domingo, 10 de enero de 2016

El Límite es el Cielo

A fines de la década de 1950, el propietario de una pequeña cadena de ventas de juguetes en el sur de Estados Unidos, se dio cuenta de que no podía conservar en inventario los aros de "hula hula", o "hula hoop". La venta de este juguete se propagaba por todo el país con rapidez, y ni siquiera el fabricante podía suplir la demanda.
-Lo lamentamos, le dijo el fabricante al dueño del negocio. Este producto se ha convertido en una manía nacional, y no podemos fabricarlo con la rapidez que se precisa. Me temo que deberá esperar bastante para recibir más aros de hula hula.

El dueño podía haber dicho a sus gerentes que se disculparan con los clientes, y explicarles luego que ese juego tan popular, simplemente no estaba disponible. En vez de hacerlo así, ordenó algunos tubos plásticos y comenzó a fabricar sus propios aros, ¡con un asombroso ritmo de producción de tres mil por noche!
Este ingenioso propietario, con mucha iniciativa, los fabricó con el mismo sentido de creatividad y una actitud de "yo puedo hacer todo lo que alguien hizo antes". Estaba dispuesto a superar cualquier obstáculo para satisfacer a sus clientes. Su volumen de negocios creció, obtuvo gran renombre, y el hombre se volvió multimillonario. ¿Su nombre? Sam Walton (fundador de Wal-Mart, corporación multinacional de tiendas de origen estadounidense. La empresa es la tercera mayor corporación pública del mundo).
Proverbios 24:10
Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.

sábado, 9 de enero de 2016

¡Prometido!

Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? Números 23:19
Lo que Dios había prometido, era poderoso también para cumplirlo. Romanos 4:21
"Ahora estoy al volante, pero te llamo en cuanto llegue…".
"Paso a recogerte sin falta a las ocho. Puedes contar conmigo; ¡te lo prometo!".
"Perdona, realmente me fue imposible… tuve un impedimento a última hora".
Este tipo de frases forma parte de nuestra vida cotidiana, son normales. El impedimento puede ser... miles de cosas: una llamada telefónica, un pequeño problema con alguien, una fuerte migraña, una reunión imprevista…o lo que aún es más serio, un accidente grave, un paro cardíaco, la muerte…
Cuando se promete hacer algo, se suele tener la firme intención de cumplir la promesa. Pero en la práctica hay que sobreentender: salvo si hay un imprevisto… (lea Santiago 4:13-15). No se puede prever un accidente, enfermarse o perder repentinamente a un ser querido. En el mundo donde vivimos estamos sometidos, lo queramos o no, a todo tipo de factores externos que actúan sobre nosotros.

Luz en las tinieblas

La entrada del Mesías a la Tierra es el anticipo a aquel momento en que las tinieblas dejarán de existir por completo.
1:1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
1:2 Él estaba con Dios en el principio.
1:3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.
1:5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.
1:6 Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió
1:7 como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran.
1:8 Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.
1:9 Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo.
1:10 El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció.
1:11 Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron.
1:12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.
1:13 Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos *naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.

1:14 Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan 1:1-14
Debemos tener en cuenta que en el período en el que se escribió este evangelio, la oscuridad constituía una verdadera limitación para la humanidad. Cuando caía el atardecer y se ponía el sol, la gran mayoría de las actividades del día cesaban. Los hombres no poseían aún los medios como para prolongar con iluminación artificial las horas hábiles del día, de manera que la noche imponía serios obstáculos para las actividades de la población.
La analogía revela cuán profunda es la incapacidad del hombre de discernir los caminos correctos que debe escoger en la vida. Incluso a los que poseen mejor vista, la noche no les permite ver nada con claridad. Todo permanece entre penumbras, escondido en un mundo de sombras y siluetas. La necesidad de la luz se intensifica pues sin ella, avanzar en el camino resultará extremadamente tortuoso y complejo.
Y la luz de Cristo es más intensa que las tinieblas, de modo que la oscuridad no puede sojuzgarla.

La fe y la conducta cristiana

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta. Hebreos 13:7
La ética se define como el estudio de la conducta humana dentro del contexto de la moral y buenas costumbres. Evidentemente, el contexto puede variar por cuestiones culturales, emocionales, espirituales, sociales, económicas, y también individuales. Por ejemplo, en China la gente se viste de blanco cuando están de luto. Sin embargo, la mayoría de la gente se viste de negro cuando está de luto. Aún así, ambas culturas hacen “algo” similar cuando están de duelo. 

