miércoles, 28 de diciembre de 2016

¡Si crees que lo sabes todo, es difícil que aprendas algo!

“Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo.” Hebreos 1.1-2
Resultado de imagen de ¡Si crees que lo sabes todo, es difícil que aprendas algo!Escuché a un hombre de montaña decir, “Si crees que lo sabes todo, es difícil que aprendas algo.”
Todos tenemos nuestra manera de pensar, maneras arraigadas en nosotros desde el nacimiento. De hecho, desarrollamos verdaderas autopistas neurológicas que nos dificultan aún más el pensar de diferente manera.
De igual modo, nuestras creencias se arraigan en nosotros. Hacemos las cosas de cierta manera, creemos ciertas cosas y en cierto sentido, sabemos... lo que sabemos.
Pero el pensar cosas nuevas, el creer y el aprender nuevas cosas, son acciones que requieren de una intención por nuestra parte.
El libro de Hebreos fue escrito por un grupo de gente que tenía arraigadas profundas maneras de pensar y de creer. Ellos tenían miles de años de generaciones anteriores y cientos de años de tradiciones que definían quienes eran.
Jesús redefinió mucho de eso, y en el libro de Hebreos leemos muchas explicaciones y enseñanzas sobre todo. Algunas personas pudieron aprender y reestructurar sus paradigmas, pero otros no. Los que pensaron, “ya lo sé todo” se perdieron el regalo más grande, una relación sin obstáculos con su creador.

Jesús es el regalo esta Navidad

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” Isaías 9:6
regalo-de-navidadYa había sido anunciada su llegada por los profetas (Isaías 42, 49,50 y 53, Zacarías 6, Zacarías 9:9-13, Jeremías 33:14-18, Oseas 3:5). Se le llamaría Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz; Aquél que restauraría el reino de Dios.
Se esperaba que naciera en un vientre de linaje escogido por los hombres, pero fue nacido de linaje escogido por el Espíritu Santo. También se esperaba que fuera acogido por un lecho en un palacio, pero encontró calor en un pesebre. Sin saberlo aquel día, toda la creación alabó al más grande de todos los tiempos, invitando a unos cuantos escogidos a regocijarse en la presencia del más grande Rey que, finalmente, había llegado. Dios les había prometido que algún día sus ojos verían nacido al Mesías, y una vez más la espera no es defraudada. El mundo, finalmente, se regocija, y hay luz en las tinieblas. ¡El enemigo tiembla y se retuerce! Este es el día en que ha nacido Aquel que recuperará a la humanidad, Aquel que ha descendido de Su trono para librar la batalla más grande:
Jeshua es Su nombre, y es

El único con poder para
Salvar al mundo; Jehová
Ha dado a Su Hijo Jesús, el
Unigénito; para rescatar
A Su pueblo de las tinieblas.

¡Oh Emanuel! La creación anhelaba tu llegada. La humanidad ha estado perdida y atada a la perversidad. Bendito este día en el que Jehová ha tenido misericordia, y el Dios vivo ha entregado al mundo a Su más preciado tesoro. El dolor más grande que pueda experimentar un padre, Él ha estado dispuesto a soportarlo. Su amor es inefable, pues estuvo dispuesto a ver escarnecido al único en el que Su alma encuentra contentamiento.
Dios ha sido fiel a Su promesa, ha enviado a Su Hijo a la tierra para recuperar a la humanidad que se había perdido.

¿Está todo bien?

