lunes, 28 de septiembre de 2015

La caída en la vida cristiana

Solo cuatro capítulos de la Biblia no hacen alusión al pecado y sus peligros (los dos primeros capítulos y los dos últimos). Desde que Adán y Eva descubrieron que estaban desnudos en el Jardín del Edén, el pecado ha sido el común denominador de la raza humana.
El apóstol Juan lo explica claramente: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). El pecado más grave es pretender que no tenemos pecado. Y ninguno de nosotros está libre de la posibilidad de pecar. Hasta que algún día en gloria disfrutemos del Árbol de la Vida, debemos admitir nuestra vulnerabilidad.
Alguien dijo: "No hay caminos cortos para llegar a la santidad. Debe ser la ocupación de toda nuestra vida.” No podemos ser santos apuradamente.
Otro escritor declara: “Si usted dice que hay pecados que nunca podrían alcanzarlo, está a punto de resbalar con una cáscara de plátano espiritual.” El hecho de creernos invencibles en cierta área no significa una seguridad a toda prueba.
Nosotros hemos oído sobre líderes y laicos cristianos que “de repente” caen en pecado. Todo parece ir de maravillas, pero de un día para otro dejan a la esposa por otra mujer… intentan suicidase… se hacen alcohólicos. ¿Cómo es posible que ocurra? Pues sucede que la caída en la vida cristiana rara vez es un proceso repentino; por lo general es un proceso gradual.
Cada vez que perdemos de vista quién es Dios, nuestra vida espiritual pierde fuerza y está en peligro de caída. El pecado es la declaración de independencia del hombre. El primer paso para alejarse de Dios es dejar de apreciar quién es Él, y dejar de agradecerle por su persona y su obra en nuestras vidas.
La ingratitud y otras formas de desobediencia, ya sea en forma de hecho, pensamiento o deseo, producen ciertos resultados pecaminosos. Y cuando pecamos, contristamos al Espíritu Santo, Satanás gana terreno, perdemos nuestro gozo en Cristo, nos vamos alejando y separando de Dios y de otras personas, nos convertimos en piedras de tropiezo a hermanos más débiles, y causamos pena y dolor inimaginables.

Hasta Ahora Estoy Bien

“…SOMOS TRANSFORMADOS… EN SU MISMA IMAGEN, POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU…” (2 Corintios 3:18b)

¿Te estás esforzando por parecerte más a Jesús, pero algunos días da la impresión de que das dos pasos hacia adelante y tres para atrás? Crecer espiritualmente no es fácil; por eso Pablo nos animó a que no “…nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9). No te das cuenta de que has crecido físicamente hasta que te ves en una foto vieja; es entonces cuando notas que has cambiado. Y lo mismo se puede decir en cuanto al crecimiento espiritual; es difícil evaluar hasta dónde has llegado, si no miras atrás y ves dónde estabas antes de que Jesús te salvara y diera la vuelta a tu vida. La Biblia dice: “…somos transformados… en su misma imagen, por la acción del Espíritu…” (2 Corintios 3:18b). Sin embargo, crecer conlleva dolores, consecuencia de ese mismo crecimiento. 
Veamos, un día, un obrero se resbaló y cayó desde un andamio sito a cuarenta pisos de altura. Cuando caía en picado y pasaba por la planta veinte, una mujer que lo vio desde su oficina, le gritó: “¿Cómo está usted?”, a lo que el hombre respondió: “Hasta ahora estoy bien”. 
No olvides nunca que estás involucrado en un viaje espiritual, que vas progresando poco a poco y que el diablo siempre buscará formas de recordarte lo mucho que todavía te falta por andar. ¡No le escuches! Jesús dijo: “…no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso…” (Juan 8:44b – La Biblia de las Américas). Si te desilusionas y te rindes, Satanás gana. Pablo dijo: “…derribando argumentos…, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo…” (2 Corintios 10:5). Aprende a vivir dejando aparcados tus sentimientos y a escarbar hasta lo más profundo de tu ser, donde habita el Espíritu de Dios. Y, ¡anímate! No siempre vas a sentirte motivado, pero cada día vas madurando y creciendo más firmemente en Cristo. De manera que, ¡no se te ocurra pensar en tirar la toalla!


