sábado, 7 de julio de 2012

Carl Boberg - Cuán grande es Él (vídeo)


Esta canción fue compuesta por el poeta y compositor sueco Carl Boberg, en 1.885 y difundida en 1.907; las casas discográficas iban un poco lentas por aquel entonces. Cuando regresaba de una reunión cristiana, y mientras se encontraba caminando por el campo, súbitamente fue alcanzado por una tormenta veraniega. Al refugiarse entre unos árboles esperando que el cielo se despejara y dejara de llover y tronar, Boberg, reflexionó en la grandeza de Dios. Se agachó a recoger una moneda del suelo, y ¡sorpresa!: ésta tenía dos caras. Bueno, la verdad, es que esto último, lo de la moneda, es un invento mío. Lo otro es verdad. Pero Boberg no tuvo una suerte, sino dos. La primera, tener el talento de componer, y, la segunda, el hecho de que fue designado por Dios para componer esta canción. Así lo hizo, y, cuando acabó, se encontró realmente satisfecho de la obra.
Es una canción, bueno…, es más que eso, es un himno de alabanza al Señor, a Cristo.

Sin  pretenderlo ni saberlo, al componer este tema, nos transmitió un mensaje que no, por archisabido, debemos dejar de repetir: “Que cualquier tiempo y lugar es bueno para alabar a Dios y darle gracias”. Porque como está citado en San Juan, capítulo 3, versículo 16: de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Así pues, seamos imitadores de Dios como hijos amados, y andemos en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.
M.G.L.

Tus fuerzas-Reflexión-vídeo

Hace varios meses vi una pelicula que se desarrollaba en un pequeño pueblo donde el hobby era el alpinismo. Durante todo el filme, un padre lleno de amor trataba de hacer llegar desde muy lejos en una nevera un hígado que sería transplantado a su hijo menor, el cual había sufrido un accidente al escalar una montaña. El jovencito tenía una hermana que sufría mucho pues se creía culpable de la caída de su hermano.
Durante un dialogo entre estos tres personajes se cruzaron las siguientes Palabras:

Hermana mayor: Siento que haya sido mi culpa, no sé que pudo haber pasado ya que yo siempre le había revisado los amarres y nunca se había caído.

Padre: Hija yo siempre los revisaba después que tú los hacías y esta vez lo hice nuevamente, quizás cometí algún error.
Hijo menor: Papá no te culpes porque yo, después que tú revisaras las amarras, las corté y las hice nuevamente para demostrar que era suficientemente capaz de lograrlo.
Nuestro Padre celestial es Soberano sobre nuestras vidas y no deja nada al azar preocupándose por cada detalle en ellas. Cuando confiamos más en nuestras limitadas fuerzas y capacidades que en Su poder, Amor y Justicia caemos desde lo alto de la montaña y sufrimos traumatismos severos que sólo nuestro Padre puede sanar con la preciosa y limpia sangre de Cristo Jesús por medio de Su Gracia redentora e infinita misericordia. “…porque separados de mí nada podéis hacer.”
Juan 15:5
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.
Salmos 94:22
Mas El Señor me ha sido por refugio; Y mi Dios por roca de mi confianza.
Jeremías 17:7
Bendito el varón que se fía en el Señor, y cuya confianza es Dios.
1 Juan 5:14
Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.

