viernes, 20 de enero de 2017

El ejemplo de Daniel

Una de las cosas que necesitamos para no pecar es tener dominio propio, que consiste en tener la fuerza de voluntad necesaria para decir que no a las cosas que no nos convienen y que desagradan a Dios.
daniel bible
Unos de los mejores ejemplos en la biblia está representado por Daniel, nombre cuyo significado y también su premisa es "Dios es mi justicia", y sus amigos Ananías que significa (Dios es misericordioso), Misael (¿Quién como Dios?), y Azarías (fuerza de Dios), a los cuales les cambiaron el nombre como muestra de que iban a iniciar una nueva vida, la de ser servidores del rey Nabucodonosor, para que dejaran atrás sus costumbres y creencias.
Muchas veces, las personas que nos rodean nos cambian los nombres o nos ponen apodos, por lo general con un significado un tanto burlesco, y porque de alguna manera quieren influenciar de manera negativa en nuestra vida. Cuando suceda esto renunciemos a esas palabras, y creamos en lo que Dios puede hacer en cada uno de nosotros y no hacer los planes que el mundo y las personas quieren que tengamos. A veces nuestra familia o amigos quieren, con un pretendido buen fin, que se lleven a cabos esos planes en nuestra vida, pero tal vez esos planes no te agraden o tengas cosas que no ayuden en tu vida como cristiano. Lo importante es que, estemos donde estemos, no nos dejemos contaminar por las cosas que el mundo nos ofrece, y eso no quiere decir que nos tengamos que aislar de las personas que no conocen de Dios, al contrario, porque Dios ha depositado su gracia en nosotros para impactar la vida de los demás, para que también lo conozcan.

No es el Tamaño del Problema, sino cómo Manejo el Problema

El 1 de marzo de 1997, Greg estaba en Bossier City, Louisiana, adonde había viajado desde su casa de Kentucky para asistir a mi conferencia de dos días sobre liderazgo.
Cuando la conferencia concluyó, abordó un avión y se dirigió a St. Louis en la primera etapa del viaje de regreso a su casa, pensando con entusiasmo en la forma de poner en acción el adiestramiento sobre liderazgo que había recibido.
Cuando llegó al aeropuerto de St. Louis para tomar su conexión a Lexington, se sorprendió al descubrir que su vuelo estaba retrasado debido al mal tiempo en Kentucky. Cuando la demora se transformó en la cancelación del vuelo, Greg tuvo que quedarse a pasar la noche en St. Louis. En realidad, no le dio mucha importancia al percance. Estaba acostumbrado a viajar y sabía que tales situaciones suelen presentarse. A la mañana siguiente, tomó el primer vuelo que lo sacó de St. Louis.
Resultado de imagen de No es el Tamaño del Problema, sino cómo Manejo el ProblemaSolo cuando aterrizó en Lexington se dio cuenta de la magnitud del problema causado por el mal tiempo.
Mientras conducía desde el aeropuerto rumbo al norte, hacia Cynthiana, empezó a ver los efectos de la lluvia torrencial que había hecho que su vuelo fuera cancelado. Cuando supo que el río Licking, que pasaba por Cynthiana se había desbordado, empezó a preocuparse por su tienda. Se fue directamente hacia allí, esperando encontrarse con que todo estaba bien. La distancia de treinta millas se le hicieron una eternidad.
Cuando finalmente llegó, encontró que toda el área estaba inundada. A doscientos metros de su tienda, pudo ver únicamente el techo y el letrero: PAYLESS FOOD CENTER. El resto estaba bajo el agua.
Desmoralizado, se dirigió a su casa, pero ni siquiera se pudo acercar.
Durante tres días vivió con su hermana en Lexington, esperando que el nivel del agua bajara y pensando qué podría hacer. Llamó a su agente de seguros para descubrir que las cosas se pondrían peor. Tenía todos los seguros imaginables, menos el de inundación. El seguro no le servía de nada.
Entre esto y aquello, transcurrieron cinco días hasta que pudo entrar a la tienda. Cuando abrió las puertas, se encontró con una devastación total.

