domingo, 9 de noviembre de 2014

Los frutos del Espíritu


Gálatas 5:22: Mas un fruto del Espíritu es: Amor.
Amar a los hermanos significa darse a sí mismo y a ellos de todo corazón. No debe ser porque fulanito me gusta o me cae bien, debe ser una decisión incondicional, sin importar las circunstancias, cómo me sienta, o si la persona lo merece o no.
También significa no esperar nada a cambio o de vuelta, aunque me vean o me traten mal. Es imitar a Cristo.
El amor consiste en hechos y no solamente en palabras, ¡que se vea tu amor por los hermanos a través de los hechos!. Que tus acciones proclamen tu amor por ellos: orar; ayuda espiritual, intelectual, económica, material, presencial... ayuda con tan sólo compartir un versículo.
Ayuda con dedicar unos minutos para que otro pueda aprobar una materia en la universidad. Con facilitar algún objeto que el otro necesita. Con estar presente a su lado para escuchar. 1 Juan 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
Mira a tu alrededor y busca, ciertamente hallarás personas que necesitan recibir este amor que Dios ha puesto en ti para que lo compartas, y muestra esta parte del fruto del Espíritu. Pero recuerda, actúa siempre con discreción y de manera que solo Dios reciba la gloria.

Rescatado - Reflexiones

La casa de una viuda muy rica se incendió y la señora murió en el incendio.
Mientras los bomberos trataban de controlar las llamas, se dieron cuenta del que el hijito de la señora, de 5 años de edad, estaba dentro de la casa. No había forma de llegar, las escaleras no llegaban a él. El edificio no tenía ascensor y no sabían como llegar al niño.
Pero un hombre que pasaba por el lugar, vio la escena. Observó un tubo que había al lado de las llamas y que llegaba a la ventana donde se había asomado el niño. Nadie podía tocar el tubo por lo mucho que se había calentado, pero aquel hombre, valientemente, se deslizó por el tubo, quemándose las manos, hasta donde estaba el niño, salvándole la vida.
Un año y medio más tarde, se ventilaba en la corte judicial quien optaba para adoptar al niño y ser el albacea de toda su riqueza. Muchos lo solicitaron, y demostraron lo que creían necesario para optar a ello: trayectoria, negocios, solidez, riquezas, etc.
Pero a ninguno el niño aprobó, y esta era una condición sumamente necesaria. El juez volvió a llamar a quienes habían asistido para que probaran de nuevo, si adoptaban al niño, o si éste les aprobaba, cuando entró en la sala un hombre desconocido.
Caminó lentamente hacia adelante con las manos dentro de los bolsillos, el juez le preguntó por sus credenciales, a lo que respondió: “Señoría, no tengo riquezas ni negocios que me permitan competir contra todos los que aspiran a adoptar al niño”.
El juez le dijo: “¿Pues qué hace usted aquí?, alguna razón debe tener para adoptar al niño”. El señor le contestó: “Solo tengo estas muestras de amor abnegado” (Al decir esto mostró sus manos blancas, quemadas, desechas).
El niño al verlo, reconoció al hombre que le había salvado la vida y con lágrimas en sus ojos, corrió hacia él y le abrazó. Este hombre fue quien le adoptó.

