“Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer”.
(1 Corintios 10.12 NVI)
Después de todo lo que he tenido que afrontar en la vida, si de algo puedo estar segura es de que Dios me ama. Me puede faltar hasta el aire que respiro, pero sentirlo a mi lado, tanto en los momentos de tormenta como en los de paz absoluta, me hace sentir a salvo.
Cuando las fuerzas me abandonan y me siento desfallecer, Él sale a mi rescate para recordarme que soy valiosa y que, aunque mis lágrimas no me permitan ver con claridad mi presente, si cierro los ojos y le permito tomar el control, podré ver el futuro que me espera a su lado.
Cuando las fuerzas me abandonan y me siento desfallecer, Él sale a mi rescate para recordarme que soy valiosa y que, aunque mis lágrimas no me permitan ver con claridad mi presente, si cierro los ojos y le permito tomar el control, podré ver el futuro que me espera a su lado.
Soy consciente de que en la carrera absurda de la vida tendré que afrontar muchas más pruebas; pero entre más firme creo que estoy, más oposición encuentro. Sirvo en mi iglesia, escribo para dos portales cristianos, estudio la Biblia a diario, soy estudiante de teología, escucho música de alabanza el 95% de mi tiempo, Dios es mi prioridad número uno y, aunque mi fe es probada, sonrío ante mi familia, mis amigos y conocidos de la iglesia, por temor a ser señalada, juzgada o lo que es peor, anulada por el qué dirán.

