presente, ya que nadie está exento de cometer errores. Todos somos seres humanos imperfectos y con una enorme facilidad para meternos en problemas, pero cuando pasamos por lo mismo varias veces, es porque algo estamos haciendo mal que nos lleva a la misma situación.

Quizá te preguntes ¿por qué estoy viviendo lo mismo?, ¿por qué volvió a sucederme? O quizá has llegado a preguntarle a Dios, por qué permitió que volvieras a pasar por lo mismo de hace tiempo, eso que te dolió. Pero ten presente que todo lo que sucede es a consecuencia de algo; a veces pensamos que “Dios me castigó” o “eso me tocó vivir”, pero no nos damos cuenta que todo es resultado de cosas que nosotros mismos hicimos mal. De cualquier forma, y muy por encima de esa consecuencia, la ayuda de Dios nunca se hace esperar, porque es tanto su amor que no nos reprocha cometer el error de nuevo, sino que nos ayuda a darnos cuenta en qué estamos fallando y nos da las fuerzas para salir del problema.

Un Toque del Cielo - Reflexiones

Había sido un día desalentador. Los médicos nos habían dado la peor de las noticias. A nuestra hija, que acababa de soportar su primera cirugía cerebral para remover un tumor y estaba siendo sometida a radioterapia, ahora se le daba oficialmente un dos por ciento escaso de probabilidades de sobrevivir, ya que este tipo de cáncer no tenía cura.
Mi esposa y yo decidimos llevar a nuestra hija a comer, antes de seguir con nuestras conversaciones de la tarde. Fuimos a un restaurante local donde nos sentamos en silencio esperando a la camarera. Nuestra hija Molly no podía entender tal tristeza y silencio, así que jugaba alegremente con papel y pinturas, mientras nosotros permanecíamos sentados mirando al suelo.
Y observé a una pareja muy anciana sentada a unos cuantos metros de distancia, también en silencio, sin hablar una palabra. No pude por menos que preguntarme qué desafíos afrontaban en sus vidas y qué sería si se hubieran enfrentado a una noticia tan terrible sobre uno de sus hijos.
Entonces pedimos nuestra comida y todavía sentados, en silencio comimos lo que pudimos. Quedé intrigado por la anciana pareja y les observé más intencionadamente a cada momento que pasaba. Observé, sin exteriorizarlo, que no se habían hablado el uno al otro todavía, y me pregunté si sería la paz que disfrutaban o la comida, o tal vez ambas cosas. Pero perdí interés y me enfoqué nuevamente sobre mi almuerzo.
Molly hablaba consigo misma y disfrutaba de su comida, y su madre y yo escuchábamos e intentábamos ser felices en su presencia, pero no nos estaba yendo muy bien. 
De repente vi una mano aparecer de la nada. Era enorme y se podía apreciar que había sido afligida por la artritis. Los nudillos estaban hinchados y los dedos torcidos y fuera de alineación. No pude quitar mis ojos de esa mano. La mano se desplazó y aterrizó sobre la manita de mi hija de seis años y, al hacerlo, miré hacia arriba; era la anciana que había estado sentada con el anciano, comiendo su almuerzo en silencio.
La miré a sus ojos y ella habló, pero no a mí. Miró a mi hija y simplemente susurró: “Si pudiera hacer más por ti lo haría”. Y entonces sonrió y se alejó para encontrarse con su esposo que se dirigía hacia la puerta.