La sabiduría que viene de Dios

Por favor, cambia tu mente a la forma de la de un niño, para que puedas entender la Palabra que Dios tiene para ti
A veces estamos llenos de ánimo y nos sentimos poderosos para llevar a cabo cualquier empresa. Entonces, solemos pensar en emprender algún negocio, o pensamos en retomar algo que estábamos haciendo, pensamos en servir de mejor manera en nuestra iglesia; pensamos y pensamos y luego, seguimos pensando. En estas circunstancias, es frecuente la frase “Esta vez sí…”, pero llega el fin de año y nos sentimos frustrados por no haber realizado lo que planeábamos hacer y, con sentimiento de culpabilidad, nos volvemos a comprometer con cosas que no vamos a cumplir. Esto pasa una y otra vez en el ciclo de la vida de muchos de nosotros.
Como cristianos, oímos estos 4 principios: “Determinación, disciplina, compromiso y perseverancia” ¡Cuánta falta nos hace como pueblo de Dios, aplicar estos cuatro principios! Pero hay otro más: Sabiduría.
Salomón definió la sabiduría como un tesoro que todo hombre debe buscar con gran ímpetu y esfuerzo. Muchos filósofos a lo largo de la historia, han hablado de aquello que, en su opinión, es la sabiduría; y Santiago la define como “La sabiduría que viene de Dios”. O sea, si tenemos temor de Dios y algo de prudencia, comprenderemos que esta es la sabiduría que vale la pena tener.
Veamos, entonces, lo que habla Santiago en este pasaje (Santiago 1). Y ante todo, pensemos en invitar a la sabiduría que viene de Dios, a ser parte de nuestra vida diaria:
1.     La sabiduría que viene de Dios nos ayuda a ver las dificultades como oportunidades (versos 2 y 3):
En estos primeros dos versículos, Santiago dice que debemos estar gozosos cuando estemos en dificultades, porque cuando nuestra fe se pone a prueba produce perseverancia. La Biblia dice constantemente, que la fe puesta a prueba es más valiosa que el oro.
Ahora bien, seamos sinceros: ¿Realmente estamos saltando de felicidad cuando los problemas tocan a la puerta de nuestra casa? ¿Somos lo suficientemente mansos como para decir "Dios, estoy en una situación difícil pero yo confío en ti y sé que me ayudarás”? ¿Cuando nos vemos frente a frente con la prueba, la vemos como una oportunidad para ser mejores y tener una fe más firme y valiosa?
Si la respuesta es negativa a estas preguntas, necesitamos la sabiduría de Dios para ver las dificultades desde una perspectiva diferente: Desde la perspectiva de Dios.
2.     La sabiduría que viene de Dios nos ayuda a ser perfectos y cabales (verso 4):
Cuando estamos en un examen podemos aprobar o suspender. Una prueba en la vida no es muy diferente a una prueba en la academia: Seguro que las pruebas llegarán y hay que estar preparados para aprobar, porque si no nos toca repetir la prueba hasta pasarla.
Si pasamos la prueba, no solo nuestra fe será más valiosa que el oro sino que nuestro carácter será perfecto y cabal. Las pruebas son la forma como Dios nos disciplina para ser mejores y formar nuestro carácter, así como un alfarero forma una vasija de barro. Las pruebas son las oportunidades que Dios nos da para alcanzar nuevos niveles con Él, pero si no las pasamos, quedaremos pendientes de reforzarnos toda la vida. ¿Quiere estar así toda su vida, sin poder pasar al siguiente nivel con Dios?
Si su respuesta es negativa, usted necesita la sabiduría que viene de Dios para pasar las pruebas y llegar a tener un carácter perfecto y cabal, a la medida de Cristo.

El perdón de Dios

Durante la Segunda Guerra Mundial Hans Rookmaaker fue un integrante activo de la resistencia holandesa. Pero fue capturado por los alemanes y enviado a un campo de concentración nazi donde comenzó a leer la Biblia.
Al estudiar la Palabra de Dios, descubrió que el íntimo deseo de Dios es perdonar y que seamos libres de pecados. De modo que entregó su vida a Cristo, y se maravilló por el gozo y la libertad que había hallado. 
Cuando Rookmaaker fue liberado de prisión al final de la guerra, inmediatamente se unió a una iglesia. Pero en lugar de tener comunión con personas libres, se sorprendió de encontrar a muchos cristianos que aún vivían en la esclavitud del pecado y no experimentaban el perdón de Dios.
Por otra parte, un personaje en una obra de Voltaire, moría murmurando: "Dios perdonará, ese es su trabajo." Aunque el perdón no puede darse por sentado de esta manera obligatoria, Dios nunca quiso que viviéramos en esclavitud.
La Biblia enseña que la confesión es el primer requisito para el perdón de Dios, ya sea para la salvación como para la comunión diaria con Él. Esta confesión implica arrepentimiento y, cuando sea necesario, restitución.
La confesión sin arrepentimiento es un fraude. En Proverbios leemos: "El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia" (28:13).
En ocasiones, la confesión también implica restitución (Exodo 22:1-15). Por lo general, este es un aspecto olvidado de la confesión. Si nuestro pecado privó a alguien de algo que le pertenecía o correspondía (algo material, dinero o trabajo), no solo debemos disculparnos con la persona ofendida sino que también debemos pagar tan pronto como sea posible.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Amor a prueba de fuego

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron para que Dios no los encontrara. Cuando Dios supo donde estaban, pregunto a Adán: “¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses?” Pero él, en vez de asumir su responsabilidad como cabeza de hogar, descargó su parte de culpa en su mujer antes que asumirla. En ese momento, Adán se olvidó que por su esposa podría cruzar el Atlántico nadando o que por ella escalaría el monte Everest, cualquier entelequia. Lamentablemente, él no asumió el rol que Dios le había dado.
Durante el noviazgo, muchas parejas se prometen, el uno al otro, que por ellos darían hasta la vida si fuera posible, porque están tan enamorados que no podrían vivir sin el otro; pero una vez casados, las promesas se van volando, y el varón no asume la responsabilidad que Dios le dio como cabeza de hogar, de proteger, proveer y respetar a su esposa. También en el caso de la mujer, como una ayuda idónea, apoyar a su esposo, hacerle sentir que él sigue siendo el amor de su vida.
Desgraciadamente, hoy en día ambos tratan de ir por su lado buscando su propio beneficio y se olvidan de la promesa que hicieron en el altar. Olvidan y cada uno tira por su lado, inician discusiones acaloradas que los alejan aún más en vez de acercarlos.

