¡No tengo dinero para prestarte! Fue la declaración de una joven mujer ante la quiebra económica de su madre…
Con vehículos y una hermosa casa propia, tierras, bienes… y después de haber sido alimentada, cuidada y educada por sus progenitores, su osada respuesta fue: ¡NO TENGO!
Fingió pasar una mala etapa económica,...¡habiendo heredado todo de sus padres! La madre, siempre comprensiva, dijo: mi pobre hija no tiene, no me puede ayudar…
Una de las palabras favoritas de mi escaso vocabulario es: ¡GRACIAS! Palabra que, muy poco suelo escuchar o leer. Porque “gracias" se dice con la boca, pero también con los hechos. No sé si hay algo más encantador y esperanzador que encontrarnos con una persona agradecida.
El caso es que, no podemos esperar que el milagro del agradecimiento suceda… pues el ser humano ni siquiera agradece a su Creador.
Seguro que la falta de agradecimiento se produce, al mirar el fruto de nuestro trabajo y convencernos de que somos nosotros quienes hemos logrado todo. Entonces creemos que somos dioses.
La Biblia dice en Salmo 103:2, "Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios".
Aquí el Salmista se da una orden a sí mismo y dice: ¡BENDICE ALMA MÍA A JEHOVÁ!, es decir, glorifica al Señor, reconócelo en todos tus caminos.