Sigue insistiendo e intercediendo

Interceder significa rogar, pedir por otro para obtener una cosa. También consiste en abogar, intermediar, intervenir o mediar. Trata de hablar en favor de alguien para librarle de un problema o para procurarle un bien.
Young girl prayingLa definición del diccionario bíblico es ponerse en el lugar de otro. En otras palabras, quien intercede actúa como nexo entre una persona y Dios.
El capítulo 18 del libro de Génesis nos relata cómo Abraham intercedió ante Dios, para que Sodoma no fuera destruida. Entonces Dios le dijo a Abraham: -Ya son muchas las quejas que hay en contra de Sodoma y Gomorra. Ya es mucho lo que han pecado. Iré allá y veré con mis propios ojos si es verdad todo lo que me han dicho.
Abraham le respondió: -No me digas que vas a matar a los buenos junto con los malos. Supongamos que en la ciudad se encuentran cincuenta personas buenas. ¿No perdonarías, por esas cincuenta personas, a todos los que allí viven? ¡Tú eres el juez de toda la tierra! ¡Tú no puedes matar a los que hacen lo bueno junto con los que hacen lo malo! ¡Tú eres un Dios justo!
Y Dios le contestó: -Si encuentro en Sodoma cincuenta personas buenas, por ellas perdonaré a toda la ciudad.
Pero Abraham volvió a decir: -Dios mío, perdona mi atrevimiento de hablar contigo, pues ante ti no soy nada. Pero, ¿qué pasará si en toda la ciudad sólo hay cuarenta y cinco personas buenas? ¿Destruirás de todos modos la ciudad?
Dios respondió: -Si encuentro esas cuarenta y cinco personas, no la destruiré.
Una vez más, Abraham dijo: -¿Y si sólo encuentras cuarenta?
Dios le aseguró: -Por esos cuarenta, no destruiré la ciudad.
Pero Abraham insistió: -Dios mío, no te enojes conmigo si sigo hablando; pero, ¿qué pasará si no hay más que treinta personas buenas?
Y Dios le dijo: -Si encuentro esas treinta personas, no destruiré la ciudad.
Abraham volvió a insistir: -Dios mío, realmente soy muy atrevido, pero ¿si sólo se encuentran veinte?
Dios respondió: -Hasta por esos veinte, no destruiré la ciudad.
De nuevo dijo Abraham: -Yo te ruego, Dios mío, que no te enojes conmigo, pero sólo insistiré una vez más. ¿Y qué tal si sólo se encuentran diez?
Y Dios le aseguró: -Por esos diez, no destruiré la ciudad.
A los pocos días Abraham se levantó temprano una mañana y salió de prisa al lugar donde había estado hablando con Dios. Miró al otro lado de la llanura, hacia Sodoma y Gomorra y vio que subían columnas de humo como si hubiera una gran hoguera.
Fue así como Dios destruyó las ciudades del valle, pero se acordó de Abraham y salvó a Lot y a toda su familia, de esa terrible destrucción.

lunes, 3 de marzo de 2014

Se lucha por lo que se quiere

Desde que oí esta frase no he dejado de recordarla. Es una frase que a veces las personas dicen, sin pensar en el significado tan grande que realmente puede tener, porque hay momentos en los que es verdaderamente importante tener en cuenta que hay que luchar por las cosas que queremos. Todos tenemos por lo menos un deseo o un sueño anidado en nuestro corazón, pero olvidamos que los sueños y los deseos tienen una segunda parte: SE PUEDEN CUMPLIR.

A veces deseamos mucho algo, pero en lugar de usar nuestras fuerzas en luchar por cumplirlo, las malgastamos perdiendo el tiempo, y lloramos, nos enojamos, nos desesperamos ... o decimos y hacemos cosas sin sentido, y no nos damos cuenta que todo eso sólo nos alarga el tiempo de espera más de lo que debería ser. Muchas veces nos entristecemos por no recibir lo que queremos, pero no hemos hecho ni el más mínimo esfuerzo por conseguirlo; si todo en esta vida fuera fácil, no existiría el esfuerzo, pero tampoco las recompensas.

¿Qué es eso que tanto deseas para ti que te ha entristecido? En el trabajo, en la familia, con la pareja, la estabilidad económica o laboral, cualquier deseo que haya en tu corazón puede realizarse si LUCHAS por él. Quizá has pedido mucho a Dios por ello, pero es seguro que Él quiere lo mejor para ti. Son sus planes que en tu vida no haya nada que te quite el sueño, que no lo anheles, pero tu parte es mantenerte en la lucha por merecer las bendiciones de Dios.