Sentirse como en casa en la presencia de Dios

“DIOS NUESTRO, ¡TÚ SIEMPRE HAS SIDO NUESTRA CASA!” (Salmo 90:1 TLA)
Tras una jornada laboral intensa, es fabuloso llegar a casa, ese lugar que conoces y donde te puedes descalzar, estar en bata y no preocuparte de lo que piensen los demás. 
Y hablando de forma reverente, la presencia de Dios puede ser algo así de familiar y de cómodo. Aprenderás a acudir a Él para obtener fortaleza, protección y guía. Dios quiere que te sientas “como en casa” en su presencia, y que seas consciente de su cercanía en todo momento. A veces pensamos que Dios es, como deidad, solo un objeto a debatir, en vez de un lugar donde morar. Pero Él quiere que lo veamos como Aquél en quien “…vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28 NTV).

Si, No, Espera

Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. – Salmo 40:1.
Sean constantes en la oración. – Romanos 12:12.
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. – Salmo 5:3.
Me parece que fue ayer cuando Magali, la pequeña enferma de doce años, me decía con amargura: –No creo en Dios. Porque nunca me ha contestado cuando he orado. ¡Mire!, es mi tercera estancia en el hospital y no veo progresos.
Entonces, traté de explicarle que Dios puede responder de tres maneras diferentes: Naturalmente, una forma es diciendo “sí”, es decir, otorgando en seguida lo que pedimos. Pero también puede decir “no”, que quizá era lo que esta niña minusválida no comprendía. De hecho, Dios dice “no” por una única razón: por nuestro bien, el bien de nuestro corazón. Cuando el Señor cierra una puerta, sabe lo que hay detrás. “No”, es también, también una respuesta.
Él nos ama demasiado, en la medida de no ceder a todos nuestros caprichos y deseos. No siempre sabemos por qué dice “no”, pero lo que debe deleitarnos es pensar que Él sí lo sabe. Si a veces Dios dice “no” a nuestras oraciones, también puede decir: “Espera”.
¡Lástima!, un rasgo de nuestro carácter es ser impacientes, pero el Señor quiere desarrollar nuestra paciencia y someter nuestra voluntad a la suya. Esperemos y perseveremos sin dudar que nos contestará.
Él sabe lo que me hace falta, y en su amor quiero descansar. El misterio de toda cosa allí arriba lo va a revelar.


Las debilidades del diablo

¡Usted cuenta con armas contra el diablo! Él quiere poseerlo y zarandearlo como si fuera una pluma; pero la Biblia revela sus puntos débiles. Examinaremos la forma de descubrir y aprovechar estas debilidades para resistirlo. En primer lugar:
El diablo no lo sabe todo
Es decir, Satanás no es omnisciente. La omnisciencia de Dios es un hecho enseñado claramente en las Escrituras: “…su entendimiento es infinito” (Salmo 147.5). Dios conoce todas las cosas que tienen que ser sabidas. Sin embargo, no sucede lo mismo con el diablo.
Es obvio que no sabía donde estaba la tumba de Moisés. En Judas 9 se dice: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él”. ¿Cuál era la disputa que tenía Satán con Miguel? El diablo estaba tratando de localizar el cuerpo de Moisés. Pero Dios mismo, había enterrado a Moisés en un lugar que “ninguno conoce” (Deuteronomio 34.6). ¿Y por qué quería el diablo conocer el lugar? ¡Pues para decírselo a los hombres! Sabiendo la tendencia que los judíos tenían de adorar las cosas terrenales, Satanás pensó que ellos harían un santuario de su tumba. Harían peregrinajes a la tumba de Moisés en lugar de adorar al Dios de Moisés.
Satanás también falló en comprender Génesis 3.15, la primera profecía del evangelio. Él muy bien pudo haber entendido que un día la simiente de la mujer heriría su cabeza, pero no supo cómo sería. Si él lo hubiera sabido, no hubiera impulsado a los hombres a crucificar a Cristo. Y ¡claro!, cuando Jesús murió, el diablo pensó que había ganado la batalla. Sin embargo, esta fue únicamente una herida en el talón, una herida temporal; porque cuando nuestro Señor fue levantado de la tumba, infligió un golpe mortal al diablo, quitándole el poder de la muerte. ¡Satanás no lo supo con antelación!

