sábado, 22 de abril de 2017

Relaciones sociales

Lee Romanos 13:1 al 7; Efesios 5:22 al 33; 1 Corintios 7:12 al 16; y Gálatas 3:27 y 28. ¿Cómo se compara lo que dice Pablo con lo que dice Pedro en 1 Pedro 2:11 al 3:7?
Resultado de imagen de Relaciones socialesPablo aborda algunas de las temáticas presentadas en 1 Pedro 2:11 al 3:7. Lo que dice Pablo es totalmente coincidente con lo que dice Pedro. Por ejemplo, al igual que Pedro, Pablo insta a sus lectores a mantenerse sujetos a las “autoridades públicas” (Romanos 13:1, NVI). Los gobernantes son señalados por Dios y causan temor a quienes obran mal, no bien (Romanos 13:3). Así, un cristiano debería seguir el siguiente consejo: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:7).
Pablo también enfatiza que las mujeres que están casadas con esposos no creyentes deberían vivir vidas ejemplares y, como resultado, sus esposos pueden unirse a la iglesia (1 Corintios 7:12-16). El modelo de Pablo del matrimonio cristiano también incide en la mutualidad. Los esposos deberían amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Efesios 5:25). Además, sugiere que los esclavos deberían obedecer a sus amos terrenales como obedecerían a Cristo (Efesios 6:5).
Pablo, entonces, se mostraba dispuesto a trabajar dentro de los límites culturales del orden legal. Entendía qué se podía y qué no se podía ser cambiado de su cultura. Sin embargo, también veía algo dentro del cristianismo que acabaría por transformar la manera en que la sociedad piensa de las personas. Así como Jesús no buscaba producir ningún tipo de revolución política con el fin de cambiar el orden social, tampoco lo hacían Pedro y Pablo. El cambio podía llegar, más bien, al dejar que la influencia de personas piadosas actuara en su sociedad.
Lee Gálatas 3:27 al 29. Aunque se trata claramente de una declaración teológica, ¿qué implicaciones sociales poderosas tiene este texto con respecto a cómo los cristianos deben relacionarse el uno con el otro, considerando lo que Jesús ha hecho por ellos?

Dios es Dios de Planes… ¿Si eres su Hijo No Deberías Tener Uno?

La visión general nos conduce hacia las metas. Por medio de ella vemos a dónde deseamos llegar, o a dónde Dios nos quiere llevar. Por otra parte, la misión compromete nuestra obediencia y esfuerzo. Dios le dijo a Josué: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente,  para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”. Josué 1:7. Y esta misión, ocurre dentro de un plan que trasciende a los propios protagonistas.
Los términos presentes en lo que hemos examinado hasta ahora, explícita o implícitamente, son:
•    Plan (el fin estratégico de Dios)
•    Visión (expresión descriptiva)
•    Misión (compromiso con la causa, por medio de la obediencia)
•    Presupuesto (es el precio de dejar una tierra y conquistar otra)
•    Tiempo (cada acción fue llevada a cabo en un tiempo específico)
•    Metas (objetivos claros y bien definidos)
•    Estrategias (para cada movimiento y para cada ciudad que tomó el pueblo de Israel había una)
•    Recursos (Israel llevó consigo las riquezas de Egipto, Éxodo 11:2, y Dios mismo peleando la batalla con ellos y por ellos, era el recurso más grandioso y garantía de éxito.
Josué 5:13 dice: Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Josué 5:14 Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido.
•    Beneficiarios (todos los descendientes de Abraham).
Estos eran los componentes del Plan estratégico de Dios para con su pueblo Israel. Dios tenía un gran proyecto en mente, y éste respondía a ciertas preguntas que siguen un orden lógico, dentro de un marco coherente. Los interrogantes son:
•    Qué (Qué se quiere hacer o lograr) = Visión
•    Quiénes (Quiénes serán comisionados para hacer) = Misión
•    Con qué (Con qué lo vamos a hacer) = Recursos
•    Dónde (Dónde lo vamos a hacer) = Territorio asignado.
•    Cuándo (Cuándo lo vamos a hacer) = Tiempo
•    Cómo (Cómo lo vamos a hacer) = Planificación, Estrategia y Operativa.
•    Para qué – por qué (Para qué y por qué lo vamos a hacer) = Cuál será el beneficio o propósito, y quiénes serán los beneficiarios.

viernes, 21 de abril de 2017

Reflexión Sobre el Amor al Prójimo

Cuando un grupo de fariseos le preguntaron a Jesús cuál era el mayor de los mandamientos, Él aprovechó para darles una enseñanza fundamental sobre el tema: "El mayor mandamiento es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, no hay otro mandamiento mayor que estos" (Marcos 12: 29-31). Solo le preguntaron por uno pero el Señor les dio un segundo, tan importante como el primero. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", citando un pasaje del Antiguo Testamento (Levítico 19:18). 