Él comenzó a garabatear unas palabras en un papel. De repente, desvió su mirada hacia un lado y encontró una pequeña nota escrita por su esposa. Cerró sus ojos y ciertas imágenes vinieron a su memoria: veía a su hijo, de apenas cuatro años, que estaba acostado en la cama a causa de una fiebre horrible. Otras imágenes lo transportaron a su ciudad, arrasada por un gran incendio. En un abrir y cerrar de ojos, vio que todos sus negocios e inversiones, fruto de mucho trabajo, desaparecían.
Observó también la imagen de su esposa junto a él, proyectando un largo viaje en barco. Ella iría antes con las cuatro hijas, y él lo haría después de cerrar un negocio importante. Aún podía sentir aquellos abrazos tan amorosos que intercambiaron cuando se despidieron. Miró nuevamente, y aquella nota decía: «Estoy a salvo, pero sola». Las lágrimas surcaron su rostro mientras pensaba en aquellas palabras.
¿Está todo bien?El barco que llevaba a su familia colisionó con otro en alta mar, y 226 pasajeros perdieron la vida; entre ellos, sus cuatro hijas. Solo su esposa había sobrevivido. Él enjugó sus lágrimas, continuó escribiendo y, así, Horatio G. Spafford, un abogado cristiano de Chicago, escribió en noviembre de 1873 uno de los himnos más bellos del cristianismo: "Estoy bien con mi Dios". Sumido en un profundo dolor, compuso estos versos:
De paz inundada, mi senda ya esté, o cúbrala un mar de aflicción,
cualquiera que sea mi suerte, diré: ¡Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!
Quizá hayamos conocido a personas que pasaron por situaciones semejantes. ¿Cómo ofrecer refugio y ánimo a aquellos que sufren así? ¿Cómo ayudar a alguien que perdió su empleo o a un familiar, o que hoy enfrenta una grave enfermedad? Mientras sufría, el autor del Salmo 77 cuestionó: «¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?» (versos 7-8).
El motivo de la pregunta del poeta era descubrir por qué estaba siendo probado. Es una reacción natural, no solo para los que están pasando por pruebas, sino también para quienes los rodean y los aman.

martes, 27 de diciembre de 2016

Un mensaje desde el fondo de mi corazón

¡Sí, yo sé lo que es sentir un dolor muy profundo! Sé lo que es sentir la enfermedad instalarse en el cuerpo, luchar y pensar que no lo resistirás. No piensen que porque predico la palabra de Dios y trato de hacer su voluntad, mi vida es un jardín de rosas sin espinas. Así como ustedes, también me toca enfrentar mis luchas y conquistar mis batallas. Pero hoy he recordado algo que tengo que recordarte a ti también. Porque eso que estás pasando y que parece una herida de muerte, mañana será solo una cicatriz y más aún, se convertirá en el trofeo que te recuerde que superaste la prueba que se te presentó porque Dios estuvo muy cerquita de ti. Este trofeo te recordará lo que es ver la gloria de Dios descender sobre tu vida.

Resultado de imagen de Un mensaje desde el fondo de mi corazónNo puedo evitar pensar en todos esos hombres y mujeres que la Biblia menciona. Ellos atravesaron el dolor, sintieron muchas veces deseos de morir y de borrarse del mapa; pero a la vez, sentían el fuego y la pasión arder en sus corazones. El amor profundo que sentían hacia Dios los motivaba a caminar la milla extra, porque sabían, al igual que Pablo, que ellos no habían sido diseñados por Dios para retroceder.
Cumplir con el propósito y la misión que Dios tenía para sus vidas era más importante que sus propios deseos personales. Era, para ellos, más importante cumplir el sueño de Dios que dejarse llevar por la corriente mundana. Aunque el enemigo los atacaba una y otra vez, aunque muchas veces eran señalados y les daban la espalda hasta las personas que ellos menos pensaban, tenían claro que si Dios los respaldaba e iba al frente de ellos, harían proezas en su nombre. Mientras más pruebas y tribulaciones enfrentaban, más gloria de Dios descendía sobre sus vidas y sobre las personas que los rodeaban. Hasta sus enemigos tenían que bajar sus cabezas, al ver el respaldo de Dios que nunca los dejaba en vergüenza. El combate era a muerte, y ellos estaban dispuestos a dejarlo todo a cambio de que el nombre de Dios fuera conocido y exaltado.