Valles de bendición

Si mal viene sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta Casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta Casa); clamaremos a ti a causa de nuestras tribulaciones, y tú nos oirás y salvarás. 2 Crónicas 20:9
El artista, pintor- escultor, francés Henri Matisse sentía que su labor de los últimos años de su vida lo representaba mejor que ninguna otra. En ese tiempo, ensayó un nuevo estilo, creando pinturas coloridas y de gran tamaño hechas con papel en vez de pintura. Y decoró las paredes de su habitación con esas imágenes relucientes. Para él fue importante porque le habían diagnosticado cáncer y solía estar confinado en su cama.
Enfermarse, perder el empleo o atravesar situaciones angustiosas son ejemplos de lo que algunos denominan «estar en el valle», donde los temores empañan todo lo demás. El pueblo de Judá experimentó algo así cuando supo que se acercaba un ejército (2 Crónicas 20:2-3). Su rey oró: «Si mal viniere sobre nosotros, […] clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás» (verso 9). Y Dios respondió: «salid mañana contra ellos, porque el Señor estará con vosotros» (verso 17).
Cuando el ejército de Judá llegó al campo de batalla, sus enemigos ya se habían matado entre ellos. El pueblo de Dios pasó tres días recogiendo las armas, la ropa y las cosas de valor abandonadas. Antes de marcharse, se reunieron para alabar a Dios y llamaron aquel lugar el valle de «Beraca», que significa «bendición».
El Señor puede convertir los pozos de nuestra vida en bendiciones.

Señor, ayúdame a confiar en ti en las dificultades.
Dios es experto en convertir las cargas en bendiciones.

jueves, 19 de enero de 2017

¿Creo, o te creo?

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 1 Corintios 13:12
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3
Resultado de imagen de ¿Creo, o te creo?En el lenguaje corriente, cuando decimos: «creo», normalmente significa: «Pienso, me parece, creo que..., pero no estoy completamente seguro». En cambio, cuando le digo a alguien: «Te creo», es como si le dijese: «Confío en ti». Esto significa que doy como verdadero lo que me dice. Éste es el sentido de la fe cristiana. No es una creencia vaga, sino una profunda y serena confianza en Dios.
La fe es un impulso interior que nos da el valor de atravesar la duda para ir a Dios. Cuando subo a una montaña, puede suceder que tenga vértigo, que tenga la sensación de caer. Lo importante es aguantar, aferrado a la roca, y seguir la senda que apenas podemos distinguir. Así es la fe cristiana: se apoya en Dios para cada paso de la vida.
Al descansar en Dios, descubro que la fe es una respuesta al llamado de Dios, quien se acerca a mí en la persona de Cristo para salvarme del mal y de una vida desdichada sin Él. ¡Es el único camino para conocerlo!
La fe está llena de ánimo, es poderosa en acción, valiente, fuerte y siempre productiva. Con ella se producen constantemente buenas obras, porque así es su naturaleza.
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

El Dia Que No Vi La Piedra Rosetta

“Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).
Resultado de imagen de El Dia Que No Vi La Piedra RosettaEra un domingo radiante, diáfano. Ese 13 de mayo de 2012 fue inolvidable. Por la mañana, llegamos a Londres con un grupo de amigos y, pasado el mediodía, empezamos a recorrer la bellísima ciudad. El plan número uno de esa espléndida jornada era recorrer el Museo Británico. Este sitio tiene dos características que lo hacen especial: primero, conserva muchísimos tesoros antiguos (entre ellos, la famosa piedra Rosetta que se exhibe allí desde 1802): y segundo, algunos días la entrada es gratuita.
Casi sin pensarlo, se nos pasó la tarde caminando por Oxford Street. Las banderas de la Unión Jack que cruzaban la acera, los famosos autobuses rojos de dos pisos, los rostros cosmopolitas con los que me cruzaba y las interesantísimas ofertas de las tiendas comerciales me distrajeron por completo. De repente, noté con apremio que faltaban solo unos pocos minutos para las 17:00, la hora de cierre del Museo Británico. Lo de la puntualidad inglesa es verdad. Llegué tarde, y no me dejaron entrar, sin tener en cuenta mis argumentos.
Al estudiar su historia, descubrimos que este distinguido sitio cultural abrió sus puertas al público el 15 de enero de 1759. Sin embargo, el 13 de mayo las cerró para mí.

