jueves, 10 de diciembre de 2015

Joya de incalculable valor

“y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios.”
(Tito 2:4-5 NVI)
Ha llegado la hora de honrar a quien me dio la vida y ha entregado todo por mi felicidad, durante treinta y siete años.
Tengo la bendición de ser hija de una mujer maravillosa, digna de toda mi admiración. María Rosa Sarmiento..., oriunda de Santander (España), tierra de mujeres guerreras, forma parte de una familia numerosa en donde los principios y valores son sólidos y muy fuertes.
Lleva cuarenta años casada con mi papá, y me enorgullece verlos después de tanto tiempo, agarraditos de la mano y profesándose amor eterno. Desde que tengo uso de razón la he visto preocupada por el bienestar de los demás. Es una mujer trabajadora, abnegada, leal, fiel, entregada día y noche a alcanzar el bienestar de su familia; es digna de confianza y quien la conoce se enamora de su capacidad de servir a los demás, sin esperar nada a cambio.
Le doy gracias a Dios porque ella, con su ejemplo, dio un valor muy alto a mi rol de mamá y esposa. Es ahora, cuando debo levantarme muy temprano para aprestarme a mis obligaciones para con mis hijas y mi esposo, antes de salir a una larga jornada de trabajo y regresar ya de noche, a seguir cumpliéndole a Dios en hacer lo que tengo que hacer, para que ellos se sientan bien a mi lado, repito, es ahora cuando más la valoro, porque mis recuerdos cronológicos me llevan a los días en los que en medio de su cansancio, nos atendía con su amor y se encontraba con una hija egoísta que esperaba recibir en vez de dar.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Dale color, sabor y olor a tu vida

¿De qué color es tu fruta favorita? ¿Sabes por qué es de ese color?
En un supermercado vi delante de mí una especie de arcoíris dibujado sobre las frutas y verduras, perfectamente colocadas para su venta. Había vegetales de color amarillo, rojo, anaranjado, verde, morado, café y hasta negro. Frutas, verduras, semillas, nueces y hongos, todos comestibles.
Dios creó cientos de variedades de frutas y todas, absolutamente todas con colores diferentes. Una zarzamora no tiene el mismo color que una mora; una manzana roja no es del mismo color que un  tomate rojo. La variedad de tonos de los alimentos que surgen de las plantas es amplísima. ¿A qué se debe que sean de colores diferentes?
Cuando Dios creó las frutas y demás productos del campo, les dio unas sustancias llamadas fitoquímicos. Estos no hacen que las frutas y las verduras sean nutritivas, solamente les dan sus colores, sabores y aromas tan especiales. Se ha descubierto que los fitoquímicos protegen la salud de nuestras venas y arterias, incluso contra el cáncer.
Y gracias a los fitoquímicos que Dios creó, tu fruta favorita tiene ese color que llama tanto tu atención y hace que se te haga agua la boca. ¿Qué sería de tu vida sin el amor de Dios? No tendría color, sabor ni olor.
El amor de Dios es la sustancia que colorea tu vida, es lo único que puede darle auténtico sabor a lo que vives y un olor agradable a tus acciones. El amor de Dios te protege contra la enfermedad del pecado y te libra de la maldad. De nada serviría que una fruta fuera nutritiva si no tuviera color, sabor y olor; lo mismo pasa con nosotros. Sin el amor de Dios, nada somos.
“SI tengo el don de profecía, y entiendo todos los designios secretos de Dios, y sé todas las cosas, y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada” (1 Corintios 13:2).
 