Quizá sería muy fácil para mí, decirles que, éste, mi caminar es de color de rosa. Mas no puedo dejar de ser sincera, este caminar es hermoso, sí, pero hay batallas que enfrentar. El enemigo sabe que le queda poco tiempo y está atacándonos con todo lo que puede. Humanamente sería muy fácil rendirnos, tirarnos al suelo y exclamar que hasta aquí llegamos. Pero me niego a permitir que Satanás gane el combate. No vale la pena rendirse después de haber recorrido tanto camino.

¿Dijiste recibir lo malo?

Cuenta el decimoctavo libro de la Sagrada Escritura, que la esposa de Job, en medio de la aflicción y las enormes pruebas financieras y de salud que él estaba padeciendo, lo increpó de la siguiente manera: “…¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! Pero Job le respondió: “Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos también recibir lo malo?”…(Job 2:9,10)
¿Saber recibir lo malo? … es ésta una declaración que en la actualidad a muchos nos gustaría saber repetirla y sobre todo, saber aplicarla con convicción a nuestra vida diaria.
En la Biblia encontramos múltiples ejemplos de hombres y mujeres que, de igual manera, recibieron con serenidad y temple, lo que en ese momento parecía malo; personajes que, pese a ser probados en su fe, no menguaron en la confianza y el amor a su Creador. Los casos son múltiples, pero para ilustración nos bastaría con recordar a algunos líderes escogidos por Dios. Por ejemplo: Noé, frente a la incredulidad de su gente; Moisés frente a la inconstancia de su pueblo; las dos esposas de Esaú, que fueron una fuente de amargura para Isaac y Rebeca. David enfrentando los celos enfermizos de su suegro, el rey Saúl, y también cargando su propia debilidad por las mujeres. Imaginemos los conflictos familiares del profeta Oseas, cuya esposa fue adúltera. Acordémonos que Noemí tuvo que soportar la dolorosa pérdida de su esposo y sus dos hijos. Recordemos a José frente a la ingratitud de sus hermanos, el exilio, y la esclavitud. Pensemos en la experiencia amarga de Job, al ser puesto a prueba con la muerte de sus diez hijos, su bancarrota financiera y su penosa enfermedad, a lo que se agregó la frialdad de su esposa y la crítica de sus amigos.
El mismo Jesucristo, en su esencia humana, sobrellevó padecimientos, tentaciones y privaciones.

La sabiduría divina

Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para vuestro conocimiento. (Efesios 1:17)

Resultado de imagen de La sabiduría divinaLa ciencia de la redención es la más grande de todas las ciencias; es la que estudian los ángeles y todos los seres de los mundos no caídos; es la ciencia que interesa al Señor y Salvador, que penetra en los propósitos madurados en la mente Infinita, mantenidos en silencio durante siglos eternos; es la ciencia que estudiarán los redimidos en el curso de la eternidad. Este es el estudio más elevado al que puede dedicarse un ser humano. 

Como ninguna otra avivará la mente y elevará el alma… Los ángeles desean escudriñar el tema de la redención, que será la ciencia y el canto de los redimidos a través de los siglos sin fin de la eternidad. ¿No valdrá la pena que pensemos en él y lo estudiemos en esta vida?… Este tema es inagotable. 
El estudio de la encarnación de Cristo, su sacrificio expiatorio y su obra mediadora ocuparán la mente del alumno diligente mientras dure el tiempo; y al pensar en el cielo y los siglos innumerables, exclamará: “Grande es el misterio de la piedad”.