El Diezmo en el Nuevo Testamento

Los cristianos no estamos obligados a diezmar en la actualidad, pero de las leyes del diezmo podemos extraer ciertos principios orientadores para hoy.
Algunos creen que estamos obligados a hacerlo. Dan testimonio de bendiciones recibidas por diezmar. Algunas de ellas, sobre la base de Malaquías 3:10 “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”, enseñan que debemos dar nuestros diezmos a nuestra iglesia. Sin embargo, otros dicen que la ley del diezmo ha caducado, y que los cristianos no estamos obligados a diezmar. ¿Estamos realmente obligados a diezmar? ¿Dios nos bendecirá si diezmamos? ¿Estamos obligados a dar nuestro diezmo a nuestra iglesia? ¿Ha caducado la ley del diezmo? ¿Qué debemos estar haciendo mi familia y yo en cuanto al mismo? Buscaremos respuestas a estas preguntas en la Biblia.
Historia del diezmo en la Biblia
el_diezmo_nuevo_testamentoEl diezmo antes de la Ley de Moisés. Abram dio a Mequisedec, sacerdote del Dios Altísimo, el diezmo de todo el botín obtenido al derrotar a los cuatro reyes invasores (Génesis 14:17-20). Parece ser un acto voluntario. En Bet-el Jacob prometió diezmar todo lo que Jehová le diera en su viaje a Harán (Génesis 28:20-22). Parece ser un acto voluntario para persuadir a Jehová a cuidarlo y bendecirlo.
El diezmo según la ley de Moisés. Los israelitas estaban obligados a dar un diezmo de la tierra y del ganado a Jehová (Levítico 27:30-33). Este diezmo era para el sostén de los levitas (Números 18:21). Una parte del diezmo se debería gastar en banquetes en el santuario central cada año (Deuteronomio 14:22-23, 26). Una tercera parte del diezmo (y tal vez parte de la segunda) debería darse cada tres años para guardarse en las ciudades y repartirse a los pobres (Deuteronomio 14:28-29). El diezmo se menciona pocas veces más en el Antiguo Testamento:
1. Amós criticó a los israelitas porque diezmaban creyendo que así agradaban a Dios, cuando por contra, cometían injusticias contra los pobres e indefensos (Amós 4:4).
2. En la reforma de Ezequías los israelitas llevaron el diezmo de la tierra del ganado al templo y lo depositaron allí (2 Crónicas 31:5-6). Se trata del diezmo para los levitas (verso 4).
3. En la reforma de Esdras, los judíos prometieron dar el diezmo de la tierra para el sostén de los levitas (Nehemías 10:37), cosa que hicieron por un tiempo (12:47, 13:10, 12).
4. Malaquías acusó a los judíos de robar a Dios en sus diezmos, les instó a traer el diezmo completo al templo de Jerusalén (el único templo de los judíos) y les prometió gran bendición (Malaquías 3:8-10). Se trata del diezmo para los levitas.
5. En tiempos neotestamentarios, los escritos rabínicos indican que los judíos daban importancia a por lo menos, los primeros dos diezmos (Lucas 18:12, la oración del fariseo). Jesús reconoció que por lo menos, algunos escribas y fariseos diezmaban de todo, y que lo deberían hacer, pero les criticó por creer que eso agradaría a Dios, cuando dejaban de lado la justicia, la misericordia y la fe (Mateo. 23:23; Lucas. 11:42).
6. No hay ningún pasaje neotestamentario después de la muerte de Cristo, que inste a diezmar. Las únicas referencias al diezmo se hallan en Hebreos 7:2, 4, 5, 6, 8, 9; no instan a diezmar, sino que argumentan que el sacerdocio de Melquisedec fue superior al sacerdocio levítico, pues Melquisedec recibió diezmos de Abraham y, por lo tanto, también de Leví. El verso 5 indica que los diezmos eran parte de la Ley, para Israel.
7. Los cristianos que diezman hoy, por lo regular no piensan en si con ello, aplican todos los aspectos de la ley. Una excepción es la iglesia de Dios Universal: envían una parte del diezmo a las oficinas centrales para ser repartido allí entre las iglesias y ministros, ahorran otra parte del diezmo para un retiro anual de la iglesia en un hotel de lujo, y dan la tercera a los pobres.