Si hablamos de ética cristiana, estamos hablando de reglas de conducta cristiana que, bíblicamente hablando, deberían ser iguales para todos los creyentes, independientemente de las cuestiones económicas, culturales, sociales o educacionales. Esto seria lo ideal, pues estamos asumiendo que todos los cristianos han nacido en verdad, de nuevo, que leen la Biblia y conocen las Escrituras, que han venido a seguir los nuevos valores morales y de conducta que nos rigen desde que recibimos a Cristo y Nacimos de nuevo. Éstos pueden resumirse en los mandamientos, los cuales recordaremos basándonos en Éxodo 20:

Sino tenga vida eterna

Dios sabe quién eres, te ama y quiere que lo conozcas a Él y lo ames.
¿Cómo se logra esto?
Primero, tienes que admitir que, como todos, eres un pecador. Ser pecadores significa que somos imperfectos y hacemos lo incorrecto; nos quedamos cortos al intentar alcanzar su perfección. También significa que estamos separados de Él y merecemos su juicio.
Sino tenga vida eterna¡Pero Él nos ama! Dios envió a su propio hijo, Jesucristo, para morir por nuestros pecados, y Él murió por tus pecados. Fue castigado para que tú no tengas que ser castigado. No solo eso, sino que la muerte no lo derrotó a Él. Después de tres días, Jesús resucitó de entre los muertos, ¡nuevamente vivo!
Confiar en el sacrificio de Jesús es la única forma de encontrar el perdón de Dios y de comenzar una relación con Él. Para tomar este paso, simplemente habla con Dios, se llama orar, y dile que crees en su Hijo. 
“Querido Señor Jesús,
Sé que soy un pecador. Te pido perdón y me aparto del pecado. Creo que moriste por mis pecados y resucitaste para darme una nueva vida. Te entrego el control de mi vida. Confío en ti como mi Señor y Salvador por el resto de mi vida.
En tu nombre, amén.”

viernes, 8 de enero de 2016

¿Por qué debo congregarme en una Iglesia?

Es muy cierto que no es preciso ir a la iglesia para ser salvo, pero cuando usted es salvo, ya pertenece a la Iglesia. No es un edificio. La Iglesia es el cuerpo de Cristo. Usted no se registra en una iglesia; al nacer espiritualmente, usted ha sido unido a la Iglesia. Sin embargo, usted puede hacerse miembro de una iglesia, la que comúnmente es llamada “la iglesia local”.
Debido a que se han dicho muchas cosas negativas de las iglesias, como: “Están llenas de hipócritas”, y “todo lo que quieren es su dinero”; entonces ¿cómo puede usted reconocer una iglesia “sana”? Primero, averigüe si Jesús es exaltado. Que sea un lugar en donde las personas trabajan y adoran juntas, con la meta común de ayudarse unos a otros dando así honra al Señor Jesucristo.
Para su información, una “iglesia sana” es multicultural; o sea, incluye personas de toda nacionalidad, color y credo. No tenemos que decir que hay una iglesia de gente blanca, gente negra, gente rica o gente pobre. Todos somos uno en Jesucristo. Las congregaciones no son perfectas, están formadas por gente como usted y como yo. No permita que la imperfección de la gente lo distraiga, permanezca siempre con los ojos puestos en Jesús. Él debe ser el enfoque total de nuestras vidas. Mientras mantengamos nuestros ojos fijos en Él, todo lo demás marchará muy bien.

