Jesús después de ser bautizado, según Mateo 4:1, subió al desierto guiado por el Espíritu. El desierto siempre ha sido prototipo de tiempos difíciles; ahí el corazón y el carácter son probados y formados (Oseas 2:14). La justicia es la conservación de la inocencia ante la presencia de la tentación, y el carácter se desarrolla según como sea nuestra respuesta ante esta última.
En el desierto, el ser humano, física y emocionalmente, no está en sus mejores condiciones porque el desierto absorbe las fuerzas, y es en ese momento cuando el tentador ataca.
Después de 40 días y 40 noches de ayuno en el desierto, Jesús tuvo hambre y el tentador actuó inmediatamente, ofreciéndole lo que en ese momento satisfaría su necesidad. Satanás le dijo (Mateo 4:3): ya que eres el hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Según el texto original, la expresión es de adulación, es como decir: El Hijo de Dios que es lleno de poder, ¿se muere de hambre? Usa tus métodos para resolver este asunto. ¿Sabes lo que es estar hambriento, realmente hambriento?
Es desesperante y más si no ves la respuesta, ¿Cuántas veces has pecado por hambre? ¿Por hambre? ¡Si! La Biblia cuenta la historia de un hombre que por un simple plato de lentejas perdió la bendición de su padre y de Dios, porque al satisfacer sus necesidades menospreció la bendición de Dios. Después, aunque procuró con lágrimas tener la bendición, no tuvo otra oportunidad (Génesis 25: 34, Hebreos 12:17).
¿De qué ha tenido hambre tu carne? ¿Tanta que por satisfacerse podrías menospreciar la bendición de Dios? (relaciones sexuales ilícitas, hambre de venganza, glotonería, vicios, malos hábitos, el cumplimiento de un sueño por el camino incorrecto)...
El tentador te puede ofrecer un pan que no es el que necesitas, un pan que aunque es normal para el mundo, no llenará verdaderamente tu necesidad. Jesús responde a la tentación con la Palabra de Dios; escrito está: no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4;4). Es la misma palabra que Moisés usó para recordarle al pueblo de Israel que Dios responde a la necesidad de maneras más poderosas, cuando aprendemos a confiar y esperar en Él.