El mejor regalo de todos

…  Al contrario, santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. 1 Pedro 3:15
En un retiro espiritual de invierno, un hombre preguntó a otro: «¿Cuál fue el mejor regalo de Navidad que recibiste?».
»Porque... el año anterior, en Navidad, fui a ver un belén viviente que se celebraba en la iglesia de un amigo. No porque quisiera conocer a Jesús, sino para ver a mi sobrina que actuaba. Es difícil describir lo que sucedió porque suena tonto, pero, en medio de la obra, sentí que necesitaba estar entre esos pastores y ángeles que recibían a Jesús. Después de escuchar cantar Noche de paz, me quedé sentado llorando.
»Esa noche recibí mi mejor regalo de Navidad, cuando un amigo, que está aquí a mi lado ahora, se quedó para decirme cómo aceptar a Jesús como mi Salvador».
En ese momento, su amigo exclamó: «Y ese también fue mi mejor regalo de Navidad en la vida».
Esta Navidad, no dejemos de contarles a otros la historia gozosa y sencilla del nacimiento de Jesús.
Padre, que podamos ver a quienes necesitan al Salvador y les hablemos de Él. Que recordemos que la razón de esta celebración es oír y contar la historia de tu Hijo.
El mejor regalo de Navidad es Jesús, y la paz y el perdón que ofrece a todos.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Hambre y sed de justicia

No podemos convertirnos en personas justas salvo como resultado de la intervención divina.
El sermón del monte
Viendo la multitud, subió al monte y se sentó. Se le acercaron sus discípulos, y él, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

Las bienaventuranzas

«Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran,
porque recibirán consolación.
Bienaventurados los mansos,
porque recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón,
porque verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores,
porque serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
12 »Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes de vosotros. Mateo 5:1-12.
Resultado de imagen de hambre y sed de justicia bibliaPosiblemente usted se dará cuenta, al reflexionar sobre las bienaventuranzas, que es imposible para nosotros transitar por este camino sin el obrar de Dios en nuestras vidas. Simplemente no estamos capacitados para esta experiencia, porque es absolutamente contraria a nuestra herencia pecaminosa. Seguramente entendemos mejor por qué no es posible, por nosotros mismos, tomar las bienaventuranzas como una serie de requisitos para llegar a Dios. Jesús está describiendo, para sus oyentes, las características que tiene un genuino accionar del Espíritu en las personas. Los ciudadanos del Reino, verdaderamente no comparten nada en común con los ciudadanos de este mundo.
El proceso de quebranto, con el cual repudiamos la manera en que hemos estado viviendo hasta este momento, bien podríamos emplearlo para que nosotros mismos decidamos producir un cambio en nuestras vidas, no importa cuál sea el coste ni el camino a recorrer. He aquí el verdadero peligro que lleva esta revelación: creer que es suficiente con el arrepentimiento, que nos da la licencia para iniciar la transformación de nuestros propios corazones. Al comprender el punto en el que hemos fallado, hacemos votos para que no vuelva a suceder y ponemos toda nuestra energía en producir el cambio que juzgamos necesario, para no deslizarnos hacia nuestro estado anterior.

Pero las bienaventuranzas revelan el camino de la acción soberana de Dios.

Una casa sobre la roca

Resultado de imagen de Una casa sobre la rocaLeyendo Job 31:24 al 34. ¿Qué aprendemos acerca de Job aquí?
No es extraño que Dios dijera lo que dijo acerca de la vida y el carácter de Job. Este fue un hombre que claramente vivía por y para su fe, un hombre cuyas obras revelaban la realidad de su relación con Dios. Por supuesto, esto hacía que su queja fuera aún más amarga: “¿Por qué me sucede esto a mí?” Y, por supuesto, hacía que los argumentos de sus amigos fueran tan vanos y huecos como lo fueron. 

Pero, hay un mensaje más profundo e importante que podemos descubrir de la realidad de la vida fiel y obediente de Job. Veamos la vida que vivió; lo estrechamente que estaba vinculada a Dios, y la manera en que reaccionó ante las tragedias que le ocurrieron. No fue por azar, o por suerte, o solo por el poder de su voluntad que Job rehusó cumplir la sugerencia de su esposa: “Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). No, sino que a causa de todos sus años de fidelidad y obediencia, éstos le dieron la fe y el carácter que lo capacitó para confiar en Dios, a pesar de lo que le sucediera.