¿Por qué respondió con dos mandamientos si solo le pidieron uno? ¿No era suficiente con decir que amar a Dios era el mandamiento más importante de todos? Desde la óptica de Jesús no lo era. El Señor conocía muy bien la tendencia del ser humano a declararse "religioso". Hoy en día, es muy común ver en las iglesias cristianas a creyentes participando fielmente en reuniones de adoración, haciendo oraciones y cantándole a Dios canciones que ciertamente dicen amarlo,... pero más tarde regresan a sus egocéntricas vidas. Muchas de estas personas están convencidas de que con solo amar a Dios es suficiente, y poco les importa si dañan a otros. A veces los más devotos son los más viles en sus relaciones, maltratan a sus familiares y con frecuencia hieren a sus amigos más cercanos.

Pero Jesús nos enseña que amar a Dios y amar al prójimo están profundamente relacionados. Está claro que amar a Dios es el más importante de los mandamientos, pero si realmente lo amamos es inevitable que ese amor no se extienda a los demás. La forma más sencilla de saber cuánto amas a Dios es cuestionándote cuánto amas a las personas. Estas dos clases de amor no pueden ir separadas, están íntimamente vinculadas, y es imposible tener una si no tienes la otra.



Aprendiendo a Clamar a Dios

Hay veces que estamos tan desesperados que no sabemos qué hacer para salir de nuestra desesperación. El salmo 6 es de mucha bendición porque nos enseña la forma correcta de comunicarnos con Dios, cuando estamos desesperados y perseguidos por los enemigos.
Sabemos que Dios es bueno y lleno de misericordia:
orandoSalmo 118:1 “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia; Salmo 36:7-8 ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.
Podemos deleitarnos infinitamente con la bondad de Dios y su misericordia infinita. También disfrutamos en la presencia del Señor suplicando y haciendo uso de las promesas del Altísimo.

I. Tenemos que aprender a humillarnos ante Su presencia y saberle pedir.

Salmo 6:1 Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira.
Sabemos que a cada rato le fallamos pero Él es fiel para perdonarnos. Lo podemos ver en esta plegaria de David.
Dios es un Dios de ira y condenación, pero al mismo tiempo su Paciencia es infinita y grande en misericordia. Proverbios 16:5 nos habla de la ira de Dios “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune.
  1. Tenemos que clamar a su misericordia, pero clamemos cuando lo necesitamos, digámosle lo que estamos padeciendo, clamemos por salud.
Salmos 6:2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.
Solo Él puede sanarnos y compadecerse de nosotros.
  1. Cuando estemos turbados, Él es el único que puede compadecerse y darnos la paz que necesitamos.
Salmos 6:3 Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
En este caso podemos ver que David le reclama y Tú, ¿hasta cuándo? Para llegar a esto debemos tener plena confianza en el Señor, tiene que haber una intimidad muy íntima.
  1. Imploremos porque libere nuestra alma, clamemos por nuestra salvación:
Salmos 6:4-5 “Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia, porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?”

En casa con Jesús

Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis. Juan 14;3
«No hay lugar como el hogar». Esta frase refleja el profundo anhelo de tener un lugar para descansar, para estar y al cual pertenecer. Jesús habló de este deseo de echar raíces cuando, después de haber cenado por última vez con sus amigos, mencionó su inminente muerte y resurrección. Prometió que, aunque se iría, volvería a buscarlos. Además, les prepararía un lugar… un lugar donde vivir. un hogar.
Pudo hacer este lugar para ellos (y para nosotros) al cumplir con los requisitos de la ley de Dios, cuando murió en la cruz como el hombre sin pecado. Les aseguró a sus discípulos que, si se tomaba el trabajo de crear este hogar, por supuesto que volvería a buscarlos y no los dejaría solos. No tenían por qué temer ni preocuparse por sus vidas, ya fuera en la Tierra o en el cielo.
Podemos encontrar consuelo y seguridad en las palabras de Jesús, porque creemos y confiamos en que Él se nos adelantó para prepararnos un hogar celestial y que vivirá con nosotros (ver Juan 14:23). No importa en qué clase de lugar físico vivamos, que nuestro hogar está con Jesús, su amor nos sostiene y su paz nos rodea. Con Él, no hay lugar como el hogar.

Señor, si alguna vez nos sentimos desamparados, recuérdanos que Tú eres nuestro hogar. Que podamos compartir este sentido de pertenencia con los demás.
Jesús nos prepara un lugar para vivir eternamente.

