jueves, 30 de octubre de 2014

Capacitados por Dios - Reflexiones

Bette Nesmith ejercía de secretaria en Dallas mientras criaba sola a su hijo Michael, que luego se haría famoso con su grupo ‘The Monkees’.
Nesmith nunca se propuso ser inventora, solo intentaba solucionar los problemas que le provocaba su poca experiencia en mecanografía y taquigrafía. Como su formación de artista le hacía estar acostumbrada al uso de pinturas y tintas, un día intentó crear un producto con el que lograr tapar las faltas de mecanografía que cometía en el trabajo. Tras diversos intentos, elaboró una sustancia blanca que se secaba rápidamente y servía para ello, así que la puso en un botella y se la llevó al trabajo.
Cuando cometía algún error extendía la sustancia sobre el papel con un pequeño cepillo y luego volvía a escribir encima.
En 1956 convirtió su cocina en un laboratorio, debido a la fuerte demanda de sus compañeros y amigos.
En 1967 creó su propia compañía, la Liquid Paper Corporation.
En 1976, vendió 25 millones de botellas. Nesmith creó dos fundaciones para ayudar a las mujeres a encontrar nuevas maneras de ganarse la vida.
Bette murió en el año 1980, seis meses después de vender su empresa por 47,5 millones de dólares.

¿Qué dice la Biblia acerca de la necromancia?

La necromancia se define como hacer aparecer los espíritus de los muertos para el propósito de mágicamente, revelar el futuro o influir en el curso de los acontecimientos. En la Biblia, la necromancia es también llamada "adivinación", "brujería" y "espiritismo" y está prohibida muchas veces como una abominación a Dios (Levítico 19:26Deuteronomio 18:10Gálatas 5:19-20Hechos 19:19). Algunos apuntan a 1° Samuel 28:3-25 como un ejemplo de los muertos en comunicación con los vivos. El susto que llevó la adivinadora al ver a Samuel en vez de un espíritu impostor, muestra que ni ella esperaba ver en verdad a Samuel. Dios milagrosamente, mandó a Samuel esta última vez para proclamarle a Saúl su juicio y fin. Es algo contra lo que el Señor habla muy fuertemente, y debe ser evitado tanto como cualquier mal. La razón de esto, por lo tanto, es doble.
En primer lugar, la necromancia involucra a los demonios y hace objetivo débil a quien lo practica, del ataque demoníaco. Satanás y sus demonios intentan destruirnos, no dejar impartir en nosotros la verdad o sabiduría. Se nos dice que nuestro "adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1ª Pedro 5:8). En segundo lugar, la necromancia no confía en el Señor para obtener información, el Señor que promete dar sabiduría libremente a todos los que se la pidan (Santiago 1:5). Es muy revelador, porque el Señor siempre quiere guiarnos a la verdad y la vida, pero los demonios siempre quieren llevarnos a mentiras y daños graves.

¿Qué es el alma y qué es el espíritu?

Según la Biblia, el ser humano es tripartito. Se divide en cuerpo, alma y espíritu.
El cuerpo es la parte fisiológica del ser humano. Porque tenemos cuerpo comemos, bebemos, dormimos, corremos, descansamos, etc.
El alma es la parte psicológica del ser humano. Las emociones, la voluntad, el intelecto. El alma distingue al ser humano de los demás seres existentes sobre la tierra. Además, el alma distingue a cada ser humano por ser único y diferente en su género. Yo tengo mi propia personalidad, y la suya es diferente a la mía.
Y el espíritu es la parte de nuestro ser por medio de la cual podemos comunicarnos con Dios y entablar una amistad personal con Él. Dice la Biblia en Génesis capítulo 1 que “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”, lo que significa que también nos hizo espíritu, para poder comunicarnos con Él.
Una persona es cristiana, cuando Dios mora en el espíritu de esa persona. La Biblia señala en 1 Corintios capítulo 6: “El que se une con el Señor, un espíritu es con Él”.