El propósito de las bendiciones

La naturaleza de Dios es la de bendecir. Sin embargo, necesitamos entender que Él tiene un propósito mayor en mente. Su objetivo final abarca mucho más que hacernos felices, darnos paz, protegernos y prosperarnos. En realidad, la intención del Señor nunca ha sido que sus bendiciones se queden en nosotros, por el contrarío, desea que fluyan a otros como parte de su plan para toda la humanidad.
El Señor nos bendice de modo que su salvación, justicia y caminos puedan ser conocidos en todas las naciones del mundo (Salmos 67; 4, 7). Él actúa siempre con esta perspectiva en mente, cuando trabaja en nuestra vida de manera independiente.
Saber esto debe llenarnos de profunda humildad. Cada creyente tiene la responsabilidad de ayudar a otros a conocer y entender al Dios único y verdadero. Cada bendición que Él da nos beneficia personalmente, pero también está destinada a impulsar este propósito. Por otra parte, es posible que a veces no recibamos las cosas que queremos, porque no contribuyen al propósito de Dios. Pero si estamos dispuestos a ajustar nuestras peticiones, también estaremos en condición de ser usados en gran medida por Él.
Cuando el Señor le bendice, no solamente hace algo para usted; también hace algo en usted y por medio de usted, para tocar la vida de los demás. No permita que el gozo y el bienestar que dan las bendiciones le impidan ver el propósito de ellas. Pídale a Dios que le muestre cómo usar sus bendiciones para dirigir la atención de otras personas a Él.

¿Hacer tu corazón de piedra? NO lo hagas

La primera impresión que viene a la mente al pensar en un corazón de piedra, es un corazón duro, sin sentimientos, que tiene muy pocas probabilidades de conmoverse, de sentir algo bueno, que está imposibilitado para amar, cerrado a creer, sin vida ni esperanza.
Cuando experimentamos cosas que nos lastiman o nos hacen daño, todos activamos un mecanismo de defensa, tal como ocurre cuando se forman las perlas, que apenas entra un granito de arena en la ostra, ésta ya formó una capa dura de nácar que lo cubre. Cuando somos lastimados o alguien daña nuestro corazón, además de sentir tristeza, viene un sentimiento de querer evitar a toda costa, que alguien más pueda hacerlo de nuevo, sin embargo, dejar que el corazón se cierre no siempre es la mejor manera de cuidarlo.
Cuando creer te trajo resultados que no esperabas o sufriste algún rechazo, el corazón se duele y trata de protegerse levantando barreras. Barreras que si no prestas atención, llegan a tener medidas tan altas que después ni tú mismo puedes saltar, se endurece, se niega a creer o confiar por temor a ser herido nuevamente.
Ten en cuenta que en medio de una decepción el peor error que puedes cometer es aislarte; sentirte defraudado, traicionado o usado te hace creer que tal vez como persona, no vales lo suficiente para alguien; te baja tu autoestima y la confianza en ti mismo a un grado en el que ni siquiera tú crees en ti, pero si algo debes saber es que tu valor no lo determinan las personas que te fallan, ni tampoco las que te hacen halagos; tu valor lo puso Dios desde antes que llegaras al mundo, y por ése pagó un precio altísimo que nada ni nadie puede cambiar.

Joya de incalculable valor

“y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios.”
(Tito 2:4-5 NVI)
Ha llegado la hora de honrar a quien me dio la vida y ha entregado todo por mi felicidad, durante treinta y siete años.
Tengo la bendición de ser hija de una mujer maravillosa, digna de toda mi admiración. María Rosa Sarmiento..., oriunda de Santander (España), tierra de mujeres guerreras, que forma parte de una familia numerosa en donde los principios y valores son sólidos y muy fuertes.
Lleva cuarenta años casada con mi papá, y me enorgullece verlos después de tanto tiempo, agarraditos de la mano y profesándose amor eterno. Desde que tengo uso de razón, la he visto preocupada por el bienestar de los demás. Es una mujer trabajadora, abnegada, leal, fiel, entregada día y noche a alcanzar el bienestar de su familia; es digna de confianza, y quien la conoce se enamora de su capacidad de servir a los demás sin esperar nada a cambio.
Le doy gracias a Dios, porque ella, con su ejemplo, dio un valor muy alto a mi rol de mamá y esposa. Es ahora, cuando debo levantarme muy temprano para aprestarme a mis obligaciones para con mis hijas y mi esposo, antes de salir a una larga jornada de trabajo y regresar ya de noche, a seguir cumpliéndole a Dios en hacer lo que tengo que hacer, para que ellos se sientan bien a mi lado, repito, es ahora cuando más la valoro, porque mis recuerdos cronológicos, me llevan a los días en los que en medio de su cansancio, nos atendía con su amor y se encontraba con una hija egoísta que esperaba recibir en vez de dar.