jueves, 17 de julio de 2014

Restauración

Alfredo era hijo del profesor del instituto botánico de Barcelona, en España. Juntos visitaban los numerosos jardines de las montañas de Montjuic como voluntarios para ayudar a cuidarlos, pero también lo hacían para admirar lo hermoso de la creación de Dios.
Un día, al visitar uno de esos hermosos huertos, el pequeño niño encontró una flor que estaba algo marchita. Instantáneamente llamó a su padre, quien de inmediato la sacó desde su raíz para trasplantarla a una maceta más pequeña. La llevaron a casa para tratar de reanimarla cambiándole la tierra, el abono y sujetándola a un palito que serviría de apoyo, para que su frágil rama no acabara de romperse. Para finalizar, la regaron con un poco de agua, en la espera de que el tallo no estuviera demasiado seco para absorber el líquido vital.
Pasaron dos días y parecía que no había resultados.
- Papá, dijo el niño, ¿por qué no reacciona, acaso ya es demasiado tarde?
- No, Alfredo, respondió su padre, lo que pasa es que es un proceso lento. La raíz necesita absorber todos los componentes necesarios del abono y de la tierra nueva donde ahora está plantada. Ella sólo necesita un tiempo para que su tallo, sus hojas y la flor, se hidraten. Solo debemos tener paciencia.
Al cuarto día, la flor ya había retomado su color normal, sus hojas se abrieron, sus pétalos tenían un color más brillante y hasta se podía sentir una leve fragancia al acercarse. En unas cuantas semanas más, la flor ya no necesitaría el palito y estaría echando raíces. Entonces, Alfredo junto a su padre, la llevaron nuevamente al jardín para que siguiera creciendo y adornando el lugar.
Las personas que aman la naturaleza, y en especial los botánicos, siempre intentan salvar a una planta que está seca o al borde de morir. Para ellos, esa es una reacción normal y aunque no intervinieron durante la creación de toda la variedad de flores del mundo, ni se sienten dueños de todas ellas, siempre tratan de salvar a alguna que lo necesite.
¿Cuánto más lo hará Dios que está en el cielo para con toda su creación que es mucho más que plantas y arbustos?, Él siente un profundo amor por la humanidad. Mateo 6:25-26.

“Yo estuve en el Infierno”