No hay crisis que por bien no venga-Crecimiento Personal

En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.
Albert Einstein
Para nadie es un secreto que la palabra mas escuchada en este tiempo es crisis. Constantemente los medios nos bombardean con la crisis financiera, alimentaria, inmobiliaria, ambiental; el asunto es que la crisis no termina allí sino que trasciende en los hogares, y tenemos crisis en las familias, divorcios, familias disfuncionales, rebelión de los hijos, infidelidad y otros problemas. Paseándome en la historia me encuentro que hubo una época donde hubo una gran crisis que vivió el pueblo de Israel. Resulta que el Rey de Egipto había ordenado la muerte de  todos los niños israelitas.  Esta medida produjo temor, miedo y ansiedad en todos los padres israelitas pero la biblia enseña que los padres de Moisés no tuvieron miedo y  confiaron en Dios.
Los padres de Moisés confiaron en Dios y, por eso, cuando Moisés nació, lo escondieron durante tres meses. El rey de Egipto había ordenado que se matara a todos los niños israelitas, pero ellos vieron que Moisés era un niño hermoso y no tuvieron miedo, porque confiaban en Dios. Hebreos 11:23
Es probable que tú estés atravesando una gran crisis hoy, estés lleno de temor pensando como salir del problema o pensando tal vez... ¿Cómo me metí en este asunto? Y seguro que sientes que el rey de Egipto ha ordenado tu muerte y quisieras retroceder tu vida para no pasar por lo que estás pasando.
¿Qué podemos aprender de los padres de Moisés?
Ellos confiaron en Dios, aunque  habían escuchado muchas veces voces de miedo, ellos se llenaron de fe y salvaron a Moisés.
¿Sabes lo que el miedo y la fe tienen en común? Un futuro que no ha llegado. El miedo cree en un futuro negativo. La fe cree en un futuro positivo. Ambos creen en algo que todavía no ha sucedido. Por tanto, pregunto: ¿Por qué no elegir creer en un futuro positivo? ¿Por qué dejar que el miedo sabotee tu alegría y el éxito? 
 
Creo que durante estos tiempos difíciles tenemos que elegir entre dos caminos. El camino positivo o el camino negativo. Y nuestra vida no puede estar en dos caminos al mismo tiempo. Así que tenemos que hacer una elección y esta elección determina nuestra convicción sobre el futuro, y la actitud y las acciones que hagamos en la actualidad. 
 Mi elección va a determinar mi futuro, la voz que yo estoy escuchando  me  puede llevar al fracaso o al éxito.
Hay una historia de un hombre que vivía en la orilla de un camino y vendía perritos calientes. No tenía radio, ni televisión, no leía periódico, ni sabía nada de Internet; pero hacía y vendía buenos perritos calientes. Solo se preocupaba por la divulgación de su negocio y colocaba cartelones de propaganda por el camino; ofrecía sus productos en voz alta y el pueblo le compraba. Las ventas fueron aumentando y por eso empezó a comprar el mejor pan y las mejores salchichas. También le fue necesario comprar un carrito más grande para atender a la creciente clientela porque el negocio prosperaba. Sus perritos calientes eran los mejores de la región. Venciendo su situación económica pudo pagar una buena educación a su hijo, quien fue creciendo y fue a estudiar economía en la mejor universidad del país.
Finalmente, su hijo ya graduado con honores, volvió a casa y notó que el papá continuaba con la misma vida de siempre y tuvo una seria conversación con él: “Papá usted no escucha la radio, usted no ve televisión, usted no lee los periódicos, usted ni sabe de Internet. Hay una gran crisis en el mundo y la situación de nuestro país es crítica. El que no se mueva va a quebrar”. Después de escuchar las consideraciones de su hijo estudiado, el padre pensó:
“Si mi hijo es economista, lee periódicos, ve televisión, sabe de Internet, entonces puede tener razón….” Con el miedo de la crisis, el viejo buscó el pan más barato (más malo), y comenzó a comprar las salchichas más baratas (las peores), y para economizar dejó de hacer sus cartelones de propaganda.
Abatido por la noticia de la crisis ya no ofrecía sus productos en voz alta. Tomadas todas esas preocupaciones, las ventas comenzaron a caer, y fueron cayendo y cayendo... y llegaron a niveles insostenibles, hasta que el negocio de perritos calientes del viejo que antes generaba recursos hasta para que el hijo estudiara economía, quebró.
Entonces el padre muy triste, se dirigió a su hijo con estas palabras: “Hijo, tenías razón, estamos en medio de una gran crisis” y le comentó orgulloso a sus amigos: “Bendita sea la hora que envié a mi hijo a estudiar economía; él me avisó de la crisis… Si no hubiera sido por él, quién sabe qué hubiera pasado.”
Puede ver que nuestras elecciones determinan nuestro destino, este hombre decidió comportarse con un espíritu recesivo, conformista y perdió. En  temporada de crisis no hay que dejarse vencer por el miedo, hay que ser creativos como los padres de Moisés que se prepararon y le llevaron a ser príncipe de Egipto. No llenes tu mente de pensamientos negativos, no te autolimites, no caigas en el pánico, llénate de fe y esperanza.
“Si piensas que tus problemas tienen solución estás en lo cierto, pero si piensas que no tienen solución también lo estás.”
Es tiempo de levantarte como David para vencer al gigante Goliath que se levanta en contra de tu vida, tu matrimonio, tus finanzas, tus negocios o cualquier otro gigante que produzca crisis. Confía en Dios, Él es el único que puede darte la victoria. No te dejes llevar por las crisis, pues no duran para siempre, ellas son las oportunidades para aprender y crecer.
Hoy es el mejor día para desarrollar tu imaginación, creatividad ante las crisis, comenzar a ver y escuchar oportunidades. Dios tiene grandes cosas para ti, pero eres tú quien elige seguir en el desierto o entrar a la tierra prometida.