La verdad nos hace libres

El evangelio de Juan capitulo 8:34 dice que Jesús les respondió: de cierto de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
Si leemos los dos versículos anteriores en su contexto, vemos que los judíos le reclamaban a Jesús que ellos nunca habían sido esclavos de nadie, ¿se les habría olvidado acaso que los judíos fueron esclavos de los egipcios, de los babilonios, de los asirios, y de los romanos?
¿O  acaso trataban de mentirle a Jesús, sin saber que nuestro señor Jesucristo lo sabe todo? Jesús sabia perfectamente que su pueblo había sido esclavo de otros pueblos en la antigüedad, y contemporáneamente eran súbditos de Roma, pero Cristo les dijo:
“…que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado…”
Resultado de imagen de la verdad nos hace libres bibliaDe donde se desprende que si mentimos, somos esclavos de la mentira, la cual es pecado, si cometemos adulterio, somos esclavos de este pecado, si nos gustan las bebidas alcohólicas, somos esclavos de éstas. Y la biblia es clara cuando dice que los borrachos no heredarán el reino de Dios, y así en un largo etcétera, podemos mencionar todos los pecados que menciona la biblia, de los cuales si los practicamos, los vivimos o los consentimos, somos esclavos de ellos, llevándonos derecho al infierno.
Hermanos, estáis invitados a seguir a Jesús y sus enseñanzas, como dice Juan 8:32 “…y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres…”, pero primero dice que:
  • 1. Debemos permanecer en Él, y si permanecemos en Él, entonces….
  • 2. Conoceremos la verdad, conoceremos la verdad a través de su palabra, que es la Biblia.
  • 3. La verdad nos libertará.
En el evangelio de Juan vemos que:
  • 1. Cristo es la verdad, Juan 8:40
  • 2. Jesús es la vida, Juan 8:51
  • 3. Jesús nos liberta, Juan 8:36
  • 4. Jesucristo vino de Dios, Juan 8:42
Por lo expuesto anteriormente, sabemos y entendemos que solamente en Jesucristo hay libertad, por lo que debemos alimentarnos diariamente de la palabra de nuestro señor Jesucristo para ser libres, para andar en la verdad y sobre todo, para permanecer en Cristo Jesús.

Perder para encontrar

El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 10:39
Cuando me casé con mi novio inglés y me mudé a Gran Bretaña, pensé que sería una aventura de solo cinco años en una tierra extraña. Nunca soñé seguir viviendo aquí casi 20 años después ni que, a veces, sentiría que había perdido todo al despedirme de mi familia y amigos, de mi trabajo y de todo lo conocido. Pero, al perder mi vida anterior, encontré una mejor.
El regalo invertido de encontrar la vida cuando la perdemos, es lo que Jesús les prometió a sus discípulos. Cuando envió a los doce a predicar el evangelio, les pidió que lo amaran más que a sus padres y a sus hijos (Mateo 10:37). El Señor pronunció esas palabras en un contexto cultural en el que las familias eran el fundamento de la sociedad y altamente valoradas. No obstante, prometió que si perdían su vida por Él, la encontrarían (verso 39).
No hace falta que nos mudemos a otro país para hallarnos en Cristo. Mediante el servicio y la consagración, como sucedió con los discípulos al ir a compartir la buena noticia de la salvación en Cristo, nos encontramos recibiendo más de lo que damos, ya que el Señor derrama su amor abundantemente sobre nosotros. Sin duda, Él nos ama sin importar cuánto lo sirvamos; pero, cuando nos entregamos por el bienestar de otros, encontramos satisfacción, propósito y plenitud.

