jueves, 21 de mayo de 2020

¿Qué sigue ahora?

Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2ª Timoteo 4:8
El 3 de abril de 1968, el Dr. Martin Luther King dio su último discurso: "He estado en la cima de la montaña", en la cual daba indicios de que creía que no iba a vivir mucho. Dijo: "Nos esperan días difíciles. Pero eso ahora no me importa, porque he estado en la cima de la montaña. Como a cualquiera, me gustaría tener una vida larga. (…) He contemplado la tierra prometida. Quizá no llegue allí con ustedes. Pero (…) esta noche estoy feliz. No estoy preocupado por nada, no le temo a ningún hombre, ¡mis ojos han contemplado la gloria de la venida del Señor!". Al día siguiente, lo asesinaron.

Poco antes de morir, el apóstol Pablo le escribió a su pupilo Timoteo: Yo ya estoy próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (2 Timoteo 4:6-8). Pablo sabía que su tiempo en la tierra estaba a punto de terminar, al igual que el Dr. King. Ambos vivieron vidas increíblemente significativas, pero nunca perdieron de vista la vida verdadera que estaba por delante.
Así como ellos, nosotros no nos fijemos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:18).
Padre, ayúdanos,
ayúdanos a fijar nuestros ojos en ti.
 

La herencia no se gana

Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, (Efesios 1:5).

«Gracias por la cena, papá», dije mientras ponía mi servilleta en la mesa del restaurante. Había vuelto a casa durante unas vacaciones de la universidad, y después de haberme ido desde hacía tiempo, me pareció un tanto extraño que mis padres me invitaran. 
«De nada, Julie —respondió mi padre—; pero no tienes por qué darme las gracias constantemente. Sé que te has ido, pero sigues siendo mi hija y parte de la familia». 
Sonreí y dije: «Gracias, papá».

No he hecho nada para ganarme el amor de mis padres ni lo que ellos hacen por mí. Pero ese comentario me recuerda que yo tampoco he hecho nada para merecer ser parte de la familia de Dios.

En Efesios, Pablo dice a sus lectores que Dios los escogió para que fueran «santos y sin mancha» (Efesios 1:4), o para ser presentados sin mancha delante de Él (5:25-27). Pero esto es posible solo por medio de Cristo, en quien tenemos «redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (1:7). No tenemos que ganar la gracia de Dios, el perdón ni la entrada a su familia. Simplemente, aceptamos su regalo.
Al creer en Cristo, nos convertimos en hijos de Dios, lo cual significa que recibimos vida eterna y tenemos una herencia que nos espera en el cielo. ¡Alabado sea Dios por ofrecer un regalo tan maravilloso!
Padre, gracias por entregar a tu Hijo
para poder ser parte de tu familia.
 

lunes, 18 de mayo de 2020

Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer

Filipenses 2:13 - porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Los cristianos deben ocuparse en su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12). ¿Cómo lo lograrán?, obedeciendo las motivaciones que vienen de parte de Dios al corazón de cada creyente.

Filipenses 2:13 porque Dios es el que en vosotros produce así el ...
El creyente debe esforzarse en su vida espiritual, y aunque le pareciese muy difícil o imposible lograr lo que Dios pide, piense que no está solo, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer. Dios mismo es quien produce o motiva al creyente para que haga la voluntad del Señor. Dios mismo se encarga de transformar la vida del creyente. Pablo lo sabía y ya lo había dicho: estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6.

Es especial saber y experimentar el trabajo de Dios en la vida del creyente. Dios produce el deseo y el poder para hacer las cosas, por su buena voluntad. Dios nunca guiará a sus hijos por caminos equivocados; nos dirige por sus caminos, y sus caminos son rectos y santos.

Observen esta maravillosa verdad: Dios está obrando magníficamente dentro de nosotros para que hagamos lo que a Él le agrada. Es decir, que cuando estamos ocupados en nuestra salvación, trabajando y esforzándonos en nuestra vida espiritual, Dios toca nuestro corazón y nos lleva a la acción para hacer lo que Él quiere.

Lamentablemente, muchas veces estamos demasiado ocupados en nuestra propia agenda, estamos trabajando en nuestros propios asuntos en vez de esforzarnos en la obra y motivación de Dios. Cuando vivimos así, estamos perdiendo en nuestra relación con Dios, dejamos de crecer espiritualmente, nos ponemos a hacer cosas para Dios que no son dirigidas por Él, y esto es un fracaso en la vida cristiana. Es mejor esforzarnos en las cosas de Dios, guiados por Dios. Cuando estamos involucrados en nuestra relación con Dios, el Señor nos motivará a hacer su voluntad.