Tu tesoro-Crecimiento Personal-vídeo

“Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón. ” Lucas 12.34
 Es una frase muy familiar para muchos de nosotros. La hemos escuchado en la iglesia y aún en nuestros hogares. Es algo aún bastante maternal por decir. Este versículo ha venido a mi mente varias veces y en varios lugares. Cuando deseo algo en gran manera. Puede que me haya dado cuenta de lo mucho que estaba trabajando por obtener ese algo y, al mismo tiempo, he lastimado a varios. Y luego leo este versículo y se me hace evidente dónde ha estado mi corazón. Puedo pensar en todos esos momentos en que he sido enfrentado con la pregunta: “¿Sigo a Dios o sigo a mis deseos?”.
Creo que todos nos podemos identificar con esto. Podemos recordar momentos en los que hemos querido algo y luego nos dimos cuenta de que estábamos atesorando a esa cosa o a nosotros mismos más que al Señor. La cosa/tesoro que más buscamos, deseamos y valoramos es una gran indicación de donde está nuestro corazón y mente.  Pero... ¿sobre qué cosas por las cuales nos preocupamos la mayoría del tiempo aplicaría este versículo?
Jesús hizo esta declaración al final de una enseñanza sobre la preocupación. Él termina diciéndonos que no nos preocupemos por cosas, porque Él proveerá y esas cosas y preocupaciones no nos agregan nada. Y si estamos preocupándonos por esas cosas, entonces es porque esas “cosas” son más importantes para nosotros, y eso no está bien. Digámoslo de esta manera. Si te preocupas por algo, muy probablemente vas a buscar ese algo y una vez que tengas ese algo, muy probablemente vas a atesorar ese algo y eso se adueñará de tu corazón.
Tómate un momento hoy, y lee Lucas 12.22-24. Sobre ¿qué cosas estas preocupándote? ¿Qué cosas has estado buscando? ¿Qué tienes ahora? ¿A qué le has entregado tu corazón?
Si estás preocupado porque son tiempos difíciles y el dinero está apretado, recuerda que Dios te ha creado y es capaz de proveer. No es fácil no preocuparse. Se requiere confiar en que Dios proveerá. Pero al preocuparte, apartas tu corazón de Dios y se lo das a esas cosas.
Hoy, retomemos nuestros corazones de esas cosas, y entreguémoslo a Dios.



Frases destacadas: La gratitud- PowerPoint

Quien no se siente agradecido por las cosas buenas que tiene,
tampoco se sentirá satisfecho con las cosas que desearía tener.
El que no aprende el idioma de la gratitud no podrá dialogar con la felicidad.
La felicidad empieza cuando uno deja
de lamentarse por los problemas que tiene,
y agradece por los problemas que no tiene.
El Dr. Alexander Whyte, de Edimburgo, era
famoso por sus oraciones en el púlpito.
Siempre encontraba algo por lo cual agradecer
a Dios, aún en las épocas más difíciles.
Un día tormentoso, un feligrés se puso a pensar:
“No creo que el pastor tenga nada que agradecer
a Dios en un día como éste”.
Pero Whyte empezó su oración de la siguiente manera:
“Te damos gracias, Señor, que no todos los días son como éste.”
Matthew Henry, el conocido hombre de letras,
fue asaltado por unos ladrones que le robaron la cartera.
Ese día escribió en su diario:
“Estoy muy agradecido porque, primero,
nunca me habían robado antes;
segundo, porque a pesar de que se llevaron
mi cartera, me dejaron con vida;
tercero, porque aún cuando se lo llevaron todo,
no tenía mucho; y cuarto, porque me robaron
a mí y no fui yo quien robó”…
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viernes, 6 de julio de 2012