“ANTES QUE TE FORMARA EN EL VIENTRE…, TE SANTIFIQUÉ…” (Jeremías 1:5)

Espiritualmente hablando, probablemente no has llegado tan lejos como te hubiera gustado, pero gracias a Dios, todavía estás en camino. Hubo un tiempo en que fuiste un extraño en cuanto a la gracia de Dios, pero ahora perteneces a “…la familia de la fe” (Gálatas 6:10b). Pablo escribió: “…recibisteis la Palabra de Dios… no como palabra de hombres, sino según es en verdad la Palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13b). ¿Entendiste? Mientras sigas creyendo que es así, la Palabra de Dios seguirá actuando en ti. Además, crecerás más rápido cuando dejes de ser tan duro contigo mismo; aprende a relajarte y empieza a vivir por lo que dice la Palabra de Dios acerca de ti y no por cómo te sientes.

domingo, 27 de septiembre de 2015

En el museo de la fe

La experiencia de otros sirve para ilustrar de qué manera podemos nosotros ejercitar la fe en el tiempo presente.
Hebreos 11
Este capítulo de la epístola es muy conocido. En él, el autor escoge a algunos de los grandes personajes de la historia del pueblo de Dios, para ilustrar los principios que ha expuesto hasta este punto. Nos resultará de provecho, entonces, intentar resumir el argumento presentado hasta aquí, para que podamos, luego, examinar de qué manera algunos de estos héroes lograron implementar esta verdad en sus vidas. 
La epístola comienza con una exposición de uno de los grandes sucesos de la historia, y con qué Dios ha escogido hablarnos. Lo hizo primero por medio de diversos profetas y, en los últimos tiempos, por medio de su propio Hijo. Por ser el mismo Creador el que habló, el autor nos exhorta a prestar mucha atención a lo que dice. No habló simplemente para rellenar los silencios, por la falta de explicación que a veces se produce entre dos seres. Habló porque su Palabra es esencial para que nos encaminemos de nuevo, hacia una vida que se alinea con los propósitos del Reino. 

Para que la Palabra pueda penetrar hasta lo más profundo de nuestro ser, es necesario que no permitamos que el engaño de nuestros corazones produzca en nosotros, una actitud de incredulidad. Creer la Palabra es esencial para desarrollar una vida espiritual, pero el engaño de nuestros corazones nos inclina hacia la desobediencia. 

Pañuelos de papel

En tu mano están mis tiempos… Salmo 31;15.
Aquel día, mientras estaba sentado en la sala de espera de cirugía, tuve tiempo para pensar. Hacía poco, había estado allí cuando recibimos la desgarradora noticia de que mi único hermano, mucho menor que yo, tenía "muerte cerebral".

Por eso, aquel día mientras esperaba noticias sobre mi esposa, a quien estaban operando, le escribí una larga nota. Después, rodeado de charlas nerviosas, me concentré en la suave voz de Dios.

Inline image 1De pronto… ¡noticias! El cirujano quería verme. Fui a esperarlo a una habitación solitaria. Allí, sobre la mesa, había dos cajas de pañuelos de papel colocadas a propósito. Éstos no eran para resfriados, sino para usarlos ante frases duras, como las que oí cuando murió mi hermano.

En momentos de angustia e incertidumbre como esos, la sinceridad de los salmos los convierte en un lugar adecuado adonde acudir. El Salmo 31 revela el corazón de David: mi vida se va gastando de dolor (verso 10). El dolor del alejamiento de sus amigos agudizaba su tristeza (verso 11).

Sin embargo, su fe estaba fundada en el Dios verdadero: Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos (versos 14-15).

Aquel día, el cirujano me dio buenas noticias: mi esposa se recuperaría. Pero aunque hubiese sido lo opuesto, seguimos en las buenas manos de Dios.
Señor, tu amor permanece en toda circunstancia.
Cuando ponemos nuestros problemas en manos de Dios, Él pone paz en nuestro corazón.


Una conversación con Dios

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a las que le pidan? Mateo 7:7-11
Nos disponíamos a almorzar. Siempre acostumbramos a dar gracias por los alimentos y pedir la bendición de Dios. Esta vez era el turno de mi nietecita de orar por los alimentos. A sus dos años, era todo un acontecimiento.

Ella oró, dio gracias y mencionó a toda la familia, nombre por nombre; pero después, en vez de decir “en el nombre de Jesús”, dijo al Señor: “Ok, babai” [bye bye]. Podría causar risa; pero a mí me hizo pensar. Me di cuenta de que mi nieta confiaba verdaderamente en Dios, y había conversado con Él tan naturalmente, que se despidió como si fuera visible a sus ojos.