La consecuencia

Dios no es un ser castigador, no anda buscando desesperadamente a quién castigar, aunque Dios sí corrige, disciplina. Muchas de las cosas malas que al hombre le suceden son consecuencia de sus propios actos, o sea, cada uno recibe y vive según lo que hace. Jeremías 8;10,15 “Por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a quienes los conquisten; porque desde el más pequeño hasta el más grande cada uno sigue la avaricia; desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño. Esperamos paz, y no hubo bien; día de curación, y he aquí turbación.”
Si una madre le dice insistentemente a su pequeña hija que no meta la mano en el fuego de la estufa, y en un descuido la niña la mete y sufre quemaduras muy fuertes, su madre, al ver lo que le sucedió a su hija, probablemente no la castigue, pero por mucho que la ame y por mucho que intente ayudarle untándole crema o cualquier otra medicina, nunca podrá evitarle el dolor que está sufriendo. A esto es lo que se le llama consecuencia.
Dios nos ama tanto que dio a su hijo para que muriera por nosotros, pero a pesar de tanto amor, Él no evita las consecuencias de nuestros malos actos.
Los animales por instinto de conservación saben cuándo deben o no hacer las cosas. Jeremías 8;7 “Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.” El hombre es el único ser en la tierra que por sus actos destruye su vida y el medio en el que vive.
El hombre se ha envanecido tanto con el conocimiento que Dios le dio, que el mismo conocimiento lo ha llevado a la rebeldía, causante de su destrucción. Jeremías 8;5 “¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido volverse.” La solución a la crisis o tragedia que enfrenta el hombre es el arrepentimiento. Verso 6 “Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla.”

¿En qué momento me perdí?

Todavía recuerdo algunas de mis travesuras cuando era niña (fueron muchas tengo que aceptarlo). Distraída viendo escaparates, jugando con cualquier cosa o simplemente tratando de esconderme de mamá o papá, pero se fue el sentimiento de no saber en dónde. Aunque sea por un momento, es algo que se siente parecido a un enorme vacío en el estómago y el miedo a no saber dónde están.
question 2349023No hay en mi mente un solo recuerdo de mis papás escondiéndose de mí, pero sí recuerdo haberme alejado de donde me dijeron que no lo hiciera, y luego estar llorando perdida y desesperada. El sentimiento de haber perdido el rumbo de la vida es muy similar a esto, y no sabemos en qué momento nos alejamos ni por qué motivo, pero de pronto sentimos un vacío en nuestra vida que nos hace preguntarnos ¿en qué momento me perdí?
Con el tiempo se aprende que nada llena un espacio tan grande que tenga la medida de Dios; no se llega a conocer un amor tan incondicional como el suyo, ni una compañía tan agradable como la que provoca la seguridad de caminar sin temor a equivocarse. Hay cosas que solo Dios produce: completa seguridad y plenitud de gozo.

El Camino para Volver a Dios

“Cuando ustedes me busquen, me encontrarán, siempre y cuando me busquen de todo corazón.” Jeremías 29:13 (TLA)
¿Dónde te encuentras hoy?, no sé. Tal vez estás apartado de Dios. Tal vez no asistes a la Iglesia en años o tal vez estás distante de Dios uno o dos meses. O quizá estás en una de esas semanas en la que piensas, “realmente no siento la presencia de Dios en mi vida”. Todos anhelamos estar cerca de Dios; pero, ¿cómo se puede volver a Él?
Este es el camino de regreso para una transformación espiritual - tres cosas que necesitas hacer para volver a Dios.
  1. Cánsate de la forma en que vives.
    Nada va a suceder en tu vida hasta que realmente te encuentres insatisfecho con tu forma de ser, hasta que digas, “Esto no me gusta, ya estoy cansado de estar estresado todo el tiempo. Estoy cansado de sentirme siempre frustrado. Estoy cansado del exceso de trabajo, estoy cansado de sentirme alejado de Dios.” 
    ¿Pero por qué Dios permite que llegues a ese punto? Porque Él te ama tal como eres, pero Él te ama tanto que va a impedir que te quedes de esa forma. N
    o va a permitir que desperdicies tu vida. Jeremías 29:13 dice: “Cuando ustedes me busquen, me encontrarán, siempre y cuando me busquen de todo corazón.” (TLA)
  2. Reconoce tus pecados. 
    Isaías 59:2 dice: “Son sus pecados los que los han separado de Dios. A causa de esos pecados, él se alejó y ya no los escuchará.” (NTV) 
    ¿Alguna vez has orado y has sentido como si Dios estuviera a miles de kilómetros de distancia o como si hubiera un velo entre tú y Dios? 
    ¿Cómo se produce
     eso? Lo que pasa es que tus pecados te han separado de Dios. Pero si tú te sientes lejos de Dios, ¿quién crees que se movió? Él no, Dios siempre ha estado allí. Él te ama incondicionalmente y está esperando por ti para que reconozcas tus pecados. Entonces podrás volver a tener una buena relación con Él.
  3. Entrégate a Dios. 
    La Biblia dice en 2 Corintios 3:18, “Todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.” (NTV) 
    La verdadera transformación ocurre cuando tu corazón se mueve de tu egocentrismo a que Dios sea el centro de tu vida. ¿Estás ahí o te falta todavía? 
    Esta transformación no ocurre de la noche a la mañana. Dios va trabajar en ti durante toda tu vida, pero es tu decisión la que empieza el proceso. “Hermanos, puesto que Dios nos ha mostrado tanta misericordia, les ruego que entreguen todo su ser como sacrificio vivo a Dios.” Romanos 12:1 (PDT)