Cómo resistir al Diablo

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros”. (Santiago 4:7-8)
¿Cómo podemos resistir al diablo? Esa fue una pregunta de vital importancia para Jesucristo y sus apóstoles. Nuestro Señor tuvo que resistir al diablo repetidamente, y Él dijo en más de una ocasión: “¡Apártate de mí, Satanás!” Sus seguidores aprendieron eso de Él. Pablo trató de enseñar a sus compañeros a estar firmes en contra de las artimañas del diablo. Pedro los exhortaba: “resistidlo firmes en la fe”. Y Santiago, el hermano del Señor, dio a la iglesia este mandamiento con una promesa: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros”.
Los escritores del Nuevo Testamento no dudaron de la existencia de Satanás, lo dieron por sentado. Cuando dijeron: “resistid al diablo”, estaban seguros de que los cristianos en cualquier parte, sabían lo que querían decir.
Muchos modernistas rehusan hablar acerca del diablo como si se tratara una superstición. Incluso para algunos que profesan la fe de Cristo, este es un asunto incierto. No están seguros de que exista un “maligno”, un enemigo personal de Dios y sus propósitos. Tratan de explicar la batalla espiritual descrita en el Nuevo Testamento, en términos psicológicos, como si el demonio fuera un “enemigo imaginario”. Para ellos, hablar en serio de resistir al diablo no tiene sentido ni interés.
Pero debemos tener presente que las negaciones de la existencia de Satanás y sus obras no están basadas en ninguna evidencia. Nada ha sido descubierto o demostrado que pueda refutar el testimonio del Nuevo Testamento. Creer en Satanás no es un hecho en contra de la ficción o el conocimiento moderno, contrario éste a la ignorancia antigua. Es un problema básico, especialmente cuando la Palabra de Dios nos revela el trabajo de Satanás y de su mundo.
La revelación de Dios en Cristo abrió un mundo nuevo, concienciado en esta teoría existencial en todos los que la recibieron. Cuando los cristianos creyeron la Palabra acerca del majestuoso gobierno de Dios por medio de Jesucristo, descubrieron también que otro reino se le oponía. El reino de las tinieblas fue tan real para ellos, como el reino de la luz, y la Palabra de Dios les abrió los ojos a una guerra que para las mentes incrédulas era invisible. Es posible que el escepticismo de hoy no provenga de nuevos tipos de aprendizajes, sino de la pérdida de vitalidad espiritual.
Tratemos de mirar la realidad del mal a través de las Palabras de Jesús y sus apóstoles. De acuerdo con ellos, Satanás, el tentador, el diablo, está sobre todo, contra Dios. Aunque es una criatura, ha desafiado la autoridad de Dios y ha establecido un reino sin ley. Su propósito es impedir el designio de Dios, abolir Su autoridad y, si fuera posible, tomar Su lugar. Se opone a los seres humanos y busca destruirlos porque ellos fueron hechos a la imagen de Dios. Su maldad es dirigida especialmente contra los cristianos porque ellos pertenecen a Dios y sirven a sus propósitos. Ellos amenazan su reino, por lo que su reacción es apartarlos de Dios, ya sea asustándolos o atrayéndolos a unirse a él en rebelión. Y cuanto un hombre o una mujer, un grupo o un ministerio, más se identifique con Jesucristo y se comprometa con sus propósitos, más intentarán oponérseles el diablo y sus emisarios.
Resistir al diablo significa resistir sus ataques; es rehusar sus propuestas. ¿Cómo pueden los creyentes hacer eso? Primero y fundamentalmente, escribe Santiago, tienen que acercarse a Dios. Los hijos de Dios deben acercarse a Él, moverse hacia Él y vivir en comunión con Él.
Cuando Santiago habla de resistir al diablo y acercarse a Dios, se refiere al orgullo y a la humildad. “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. (Santiago 4:6-7)
El negarse orgullosamente a rendirse a Dios, hace al diablo lo que ya es de por sí. Un escritor famoso se imaginaba al diablo murmurando provocativamente: “es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”. Orgullo, para este caso, significa pretender vivir independientemente y no querer nada en absoluto del que nos hizo. Esto espiritualmente, significa pensar y querer actuar como si Dios no existiera, como si nosotros fuéramos Señores de nuestros propios derechos.
En cambio, la humildad es exactamente lo opuesto. Implica un sentido de gratitud por depender de Dios, un gozo por pertenecerle y la confianza de entregarse a su voluntad. Cada insinuación de humildad es un paso en dirección a Dios, lo que significa acercarnos a Él y abrirle nuestras vidas.
En nuestra relación con Dios a través de Cristo, confiando en Él, entregándonos a Él y aceptando Su gracia, encontramos la fortaleza que necesitamos en contra de los poderes del mal. Por esa razón, el apóstol Pablo exhorta a sus compañeros a “fortalecerse en el Señor y en el poder de Su fuerza”, y a “revestirse con toda la armadura de Dios para la batalla cristiana”. Aquí está la respuesta: cada vez que sea tentado a apartarse de Dios y a vanidosamente, seguir su propio camino, diríjase hacia El, llámelo en su ayuda y asegúrese con Su fortaleza. Esa es su primera línea de defensa. ¡Hágase fuerte en el Señor!
Uno de los principales objetivos de Satanás es intimidar a los hijos de Dios y asustarlos, para que no sean sus discípulos ni testifiquen. Algunas veces lo hace promoviendo la persecución hacia ellos. Así lo hizo con Jesús, con los cristianos del primer siglo y con los mártires de cada generación. El diablo nos amenaza con horrendas consecuencias si seguimos a Cristo. Pedro lo describe como “un león rugiente buscando a quien devorar”. Él sabe a qué le tenemos más miedo y sabe cómo manejar nuestros temores.
Pedro escribe: “resistidlo firmes en la fe”. Y Pablo nos exhorta a tomar el escudo de la fe para apagar los dardos de fuego del maligno. La fe es el antídoto para el temor.
En cierto sentido, el diablo es un alardeador y por supuesto, un engañador, un mentiroso. Trata de hacernos creer que es menos peligroso de lo que realmente es. Es como uno de esos peces de las profundidades marinas, que se inflan para atemorizar al enemigo engañándoles con su apariencia. Esos peces lucen como asesinos, pero en realidad son solo globos de aire. Igualmente, Satanás puede disfrazarse de un león rugiente; pero a causa de Cristo, es un encadenado. Nosotros somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó.