Dar gracias- Crecimiento Personal-Gracias….vídeo

Dar Gracias
Una madre solía orar en las noches con una hija pequeña, de unos seis años, al acostarla.
.Una noche la madre le dijo:
- Hoy vamos a pedir a Dios un poco más para que sane a la tía Marta.
.
Oraron por la tía Marta, cada noche, durante un par de semanas. Después, la madre no dijo nada y dejaron de pedir.
A la tercera o cuarta noche sin hacerlo, la niña preguntó:
- Mamá, ¿por qué no oramos por la tía Marta?.
- Es que Diosito ya la puso buena, -respondió la madre.
.
- Y si la puso buena, -replicó la niña- ¿no deberíamos orar para darle las gracias?.

Somos más dados a pedir que a agradecer. Lo de aquellos diez leprosos curados y de los que sólo uno vuelve a dar las gracias a Jesús, se repite en nuestra vida a diario.
.De cada diez veces que pedimos, quizás no damos gracias ni una. La gratitud del que pide abre la mano del que da: el agradecimiento facilita la generosidad.
¡Y tenemos tanto que agradecer a Dios!.
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Agustín Filgueiras
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Dad gracias al SEÑOR, invocad su nombre, dad a conocer sus obras entre los pueblos. 1 Crónicas 16:8
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Y han de estar presentes cada mañana para dar gracias y para alabar al SEÑOR, y asimismo por la noche. 1 Crónicas 23:30

 Crecimiento Personal » Gracias….
Hoy vengo a darte las gracias de parte de todas aquellas personas a las que has servido, día a día o de vez en cuando.
Si eres padre de familia: gracias por esas horas de trabajo, por esforzarte cada día, por los minutos dedicados a tus hijos, por jugar con ellos, por dedicarles tiempo, por enseñarles de Dios, por darles valores… has ayudado a cambiar una nación.
Si eres madre de familia: gracias por cada comida preparada, por cada prenda lavada, por cada caricia y cuidado, por hacer que 24 horas del día alcancen para trabajar fuera y dentro de casa organizando todo, por tu esfuerzo en mantener un hogar en armonía y calidez para los tuyos, por el amor, por tu fe compartida… ¡has ayudado a hacer generaciones fuertes!
Si eres hijo: gracias por estudiar, por compartir tus conocimientos con tus hermanos y con tus amigos, por cada regla que has respetado, por cada enseñanza que das a tus padres con tu inocencia, con tu bondad, con tus reflexiones de la vida, por perdonar los fallos de los que te educan sabiendo que no son perfectos… ¡te estás convirtiendo en un ciudadano que vale la pena!
Si eres un servidor público: gracias por cada duda que has resuelto, por la amabilidad que dispensas a cada persona que atiendes, por hacer tu trabajo con respeto e integridad… ¡fortaleces la confianza de quienes te rodean!
Si trabajas como obrero, como empleado en cualquier sitio: gracias por tu puntualidad, por hacer las cosas con excelencia, por convivir con tus compañeros sanamente, y por los minutos que has dedicado para escucharlos, para animarlos, para compartir las experiencias laborales y familiares… ¡te has convertido en una parte importante de la humanidad que brilla!
Si eres médico, creativo, o cualquier tipo de profesional: gracias por poner tu corazón en lo que haces a favor de otros, por las horas, los desvelos, las angustias, las horas que has estado lejos de los tuyos dándote a otros … ¡has colaborado en engrandecer a la humanidad!
Si eres amigo: gracias por el tiempo compartido, por estar cuando se te necesitaba, ya de lejos o de cerca; por los mensajes de aliento que has enviado, y por los chistes que contaste para alegrar a otros, por tu calidez,  por tus oraciones … ¡has hecho que permanezca la esperanza en un mundo mejor!
Si has dado comida, ropa, sonrisas, abrigo, cualquier cosa que alguien necesitaba… ¡gracias, muchas gracias porque te has convertido en los brazos, los pies, los ojos, la sonrisa y el corazón de Dios!
Quizá nadie te ha visto, quizá crees que nadie lo ha valorado pero no es así: Dios lo ha visto y Él no es injusto para olvidar lo que has hecho y sigues haciendo cada día y nada queda sin recompensa.
Y en todo momento: "gracias Señor"
Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Hebreos 6:10


