Hay una frase muy popular que dice: “si quieres conocer a alguien dale poder, el poder no corrompe, delata”, y estoy totalmente de acuerdo con ella. He tenido la oportunidad de observar a personalidades cambiar y a personas que ya han sido totalmente transformadas, por un poco más de poder que llegó a sus manos.
En los distintos contextos en los que me desenvuelvo he conocido bastantes tipos de personas, y lo común en todas siempre ha sido en lo que se han convertido por el poder. He visto rostros desdibujarse, he escuchado palabras ásperas y he sido testigo de la indiferencia que expresan algunas personas, que de la noche a la mañana fueron asignados en un cargo o posición que, a la larga, les llevó al camino de la auto-destrucción. Y nadie quiere compartir la mesa con un soberbio. Nadie.
Seguro que mientras lees estas líneas, estás pensando en alguien que conoces a quien el tener o recibir poder le afectó. Cuando se está en una posición de autoridad se muestra la verdadera cara, el verdadero liderazgo encapsulado en la persona, y como bien dice el refrán, el poder no te corrompe, sino que te delata, te muestra tal y como eres. Esto lo podemos ver en la política todos los días, en nuestros trabajos y tristemente en los aspectos más íntimos y característicos de las personas.