martes, 8 de diciembre de 2015

La casa quemada

Un hombre salió de viaje en avión. Era un hombre temeroso de Dios y sabía que Dios lo protegería. Durante el viaje, mientras volaban sobre el mar, uno de los dos motores falló y el piloto tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en el océano. Casi todos murieron, pero este hombre logró agarrarse a algo que lo mantuvo flotando sobre el agua. Estuvo mucho tiempo a la deriva, y después de algunos días llegó a una isla deshabitada.
Al llegar a la playa, cansado pero vivo, agradeció a Dios por su liberación de la muerte. Después se alimentó de peces y hierbas. Consiguió derribar algunos árboles y con mucho esfuerzo, logró construirse una casa. No era una gran casa, más bien era tosca, con palos y hojas. Pero para él era su casa.
Él estaba satisfecho y una vez más agradeció a Dios, porque ahora podría dormir tranquilo y sin miedo a los animales salvajes que pudiesen existir en la isla. Un día estaba pescando, y cuando terminó, había atrapado muchos peces. Quedó muy satisfecho con el resultado de la pesca pues la comida era abundante. Pero al darse la vuelta en dirección a su casa, fue enorme el tamaño de su decepción al ver que estaba totalmente en llamas, incendiada.
Entonces, se sentó sobre una piedra llorando y diciendo entre sus lamentos: “¡Dios mío! ¿Cómo es que el Señor deja que esto me ocurra? El Señor sabe que yo necesito mucho esa casa para poderme abrigar y proteger, y ahora deja que se queme toda, no tiene compasión de mí”.
En ese mismo instante, una mano se posó sobre su hombro y oyó una voz diciendo: ¿Vamos, joven?
Se dio la vuelta para ver quién estaba hablando con él, y cuál no fue su sorpresa cuando vio al frente suyo un marinero uniformado que le decía: “Vamos, joven. Hemos venido a rescatarlo”.
-“¿Pero cómo es posible? ¿Cómo supieron Uds. que yo estaba aquí?” 
-“¡Ah!, amigo! Vimos sus señales de humo pidiendo socorro. El capitán del barco ordenó que el barco se detuviese y mandó que en aquel bote viniéramos a buscarlo.” 
Los dos subieron al bote, y así el hombre fue llevado al barco que luego lo llevaría de vuelta con sus seres queridos.
¿Cuántas veces nuestra casa se quema y nos quejamos como aquel hombre hizo? En la Biblia, en Romanos 8:28 leemos que todas las cosas contribuyen al bien de aquellos que aman a Dios. A veces es muy difícil aceptar esto, pero ES ASÍ. Es preciso aceptarlo y confiar en Dios.

Un Regalo de Dios

La vida de fe está representada por la aceptación, acto que implica todo lo contrario a un mérito. Se trata simplemente de la aceptación de un regalo. Igual que la tierra recibe el agua bajo la lluvia, como el mar recibe las corrientes, como la noche acepta la luz de las estrellas, por lo que, sin dar nada, participamos libremente de la gracia de Dios. 
No somos santos por naturaleza, como tampoco los pozos por donde pasan las corrientes son por naturaleza, no son más que cisternas en las que fluye el agua viva, y nosotros recipientes vacíos en los que Dios derrama su salvación. La idea de recibir implica un sentido de realización, por lo que lo recibido es una realidad. O sea, no se puede recibir una sombra, recibimos lo que es importante y tangible en la vida de fe: Cristo se hace real para nosotros. Mientras estamos sin fe, Jesús es un mero nombre para nosotros, una persona que vivió hace mucho tiempo, y también hace mucho tiempo que su vida es solo una historia para nosotros, pero ahora por un acto de fe, Jesús se convierte en una persona real en la conciencia de nuestro corazón. 
Pero recibir también significa agarrar o tomar posesión de... algo. Lo que recibo se hace mío. Cuando recibo a Jesús, se convierte en mi Salvador, así que ni la vida ni la muerte podrán apartarme de Él. Todo se trata de recibir a Cristo tomándolo como un don gratuito de Dios, dejándolo entrar en nuestro corazón y apropiarnos de su vida como si fuera nuestra.