El Anillo

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le, dijo: Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…, y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
– E…encantado, maestro, titubeó el joven, pero sintió que otra vez era infravalorado, y sus necesidades postergadas.
Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor cantidad posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún, poco, interés, hasta que el joven dijo lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionó la moneda de oro, algunos rieron, otros dieron la vuelta, y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

jueves, 20 de abril de 2017

El árbol de los problemas

El carpintero contratado, acababa de finalizar su primer día de trabajo. Pero el balance del día no era muy bueno, pues su motosierra se había estropeado, y su viejo coche se había negado a arrancar.
el arbol de losMientras Luis quien lo había contratado lo llevaba a su casa, el carpintero permaneció en silencio; obviamente se hallaba preocupado. Cuando llegaron, invitó a Luis a bajarse y  conocer a su familia. Así lo hicieron, y mientras se dirigían a la puerta, el carpintero se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando la familia del carpintero abrió la puerta, hubo una sorprendente transformación: su rostro que poco antes reflejaba cansancio y molestia, ahora lucía totalmente sonriente. Y con esa actitud, abrazó y besó a sus dos hijos pequeños y a su esposa que salían a recibirlo.
Minutos más tarde y una vez concluida la corta visita de Luis, el carpintero lo acompañó hasta la salida, y al pasar cerca del árbol, sonrientemente expuso: “Éste es mi árbol; cada noche cuando llego a casa, cuelgo en sus ramas los problemas; y, a la mañana siguiente los recojo otra vez. Lo divertido es que al otro día, no veo tantos problemas como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

¿Es la seguridad eterna una licencia para pecar?

Resultado de imagen de ¿Es la seguridad eterna una licencia para pecar?La objeción más frecuente a la doctrina de la seguridad eterna es que, supuestamente, ésta promueve la idea de que los cristianos pueden vivir de la manera que les plazca y aún así ser salvos. Aunque esto es “técnicamente” cierto, ésta no es la “esencia” de la seguridad eterna. Una persona que verdaderamente ha aceptado a Jesucristo como su Salvador “puede” vivir una vida pecaminosa; pero “no lo hará”. Debemos establecer una diferencia entre cómo debe vivir un cristiano y lo que debe hacer una persona para recibir la salvación.
La Biblia es muy clara en que la salvación es solamente por gracia, únicamente a través de la fe en Jesucristo (Juan 3:16; Efesios 2:8-9; Juan 14:6). Una persona es salvada por la fe y solamente por ella. En el momento en que una persona verdaderamente cree en Jesucristo, ésta es salvada y asegurada en esa salvación. La salvación no es ganada por la fe y luego mantenida por las obras. El apóstol Pablo aborda este punto en Gálatas 3:3 “¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” Si somos salvados por fe, nuestra salvación también es mantenida y asegurada por la fe. No podemos ganar nuestra propia salvación, por lo tanto, tampoco podemos ganar el mantenimiento de ella. Es Dios quien mantiene nuestra salvación (Judas verso 24); es la mano de Dios la que nos sostiene firmemente asidos. (Juan 10:28-29). Nada nos puede separar del amor de Dios (Romanos 8:38-39).

Cualquier negativa de la seguridad eterna es, en esencia, una creencia de que nosotros debemos mantener nuestra propia salvación por medio de nuestras buenas obras. Esto es totalmente contrario a la salvación por gracia. Somos salvos por los méritos de Cristo, no por los nuestros (Romanos 4:3-8). Declarar que debemos obedecer la Palabra de Dios o vivir una vida santa para mantener nuestra salvación, es igual a decir que la muerte de Jesús no fue suficiente para pagar la condena por nuestros pecados. La muerte de Jesús fue absolutamente suficiente para pagar por todos nuestros pecados – pasados, presentes y futuros (Romanos 5:8; 1 Corintios 15:3; 2 Corintios 5:21). 

La Cruz

Para el pueblo que recibió la ley de parte de Dios, la Cruz fue el castigo merecido de un profeta de Belén, el cual perdió la razón dándose a conocer a ellos como el Cristo de Dios, aquél del cual se había dicho que les libraría de todo yugo. Pero ellos no lo reconocieron.
Para el imperio que gobernaba en esa época, la Cruz fue lo que merecía un tumultuoso que, junto a un grupo de pescadores, publicanos y prostitutas, aseguraban que existía un reino mucho mayor que el que sus ojos veían.
Para los custodios del templo, la Cruz fue la consecuencia de que un carpintero perdió la razón y se proclamó a sí mismo el ungido de Dios. Para otros religiosos de la época, la Cruz fue el justo pago para aquél que sanaba y hacía libres a endemoniados en día de reposo.
Y para todo aquel que aún está bajo el dominio del enemigo, la Cruz es una locura sin sentido. O algo que se cuelga en el cuello o en sus coches como buena suerte.
Pero…hay otros para los cuales la Cruz ha sido todo.