Hay un escrito inspirado que nos dice: “Orar es el acto de abrir tu corazón a Dios como a un amigo… Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a confiarle todas sus preocupaciones. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían escuchadas se nos da a también a nosotros”.

El que persevera alcanza

Hace unos años, a un hombre en sus sesenta años le fueron ofrecidos $200,000 dólares americanos por su motel, restaurante y gasolinera que había construido a lo largo de toda su vida. Y rechazó la oferta porque no quería jubilarse.
Dos años después, cuando tenía 65 años de edad, construyeron una autopista que desvió el tráfico de donde estaba su negocio y, como consecuencia, perdió todo.
La mayoría de las personas de su edad hubieran tirado la toalla, pero no este hombre. Él sabía cómo cocinar pollo, así que cogió su viejo y deteriorado coche y empezó a viajar por todos los Estados Unidos, intentando vender su receta de pollo a otros restaurantes.
Su recorrido fue difícil. Su receta fue rechazada por más de 1.000 restaurantes hasta que por fin, alguien la quiso. A pesar de sus obstáculos, el hombre siguió hacia su meta y al cabo de unos pocos años, había desarrollado una cadena de restaurantes por todo el país y por todo el mundo llamado Kentucky Fried Chicken. ¿Su nombre? Coronel Sanders.
¡El que persevera... alcanza!
Una frase muy repetida, pero cuántas veces pasamos por alto el peso de esta verdad… Muchos de nosotros tiramos la toalla y nos rendimos al primer intento fallido de nuestros proyectos de vida, metas, negocios, relaciones, estudios, etc.

Abriendo puertas

El año pasado conversábamos con una amiga sobre su novio. Él es profesor de inglés y trabajaba en la capital del país mientras ella lo hacía en un Colegio en otra región; comentábamos lo ideal que sería que él encontrara un trabajo en la zona, para que pudieran estar juntos y comenzar a planear sus vidas. Estábamos conversando, y comenzamos a mover nuestros "hilos" para ver si era posible que así fuese, pero no ocurría nada. Parecía que el “sueño” no se iba a cumplir.
abriendo puertasAhora, un año y algo más tarde, tras la baja médica de una de las profesoras del colegio donde trabaja mi amiga, su novio está dentro de la nómina de profesores reemplazando a dicha docente, dado que además está embarazada. Los períodos pre y post-natal los cubrirá él. En cuanto supe esto no pude dejar de pensar en el título de este escrito. Dios siempre va abriendo puertas que nadie puede cerrar.
Si examinas tu vida con detención, seguro que en más de una oportunidad has visto cómo Dios ha abierto puertas delante de ti. Tal vez no han sido en el momento en que tú lo hayas pedido, o tal vez sí, pero que las ha abierto es bien cierto. Y si aún esperas que abra otras... también puede suceder. Dios nunca se cansa de abrirte puertas, Él nunca se agota de darte oportunidades y nuevos desafíos para que sigas adelante. Donde quiera que vayas, sea lo que sea que tengas que hacer, Él te va abriendo el paso, te va abriendo el camino.
Impresiona lo real que esto ha sido en la vida de muchas personas. Seguro que nadie podría decir que nunca tuvo una oportunidad o que nunca estuvo ante una puerta abierta. La misma posibilidad de experimentar a Jesús como nuestro Señor y Salvador fue una inmensa puerta que se abrió ante nosotros, pero lo más extraordinario de todo es que Dios, con todo su detallismo y dedicación, se encargó de que encontráramos exactamente lo que necesitábamos al otro lado de la puerta. Si Él ya lo hizo una vez ¿no crees tú que podría hacerlo una vez más?

sábado, 26 de septiembre de 2015

Familia Tóxica : El enemigo en casa

Todos tenemos una familia, nacimos en un núcleo que no elegimos, pero no somos conscientes del “premio” hasta que es demasiado tarde. Unos tienen la suerte de encontrar en ella su apoyo y su guía, y otros tienen en ellos a su peor enemigo. Si tienes la fortuna de tener una familia idílica es probable que no te sientas identificado, o que no logres discernir lo que es una familia tóxica. Quien más quien menos, ha chocado frontalmente con algún miembro de su núcleo familiar, y también es más común de lo que parece, tener varios frentes abiertos con cada uno de los miembros que forman tu familia. Esos seres con los que te une un nudo férreo, a los que estás unido por el lazo irrompible de la sangre, pueden hacer de tu casa una auténtica pandemia, un infierno comprimido y asfixiante en el que ninguna penitencia parece aliviar su fuego.

