Hay momentos dulces, hay momentos tiernos, hay momentos grandes, momentos pequeños, momentos altos, anchos, inolvidables, memorables, lindos, especiales, felices, inquebrantables, tristes, hay momentos inalterables, hay momentos insuperables y hay momentos inexplicables… como ahora.
Toda nuestra vida se compone de momentos; algunos llegan a ser la expresión absoluta de la felicidad, pero siempre está el lado contrario, la expresión absoluta de la tristeza.
Pasamos de momentos a momentos, tratando de vivir una vida agradable para Dios. Un día estamos seguros de lo que tenemos y al otro día, en solo un momento, todo cambia de la manera más abrupta, sin pedirnos permiso, sin carta de invitación, sin previo aviso; solo cambia, y cambia todo lo que creíamos seguro, en un solo momento.
Hay momentos en los que no entendemos el porqué de que sean tan difíciles de explicar, momentos en los que la vida da un giro de 180° y quedamos de espaldas a la realidad. Momentos incomprensibles.
Dios tiene definitivamente un propósito, eso es seguro, pero todos en algún momento nos hemos preguntado: ¿Por qué está pasando esto? Y hemos dicho “Dios, por favor, ayúdame, porque no entiendo nada de lo que está pasando en este momento”, momentos inciertos, momentos sin luz.
Muchos, por no decir todos, sentimos impotencia en algo, en alguna área, al no poder comprender qué es lo que pasa, cuál es el propósito, qué es lo que Dios quiere. Momentos pensantes, momentos de solo creer....
Es completamente cierto que Dios es el dueño absoluto de nuestras vidas, pero no todo lo que nos pasa en ciertos momentos es porque Dios tenga algo que ver. Algunos de nuestros momentos son provocados por nosotros mismos, por nuestras actitudes, por nuestra incredulidad, por nuestra desobediencia, por nuestra falta de fe; por eso siempre hay que preguntarnos si estos momentos no son culpa nuestra y examinar cuándo hemos hecho algo para que esto ocurra. Momentos premeditados, momentos inminentes.
Otros momentos vienen de improviso, llegan por sorpresa y cambian todos nuestros planes; momentos que no pensamos volverían, momentos que no esperamos en la melancolía, momentos que negábamos, momentos que estaban borrados; pero que cuando menos lo pensamos aparecen, momentos insolentes.
Para todos los que están pasando por momentos de tristeza, porque para la felicidad no hay cura, Dios es fiel, amigo, Señor, Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente, y Él nunca nos ha dejado solos, ni lo hará mientras tengas claro que Él es el Señor de tu vida.