Las metas de un atleta cristiano-Crecimiento Personal

1 Corintios 9:24-27: 24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno sólo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
¿Cuáles deben ser las metas del atleta cristiano?
  • Correr para ganar (V. 24)
  • Vivir disciplinadamente (V. 25)
  • Tener un destino determinado (V. 26)
  • Pelear la batalla objetivamente (V. 26)
  • Ser ejemplo en el servicio (V. 27)
¿A quiénes compara el Apóstol aquí?
¿Cuál es su característica distintiva?
¿A dónde corría Pablo y con quién peleaba?
- Se compara con:
  • Los atletas dedicados a correr: “yo de esta manera corro”.
  • Los pugilistas o boxeadores: “de esta manera peleo”.
La característica distintiva de ambos es la disciplina del duro entrenamiento. Hay muchas cosas que los competidores quisieran hacer o divertirse más con sus amigos, pero no lo hacen porque eso podría privarles del premio mayor.
La Versión Internacional dice “Todo el que compite en los juegos olímpicos se impone a sí mismo un severo entrenamiento, ellos lo hacen para recibir una corona de laurel que al fin se ha de marchitar; pero nosotros lo hacemos para conseguir una corona que durará para siempre.”
2. La versión Latinoamericana dice: “Así, pues, yo corro, sabiendo a dónde voy. Doy golpes, no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que habiendo predicado a otros, venga a ser eliminado.”
Podríamos decir que aquí estaba el éxito del ministerio de Pablo:
  • Tenía un objetivo claro y definido.
“Corro, no como a la aventura” “no como a ciegas” o “sin rumbo fijo”. En otra ocasión dijo: “me esforcé a predicar el evangelio no donde Cristo ya hubiese sido nombrado”. Todos sus viajes tenían este propósito.
  • Adoptó una disciplina férrea.
“Golpeo mi cuerpo”, “obligo a mi cuerpo a que me sirva”. Podríamos decir que toda competencia es dolorosa. El buen deportista sabe bien que sin dolor no tendrá el premio. Los que triunfan deben soportar el sufrimiento hasta límites increíbles, obligando a sus piernas a continuar corriendo aun cuando ya no pueden más.
  • En tercer lugar, tuvo éxito porque temía ser eliminado.
“no sea que después de haber proclamado a otros, yo mismo sea reprobado”, “eliminado”, “descalificado”. Para Pablo no existía tal cosa como “una victoria segura”. Sabía que debía luchar todos los días porque podía perder el premio. ¿Después de tanto trabajo, persecuciones, desvelos, sufrimiento y preocupación para que la iglesia prospere podría ser eliminado? Sí. Eso es lo que dice el texto.
1ª Corintios 9:24-27, nos enseña que lo importante no es simplemente participar, sino participar y ganar.
Cuando se celebra una carrera del tipo que sea, hay un lema deportivo que no debe olvidarse, y es que “lo importante no es ganar, sino participar”, y con esto uno debe emprender la carrera y aunque no gane estar contento porque se ha participado.
Se suele creer que en la fe pasa lo mismo, que el hombre debe esforzarse lo suficiente, andando o corriendo por esta vida, recordando que lo importante es participar. En el texto de hoy, Pablo nos dice que no es así. El versículo 24, recuerda a los creyentes que hay un premio y les recomienda:“Corred, de tal manera que lo obtengáis”. Parece antideportivo que se recomiende al creyente que corra para ganar, pero en ese sentido lo es.
No se está hablando aquí de la salvación, que naturalmente es gratuita y nadie nos la puede quitar, sino de una recompensa que recibiremos de acuerdo a nuestro comportamiento aquí en la tierra, una recompensa a nuestra manera de vivir la fe que un día experimentamos.
En este sentido debemos ser ambiciosos, y correr de tal manera, que obtengamos el premio. Ser tan consecuentes en nuestra fe, en esta vida, que Cristo nos ponga a su derecha junto con los corderos que fueron fieles y que recibirán su recompensa.
Como en toda carrera, se necesita una preparación. Alguien no preparado no puede emprender una carrera. Se necesitan técnicas para que nuestro correr sea provechoso, y sobre todo mucha constancia, para que no sean esfuerzos puntuales que no llevan a nada, sino un trabajo constante que nos llevará a la meta, victoriosos. ¿Quieres ganar la carrera?, presta pues atención a los consejos que Dios nos da.
I. Para ganar se necesita entrenamiento.