miércoles, 29 de octubre de 2014

El poder del Espíritu Santo

Días antes de morir crucificado, Jesús dijo a sus discípulos lo que vendría: Después de su resurrección, recibirían un Consejero, el Espíritu Santo, que estaría con ellos para siempre (Juan 14.16). Él moraría en cada creyente, dándole su poder para vivir en victoria. El Señor también nos investirá con su poder divino, si cultivamos ciertas cualidades para que seamos más semejantes a Cristo. Estas son:
La pureza de corazón. Antes de ser salvos, el pecado nos separaba del Padre. Pero cuando recibimos al Señor Jesús como Salvador, Dios nos lavó y regeneró (Tito 3.5), nos vistió con la justicia de Cristo, y nos purificó para que pudiéramos convertirnos en su pueblo (Tito 2.14). Ahora depende de nosotros buscar la santidad para que podamos ser más como el Señor. La confesión regular de nuestros pensamientos y acciones pecaminosas trae perdón y nos limpia de toda maldad (1 Juan 1.9).
Un espíritu obediente. Antes de que fuéramos adoptados por la familia de Dios, nuestra naturaleza estaba en rebeldía contra su autoridad. Pero gracias a que hemos creído en Cristo, hemos sido liberados del poder del pecado sobre nosotros y hemos adquirido la capacidad real de ser hijos de Dios por la obediencia. Aunque nuestra vida no será perfecta, el Señor ve si nuestras mentes y nuestros corazones están dedicados a obedecerle.
Cuando hacemos de la santidad una prioridad y demostramos obediencia al Señor, recibimos poder sobrenatural para escoger lo recto. Cada día, nos llenaremos de poder al confesar nuestros pecados (Salmo 51.1, 2, 10), al mantener nuestra dedicación a Dios, y obedecer la dirección del Espíritu Santo.

La mano del Maestro

Estaba golpeado y marcado, y el rematador de la subasta pensó que, por su escaso valor, no tenía sentido perder demasiado tiempo con el viejo violín, pero lo levantó con una sonrisa.
-¿Cuánto dan señores? -gritó-, ¿quién empezará a pujar?

-Un dólar, un dólar- alguién replicó, después dos dólares.
-¿Solo dos? Dos dólares y ¿quién da tres?, tres dólares, a la una; tres dólares a las dos; y van tres… 

Pero no, desde el fondo de la sala un hombre canoso se adelantó y recogió el arco del violín; luego, después de quitarle el polvo y estiradas las cuerdas flojas, las afinó y tocó una melodía pura y dulce como un coro de ángeles.
Cesó la música, y el rematador, con una voz silenciosa y baja, dijo: -¿Cuánto me dan por el viejo violín? y lo levantó en alto con el arco.
-Mil dólares y… ¿quién da dos? ... 
-¡Dos mil!, ¿Y quién da tres? Tres mil a la una, tres mil a las dos; y se va y se fue, -dijo.
La gente aplaudía, pero algunos decían: "No entendemos bien, ¿qué cambió su valor?". La respuesta no se hizo esperar: "¡La Mano del Maestro!"
Que una melodía celestial brote hoy de tu vida, si te dejas usar en las manos del Maestro por excelencia.
Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