“Anda y diles a los pastores, ancianos, diáconos, y a todos los que han oído la palabra, que con Dios no se juega, por eso estamos aquí, en el lugar más profundo del infierno, porque nosotros conociendo la verdad no la guardamos.”
Esta es la visión que Dios me permitió ver:
Él me había puesto a trabajar en un ministerio y me mostró un monte muy alto, el monte de la santidad. Me mostró cómo luchaba yo con el enemigo, mas este fue derrotado porque en la cruz del calvario Jesucristo ya lo derrotó.
Pude ver que yo iba preparando el terreno y sembrando la palabra de Dios por encima de grandes pruebas, ya que Él estaba conmigo en todo momento.
Nunca trabajé con interés económico alguno en la obra de Dios, y de esto se agrada Él. Siempre que he predicado, he hablado del poder y la unción del Espíritu Santo.
Y el Señor me dijo: “el Espíritu Santo es el abono para las plantas que no dan buenos frutos”. Háblales de la unción y su poder aunque se molesten y no les guste, porque algunos no creen que soy Todopoderoso.
Yo seguía hablando la palabra del Dios, y muchos escuchaban y estaban gozosos, llenos del Espíritu Santo.
Él me indicaba campos ya sembrados, pero que no daban fruto y me dijo: “Son árboles vacíos”. "¡Así son los que no tienen el poder del Espíritu Santo!” Es necesario que sean abonados como los campos, el abono es el Espíritu y el ingrediente son las oraciones de los santos.
El Señor me dijo: “Ya estoy cansado de ese tipo de creyentes inútiles que no trabajan como yo mando en mi palabra”
Estaba yo aun en aquel monte cuando Él me dijo "¡Mira, voy a hacer que conozcan!” QUE CONOZCAN EL INFIERNO”, donde van aquellos que no hacen mi voluntad y se burlan de mi palabra.” Porque el infierno es real, aunque muchos no lo crean.
Después que me dijo esas palabras… de pronto apareció un aire y una columna de humo negro, las fuerzas del mal comenzaron a apoderarse de mí, y empecé a descender por un túnel espantoso que parecía ser el cráter de un volcán y de pronto, pude ver al diablo que venia detrás de mí; yo luchaba desesperadamente por salir, y cuanto más luchaba más me empujaba y seguía cayendo por ese horrible túnel.
Me encontraba angustiado y desesperado. No tengo palabras para describir lo que viví en aquel momento.
El Señor me dijo; “mira, así es como descienden al infierno todos aquellos que no obedecen y no guardan mi palabra, aquellos que no se arrepienten, porque en vida tienen oportunidad de hacerlo y no quieren.”
De pronto, llegué al final de aquel túnel, y al ver ese lugar me quedé aún más aterrorizado… un lugar espantoso y desesperante.
Había leído en la Biblia que existe este lugar, pero ahora yo mismo podía ver que el infierno es real.
En el momento en que llegué al lugar, sentí un calor desesperante y vi un fuego semejante a brasas de candela, en la cual se pone la carne para asarla. Fuego y cenizas había por todo aquel lugar terrible y espantoso.
Mi espíritu y mi alma estuvieron allí, y pude sentir ¡cómo el diablo agarraba mi alma! Y me hizo acostar el fuego y me movía como si fuera carne en la brasa. Pude verme lleno de quemaduras, lleno de llagas y de gusanos.
Realmente, ese lugar era el lugar de tormento del que habla la Biblia.
¡Vi que miles, millones de almas estaban allí quemándose en el fuego! Se quejaban y gritaban, y no había quien les librase de ese castigo eterno.
Amigos y hermanos, después el Señor me dijo: “Mira hay otro lugar aquí que quiero que conozcas”, y en ese momento la puerta se abrió y el diablo me llevó al lugar más profundo del infierno. ¡Entra aquí¡, me dijo, y cuando entré, vi que ese lugar era el primero. Ese lugar era fuego abrasador, semejante al hierro cuando se funde, y no pude resistir allí.
En el momento que entré, la gloria de Dios vino sobre mí y me protegió para que mi alma no recibiera ese fuego abrasador que allí había.
En ese lugar miré y vi a miles y miles de almas que estaban siento atormentadas, llenas de llagas y gusanos en medio del fuego, desesperadas y angustiadas terriblemente porque no hay descanso, es el lugar del crujir de dientes que dice la Biblia.
Esto les va a sorprender a ustedes.
Muchos de los que estaban allí, me miraron y se sorprendieron al ver que estaba en la misma condición que ellos, y el diablo me dijo con furia: “Mira, ¿ves estos de aquí?” Y pude contemplar la cantidad inmensa de gente que estaba en ese lugar.
Me dijo el diablo”: estos fueron pastores, diáconos, maestros, lideres, ¿ves donde vinieron a parar? Me mostró otro grupo de brasas y en ellas dijo: ¿ves a estos otros? Conocieron la palabra de Dios y a dónde vinieron.
“¿Tú quieres seguir adelante? Haré todo lo posible para que tu ministerio sea frustrado”
Pero en ese momento, el Señor me llenó del Espíritu Santo, y le dije al diablo: “sí, voy a seguir adelante en el ministerio”, porque Dios me dijo un día: “ese ministerio será prosperado porque yo lo quiero así y no habrá ningún demonio que pueda destruirlo.”
En ese momento, el diablo fue reprendido en el nombre de Jesús, y hablando en lenguas me acerqué. Se enojaba, batallaba, se llenaba de furia al oír lo que yo hablaba. Mientras esto ocurría, algunos de ellos se acercaban y me decían:
“Anda y diles a los pastores, ancianos, diáconos, y a todos los que han oído la Palabra, que con Dios no se juega, por eso estamos aquí, en el lugar más profundo del infierno porque nosotros conociendo la verdad no la guardamos, y no hicimos caso del amor que tuvo con nosotros.
Uno de aquellos me dijo: “diles a todos los que puedas, que existe un infierno, un lugar de tormento eterno. Que este es un lugar verdadero.”
Otro me decía. “Ya no tengo esperanza, pero otros sí pueden consagrarse a Dios para que no vengan a este lugar de tormento eterno.”
Mientras estas almas hablaban conmigo, el diablo se llenó de ira y comenzó a martirizarlos uno a uno. ¡Callen!, decía, ¡no digan nada! Ya que él era el amo y señor de todos y tienen que obedecerle y les maltrataba peor que a las bestias.
Otro me decía que aquí se recibe el peor castigo, y todos estaban ansiosos por enviar mensajes a los que estamos con vida en este mundo.
Después de conocer como es el infierno, todas las cosas que ahí me mostró, el Señor me habló y me dijo “vámonos de este lugar”, ya has visto con tus propios ojos como es el infierno, cómo sufren las almas y el trato que el diablo les da en este lugar. Será así por toda la eternidad.
Amigos y hermanos, de pronto comencé a salir de ese lugar, fue tremendo estar allí en ese lugar, no hay palabras para describirlo.