El Señor quiere lo mejor para sus hijos, y como el buen Padre que es, está produciendo o trabajando en ti el querer como el hacer. Debes responder inmediatamente haciendo lo que te manda hacer, no lo ignores, elige obedecer a Dios, Él te motiva a hacer su voluntad.

No hagas tu corazón de piedra

corazon de piedraLa primera impresión que viene a la mente al pensar en un corazón de piedra es un corazón duro, sin sentimientos, que tiene muy pocas probabilidades de conmoverse, de sentir algo bueno; imposibilitado para amar, cerrado a creer, sin vida ni esperanza.
Cuando experimentamos cosas que nos lastiman, activamos un mecanismo de defensa, tal como ocurre cuando se forman las perlas; apenas entra un granito de arena en la ostra y ya formó una capa dura de nácar que la cubre. Igualmente, cuando somos lastimados o alguien daña nuestro corazón, además de sentir tristeza, viene un sentimiento de querer evitar a toda costa que alguien más pueda hacerlo de nuevo. Pero dejar que el corazón se cierre no siempre es la mejor manera de cuidarlo.
Cuando creer en algo te trajo resultados que no esperabas o sufriste algún rechazo, el corazón se duele y trata de protegerse levantando muros que, si no prestas atención, pueden llegar a medidas tan altas que después ni tú mismo puedes cruzar; se endurece, se niega a creer o confiar por temor a ser herido nuevamente.
En medio de una decepción, el peor error que puedes cometer es aislarte. Sentirte defraudado, traicionado y sobre todo usado, te hace creer que quizá como persona no vales lo suficiente para alguien más, baja tu autoestima y tu confianza en ti mismo a un grado en el que ni siquiera tú crees en ti. Pero debes saber que tu valor no lo determinan las personas que te fallan, ni tampoco las que te hacen halagos; tu valor lo puso Dios desde antes que llegaras al mundo, y fue un precio altísimo que nada ni nadie puede cambiar.

Lección de Vida

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.
Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos, y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba acabando sus labores diarias.
Participación de los estudiantes a través del ciclo de vida de ...El alumno dijo al profesor: Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.
Mi querido amigo -le dijo el profesor-, no debemos divertirnos nunca a costa de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.
Eso hizo, y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.
Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar.
Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.
Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la mirada al cielo, pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda, y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.
El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?
El joven respondió: Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir.

En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir.”» Hechos 20:35


viernes, 15 de mayo de 2020

Hoy… Doy Gracias a mi Cristo

Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Efesios 5:20.
Hoy cuando me levanté, escuché en el patio de mi casa los pájaros cantar alegremente mientras el sol bañaba con su manto toda la creación. Aún en mi cama, escuché el trinar de las aves, y salió de mi corazón como un murmullo lleno de admiración, la expresión- GRACIAS SEÑOR POR TODO LO QUE HOY ME DAS. Y entonces recordé las palabras de aquella poesía que dice:
Gracias Doy a Mi Cristo - YouTube«Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco. Y en el alto cielo su fondo estrellado y en las multitudes los seres que yo amo».
«Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario. Con él las palabras que pienso y declaro. Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando, la ruta del alma del que estoy amando».
«Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado la marcha de mis pies cansados. Con ellos anduve ciudades y charcos. Playas y desiertos, montañas y llanos. Y la casa tuya, tu calle y tu patio».
«Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me dio el corazón que agita su marco, cuando miro el fruto del cerebro humano, cuando miro al bueno tan lejos del malo, cuando miro el fondo de tus ojos claros.»
«Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es mi mismo canto. Y el canto de todos que es mi propio canto». 
"Gracias a mi Cristo. Gracias a mi Cristo. Gracias a mi Cristo. Gracias a mi Cristo."
Hoy, no quiero perder el agradecimiento, porque si pierdo el agradecimiento mi corazón se llenará de queja, quebranto, protesta y llanto. Quiero levantar mi frente y observar todas las pequeñas cosas que Dios me muestra y me regala. Si, hoy encontraré sin duda muchas angustias y problemas pero antes de poner mis ojos en ellos, quiero poner mis ojos en los regalos que Dios me ha dado y poder expresar como el poeta. "Gracias a mi Cristo".
Mucho camino por recorrer tendré hoy, pero en la orilla veré las pequeñas flores que parecen saludarme y decirme que "Dios nos ha puesto aquí para alegrar tu camino". Ya habrá tiempo suficiente para ver las piedras y charcos del camino, pero antes de eso, quiero ver los pequeños detalles que me harán cantar la nota de agradecimiento al creador.
Gracias Señor. Tu amor es tan especial que cada día lo puedo sentir en las pequeñas y en las grandes demostraciones de tu bondad. ¿Cómo olvidarme hoy de tu bondad y tu amor? Déjame elevar ante ti esta nota de agradecimiento. Gracias Señor, recibo con gozo todas estas muestras de tu bondad, y quiero no solo disfrutarlas sino también compartirlas con otros. No quiero hoy contaminar las vidas de otros con lamentos y quejas, quiero llevarles la nota de agradecimiento que tanto han anhelado escuchar. Amén.