El único Dios Verdadero

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3.
Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Efesios 4:6.
Hay un “único Dios”. Tal era el gran testimonio del pueblo de Israel, en una época en la que el mundo pagano que le rodeaba creía en una multitud de divinidades. Asimismo, los primeros cristianos dieron testimonio de su fe en el Dios único, lo que para muchos de ellos significó el martirio. A ese Dios único no lo adoraban como una fuerza impersonal ni como una entidad que abarcaba todo, sino como a una Persona. La Biblia nos revela que Dios es un Dios vivo.
Este “único Dios” quiere ser conocido. Para esto se reveló al hombre en Jesús, el Mesías prometido y anunciado a Israel por los profetas. Así, el Hijo unigénito de Dios vino a la tierra, humilde entre los humildes. Y dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, y aun: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?” (Juan 14:9-10). Por medio de estas palabras, y muchas otras, sabemos que si Jesús es el Mesías, el enviado de Dios, es igualmente Dios, “nuestro gran Dios y Salvador” (Tito 2:13), “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5).
¿Cómo conciliar esta aparente contradicción entre un Dios único y la afirmación que Jesús es Dios? No podemos comprender el misterio de Dios, pero sí podemos creer que el “único Dios” se manifestó en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Misterio insondable que el creyente recibe y adora!

Querido Dios: Necesito un milagro

Querido Dios:
Necesito un milagro, Señor. Ya lo intenté todo. Hice mi mejor esfuerzo. Busqué en todas partes, llamé a todas las puertas en las que creí que encontraría respuestas, ¡y nada!; todo parece empeorar. Mis noches se vuelven largas y más oscuras de lo normal. Mis lágrimas brotan con tal insistencia, que parece quisieran borrar el recuerdo doloroso que aqueja mi vida. Mi corazón está atravesado por una lanza que me provoca un dolor que hace que casi no pueda respirar.  
necesitounmilagroNecesito un milagro, Señor. No puede ser que me haya esforzado tanto para llegar hasta aquí, y que ahora todo parezca carecer de sentido. Este es el momento en que necesito que tu palabra se haga vida en mí. Quiero abrir mi boca para adorarte en medio de la tribulación; sin embargo, no encuentro las palabras que a pesar de mi dolor, expresen mi confianza en ti. Mis brazos caídos no tienen fuerza, aunque sé que la única manera de recibir es elevarlos al cielo para que Tú puedas llenarlos.
Necesito un milagro, Señor. Veo cómo prosperan otros que no confían ni tienen temor de ti, Señor, mientras yo sigo esperando por tu justicia. Sigo dando cada paso con extraordinario dolor y con la mirada puesta en mi Cristo; pero es difícil Señor, no sé cuánto más pueda soportar. Necesito que me abraces y que acariciando mi cabeza, me digas que todo estará bien.
Necesito un milagro, Señor. Necesito que detengas el sol como hiciste cuando Josué te lo pidió para ganar la batalla. Necesito que conviertas el agua en vino como en aquella boda de Caná. Necesito que multipliques los panes como aquella vez que alimentaste a los cinco mil. Necesito que quites mi ceguera como hiciste con el ciego de Betsaida. Quiero que me devuelvas la vida como hiciste con la hija de Jairo. ¡Señor, yo hoy necesito un milagro!
Clamo a ti porque sé que lo imposible para mí, es posible para ti (Marcos 10:27)

Un bebé con propósito

En Londres, Inglaterra, se encuentra el Hospital Saint Thomas. Se trata de uno de los hospitales de más relevancia que existen en dicho país, y desde el siglo XII provee salud gratuita y caritativa. 
thomas bridgesHace muchos años, en una de sus escalinatas, una enfermera encontró un bulto que le llamó la atención. Se trataba de un bebé recién nacido. El personal del Hospital lo adoptó y lo criaron. Le pusieron como nombre Thomas, posteriormente le dieron un apellido, y pasó a llamarse Thomas Bridges. Durante su crecimiento, conoció las Sagradas Escrituras, esto es, La Biblia, de la que hizo su fiel compañera durante toda su vida, conociendo al Señor Jesús como su Salvador. 
Aconteció que, Charles Darwin volvió de su primer viaje a Tierra del Fuego, ubicada al extremo sur del Continente Americano, territorio que comparten Chile y Argentina. Las palabras, “para mí sería preferible tratar de civilizar a los perros de la calle, antes que hacer algo por esos salvajes”, dichas por Darwin, alentaron a Tomás para ofrecerse como Misionero y embarcarse en una aventura apasionante. 
Después de doce años Charles Darwin, regresó a Tierra del Fuego y se encontró con que los habitantes habían adoptado nuevas costumbres, habían nacido de nuevo, y los cambios sorprendieron a Darwin. Prácticamente, aquellos que había calificado como salvajes, ahora eran personas insertadas en la sociedad de la época.