Autoridad y Obediencia - Liderazgo

Una esposa se acercó a mí para hacerme una pregunta: “Pastor, ¿es cierto que yo estoy en la obligación de obedecer en todo a mi esposo, aunque se que me está pidiendo algo que va contra mi honor y mis principios? Él siempre dice que es la autoridad y que yo debo ser sumisa en todo a él.
Y pensé: ¿Hasta dónde van tomadas de la mano la autoridad y la obediencia?
El propósito de Dios siempre ha sido que el hombre ejerza autoridad, como puede ser observado en el mandato que dio a la humanidad acerca de gobernar el mundo, en Génesis 1:28. Como toda autoridad auténtica que es delegada, ésta solo puede ser usada por aquellos que mantienen una relación obediente con la fuente del Poder.
La Biblia nos da un ejemplo de lo que es la autoridad auténtica, ejercida bajo la perspectiva de Dios, cuando describe a un militar pidiendo un milagro de Jesús para uno de sus siervos.
“Después que terminó todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm.
Y el siervo de un centurión, a quien este quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.
Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniera y sanara a su siervo.
Ellos se acercaron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: –Es digno de que le concedas esto, porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga.
Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: –Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo, por lo que ni aun me tuve por digno de ir a ti; pero di la palabra y mi siervo será sanado, pues también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Lucas 7:1-8.
La verdadera autoridad es de origen espiritual. Procede del espíritu de aquel que ejerce la autoridad e impacta sobre las personas sobre quien ejerce la misma.

Alguien dijo: “Únicamente la obediencia tiene derecho al mando”.
Cuando los que deben ejercer autoridad no están viviendo en obediencia a su más alta autoridad, ¿qué ocurre? En este caso ellos no tienen autoridad, sino poder según su propia voluntad, tienen presión emocional o argumentos de fuerza. Todo esto ya no viene del espíritu sino del alma, y por ello sólo afectan al alma de sus seguidores. Por su causa, estos seguidores pueden responder con resentimientos o amargura, y se abrirán al conflicto.
Si los hombres han de servir a Dios, la sujeción a la autoridad es una necesidad absoluta.
La obediencia transciende a lo que hacemos. David por ello, detuvo su mano de tocar al “ungido de Jehová”. Ser lleno de Cristo es ser lleno de obediencia.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Filipenses 2:5-11
La obediencia se aprende por medio del sufrimiento. Hebreos 5:8.
“Obedecer es nuestro deber, es nuestro destino, y aquel que no quiera someterse a la obediencia será necesariamente despedazado”. 
¿Te han impresionado alguna vez, ministros o líderes que tienen dones especiales?
Quizá te hayas impresionado con alguien que canta como un ángel o predica con mucha unción o elocuencia, y has dicho: “Impresionante, qué ministerio". Pero, la Autoridad Espiritual no es un asunto exclusivo de dones, sino de dones acompañados de una vida con un carácter sólido, lo cual viene de una vida vivida en obediencia al Señor.
Cuando tú tienes un don de Dios y una vida con carácter, Dios está dispuesto a derramar su Autoridad sobre tu vida. Obediencia y Autoridad Espiritual están íntimamente ligadas y jamás pueden ser separadas.
La sumisión es absoluta, pero la obediencia es relativa. La sumisión es un asunto de actitud, mientras que la obediencia es un asunto de conducta.
Pedro y Juan respondieron al concilio judío: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” Hechos 4:19.
Su actitud no era rebelde, puesto que todavía se sometían a los que estaban en autoridad.  La obediencia, sin embargo, puede no ser absoluta. A algunas autoridades es preciso obedecer, mientras que a otras no, especialmente cuando están en juego principios cristianos.
Ejemplos Bíblicos de esto:
1.- Las parteras que desobedecieron las órdenes de Faraón.
2.- Los tres amigos de Daniel que se negaron a adorar la estatua.
3.- Daniel, desobedeciendo el decreto real de no orar.
4.- Pedro, predicando el evangelio a pesar de la orden del consejo gobernante.
“La Autoridad ejercida en el plano espiritual o moral es diferente a cualquier otra autoridad. La autoridad espiritual está íntimamente ligada al carácter. La Autoridad Espiritual está profundamente comprometida con la integridad moral. Por lo tanto, es necesario que la gente decida en base a su conciencia"...
Se hace necesario también, casi imprescindible, tener en cuenta la individualidad y diferencia de la gente. La manera de Dios de gobernar no es uniforme, sino única en la diversidad.
Y respeto a la vida personal privada, ninguna autoridad Espiritual debe violar aquellos enfoques, o ejemplos bíblicos".

“Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan
”. San Agustín (354-439) Obispo y filósofo.
..."Los líderes en el cristianismo, que están ejerciendo Autoridad Espiritual, deben evitar sobre manera, la coerción o manipulación hacia el pueblo, que pueda ser ejercida por la fuerza de su personalidad, su carisma o su reputación. Y el pueblo por su parte, debe evitar a toda costa, asumir responsabilidad moral permitiendo que sus líderes hagan las decisiones éticas por ellos".
Tú eres un hombre de Dios, por lo tanto dime lo que tengo que hacer y yo lo haré.  Tú eres una mujer de Dios que conoce a Dios, y yo confió en tu discernimiento, por favor dime lo que es correcto, y lo haré. Estas expresiones y actitudes necesitan ser rechazadas totalmente. Usted no puede, como líder, ser la conciencia de otra persona y tampoco puede ocupar el lugar de Dios ante ellos.

miércoles, 16 de julio de 2014

No importa cuánto tarde….

Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos; estalla en cantos de gozo tú, que nunca has dado a luz…. Agranda tu tienda de campaña, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives… porque te vas a extender a derecha e izquierda… No tengas miedo, no quedarás en ridículo; no te insultarán ni tendrás de qué avergonzarte…. tu redentor es el Dios Santo de Israel, el Dios de toda la tierra”  Isaías 54:1-5 
La palabra estéril significa incapacidad de reproducirse, que no da fruto, que no produce nada.
La esterilidad no es solamente de hijos. La esterilidad es no tener aquello que, de forma natural en un cierto tiempo, tienen los seres humanos.
esperando
La esterilidad puede materializarse en los negocios. Ninguno prospera. Ninguno se materializa. En no haber acabado los estudios. Por más que trataste no llegaste a completar esa meta. La esterilidad también puede ser matrimonial, han pasado los años y aún no te has casado.
No importa cuál sea nuestra esterilidad, que éstas nos hacen sentir frustrados, nos desalientan, nos entristecen, nos enojan, nos avergüenzan y nos hacen ser el centro de la burla de aquellos que sí lo han logrado.
En la Biblia hay varios casos de mujeres que eran estériles; algunas eran ya muy ancianas, pero finalmente dieron a luz.
Sarah dio a luz a Isaac, Rebeca a Jacob y Esaú, Raquel a José y Benjamín, la esposa de Manoa a Sansón, Ana a Samuel, y Elisabet a Juan el Bautista
¿Qué tienen en común sus hijos? Todos ellos fueron usados grandemente por Dios. Tuvieron un propósito grande y marcaron historias.
¿Qué debemos entender de estos casos de esterilidad presentados en la Biblia?
Que Dios siempre cumple las promesas, que la intercesión en oración tiene poder. Que si estamos orando desde hace mucho tiempo, no perdamos la fe porque las oraciones no caen en el vacío.