Pedro no se ahogó

La mayoría conocemos la historia de Jesús caminando sobre las aguas y Pedro hundiéndose por haber dudado, pero vamos a detener la historia en un momento importante de ese acontecimiento.
Recordemos un poco; los discípulos vieron a Jesús andando sobre las aguas y creyeron que era un fantasma. Pedro, en medio de su duda, le dijo a Jesús que ordenara que pudiera caminar hacia Él y Jesús lo hizo. Luego, la parte que más conocemos; Pedro dudó y comenzó a hundirse gritando, pidiendo ayuda para que Jesús lo salvara porque se hundía. Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él y le dijo: !Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron a la barca, se calmó el viento. Mateo 14:31,32
pedro no se ahogoEse momento exacto en el que después de tanta duda y poca fe Pedro se hundía, lo podemos ver como una escena en la que por su mente pasaba lo peor. Pero Jesús estaba ahí, extendió su mano y lo sacó del agua, lo llevó a la barca y calmó el viento. En solo un instante cambió el panorama, los momentos de angustia de Pedro los transformó en calma y seguridad.
A veces nosotros nos encontramos como Pedro; sabemos de Dios y las cosas que puede hacer, pero nuestras situaciones, problemas o necesidades nos hacen dudar y sentir que nos hundimos; en ocasiones las cosas que pasamos son tan fuertes que sentimos que nos estamos hundiendo, que no podemos controlar la situación, que el mar de problemas va a ahogarnos, pero olvidamos que Dios está ahí a nuestro lado, listo para socorrernos.
¿Hasta dónde has sentido que los problemas parece que te ahogan, que te hundes o que necesitas urgentemente la ayuda de Dios? Dios espera que recapacitemos y no olvidemos nunca que Él está siempre ahí, que reaccionemos con fe a todas las dificultades por fuertes que sean.
Tal vez de la historia de Pedro solo recordamos o pensamos en cómo se hundía por dudar, pero es importante y muy bueno recordar lo que también sucedió aquel día; Dios le mostró que no lo había dejado solo y lo sacó del peligro de ahogarse, le extendió su mano y lo aseguró en la barca. Quizá otra persona hubiera dejado hundirse a Pedro por dudar o por ofenderlo al tener tan bajo nivel de fe, pero el corazón de Dios está lleno de misericordia y amor.
Pedro sintió temor, angustia, desesperación al verse en medio del mar y sintiendo como se hundía por su falta de fe, algo muy parecido a cuando nos encontramos en problemas; pero Jesús estaba ahí, con todo bajo control y esperando solo que creyera, tal como lo hace siempre con nosotros. Solo recuerda que Pedro por más que sintió hundirse, y aun a pesar de sus dudas, no se ahogó.

Dios no pone pruebas que no podamos soportar, solo hace que con cada una crezca nuestra fe, nuestra relación con Él. Si tú sientes que te hundes en el mar de tus problemas, solamente recuerda que tienes que creer, que Dios está a tu lado y no va a dejar que te hundas. Aunque tu fe esté siendo desafiada y los tiempos a veces sean duros, Él está ahí, observándote y listo para socorrerte y llevarte a la barca mientras calma el viento que te azota. Solamente ten fe.