A poco que seas una persona abierta de mente, puedes llegar a pensar que arrastras una gran cantidad de karma negativo, y que esa relación hiriente que mantienes con tus seres queridos, es una forma de purgar todo ese saldo anterior negativo que llevas a tus espaldas de otras encarnaciones; incluso puede que pienses que te lo mereces de algún modo. El chantaje emocional, la indiferencia y el desapego que te proyectan, pueden llegar a hacerte pensar que eres tú el culpable y que lo que te sucede realmente lo mereces, que sufres porque eres el malo, y además, tu entorno te lo recuerda a cada minuto.

Lo normal en muchas familias, es que cuando hay un miembro que se muestra capaz, independiente y resuelto en el entorno, un ser que agarra con fuerza su timón y se guía por la vida allí donde se propone, termine levantando las iras y las envidias más feroces de sus progenitores. Un polluelo que no necesita lecciones para emprender el vuelo es un desagradecido y merece su rechazo más absoluto. Por regla general, los progenitores no reciben con agrado que un hijo pueda aleccionar y dar ejemplo, ellos o no supieron o no tuvieron el valor de enfocar sus vidas de la manera que idearon, y desprecian irracionalmente a su vástago por lograr lo que ellos no se atrevieron a emprender.

Usa esa situación angustiosa que mastica tu familia en tu provecho, porque quizás es la manera que proyectaste de que te vieras obligado a emprender tu camino en solitario. Una familia opresora y castrante es el impulso que necesitas para salir y encontrarte a ti mismo. Encontrarás indiferencia y rechazo, y ese será el ultimo empujón que necesitabas para tomar un rumbo distinto al que te ofrece hasta este momento la vida, en esa especie de bucle sin salida, sin progresos, sin metas para desarrollarte como persona; para encontrar tus verdaderos dones, desarrollarlos y perfeccionarlos. Convertirte por ti mismo, en un ser completamente nuevo con un bagaje amplio y unas experiencias que te hagan crecer y evolucionar.

Una opción distinta e irreal

Nosotros no lo vemos así.

Volver a casa, regresar al origen. Ese quizás sea el propósito que la gran mayoría persigue. Muchos son los que miran al cielo con añoranza, miran a las estrellas esperando hallar un vínculo primario con alguna de ellas. Quizás, movidos por la ignorancia de lo que somos, miramos a ese infinito buscando desesperadamente algo que se nos remueva dentro y nos sirva como señal, para aventurarnos a crear un lazo emocional con ese lejano brillo que titila en la inmensa oscuridad.

Otros, por el contrario y como alternativa a su hastío, tratan de ir más allá de esa inmensidad que los observa, y buscan su regreso a un origen más elevado, más remoto y originario. Volver a la fuente, volver a ese ser todo Creador del universo. Tener en este regreso a casa, el fin del paseo por esta Tierra, paseo lleno de penurias y desvelos. Un regreso donde no haya preguntas ni respuestas, porque está todo dicho y todo es lo que es y está como está. Fundido en un todo, que ya es más, que lo que jamás fueron, un tener, un ser, un estar. Uno solo que lo es todo, y sobre todo, el lugar perfecto para saciar la desazón que provoca la incertidumbre actual, la total amnesia y la total incomprensión. Un todo donde no hay perspectiva ni duda, donde solo hay paz y comprensión.

Otros muchos, no bucean tan profundo y se conforman con no seguir aquí, les da igual seguir como y donde sea siempre que no sean lo que son ahora. Cualquier destino vale siempre que sea cualquier otro, no tienen preferencias ni filiación alguna, solo quieren "estar", en otro ser y otro lugar. Piensan que hay tanto para elegir, para explorar, para ver y tocar, que cualquier comienzo es perfecto siempre que sea nuevo y libre. Esta opción no te predispone y no te limita, es casi perfecta, (pero no para nosotros, los cristianos).

Pero miro al cielo y no encuentro en ninguna estrella un vínculo, ninguna parece brillar para mí, tampoco me atrae unirme a ese todo, seguir siendo algo no me llama y si hablamos de ser todo,... me atrae menos. Si he de ser sincero, no persigo volver a la fuente, ni al origen, tampoco quiero el abrazo fraternal que recibe aquel que vuelve a casa, en realidad lo que más me atrae, lo que más me llama y que siento que más necesito, es la nada. Puede que sea por cansancio, puede que por hastío, puede que no le vea final a todos estos principios, pero lo que más desea mi Ser, es no Ser.