La corrección

La corrección nos lleva a la perfección.
Sofonías 3
Dios es un padre maravilloso que quiere lo mejor para nosotros.
Desde el principio preparó la tierra para que pudiéramos ser felices en ella, nos hizo un paraíso maravilloso. El primer hombre, Adán, mientras permaneció en sujeción, es decir, bajo la soberanía de Dios, pudo disfrutar de este lugar maravilloso.
Nada le hacía falta, todo lo tenía, lo único que debía hacer para seguir disfrutando de esa hermosa maravilla, era estar en obediencia.
Pero el hombre se dejo contaminar en ese tiempo y lo seguimos haciendo nosotros ahora. Verso 1 “¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora!”
Desde los tiempos de Adán, en el corazón de los hombres solo hay rebeldía. No nos gusta someternos a nuestras autoridades, sean políticas, religiosas o en el hogar.
El mundo cada día va más en decadencia porque no le gusta la corrección, los hogares que, llevados por el modernismo ya no corrigen a sus hijos, en ellos se puede ver el deterioro. Cada vez hay más hogares destruidos y otros a punto de destruirse.
Cuanto más rebeldes somos, menos nos gusta la corrección. Verso 2 “No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios.”
Queremos un Dios que nos permita nuestra maldad, queremos llegar al cielo pero por el camino ancho, queremos viajar cómodos. Y buscamos profetas y sacerdotes iguales a nosotros. Verso 4 “Sus profetas son livianos, hombres prevaricadores; sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la ley.”
Queremos un Dios que haga muchos milagros pero que no se meta con nuestra forma de vivir, queremos ser cristianos pero seguir viviendo igual que antes de conocer de Cristo. Hoy en día ha crecido en gran manera, el número de personas que han recibido a Cristo, pero se ha reducido sustancialmente el numero de cristianos convertidos, porque hoy la gente ama las grandes cantidades en vez de las calidades, cantidades de gente, donde nadie se dé cuenta de su tibieza espiritual. 2 Timoteo 4: 3-4 “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4:4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”
Dios nos corrige para no tener que destruirnos, pero preferimos hacernos los sordos, es mejor pensar en un Dios que no castiga. Verso 7 “Dije: Ciertamente me temerá; recibirá corrección, y no será destruida su morada según todo aquello por lo cual la castigué. Mas ellos se apresuraron a corromper todos sus hechos.”
Si aceptamos la corrección podremos llegar a ser como en el principio, seremos puros. Verso 9 “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento.”

Las cosas que me han sucedido...

Filipenses 1: 12-14 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.
Pablo se enfrentó a situaciones muy duras, en su vida de servicio al Señor. A veces las circunstancias difíciles hacen caer y vencen a las personas, pero hay otras personas que son maduras y manejan bien las cosas que les suceden. Pablo aprendió a vivir por encima de las circunstancias difíciles, aprendió a mantener un testimonio vivo por Cristo. Él testificaba del evangelio, sin importar las circunstancias que pudiera estar pasando.
Pablo estaba preso, pero en esta situación nada agradable, él tiene una actitud de regocijo y gratitud a Dios, porque las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Pablo estaba preso, esperando ser juzgado no por ser un delincuente o un agitador social, sino por la causa de Cristo. Todo esto estaba dando resultados alentadores: el progreso del evangelio.

Pablo en su situación, no se quejaba, no cuestionaba a Dios, no abandonó su fe en el Señor. Como un embajador encadenado, usó esta circunstancia para difundir el evangelio. Cada día, durante dos años, tenía cerca a soldados que lo vigilaban y aprovechó las oportunidades, para difundir el mensaje del evangelio a la guardia del palacio (estos soldados se encargaban de cuidar la seguridad del emperador y los gobernadores), y también daba a conocer el evangelio a todos las demás personas con las que tenía contacto. Todos sabían que Pablo estaba preso por causa de Cristo. Así el evangelio era difundido. ¡Qué gozo!, el evangelio no está preso, el evangelio está siendo difundido y trayendo salvación.

