Yo soy el
pan de vida. Juan 6:48
Vivo en una pequeña ciudad en donde todas las
mañanas y tardes puede escucharse un grito distintivo: «¡Paaan!» Un hombre
en una bicicleta, con una canasta enorme, ofrece una gran variedad de panes
frescos, dulces y salados. Antes yo vivía en una ciudad más grande donde tenía
que ir a comprar pan a la panadería, pero ahora, disfruto de que me lo traigan
fresco a casa.Pasando de la idea del alimento físico al espiritual, pienso en las palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6:51).
Alguien dijo que evangelizar consiste en que un
mendigo le dice a otro dónde encontrar pan. Muchos podemos afirmar: Antes estaba espiritualmente hambriento, muriéndome de hambre a causa de mis pecados.
Entonces escuché la buena noticia. Alguien me dijo dónde encontrar pan: en
Jesús. ¡Y mi vida cambió!
Ahora tenemos el privilegio y la responsabilidad de
guiar a otros a este Pan de vida. Podemos hablar de Jesús en nuestro barrio,
lugar de trabajo, escuela y sitios de recreo; en la sala de espera, el autobús o
el tren, y aprovechar también las amistades para comunicar la buena nueva.
Jesús es el Pan de vida. Demos a todos la gran
noticia.
Señor,
quiero testificar de ti en todas partes.
Comparte el Pan de vida dondequiera que estés.
Comparte el Pan de vida dondequiera que estés.