Pablo está utilizando una ilustración que los Corintios conocen a la perfección, el deporte. Después de los juegos olímpicos seguían en importancia los juegos ístmicos celebrados en Corinto cada tres años. Se podía ver cómo los deportistas se preparaban para estos juegos; diez meses antes de los juegos se reunían todos los participantes para comenzar allí sus entrenamientos. Se podía ver cómo se levantaban de madrugada para poder realizar sus ejercicios, cómo se abstenían de comer algunas cosas con sus dietas especiales, cómo no participaban de muchas actividades, para que llegados los días de los juegos estuvieran en óptimas condiciones para participar.
No es tan raro, porque podemos ver que hoy en día siguen haciéndolo. Los deportistas llevan una estricta dieta que no deben saltarse para estar en forma, sacrifican muchos días para poder entrenarse, no asisten a determinadas fiestas para poder dormir lo suficiente, se abstienen de todo ello porque ansían conseguir el premio.
Los griegos tenían un entrenamiento que empezaba con los siete años, cuando los niños comenzaban a ir al colegio, estudiaban las asignaturas básicas como lectura, escritura, matemáticas, música, poesía, danza, aprendían a tocar un instrumento musical y, paralelamente, tenían un duro entrenamiento físico, lucha, boxeo, carreras, lanzamiento de jabalina y disco. Eran las materias básicas.
A los dieciséis años se les agregaban los estudios de literatura, filosofía y política. Un duro entrenamiento, dejando muchas cosas de lado, para obtener una corona de pino.
El creyente también participa de una carrera, y no puede enfrentarse a ella sin un buen entrenamiento. Hay algunas cosas de las cuales debe abstenerse; no porque sean malas, sino porque dificultan y entorpecen su carrera. El propio Pablo les recuerda esto a los corintios en, 1ª Corintios 6:12.
Es algo muy importante para que consigamos llegar a la meta victoriosos, hacer las cosas por convencimiento propio. El que se entrena para un deporte, no le duele demasiado abstenerse de determinadas cosas, porque piensa en la victoria que a través de ello puede conseguir, se abstiene porque está convencido; si no, no lo haría. Porque sabe que su esfuerzo le llevará a conseguir algo que es mejor y que él ansía.
El cristiano que sabe desprenderse de las cosas que le entorpecen su carrera llega a la meta con derecho a premio. Un cristiano que en público práctica la abstinencia y luego a solas se atiborra de cosas dañinas, se cansa y no alcanza la meta.
Muchos fracasan porque aunque muestran una cara, luego a solas no cumplen, y quizás nuestra primera meta es estar convencidos de que lo que hacemos obtiene premio y que queremos hacerlo. Ningún entrenamiento llegará lejos si la persona que lo hace no está totalmente convencida.
Los griegos solían correr en el estadio completamente desnudos, pues querían desprenderse literalmente de todo lo que les pudiera estorbar en la carrera. No sentían vergüenza, porque sabían lo que significaba poder correr sin ningún impedimento.
En nuestro entrenamiento hemos también de aprender a desprendernos de aquellas cosas que dificultan nuestra carrera, no por mandato, sino por convencimiento comprendiendo lo que estamos haciendo. Cualquier recompensa en este mundo acabará siendo corruptible. Cualquier cosa que pongamos en nuestro camino que nos dificulte la carrera, por mucho que nos atraiga, algún día se acabará.
Sin embargo, no tenemos medidas para comprender la grandeza de lo que nos espera, algo incorruptible, algo que Dios mismo nos dará, y que debemos ansiar, siendo fieles a Dios en todo momento.
II. Para ganar se necesitan ciertas técnicas
Después del entrenamiento hay algo que también es primordial. No le basta al corredor haberse preparado bien, entrenar su cuerpo para llevarlo al límite, y esforzarse todo lo posible, ahora hay que aprender la técnica.
Vi una vez un reportaje de un grupo de personas que había desarrollado un programa informático capaz de corregir la técnica de los corredores. Lo aplicaron a un buen corredor que ya disponía de buena técnica, grabaron su forma de correr y la introdujeron en el ordenador, el resultado fue que podía ganar algo más de un segundo corrigiendo un pequeño giro del pie derecho que le hacía perder algunas milésimas de segundo en cada zancada. Con un poco de esfuerzo consiguió corregirlo y, efectivamente, ganó un segundo y medio, lo que le hizo batir el record de su país.