El Chófer - Reflexiones

Un hombre muy rico y poderoso, pero también lleno de años, decidió jubilar a su chófer de toda la vida. Puso un anuncio en el diario de la ciudad, contratando los servicios de otro chófer.
Llegaron muchos a la entrevista para ver quién tenía más experiencia para conducir y sobre todo, prudencia. La prueba para ver quién se quedaba con el puesto consistía en una simple pregunta:
¿Cuánto tiempo podrían conducir un coche en un barranco sin caer al precipicio?
El primer entrevistado dijo: “yo podría conducir tan cerca, que si usted sacara la cabeza para escupir, su saliva caería al precipicio”. Al hombre rico no le fue muy agradable el comentario y decidió entrevistar a otro.
El siguiente dijo: “yo podría conducir tan cerca, y con los ojos vendados, que los neumáticos rozarían el precipicio sin caernos”. Todos exclamaron de admiración, pero al hombre rico no le asombró. Pensaron algunos, que era un hombre exigente. Y decidió entrevistar a otro.
El tercer conductor dijo: “yo podría conducir tan cerca y sin caer, que solo conduciría el coche con las llantas laterales en el precipicio, en el aire, y las otras rozando la orilla del barranco. Hubo otra exclamación todavía más fuerte. Ya nadie podría conducir mejor.
Pero entre la exclamación popular, salió la voz de un hombrecito en un rincón, que dijo: “yo conduciría el coche tan lejos del precipicio como me fuera posible” El hombre rico escuchó y dijo:
“Este es el hombre que busco, y lo contrato de inmediato.”
¿Por qué buscarle 3 pies al gato si sabemos que tiene 4?
¿Por qué jugar con la tentación hasta estar al borde del precipicio? ¡Huye lo más lejos posible!

1 Corintios 10:13
No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.

Santiago 1:12
Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman.

Apocalipsis 3:10
Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la tierra.

¿Será un castigo?

Normalmente, cuando alguien hace algo incorrecto se le castiga. Así sucede en el caso de los hijos en el hogar, donde se acostumbra a que los padres actúen así cuando el hijo obtuvo malas notas imponiéndoles una sanción, ya sea quitándoles algo que ellos quieren, o prohibiéndoles hacer ciertas actividades que les gustan; a eso le llamamos castigo.
También se ha oído hablar de que Dios puede castigar, pero debemos saber distinguir un castigo de una consecuencia. Él no castiga, no hace nada para que tú sufras o pagues por tus actos, al contrario Jesús ya pagó por cada uno de nosotros y no está por la labor de hacernos pagar o castigarnos. Todas las situaciones difíciles por las que podemos estar pasando, son solo consecuencias de nuestros propios actos y nuestra rebeldía.
Dios nos advierte sobre las consecuencias, no como un castigo que vendrá sobre nosotros si no obedecemos, sino para que seamos conscientes de los frutos que podemos recoger, producto de nuestros actos.
Quita de tu cabeza que la situación que estás atravesando es un castigo, porque con Dios no existe eso, al contrario, están su Gracia y el Perdón. Con Él tienes una nueva oportunidad y sobre todo, las herramientas que te ayudarán a atravesar este proceso.
Nosotros mismos provocamos las consecuencias, y Dios nos disciplina con amor para que no caigamos y tengamos que pasar por ese dolor.
“Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido.” Proverbios 3:12 (RV-1960)

martes, 15 de julio de 2014

La culpa es de ellos

En ti confían los que conocen tu nombre,
porque Tú, Señor,
jamás abandonas a los que te buscan.
(Salmo 9:10)

Es interesante escuchar las justificaciones de los jugadores de fútbol, al término de un partido que hayan perdido. Entre las más tradicionales se esgrimen éstas: “Estuvimos jugando bien, pero las malas decisiones del árbitro nos perjudicaron”… “Creo que hicimos un buen partido, pero lamentablemente, por ser visitantes no tuvimos el respaldo masivo del público”… “Considero que, nuestra condición de locales nos llevó a cometer ciertos errores”… “Teníamos el partido en el bolsillo, pero el mal estado del terreno de juego…”
Excusas como estas y otras, son parte de la vieja tradición humana de buscar culpables para justificar nuestros desaciertos, y no quedar muy mal en público.
Esto se debe a que la mayoría  hemos sido formados así, con un amor absoluto al triunfo y una negación total a la pérdida, de manera que si ésta se da, debemos encubrirla de cualquier modo, aunque sea inculpando a otros.

Recordemos que los pretextos siempre estuvieron  a la orden del día: Los varones, al estilo de Adán, culpando a la mujer; las mujeres, al estilo de Eva, culpando a la serpiente; el estudiante que no aprueba el curso, culpa al profesor; el jugador que yerra un penalti, culpa a la trayectoria del viento; el empleado que llega retrasado a la oficina, culpa al embotellamiento de tráfico; la autoridad que no cumple sus promesas de campaña, casi siempre culpa a su antecesor; el escribiente inhábil, culpa a la pluma por su mala letra; el cazador culpa al pájaro por haberse movido … y así,… hasta el infinito.