Libres para servirle a Dios

 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.
11 Entonces Moisés respondió a Dios:
—¿Quién soy yo para que vaya al faraón y saque de Egipto a los hijos de Israel?
12 Dios le respondió:

—Yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. ÉXODO 3: 10-12

libresTomaremos como ejemplo bíblico parte de la historia de Moisés e Israel, para compartir un poco del propósito por el cual Dios decidió “LIBERAR” a Su pueblo, de la esclavitud de Egipto, del Faraón y de los egipcios. Este debe ser el mismo propósito divino que la iglesia de hoy debería entender perfectamente; aprovechar la libertad espiritual y cristiana para también “SERVIRLE A DIOS”. Veamos los hechos:
1.      La misión y el llamado el específico que Dios encomendó a Su siervo Moisés: ¡Sacar a Israel de Egipto!          
2.    Lo que Moisés debía hacer después por orden de Dios, juntamente con el pueblo (Israel): “Servir a Dios” (verso 12)
De hecho, este era uno de los propósitos por el cual Dios decidió “sacar” a Su pueblo de Egipto. Precisamente para que Israel le “SIRVIERA”, y fue reiterativo al respecto (Éxodo 3: 12, 22, 23).
3.      El mensaje directo y específico que Moisés llevó a Faraón de parte de Dios, cada vez que hablaba con él: ¡Deja ir a Mi pueblo (Israel) para que me sirva! (Éxodo 4: 23; 7: 16; 8: 1, 20; 9: 1, 13; 10: 3). ¡Libres para servirle!

Bendición y maldición

Proverbios 18:21 La muerte y la vida están en poder de la LENGUA, Y el que la ama comerá de sus frutos. La bendición y la maldición son resultado de lo que dice nuestra lengua: hablamos bien (bendición, bien decir) o hablamos mal (maldición, mal decir). La Biblia enseña que la lengua tiene PODER, y se puede dar vida o muerte con las palabras. La BENDICIÓN es una oración a favor, mientras la MALDICIÓN es una oración en contra. La bendición es una acción benéfica, pero la maldición es una obra maléfica. Cuando alguien expresa rencor, ira, venganza, celos, burlas, desprecio… y maldice a alguien, está enviando sobre esa determinada persona exactamente lo que siente. Muchos se refieren a este fenómeno como “mala onda, mala energía, mala suerte, maldad encarnada, espíritu malo, embrujo, encantamiento, maldición…” De la misma manera, si se tiene sentimientos buenos y se declara palabras buenas, se estará enviando solo cosas buenas hacia la persona, esto es: bendición.
HAY ASESINOS EN LA IGLESIA DE JESUCRISTO
1º Juan 3:15 Todo aquel que aborrece a su hermano es HOMICIDA; Y sabéis que ningún HOMICIDA tiene vida eterna permanente en él.
Aborrecer al hermano = homicida (asesino). Si alguien aborrece al hermano y está sintiendo cosas muy malas hacia él, estos sentimientos no son inspirados por el Espíritu de Dios, sino por la maldad del corazón del hombre y por la infiltración de demonios. Aborrecer es lo mismo que odiar, despreciar, desconsiderar, rechazar, anular, ignorar, desear que no exista, no querer verla ni escucharle, no querer saber nada de la persona, no tenerla en cuenta… resumiendo: aborrecer a alguien tiene muchos niveles de sentimiento y gravedad, pero si no se detiene la maldad, ésta llegará al extremo de desear la muerte del otro o llegar a pensar que si estuviera muerto sería mejor. Marcos 12:30 Y AMARÁS al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 12:31: Y el segundo es semejante: AMARÁS a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.