Señor, te amo y te entrego mi vida para servir a los demás.
Toda pérdida deja un espacio que puede llenarse con la presencia de Dios.

miércoles, 18 de enero de 2017

La Iglesia de Dios

“…Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. 22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, ése es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace…” Santiago 1:21-25
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La Palabra de Dios nos dice que como cristianos debemos desechar toda inmundicia de nuestras vidas, en nuestro caso el pecado.
Para nosotros los seres humanos, no es fácil dejar de pecar porque a cada momento nos equivocamos y cometemos errores. Pero tenemos a Jesús que es nuestro abogado y Él intercede por nosotros ante el Padre.  Eso sí, cada día debemos recibir la Palabra que Dios tiene para la salvación de nuestras almas.
Y al recibirla, debemos ser hacedores de la Palabra de Dios.
Debemos estar dispuestos a aceptar a Dios en nuestro corazón para que Él gobierne nuestra vida, y aceptar a Jesús como nuestro salvador. Así somos libres en Cristo; estamos en este mundo pero no somos de este mundo.
Si tenemos a Cristo en nuestro corazón lo demás viene por añadidura.
Aquellos que sufren persecución por causa de Cristo que continúen hacia adelante y que Dios fortalezca a su Iglesia en estos tiempos. Jesús viene pronto por su verdadera iglesia.

El Avaro de Marsella

La ciudad de Marsella, en el sur de Francia, es famosa por sus hermosos jardines, pero no siempre fue así. Tiempo atrás fue un lugar seco y árido. Hace muchos años vivía en aquella ciudad un señor llamado Guizón. Era un hombre que trabajaba duro para ganar y ahorrar su dinero. Siempre llevaba puesta ropa muy desgastada y comía lo más barato y sencillo. Se negaba no solamente los lujos de esta vida sino también las comodidades más sencillas. Lo conocieron en Marsella como un avaro, y a pesar de ser sumamente honrado en todas sus transacciones y cumplir fielmente todas sus obligaciones y labores, todo el mundo lo despreciaba. Cada vez que lo veían pasar, mal vestido por la calle, los muchachos gritaban:
anciano– ¡Miren al viejo tacaño!
Pero él seguía su camino sin hacerles caso. Si alguien le hablaba, siempre contestaba cortés y suavemente. 
Pasaron los años y por fin, con su cuerpo encorvado por los arduos trabajos y su cabello blanco como la nieve, Guizón murió a la edad de más de 80 años. Fue entonces cuando descubrieron que había ahorrado una gran fortuna en plata y oro. Y entre sus papeles encontraron su testamento que contenía lo siguiente:
-Hace muchos años yo era pobre y me di cuenta que los habitantes de Marsella sufrían mucho por la escasez de agua pura. Sin familia, he dedicado toda mi vida a ahorrar suficiente dinero para poder construir un acueducto para proveer agua para todos los pobres de esta ciudad, para que aún la persona más necesitada no la eche en falta.
Sin amigos, y muy solo durante el transcurso de su vida, Guizón vivió con el fin de poder realizar esta noble meta de beneficiar hasta los que no lo entendieron y lo trataron mal. Murió sin oír ni una palabra de agradecimiento.
En un país oriental, hace muchos años, vivió otro hombre, no comprendido, “despreciado y desechado entre los hombres.” Él también escogió una vida de pobreza. No tenía donde recostar su cabeza. “Por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”, (2 Corintios 8:9). Sin embargo, tan grande fue la malevolencia contra este hombre “manso y humilde de corazón,” que la gente pidió a gritos su muerte:
-¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
Fue colgado sobre una cruz donde todos los que lo vieron lo escarnecieron. Lo menospreciaban en gran manera y lo sufrió para nosotros. “Fue entregado por nuestras transgresiones, resucitado para nuestra justificación”, (Romanos 4:25).