La técnica del que corre la carrera de la fe es importante. No es suficiente prepararse bien y echarse a correr sin más, porque se irá muy rápido, pero no se llegaría a ningún sitio. Existen varios tipos de carrera, que no llevan a la meta:
  • Está aquel que desde un principio quiere correr mucho.
Es aquel que quiere participar en todo, que se queja de que “aquí no hacemos nada”, que se entusiasma con cualquier cambio, es aquel que corre mucho al principio gastando todas sus fuerzas, y luego está agotado.
Hay que empezar lentamente, calentar los músculos, no puedo pretender cambiarlo todo en mi vida de un día a otro. Costumbres, hábitos, motivaciones deben ser cambiados poco a poco, para que aquello que haga perdure. Si pretende hacerlo todo a la vez, acabará desilusionado, sentado en el banco de la iglesia, preguntándose “¿qué narices hago yo aquí?”.
  • Luego está aquel que tiene muchos ánimos y mucha fuerza, pero no corre en la dirección correcta.
Esto suele suceder a los que cambian muy a menudo de ideas, hoy, es tremendamente fundamentalista, mañana es liberal, pasado luterano acérrimo, y el otro pentecostal. Gente que son como veletas que gastan su tiempo en cosas que no son esenciales, literalmente “gente que se anda por las ramas”.
Habéis visto correr a alguien en un estadio que en lugar de seguir su camino marcado, cruce el césped, luego suba a tribunas, baje de un salto, salga fuera, dé una vuelta exterior al estadio, entre, cruce la meta, y pretenda haber ganado porque ha hecho lo más difícil. Este atleta no sabía lo que se pedía de él.
Así es el creyente a su modo. Improvisando gasta muchas energías, y muchas veces es obstáculo principalmente para él mismo. Conozco gente que se compra un aparato de cualquier clase, lo saca de su envoltorio, y tira la caja con las instrucciones, porque “todas son iguales” y no consigue sacar el máximo rendimiento a su compra. Luego se queja del fabricante, del que se lo vendió, de todo, porque no consigue hacerlo funcionar, y todo porque no leyó las instrucciones.
La técnica para correr la carrera de la fe es mantener el ritmo (Versículo 26). La carrera que tenemos delante es larga, pero no sacaremos provecho, si no estudiamos la técnica correcta para correr en ella. No vale la pena, correr a la ventura, ni golpear al aire. Y no hay sensación más desagradable que pasarse la vida haciendo cosas que luego no sirven para nada. Se asemejan a aquellos profetas que en Israel fueron reprendidos porque hacían cosas, muchas cosas, pero Dios no se las había mandado, Jer. 14:14.
III. Para ganar se necesita constancia
Hay una manera correcta de enfrentarse a esta carrera, y es tal como nos dice el versículo 27. El secreto de todo buen corredor está en la constancia de todo lo que hace, tanto en su entrenamiento como durante la carrera.
Es algo primordial en la vida del creyente la constancia en las cosas que hace, tanto en la lectura diaria de la Biblia, como en la oración, como en la comunión con los demás hermanos en todos los cultos de la semana.
Se suele decir que los conflictos del creyente comienzan en su habitación, en su intimidad, en la falta de constancia. Pablo tenía miedo de perder la corona; no la salvación eterna que recibimos por la gracia de Dios por medio de la fe. Pablo no quería perder su premio, el que recibiría por su vida. Quería ganar la carrera.
Este es el secreto de una vida premiada, la constancia. Cuando vemos cosas bonitas, nos llaman la atención aquellas que han sido formadas por pequeñas cosas, con mucha paciencia y constancia. Quién no se ha maravillado cuando ha visto un puzle terminado de 20.000 piezas, o una obra de labor, como la que suele haber en los restaurantes chinos, donde se representan complicados paisajes en enormes murales todos cosidos hilo tras hilo.
Quizás piensas que vale más la pena hacer grandes cosas, enormes obras que perduren, pero las más bonitas son aquellas hechas con pequeños elementos y con una constancia diaria.
Al final de sus días, el miedo de Pablo había descendido. Dice en 2ª Timoteo 4:7-8. Dios quiere ayudarnos a ser constantes en nuestra carrera y llegar victoriosos a la meta, y que podamos decir como Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”.