Diré Gracias por todo Papá

Lavaré en inocencia mis manos, y así, Jehová, andaré alrededor de tu altar, para exclamar con voz de acción de gracias y para contar todas tus maravillas. Salmo 26:6-7
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En medio de fuerzas y acontecimientos demasiado grandes para que nosotros solos forcejeemos con ellos, se nos presenta un mensaje intimidatorio de aislamiento. Empequeñecidos frente al tamaño del universo, frente a la incertidumbre del futuro y las necesidades de comida y amistad, somos como ese estudiante de primer año de bachillerato que acaba de cambiarse de ciudad, y está de pie frente a su nueva escuela el primer día de clases, sin conocer a nadie.
Nos espera cualquier cosa. Y ahí es cuando queremos saber con certeza que no estamos solos. Adorar es una forma de agradecer al Señor por estar con nosotros más cerca de lo que cualquier otro amigo podría estarlo alguna vez.
En el corazón mismo de la adoración y la alabanza está la acción de gracias, gratitud al Señor por todo lo que ha hecho y por todo lo que es. Con la adoración reconocemos la mano del Señor en nuestra vida y le decimos cuán contentos estamos por ello. Es sencilla y espontánea, como las gracias expresadas a un padre por un niño que acaba de pescar su primer pez:
“Gracias por traerme a pescar, papá.”
Hay tanto dentro de estas palabras atesoradas durante años por el padre, que se convierten en el punto culminante del viaje.
La adoración no es el reconocimiento de un desconocido; es el agradecimiento de un niño para quien el padre ha dispuesto y hecho muchas otras cosas. Aunque el niño en realidad nada sabe sobre las preparaciones para el viaje, mucho menos para la vida diaria en el hogar una vez que hayan regresado; el padre considera ya las simples gracias como la suficiente recompensa por todo. Casi ninguna otra cosa puede hacer que un padre se sienta tan exitoso en su vida.
Así es como Dios recibe nuestra adoración. Es como decir: “Gracias, Papá. Te amo”. Aunque posiblemente nuestra adoración no abarque todo lo que el Señor es o todo lo que ha hecho por nosotros, Él la recibe como Su honra más preciada.
Los ángeles claman en adoración majestuosa todo el tiempo, pero al Señor le encanta el sonido de nuestra simple adoración más que todos los himnos angelicales que pudieran cantarse alguna vez.
Hoy te diré gracias Papá por todo lo que has hecho por mí.
Señor, Tú eres mi padre y puedo decirte en este día: “Gracias Papá por amarme y darme oxígeno cada día, por tu amor incomparable y las flores de cada primavera. En el nombre de Jesús. Amén.

martes, 12 de mayo de 2020

¿Cuándo se llevará a cabo la resurrección?

Resultado de imagen de ¿Cuándo se llevará a cabo la resurrección?La Biblia afirma que la resurrección es una realidad y que esta vida no lo es todo. La muerte es el final de la vida física, pero no es el fin de la existencia humana. Muchos creen, erróneamente, que hay una resurrección general al fin de los tiempos. Sin embargo, la Biblia enseña que no habrá una resurrección, sino dos, la resurrección de los justos y la de los injustos (Daniel 12:2; Juan 5:28-29). Unos serán resucitados a la vida eterna en el cielo y otros a la condenación eterna en el infierno.

La resurrección de Jesucristo está documentada en cada uno de los cuatro evangelios (Mateo 28; Marcos 16; Lucas 24; Juan 20), mencionada en varias ocasiones en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 1:22; 2:31; 4:33; 26:23), y también en las epístolas (Romanos 1:4; Filipenses 3:10; 1 Pedro 1:3). Se da mucha importancia a la resurrección de Cristo en 1 Corintios 15:12-34, que registra que más de quinientas personas vieron a Jesús en una de Sus apariciones posteriores a Su resurrección. La resurrección de Cristo es la "primicia" (1 Corintios 15:20, 23); es decir, es el primero de la resurrección a la vida eterna. La resurrección de Cristo es la garantía para cada cristiano, de que él o ella también será resucitado. También es la base de nuestra certeza de que todas las personas que han muerto, resucitarán un día para enfrentar un juicio justo e imparcial por Cristo Jesús (Hechos 17:30-31).

La próxima resurrección a la vida eterna será la de los creyentes del Nuevo Testamento. Ocurrirá en el arrebatamiento de la iglesia. Todos aquellos que han depositado su confianza en Jesucristo, durante la era (edad) de la Iglesia, y que murieron antes del arrebatamiento, resucitarán. El Apóstol Pablo explicó que, cuando Jesús venga a llevarse a Su iglesia, los muertos en Cristo resucitarán primero y, luego, todos los cristianos que estén vivos en ese momento serán transformados y recibirán un cuerpo con la naturaleza de la resurrección (1 Corintios 15:50-58).