Fidelidad de Dios - Reflexión-Fidelidad en Todo

Dedica tiempo para contarles a tus hijos y nietos, lo que Dios ha hecho en ti y por medio de ti, para que nunca olviden la fidelidad de Dios.
Deuteronomio 6:7-8
Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes: Y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos.
Salmo 127:3
He aquí, don del SEÑOR son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre.
Deuteronomio 28:4
Bendito el fruto de tu vientre, el producto de tu suelo, el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas y las crías de tus ovejas.
Proverbios 13:22
El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos, pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
Proverbios 17:6
Corona de los ancianos son los hijos de los hijos, y la gloria de los hijos son sus padres.

En Agosto del 2007, un gran puente en Minneapolis se derrumbó sobre el río Mississippi, matando a trece personas. En las semanas que siguieron me fue difícil no pensar en dicha tragedia cada vez que cruzaba un puente.
Algún tiempo después estaba viendo un episodio de Trabajos Sucios en el canal Discovery. El presentador, Mike Rowe, hablaba con un pintor industrial cuyo trabajo estaba tratando de censurar. “Realmente no hay nada de qué vanagloriarse en lo que usted hace”, le dijo.
“Es cierto -Contestó el pintor-, pero es un trabajo que tiene hacerse”.
Este hombre pinta el interior de las torres del puente Mackinac en el norte de Michigan. Realiza su labor desapercibida para garantizar que el acero de la magnifica estructura suspendida no se oxide, y la integridad del puente no se vea comprometida.
La mayoría de las 12000 personas que cruzan los estrechos del Mackinac cada día ni siquiera son conscientes de que dependen de la fiel y concienzuda labor de obreros como este pintor.
Dios también ve nuestra fidelidad en las cosas que hacemos. Aunque pensemos que nuestras acciones, grandes y pequeñas,  algunas veces pasan desapercibidas, la persona más importante de todas las está observando.
Cualquiera que sea nuestra labor hoy, hagámoslo “todo en el nombre del señor Jesús”  -CHK
El trabajo diario adquiere un valor eterno cuando se hace para Dios.
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús.  Colosenses 3:17

El anillo-reflexión-vídeo

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le, dijo: Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…
-y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E…encantado,- maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.
Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho agregó: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos le miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara, y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación.
-Maestro- dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo- contestó sonriente el maestro.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca; no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo
- ¡58 MONEDAS! Exclamó el joven.
Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé…si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede revaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
Todos somos como esta joya, valiosos y únicos. Debemos estar seguros que para el experto por excelencia somos de un valor incalculable, no solo porque conoce mejor que nadie nuestra vida sino aún mejor, fue Él quien nos creó a su imagen y semejanza (Gen 1:27).
(Efesios 2 10) Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
¿Puede alguien ser más importante que eso? ¡Somos la obra maestra de Dios!